Manifiesto humanista 2000

Un llamamiento a favor de un nuevo humanismo planetario

 

El primer borrador de este documento fue redactado por Paul Kurtz, director de la revista Free Inquiry y autor del Manifiesto humanista II (1973), la Declaración humanista secular (1980) y la Declaración de interdependencia: una nueva ética planetaria (1988).

  1. PREÁMBULO

El humanismo es una perspectiva ética, científica y filosófica que ha cambiado el mundo. Su patrimonio comenzó a fraguarse con los filósofos y poetas de las antiguas Grecia y Roma, en la China de Confucio y con el movimiento Carvaka de la India clásica. Artistas, escritores, científicos y pensadores humanistas han dado forma a la edad moderna desde hace medio milenio. En realidad, el humanismo y el modernismo aparecen como sinónimos con mucha frecuencia, porque las ideas y valores humanistas expresan precisamente la renovada confianza en el poder de los seres humanos para resolver sus propios problemas y conquistar fronteras inexploradas.

El humanismo moderno eclosionó durante el Renacimiento. Contribuyó al desarrollo de la ciencia moderna. Durante la Ilustración, hizo germinar nuevos ideales de justicia social e inspiró las revoluciones democráticas de nuestro tiempo. El humanismo ha colaborado en la construcción de una nueva perspectiva ética que subraya los valores de la libertad y la felicidad, así como las virtudes de los Derechos Humanos universales.

Los firmantes de este manifiesto creemos que el humanismo tiene mucho que ofrecer a la Humanidad de cara a afrontar los problemas del siglo XXI e incluso los del nuevo milenio. Muchas de las viejas tradiciones e ideas a las que la Humanidad se ha adherido han dejado de ser relevantes ante las realidades actuales y las oportunidades futuras. Necesitamos renovar el pensamiento si queremos hacer frente a la sociedad global que está emergiendo ahora, y renovar el pensamiento es precisamente el sello distintivo del humanismo. Por eso presentamos el Manifiesto 2000: un llamamiento a favor de un nuevo humanismo planetario.

Las siguientes recomendaciones se ofrecen con modestia, pero también con la convicción de que pueden contribuir a un diálogo entre los diferentes puntos de vista culturales, políticos, económicos y religiosos existentes en el mundo. Aunque quienes suscribimos este documento partimos de principios y valores comunes, estamos dispuestos a modificar nuestros puntos de vista a la luz de los nuevos conocimientos, circunstancias cambiantes y problemas imprevistos que vayan surgiendo. No es posible redactar un manifiesto permanente, pero es útil y juicioso elaborar un documento de trabajo abierto a revisión.

Prólogo al presente

Cuatro grandes manifiestos y declaraciones humanistas se han emitido a lo largo del siglo XX: el Manifiesto humanista I, el Manifiesto humanista II, la Declaración humanista secular y la Declaración de interdependencia.

El Manifiesto humanista I apareció en 1933 al socaire de la depresión mundial. Avalado por 34 humanistas americanos -entre ellos, el filósofo John Dewey-, reflexionaba sobre los retos de aquella época, recomendando, en primer lugar, una forma de humanismo religioso no teísta como alternativa a las religiones de la época y, en segundo lugar, una planificación nacional de índole económica y social.

El Manifiesto humanista II fue publicado en 1973 para afrontar las cuestiones que habían emergido en la escena mundial desde entonces: el auge del fascismo y su derrota en la Segunda Guerra Mundial, el crecimiento de la influencia y el poder del marxismo-leninismo y del maoísmo, la guerra fría, la recuperación económica posbélica de Europa y América, la descolonización de amplias áreas del mundo, la creación de la Organización de las Naciones Unidas, la revolución sexual, el desarrollo de los movimientos de mujeres, la demanda de las minorías de la igualdad de derechos y la emergencia del poder estudiantil en los campus.

Este manifiesto estimuló un amplísimo debate. Fue suscrito por muchos líderes del pensamiento y de la acción a lo largo y ancho del mundo: Andrei Sakharov -notorio disidente soviético-, Julian Huxley -primer presidente de la Unesco-, Sidney Hook, Betty Friedan, Gunnar Myrdal, Jacques Monod, Francis Crick, Margaret Knigth, James Farmer, Allan Guttmacher, Ritchie Calder y A. Philip Randolph, entre otros. Defendía los Derechos Humanos a escala universal, alegando en favor del derecho a viajar más allá de las fronteras nacionales en una época en la que la gente que vivía tras el telón de acero tenía prohibido hacerlo. Muchos marxistas humanistas del Este de Europa habían atacado al estatalismo totalitario y saludaron esta defensa de la democracia y de los Derechos Humanos.

