This fan fiction is copyright of Super Street Fighter Legacy http://webspace.webring.com/people/ov/vegasf2 and is written by Lobo Lopez. You can not edit or use this fan fiction as your own, sell it or make a profit out of it. All characters are a copyright of Capcom, so der.

 

Chun Li: Los ojos del padre

 

 

 

La zona sur de Hong Kong era un enorme basurero. No había más que viejos edificios grises, desvencijadas chabolas y estrechas callejuelas sin asfaltar. Los inmensos rascacielos de los barrios ricos se recortaban en el anaranjado horizonte del atardecer, sus altos perfiles cristalinos brillando con los últimos rayos de sol. Las retorcidas callejuelas de la zona portuaria formaban un laberinto, con los comercios ambulantes inundando las aceras y los coches atascados en las estrechas calzadas. La multitud caminaba como una riada por entre los puestos de comida, ropa, adornos, electrodomésticos, relojes de segunda mano, animales de granja, gallos de pelea. Los gritos de los vendedores clamaban exigiendo la atención de los clientes, que pasaban ante los aparadores sin prestar apenas atención.

Chun Li caminaba con prisa por la atestada calle en dirección a los muelles del puerto. Abriéndose paso entre la gente, la mujer avanzaba sin dedicar ni una mirada a los vendedores, quienes gritaban inútilmente proclamando tener los mejores precios de toda la ciudad. Un viejo de blancos y sucios cabellos la cogió del brazo y trató de llevarla a un puesto de frutas.

- Venid conmigo, tengo mangos jugosos y a buen precio. -le dijo el hombre señalando los multicolores cestos de fruta.

La chica se zafó del brazo del viejo y continuó su camino dejando al hombre gritando, insultándola, a su espalda. Los bonitos ojos castaños de la chica se fijaron en el final de la calle, en los grandes y feos almacenes que nacían a las orillas del mar. Hacia allí se dirigió.

Iba vestida con unos cómodos pantalones de deporte azul marino y una camiseta negra de manga corta. El largo pelo castaño permanecía mimosamente recogido en un complejo trenzado a los costados de su cabeza, dejando libres tan sólo unos pocos mechones que caían por encima de sus mejillas. Sus finos pies iban calzados con unas zapatillas deportivas y andaban con rapidez por la acera, esquivando a los peatones, a los vendedores y a los enfurecidos y detenidos coches.

Tras recorrer cien metros entre la multitud, Chun Li abandonó la calle principal para internarse por un callejón aún más estrecho. Las fachadas de las viejas casas se inclinaban sobre la calle, agrietadas y abombadas por la humedad, con mugrientos tendederos colgando entre ellas formando un entramado de sucias y raídas ropas. Varios perros vagabundos olisqueaban las montañas de basura que se apilaban en los costados, un grupo de niños semidesnudos jugaba a pelota sobre el embarrado suelo, varias mujeres charlaban a gritos desde los portales de sus casas. Chun Li siguió por la callejuela y, tras cruzar varias calles, la chica descubrió un desvencijado cartel colgando de uno de los edificios. Era de madera y la pintura había sido devorada por el tiempo y el agua, de forma que apenas eran visibles las letras escritas en él. "El Cielo" pudo ver Chun Li que decía una vez se aproximó al cartel. Bajo él una gran puerta de paneles metálicos y negros, sin ningún adorno, permanecía cerrada. La mujer se acercó a la entrada y echó un vistazo a su alrededor antes de llamar a la puerta.

Pasados unos segundos una ronca voz masculina contestó desde el interior.

- ¡Fuera!. -ordenó simplemente.

- Vengo a ver a Hwang. -respondió con tranquilidad Chun Li.

El hombre del otro lado pareció meditar unos segundos. Entonces un cerrojo se corrió sonoramente y la puerta se abrió un poco.

Un gigante de raza negra y enorme cabeza cuadrada miró desconfiado por la abertura.

- ¿Qué quieres?. -dijo, su voz menos potente ahora.

- ¿Está Hwang?, tengo que hablar con él.

El portero la miró un instante más, luego se hizo a un lado y abrió por completo la puerta. Chun Li pasó dentro.

Nada más entrar toda la luz desapareció, como si de pronto la noche hubiese caído sobre la ciudad. Era un corto pasillo de negras paredes, con una bombilla encendida en el techo y iluminando apenas el corredor con su débil luz azulada. Al fondo el pasillo acababa en una también oscura sala de donde provenía una música electrónica.

- Hwang está allí. -dijo rudamente el negro indicándole con un gesto que siguiese por el pasillo. Chun Li lo hizo y llegó a la sala del final.

