Escepticismo,
ciencia y paraciencia
Si
alguna vez te han acusado de que “no te crees nada”, de ser un desconfiado,
demasiado suspicaz, receloso o resentido, que a ti no se te puede contar nada porque
siempre le pones pegas, que eres un exagerado por criticar cosas que no sabes
si son ciertas y otras tantas descalificaciones relacionadas con lo que tú
crees que son dudas razonables…
Alármate, es posible que sea peor que todo eso, es
probable que en realidad seas un ENTE RACIONAL (o por lo menos que lo intentes)
En este caso, bienvenido a un rincón en el que
algunos estamos seriamente preocupados por la proliferación de mitos, creencias
fantásticas, pseudociencias, medicinas alternativas o simples mentiras
descaradas que pretenden convencernos de que la Tierra es hueca, de que
multitud de hombrecillos verdes vigilan nuestro mundo o de que la energía
tántrica cura la anemia falciforme.
Tales despropósitos no tendrían mayor importancia
si no fuera porque estamos convencidos de que la incultura, el mito y el engaño
representan un retroceso en la sociedad humana, que nos hacen menos libres y
nos impiden alcanzar el verdadero conocimiento del universo (o al menos una
aproximación razonable).
Si te fías más de un experimento controlado,
repetible y contrastable que del testimonio de una vecina que curó su cáncer de
pestañas mediante imposición de manos, entra en alguna de nuestras secciones.
Si por el contrario prefieres agua imantada bajo la luna llena antes que un
poco de paracetamol, entra también, puede que te diviertas
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