El Manifiesto humanista II ya no continuó defendiendo la economía planificada, sino que dejó abierta la cuestión sobre los sistemas económicos alternativos. En consecuencia, fue suscrito por ambos, tanto por liberales y libertarios económicos, que defendían el libre mercado, como también por socialdemócratas y socialistas democráticos, que creían que el gobierno tenía un papel esencial que jugar en una sociedad de bienestar. Propugnaba democratizar los sistemas económicos y ponerlos aprueba para ver si incrementaban o no el bienestar económico de todos los individuos y grupos.

El Manifiesto humanista II fue escrito cuando sobrevino una nueva revolución moral: defendía el derecho al control de la natalidad, al aborto, al divorcio, a la libertad sexual entre adultos que manifestaran su consentimiento y a la eutanasia. Pretendía proteger los derechos de la minorías, las mujeres, los ancianos, los niños maltratados y las personas con desventajas. Abogaba por la tolerancia de estilos de vida alternativos y la negociación de las diferencias por procedimientos pacíficos, y finalmente deploraba los antagonismos raciales, religiosos y de clases sociales. Hacía un llamamiento para acabar con el terror y el odio. Fue escrito en la onda del Vaticano II, que había intentado liberalizar el Catolicismo romano. El Manifiesto humanista II permitió cohabitar a ambos, al humanismo naturalista y el humanismo religioso liberal. El Manifiesto era humanista respecto al panorama que se abría ante la Humanidad. Indicaba, además, los positivos beneficios de la ciencia y la tecnología para el bienestar humano y predecía que el siglo XXI llegaría a ser la centuria del humanismo.

La Declaración humanista secular fue publicada en 1980, porque el humanismo y, en particular el Manifiesto humanista II, había sido sometido a duros ataques por parte de los fundamentalismos religiosos y de las fuerzas políticas de la derecha en Estados Unidos. Muchas de esas críticas sostenían que el humanismo secular era una religión. En consecuencia, la enseñanza del humanismo secular en las escuelas, argüían, violaba el principio de separación entre Iglesia y Estado y establecía una nueva religión. La Declaración respondía que el humanismo secular expresaba un conjunto de valores morales y un punto de vista filosófico y científico no teísta, que no podían hacerse equivalentes con la fe religiosa. La enseñanza del punto de vista del humanismo secular en modo alguno violaba el principio de separación. Al contrario, defendía la idea democrática de que el Estado secular debería ser neutral, sin ponerse ni a favor ni en contra de la religión.

En 1988, la Academia Internacional de Humanismo ofreció todavía un cuarto documento, una Declaración de interdependencia, haciendo un llamamiento a favor de una nueva ética global y de la construcción de una comunidad mundial, que era cada vez más necesaria a la vista de las nuevas instituciones globales que se estaban desarrollando con rapidez.

¿Por qué un humanismo planetario?

Aún cuando la mayor parte de las provisiones de estos últimos manifiestos y declaraciones son todavía viables, es evidente que, como el mundo entra en un nuevo milenio, se hace necesario un nuevo manifiesto. Y, aunque se han realizado muchos progresos desde los primeros manifiestos, han emergido nuevas circunstancias que nos desafían: el comunismo totalitario se ha colapsado en la Unión Soviética y en la Europa del Este, y los dos bloques de poder de la guerra fría se han difuminado. Nuevas regiones del planeta han intentado llegar a ser más democráticas, aunque muchos países carecen todavía de instituciones democráticas eficaces. Además, la economía del planeta ha llegado a estar incluso más globalizada. Los conglomerados internacionales que han emergido y se han hecho transnacionales han conseguido, en este sentido, hacerse más poderosos que muchas naciones del mundo. Rusia, China y otros países han intentado entrar en el mercado mundial. Ningún país aislado está en condiciones de dirigir sus destinos económicos al margen del comercio mundial. Estos cambios fundamentales han ocurrido en gran medida debido al acelerado crecimiento de la ciencia y la tecnología, y en particular a la revolución informática, que nos ha llevado hasta una red mundial de comunicaciones económicas y culturales. Podría argüirse que los cambios ocurridos en el mundo desde el Manifiesto humanista II (1973) son tan grandes o mayores que los ocurridos desde la Revolución Industrial hace doscientos años, o desde la invención de los tipos móviles y la imprenta de Gutemberg.