Focos de diversos colores se movían por el techo bailando sobre una pista desierta y sumiendo el resto de la estancia en la semioscuridad. A la derecha se alargaba una barra donde dos camareras vestidas con minúsculos trajes de noche conversaban aburridas en voz baja. Tres o cuatro clientes, todos hombres, bebían encorvados sobre la barra mientras seis o siete prostitutas les hablaban y les acariciaban. No había nadie más en el bar, y a pesar de que nadie bailaba la música atronaba en los ocultos altavoces del bajo techo.

Chun Li se aproximó a la barra y se dirigió a una de las camareras. Alguna de las prostitutas la miraron provocadoramente pero sin dejar de prestar atención a sus clientes.

- Estoy buscando a Hwang. -dijo Chun Li simulando no sentir las miradas de las chicas.

- Sí, un momento. -respondió la camarera y se dio la vuelta para perderse por una puerta que había tras la barra. Volvió a salir al cabo de un segundo- Ahora viene. -le dijo antes de regresar junto a su compañera.

Chun Li esperó. Un hombre de la barra, obeso y con la camisa manchada de sudor, manoseaba la delgada cintura de una de las prostitutas, apenas una niña de catorce años. Otra de las chicas le susurraba algo a un viejo, el cual asentía y bebía cansinamente de su copa. Un ejecutivo totalmente borracho le daba un billete a una niña, la cual sonreía y le cogía de la mano pidiéndole que fuese con ella al piso de arriba. Chun Li desvió la mirada a otro lado y miró la pared hasta que la puerta de detrás de la barra se abrió. Hwang salió y saludó a la mujer con un leve gesto. Era un hombre bajito y delgado, con un fino bigote malcrecido naciendo bajo su aguileña nariz. Iba vestido con una camiseta de tirantes, que mostraba la extrema delgadez de sus brazos, y unos viejos pantalones tejanos llenos de manchas.

- Vaya, así que has venido. -dijo Hwang saliendo de la barra y acercándose a donde le esperaba Chun Li- Creía que los polis como tú no se metían por estos barrios. -dijo mostrando una fea sonrisa llena de dientes torcidos y amarillentos- Ya sabes, como en la canción. -el hombre se pegó a su lado- Where boys fear to trade,where boys fear to trade. -le cantó, casi al oído.

La chica se apartó un poco y le miró sin disimular su asco.

- Me dijiste que habías descubierto algo. -dijo con tono cortante.

El hombre se rió otra vez y desvió la mirada hacia una de las camareras.

- Mei, ponnos unas copas a la señorita y a mí. -le ordenó sin borrar su horrible sonrisa. Entonces se giró y miró a la mujer policía- Vamos, pongámonos cómodos. -le dijo y se encaminó a través de la desierta pista de baile hacia un oscuro rincón donde apenas se vislumbraba un sofá. Chun Li le siguió, los focos la cegaron al desplazarse por la sala, llegó al rincón y se encontró a Hwang esperándole sentado en el sofá y con su gran sonrisa ocupando todo su rostro.

- Vamos, nena, siéntate conmigo. -le dijo y palmeó el cojín que había a su lado, invitándola a sentarse ahí.

Chun Li se sentó, pero no donde decía el hombre, sino un poco más apartada de forma que quedase un espacio entre los dos. El hombre la miró y le lanzó lo que él consideraría una seductora mirada.

La camarera apareció entonces, portando una bandeja con una decena de pequeños vasos llenos de un líquido que brillaba transparente en la oscuridad del local.

- Gracias, Mei. -le dijo el hombre y colocó los diez vasos alineados en la pequeña mesa que había ante el sofá- Brindemos. -dijo cogiendo uno y tendiéndoselo a la mujer.

Chun Li negó con la cabeza.

Él hombre se rió exageradamente.

- ¡Vamos, nena, no te hagas la dura conmigo!.

- No bebo. -respondió escuetamente ella.

- Una lástima. -sonrió otra vez él y vació de un trago el vaso para al momento depositarlo de un golpe sobre la mesa- ¡Aggggg, no hay nada mejor!. -exclamó tras pasarse un brazo por encima de los labios.

La mujer no dijo nada y se limitó a esperar, sin suavizar lo más mínimo su dura mirada.

- ¿Seguro que no quieres?. -preguntó el hombre y le tendió otro vaso.

Ella no se molestó ni en contestar.

- Tú te lo pierdes. -el hombre lo vació también de un trago. Luego cogió otro y volvió a ofrecérselo a la chica.

Ella movió con rapidez su brazo y atrapó la muñeca del hombre.

