El Nacionalismo... ¿de qué, para qué y de quién?


Escrito por: Guillermo Marín Ruiz

 

 México nunca ha sido una nación, desde su fundación en 1821, a seguido siendo una colonia, que se inició con la invasión europea en 1519. Por lo tanto es muy pobre e incierto pensar en un “nacionalismo”.

 

 Se necesita acabar con la colonización y entonces plantearnos la creación de una nación –propia-nuestra-, ya no de los gachupines o de los criollos, sino de todos los pueblos que han vivido en este territorio y sobre todo, amparados y unidos por una misma cultura. El nacionalismo es un invento de la cultura Occidental... tenemos que pensar más profundamente. Las naciones-estado las inventaron en 1800 los “mercaderes” para demarcar sus territorios de poder económico. ¿Cómo manifestaban su identidad los pueblos del Anáhuac?

 

 El dilema es: Construir una nación o reparchar la de los criollos, basada en los vicios e injusticias de la colonización cinco centenaria. El desafío es usar su “ideología” o crear la “propia-nuestra”.

 

 Por eso el camino, desde nuestro humilde punto de vista, no es hacerle juego al corrupto sistema político-partidario, el cambio no vendrá por medios políticos. Ni mucho menos por las armas, pues la historia nos demuestra que se ha regado mucha sangre de nuestros abuelos, padres y hermanos y en verdad nada ha cambiado. El camino es la educación y la concientización a partir de revalorar nuestra Cultura Madre y difundir nuestra memoria histórica.

 

 La misma dialéctica histórica determinará los cambios y la naturaleza también. El propio sistema Occidental se esta derrumbando y la naturaleza no se mantendrá inerme ante tanta depredación y contaminación, la Tierra es un ser vivo y ella sabrá protegerse a sí misma.

 

 El desafío consiste en estar preparado para los cambios que vienen. Necesitamos un pueblo más consciente y lucido de su pasado. Necesitamos que nuestra gente sepa de dónde viene y dónde esta, para que en su momento tome la decisión de, a dónde quiere ir. Que pueda tomar decisiones precisas en los momentos precisos. Decisiones certeras en los momentos trascendentes que se avecinan.

 

 El cambio que se requiere es “adentro”. No existe ningún camino que se recorra hacia fuera, que antes, no se recorra hacia adentro. La verdadera Batalla esta en los campos del ESPIRITU. Los valores y principios de nuestra civilización serán los instrumentos con los que podremos adaptarnos y usar lo mejor posible los cambios que vienen. El potencial espiritual de nuestra cultura, la sensibilidad y creatividad, los valores y principios en torno a la familia, la amistad y la lealtad. Nuestra relación armoniosa con la naturaleza, nuestro infatigable espíritu constructor. Nuestra mítica templanza de guerreros del espíritu. Nuestra austeridad y frugalidad ante la vida y el mundo. Nuestro sentido estoico ante el sacrificio. Nuestra inagotable amistad con la muerte.

 

 No será, desde mi opinión, el cambio a través de una actividad político-partidaria –la historia nos ha dicho que los lideres se corrompen y traicionan a sus bases-. Además, tomar ese camino es tomar la ruta de remendar y parchar el sistema colonial. Se necesita un cambio de raíz. Un cambio que apunte al futuro y no al pasado.

 

 No será, fomentando el odio racial entre “puros e impuros”. Pues existen muchos indígenas que son más corruptos y colonizadores que “el más pintado de los encomenderos del siglo XVI”. Un ejemplo lo tenemos en los indígenas mayas priístas, que integran las bandas paramilitares que asesinan a mujeres y niños simpatizantes del EZLN. Ni todos los “blanquitos” y extranjeros son perniciosos y explotadores. No es con posiciones racistas y más que nazis, “con una pobreza intelectual y espiritual enorme”, las que nos guiarán al cambio.

 

 El cambio viene, lo queramos ver o no lo que queramos ver. El cambio es inminente e indetenible. El problema es otro.

 

 El desafío es que una mayor parte de nuestro pueblo este preparado para lo que viene, y es aquí, donde la educación y la difusión ocupan un papel primordial.


 

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