Con todo, mientras el mundo se está convirtiendo en una familia global, rivalidades étnico-religiosas intentan dividir los territorios entre facciones contendientes. Los fundamentalismos religiosos se han revitalizado, contestando los principios del humanismo y el secularismo, y demandando un retorno a la religiosidad de la era premoderna. De igual manera, han emergido creencias paranormales de la así llamada Nueva Era, instigadas por los medios de comunicación de masas, que pregonan una nueva visión espiritual o paranormal de la realidad. Los medios se han globalizado. La televisión, el cine, la radio, la edición de libros y revistas están dominados por conglomerados mediáticos interesados casi únicamente en anunciar y vender productos en el mercado mundial. Por añadidura, ha aparecido el posmodernismo en muchas universidades, cuestionando las premisas básicas del modernismo y del humanismo, atacando la ciencia y la tecnología, y vituperando los ideales y valores humanistas. Muchas visiones habituales del futuro son pesimistas, incluso apocalípticas. Pero nosotros nos oponemos a todo esto, porque creemos que es posible construir un mundo mejor. Las realidades de la sociedad global son de tal índole que únicamente un nuevo humanismo planetario puede proporcionar direcciones significativas para el futuro.

II. PERSPECTIVAS PARA UN FUTURO MEJOR

Por primera vez en la historia de la Humanidad, poseemos los medios -proporcionados por la ciencia y la tecnología- para mejorar la condición humana, aumentar la felicidad y la libertad, y conseguir una vida auténticamente humana para todas las personas del planeta. Mucha gente que habla del nuevo milenio está llena de miedo respecto a qué sucederá. Muchos hacen profecías apocalípticas -tanto religiosas como seculares- acerca de las calamidades que van a ocurrir. Los pesimistas recuerdan las brutales guerras del siglo XX y advierten que nuevas formas de terrorismo y nuevas inquietudes pueden embargar a la Humanidad en el siglo venidero.

Nosotros partimos, en cambio, de una aproximación más positiva y realista al panorama humano en el siglo XXI. Deseamos subrayar que, al margen de las desgracias políticas, militares y sociales, el siglo XX ha sido testigo de un gran número de acontecimientos beneficiosos. En contra de los Jeremías de turno, se han hecho realidad la prosperidad, la paz, la mejora de la salud y unos estándares de vida en aumento, todo lo cual sigue avanzando de igual modo. Estas grandes realizaciones tecnológicas, científicas y sociales han sido con frecuencia pasadas por alto. Aunque se aplican con mayor amplitud en el mundo desarrollado, en estos momentos, sus beneficios están llegando virtualmente a todas partes. Necesitamos hacer un listado de algunas de ellas:

• La medicina científica ha mejorado la salud enormemente. Ha reducido el dolor y el sufrimiento y ha incrementado la longevidad. El descubrimiento de los antibióticos y el desarrollo de las vacunas, las técnicas modernas de cirugía, anestesia, farmacología e ingeniería biogenéticas han contribuido en conjunto a estos avances en la salud.

• Las provisiones de salud pública de largo alcance, la mejora en los sistemas de abastecimiento de agua y las disposiciones preventivas han reducido en gran medida la incidencia de las enfermedades infecciosas. Los remedios terapéuticos, ampliamente aplicados, han reducido la dramática mortalidad infantil.

• La Revolución Verde ha transformado la producción de alimentos e incrementado el rendimiento de las cosechas, reducido el hambre y elevado los niveles de nutrición en amplias zonas del planeta.

• Los nuevos métodos de producción en masa han incrementado la productividad, liberado a los trabajadores de muchos tipos de trabajos físicos penosos, y han hecho posible los beneficios y lujos del consumidor de bienes y servicios.

• Los nuevos modos de transporte han reducido las distancias y transformado las sociedades. Los automóviles y los aviones han capacitado a la gente para atravesar continentes y superar el aislamiento geográfico. La investigación astronáutica ha lanzado a la especie humana hacia la excitante aventura de la exploración espacial.