- Ya me he cansado. -le dijo a la vez que empezaba a apretar su mano sobre el brazo de él- Te he dejado jugar un poco, pero quiero oír que es eso tan importante que has descubierto. -apretó más, el hombre gimió de dolor, su sonrisa desaparecida- Y más te vale que sea importante de verdad. -amenazó la mujer antes de soltar su presa y volver a acomodarse en el sofá.

- Vale, vale, no te pongas así. -dijo Hwang mientras se acariciaba la dolorida muñeca- No hay porque ponerse violentos.

Chun Li volvió a clavarle otra enfadada mirada y el hombre se decidió finalmente a contar su historia.

- Está bien, pero recuerda que te estoy haciendo un favor. -dijo e hizo una nueva pausa para sacar un cigarrillo y encenderlo. Tras dar una calada continuó hablando- Hace un tiempo me dijiste que te avisara si descubría algo sobre quien se cargó a tu padre.

Chun Li asintió, disimulando su impaciencia y conteniéndose para no saltar sobre esa sabandija y sacarle la información a golpes.

- Bien, pues la cosa estaba difícil. -el hombre fumó de nuevo y expulsó una bocanada de humo azulado que se perdió en la oscuridad del techo- Han pasado tres años desde que se cargaron a tu padre y jamás se encontró al asesino.

- Eso ya lo sé. -cortó Chun Li.

- Pero no sabes que a un camello del puerto se le aflojó la lengua el otro día. -siguió Hwang con cierto aire triunfal en su voz- Me he enterado de quien asesinó a tu padre. -el hombre dio una nueva calada, disfrutando de la espera de la chica.

- ¿Quién fue?. -preguntó ella.

El hombre la miró, esbozó su sonrisa y exhaló el humo.

- Una asesina profesional, venida de Tailandia. -contó él- Era una mujer muy joven, apenas una adolescente, occidental, de pelo rubio.

- ¿Quién es?.

- No lo sé, no sé su nombre. -Hwang se echó hacia atrás y mostró sus manos- Pero sé para quien trabajaba, quien la había enviado a matar a tu padre. -se detuvo y alcanzó uno de los vasos. Chun Li aguardó a que se lo bebiera.

- ¿Quién la contrató, una de los narcotraficantes del sur de Hong Kong?. -preguntó.

- No, nada de eso. -respondió Hwang- Fue una banda internacional, una especie de terroristas que actúan a nivel mundial. Su nombre es Shadowloo y su líder es un chalado al que consideran casi un Dios. Le llaman M.Bison e incluso dicen que tiene poderes mágicos y que puede matar a un hombre con sólo mirarlo. A mí me parecen chorradas, pero sus seguidores son absolutamente fanáticos.

- He oído algo de esa Shadowloo. -dijo Chun Li sin poder detener su voz acelerada- Pero creíamos que eran tan sólo una secta.

- Vosotros los polis, -se rió Hwang negando con la cabeza- os creéis que sabéis mucho pero en realidad no tenéis ni idea de lo que pasa en realidad.

La mujer no replicó y esperó a que él volviera a hablar.

- La cuestión es que tu padre descubrió varios de sus almacenes, aquí en Asia. -el hombre sacó otro cigarrillo- Parece que al tal Bison no le gustó nada y envió a uno de sus mejores asesinos a acabar con ese policía que estaba estropeando sus planes en China.

Chun Li dejó de mirarle. Por un momento su mirada se quedó perdida en la pista de baile y en las tres o cuatro personas que se movían en ella entonces, los focos iluminándolos intermitentemente.

- ¿Cómo sabes todo esto?. -preguntó al cabo de un instante y se volvió para mirar al delgado hombre que había a su lado.

- Uno que tiene contactos. -Hwang sonrió divertido- Pero te puedo asegurar que mi información es verdadera. Ya sabes que yo nunca te mentiría.

- Claro, será mejor así, a no ser que quieras que haga una redada y cierre este antro. -la mujer se puso en pie y miró fijamente al hombre- ¿No me habrás mentido, verdad?.

- Para nada. -respondió éste y volvió a enseñar sus desnudas manos- Pero recuerda quien te ha ayudado y mantén a tus amigos los polis lejos de mi negocio.

- Ya veremos. -dijo ella y se dio la vuelta para dirigirse a la salida.

- ¿Por qué no te quedas un poco?. -dijo Hwang a su espalda- Podemos pasárnoslo muy bien, tengo varias habitaciones en el piso de arriba.

Chun Li le miró con asco una última vez y sin decir nada cruzó la pista de baile. Al llegar a la salida el viejo de la puerta se apresuró a abrirla.