• Los descubrimientos tecnológicos han acelerado brutalmente nuevos modos de comunicación sobre una base de amplitud mundial. Además de los beneficios del teléfono, el fax, la radio, la televisión y la transmisión por satélite, la informática ha transformado radicalmente todos los aspectos de la vida socio-económica. Ninguna oficina ni casa particular ha quedado al margen de la revolución de la información. Internet y las páginas web han hecho posible la comunicación instantánea en casi todos los rincones del globo.

• La investigación científica ha expandido nuestro conocimiento del universo y el lugar de la especie humana dentro del mismo. La investigación humana está ahora en condiciones de avanzar y de confirmar sus hallazgos mediante la razón y la ciencia, mientras las especulaciones teológicas y metafísicas del pasado han hecho poquita cosa o no han progresado. Los descubrimientos de la astronomía, la física, la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica han incrementado nuestra comprensión del universo desde la escala de las micropartículas hasta la de las galaxias. La biología y la genética han contribuido a nuestro conocimiento de la biosfera. La teoría de la selección natural de Darwin nos ha permitido entender cómo evoluciona la vida. Los descubrimientos del ADN y la biología molecular han continuado revelándonos los mecanismos propios de la evolución y del funcionamiento mismo de la vida. Las ciencias sociales y de la conducta han profundizado en nuestro conocimiento de las instituciones sociales y políticas, la economía y la cultura.

Muchos avances sociales y políticos han sucedido también en el siglo XX y se han asentado bien de cara al futuro:

• Los imperios coloniales del siglo XIX han desaparecido por completo.

• La amenaza del totalitarismo se ha rebajado.

• La Declaración universal de los Derechos Humanos ha sido aceptada al día de hoy por la mayor parte de las naciones del mundo -de palabra, aunque no de hecho-.

• Los ideales de la democracia, la libertad y la sociedad abierta se han propagado ampliamente por Europa del Este, América Latina, Asia y África.

• Las mujeres, en muchos países, disfrutan ahora de mayor autonomía y de derechos legales y sociales, y han ocupado su lugar en muchas áreas de la empresa humana.

• Como las economías nacionales han llegado a estar globalizadas, la prosperidad económica está siendo transportada desde Europa y Norteamérica a otras partes del mundo. Los libres mercados y los métodos empresariales han abierto las regiones subdesarrolladas a las inversiones de capital y al desarrollo.

• El problema del incremento demográfico ha sido resuelto en los países ricos de Europa y Norteamérica. En muchas regiones, la población crece no a causa de los nacimientos, sino más bien como consecuencia del descenso de la tasa de mortandad y de una mayor longevidad, lo que constituye un avance.

• El aumento de los niveles de educación, alfabetización y enriquecimiento cultural está alcanzado ahora a más y más niños en el mundo, aunque queden aún muchos más que necesitan que se les proporcionen estos bienes.

A pesar de estos avances, debemos afrontar honradamente los graves problemas económicos, sociales y políticos que el mundo todavía arrastra. Los profetas del Apocalipsis son pesimistas; los Jeremías predicen infortunios y calamidades. Nosotros respondemos que, si vamos a resolver nuestros problemas, eso será únicamente con el concurso de la razón, la ciencia y el esfuerzo humano.

• Amplios sectores de la población mundial aún no disfrutan de los frutos de la prosperidad; continúan pudriéndose en la pobreza, el hambre y la enfermedad, en particular en el mundo en desarrollo, en Asia, África, Centroamérica y Sudamérica. Millones de niños y adultos viven al nivel de la subsistencia con una nutrición y unos servicios sanitarios pobres y una salud mala. Y esto es aplicable también a muchas personas de las llamadas sociedades ricas.

• La población continúa creciendo en muchas partes del mundo con una tasa anual del 3%. En 1900, el mundo tenía una población estimada de 1.700 millones de personas. Ahora, se superan los 6.000 millones. Si las tendencias demográficas actuales continúan, habrá que agregar otros 3.000 millones de personas a mediados del próximo siglo.

• Si la población continúa creciendo de acuerdo con estas proyecciones, se producirá un drástico descenso en cuanto a la disponibilidad de suelo para cultivar grano, que hacia el 2050 puede retroceder hasta un cuarto de acre por persona en muchos países -en especial en India, Pakistán, Etiopía, Nigeria, e Irán-. Los suministros de agua corriente para riego están sobrexplotados, reduciendo la productividad de los cultivos; muchos de los ríos del mundo están comenzando a secarse, incluyendo el Nilo, el río Colorado y el río Amarillo en China.

• Puesto que la población humana se ha expandido y el desarrollo industrial se ha acelerado, los bosques y las tierras maderables han sido desbastadas. Se estima que cada año desaparece casi un 2 % de los bosques terrestres. Este expolio continuará a menos que se adopten medidas preventivas.

• El calentamiento global de la atmósfera probablemente está ocurriendo en parte a causa de la deforestación en los países pobres y de las emisiones de monóxido de carbono, en particular las producidas en las naciones ricas, que continúan desbastando los recursos naturales. El promedio de consumo y polución por persona en Estados Unidos y los países occidentales es entre cuarenta y setenta veces superior al promedio de emisiones por persona en los países en desarrollo. El consumo despilfarrador, además, es fomentado con frecuencia por las compañías en crecimiento, que pasan olímpicamente del problema del desastre ecológico.

• Las poblaciones de otras especies también han disminuido constantemente y muchas formas de vida vegetal y animal se han extinguido: quizá se esté produciendo ahora la mayor extinción desde la desaparición de los dinosaurios hace 65 millones de años.

• Muchos gobiernos del mundo están enfrentándose a graves problemas como el de las ciudades superpobladas por emigrantes provenientes de los entornos rurales; la inmensa mayoría de estos emigrantes está desempleada y apenas tiene lo mínimo para subsistir.

• El desempleo sigue siendo un grave problema en muchos países ricos, sobre todo de Europa, que está fallando a la hora de absorber a los trabajadores jóvenes, reconvertir la tecnología, reeducar a los ya empleados o encontrarles nuevas ocupaciones.

• Para atajar muchos de los problemas internacionales de ámbito social y ambiental a los que se enfrenta la Humanidad, se han alcanzado acuerdos de largo alcance en una importante serie de conferencias internacionales, pero los gobiernos han fallado a la hora de sacar adelante los compromisos asumidos; pocos de los países más ricos dan alguna prioridad a ayudar a la mayoría de países pobres o incluso a ayudar a los desahuciados y desposeídos de sus propias sociedades.

• La democracia sigue siendo débil o inexistente en muchos países. Con demasiada frecuencia, la prensa libre es amordazada y las elecciones manipuladas.

• La suspensión del acuerdo sobre la igualdad de derechos para las mujeres está todavía demasiado extendida en la mayor parte de los países.

• Muchas de las regiones antes coloniales han entrado en un grave declive económico.

• Enfermedades que se creían erradicadas, tales como la tuberculosis o la malaria, se han revitalizado, mientras el virus del sida sigue circulando libremente por amplias zonas del mundo en vías de desarrollo.

• Aunque el mundo ya no está dividido en dos superpotencias, la Humanidad tiene todavía la capacidad de autodestruirse. Terroristas fanáticos, Estados delincuentes e incluso los mayores poderes pueden provocar inadvertidamente sucesos apocalípticos, lanzando armas mortíferas de destrucción masiva.

• La creencia de que, en gran medida, el libre mercado solucionará todos los problemas sociales continúa siendo un dogma de fe. Permanece en pie y sigue sin resolverse en muchos países la cuestión de cómo deben equilibrarse las demandas del libre mercado con la necesidad de articular programas sociales equitativos para asistir a los discapacitados y a los empobrecidos.

Admitimos que estos problemas son serios y que necesitamos adoptar medidas adecuadas para resolverlos. Creemos, sin embargo, que únicamente pueden superarse con el uso de la inteligencia crítica y de esfuerzos cooperativos. La Humanidad se ha enfrentado a desafíos en el pasado y se las ha arreglado para sobrevivir, e incluso para triunfar. Los problemas que atisbamos en el horizonte quizá no sean mayores que los que afrontaron nuestros antepasados.

Pero hay, además, otras peligrosas tendencias en el mundo que están insuficientemente reconocidas. Estamos particularmente preocupados por las tendencias anticientíficas y antimodernas que incluyen la emergencia de estridentes voces fundamentalistas y la persistencia del fanatismo y la intolerancia, sea de origen religioso, político o tribal. Son estas fuerzas las que, en muchas partes del mundo, se oponen a los esfuerzos para resolver los problemas sociales o mejorar la condición humana:

• La persistencia de tradicionales actitudes espirituales fortalece con frecuencia modos irreales, escapistas y místicos de enfocar los problemas sociales, que fomentan el desprecio por la ciencia y defienden los mismos mitos que con demasiada frecuencia se hallan a la base de arcaicas instituciones sociales.

• Muchos grupos religiosos y políticos se oponen a la contracepción o a los fondos para programas destinados a reducir la fertilidad o a estabilizar el crecimiento de la población. Como resultado, se impide el desarrollo económico y la reducción de la pobreza.

• Muchas de estas fuerzas también se oponen a la liberación de la mujer y desean que continúe sometida al varón.

• El mundo entero ha asistido al incremento de encarnizados conflictos étnicos y a la intensificación de viejas rivalidades tribales. Con demasiada frecuencia, no se da la adecuada publicidad a las dimensiones religiosas de estos conflictos: en la ex Yugoslavia, entre cristianos ortodoxos serbios, católicos romanos croatas y musulmanes -en Bosnia y Kosovo-; en Israel y Palestina, entre judíos ortodoxos y musulmanes; en Irlanda del Norte, entre protestantes y católicos; en Sri Lanka, entre hindúes tamiles y budistas cingaleses: en Punjab y Cachemira, entre hindúes, musulmanes y shijs; y, en Timor, entre católicos y musulmanes.

• El mundo está justamente preocupado por el crecimiento del terrorismo y de los genocidios, inflamados también en muchos casos por nacionalismos étnicos y chovinismos religiosos.

• El multiculturalismo aboga por la tolerancia de la diversidad étnica y de las tradiciones culturales, así como por el reconocimiento de su derecho a existir. Pero también se hace cómplice de fracturas de la sociedad y demandas de separación y aislamiento, irónicamente en la época en que las doctrinas nazis y del apartheid en Sudáfrica han sido develadas y en consecuencia repudiadas. La intolerancia ha generado la limpieza étnica y otras manifestaciones violentas de odio social.

• En muchos países occidentales, ha florecido con fuerza la así llamada ideología posmoderna, que niega la objetividad de la ciencia, deplora el uso de la tecnología moderna y critica los Derechos Humanos y la democracia. Algunas formas de posmodernismo aconsejan el derrotismo: en el mejor de los casos, no ofrecen ningún programa para resolver los problemas del mundo; en el peor, niegan que las soluciones sean o bien posibles o bien realizables. Los efectos de este movimiento filosófico literario son contraproducentes, e incluso nihilistas. Pensamos que se trata de una mistificación profunda, porque las ciencias ofrecen razonables estándares objetivos para enjuiciar sus proclamas de verdad. En realidad, la ciencia ha conseguido un lenguaje universal en el que se pueden expresar todos los hombres y mujeres al margen de su bagaje cultural.

Creemos que es necesario presentar un panorama alternativo para el mañana. Los gobiernos nacionales y los líderes corporativos deben abandonar la política del corto plazo y fomentar una planificación a largo plazo. Con demasiada frecuencia, estos líderes ignoran los mejores informes de científicos y humanistas y basan sus políticas en elecciones inmaduras o informes que apenas tienen un horizonte de un cuarto de hora. Los gobiernos nacionales no deben preocuparse exclusivamente de las consideraciones político-económicas inmediatas, sino también de prestar atención a las necesidades de todo el planeta y a la sostenibilidad futura de la Humanidad.

El humanismo planetario pretende recomendar fines alcanzables a largo plazo. Ésta es una distinción principal entre el humanismo y las moralidades premodernas fundamentadas religiosamente. El humanismo dibuja nuevas imágenes de futuro que son rigurosas y generan confianza en la capacidad de la especie humana para resolver sus problemas mediante métodos racionales y puntos de vista positivos.

La Ilustración del siglo XVIII, que ha inspirado este Manifiesto, estuvo sin duda limitada por la época en la que apareció. Su visión de la Razón era absolutista, frente a nuestra idea de que se trata de un instrumento falible de investigación. Sin embargo, su convicción de que las ciencias, la razón, la democracia, la educación y los valores humanos pueden lograr el progreso humano sigue teniendo atractivo para nosotros hoy. El humanismo planetario que presenta este Manifiesto es, en su perspectiva, pos-posmoderno. Asume los mejores valores de la modernidad, pero intenta trascender la negatividad del posmodernismo mirando hacia adelante, hacia la era de la información que ahora amanece y hacia todo lo que ella presagia para el futuro de la Humanidad.


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