Afuera ya era de noche. El cielo se había oscurecido y las luces de los rascacielos iluminaban el horizonte, alzándose en lo alto por encima de las barriadas de las zonas pobres. Chun Li salió al callejón y al momento la puerta se cerró a su espalda. Las viejas casuchas tenían las ventanas encendidas y esas luces eran lo único que alumbraba el infecta y llena de desperdicios vía. A lo lejos, entre los contenedores de basura y los destartalados tendederos, se veía una de las avenidas principales, con el tráfico atascado y la gente caminando con prisa de un lado a otro.

La policía sacó su pequeño teléfono móvil y marcó el número de su comisaría.

- Ponme con Hiaru, soy la agente Li. -le dijo al operador que contestó su llamada.

- Un momento. -contestó el hombre y una canción de música clásica empezó a sonar en la línea telefónica. Mientras esperaba, la chica anduvo impacientemente de un lado a otro de la estrecha y poco transitada calle.

- ¿Qué quieres ahora?. -preguntó la voz del agente Hiaru, mostrando lo inoportuno de la llamada.

- Necesito que busques algo para mí. -le contestó ella simulando no haber captado tu enfado.

- ¿Ahora?, ¡pero si ya estoy acabando mi turno!. -protestó el hombre.

- Quiero que busques todo lo que tengamos sobre una organización llamada Shadowloo. -siguió Chun Li sin prestarle atención- Investiga sus actividades, sus bases y quien está al mando. Quiero que lo mires ahora mismo, es muy importante.

- ¡No me jodas!. -gritó la voz al otro lado del teléfono- He quedado para cenar, no puedo perder el tiempo o llegaré tarde.

- Por favor, es muy importante. -repitió Chun Li sin suavizar lo más mínimo su tono.

- Mierda, mierda, mierda. -murmuró Hiaru- Está bien, voy a mirar el ordenador a ver que encuentro, ya te llamaré cuando tenga algo.

- Bien. -la chica cortó la llamada y guardó el teléfono. Absorta en sus pensamientos se quedó mirando la distante avenida, desde la cual provenía el rumor del tráfico, de los motores y de los cláxones pitando desesperados.

El rostro de su padre apareció ante ella. Le vio, los ojos alegres y brillantes, el bigote perfectamente recortado, el pelo limpio y bien peinado. Se acordó de cuando le cogía en brazos, siendo apenas una niña, y como le hacía subir y bajar, ella riendo todo el rato. Otra imagen, el día de su graduación en la academia de policía, su padre abrazándola y diciéndole lo orgulloso que estaba. Chun Li sacudió la cabeza pero no pudo retener el siguiente recuerdo; el cuerpo de su padre, tendido en la terraza de su apartamento, los ojos vidriosos y el cuello cortado y cubierto de sangre reseca.

- ¡No!. -gritó la mujer borrando la imagen y tratando de despejar su cabeza. No podía recordar, no quería recordad, los recuerdos dolían.

- Mira que cosita tan bonita. -dijo entonces una burlona voz a su espalda.

La mujer se dio la vuelta para encontrarse con dos macarras, apenas mayores de edad, vestidos con raídas chaquetas de cuero sin mangas que mostraban sus musculosos brazos. Uno llevaba el pelo teñido de verde, el otro se había afeitado la cabeza al cero.

- Sí es toda una preciosidad. -dijo el del pelo verde. Sus ojos refulgían rojos, por efecto de las drogas, supo Chun Li.

- Guapa, ¿quieres venirte con nosotros?. -preguntó el de la cabeza rapada dando un par de pasos hacia adelante a la vez que metía su mano derecha en el bolsillo de su pantalón.

- Sí, lo pasaremos muy bien. -dijo el otro, avanzando también a la vez que examinaba la desierta calle.

El rapado sonrió maliciosamente.

- ¿No querrás que te hagamos daño, verdad?. -su sonrisa creció, sus ojos se abrieron, su mano apareció empuñando una navaja que relució plateada en la penumbra del callejón.

El chico del pelo verde la cogió del brazo, el otro trató de agarrarle del cuello.

Chun Li se zafó del brazo de uno y se echó hacia atrás. Se quedó mirándolos, muy seria, respirando aceleradamente y sin poder borrar de su cabeza el rostro de su padre, su cuello cortado y lleno de sangrey aquellos ojos vacíos que ya no podían ver.

- Vaya, parece que tendrá que ser por las malas. -dijo el del pelo verde volviendo a tratar de agarrarla. Chun Li apartó el brazo del chico con un rápido golpe de mano y al instante le plantó una patada lateral en la cara. La nariz se partió y el macarra cayó de espaldas con la sangre saliendo como una riada por la herida.

- ¡Me cagüen la puta!. -chilló el otro chico al ver caer inconsciente a su compañero- ¡Maldita zorra, me las vas a pagar!. -gritó, blandiendo su navaja ante los ojos de la chica, tratando de asustarla.

La mujer ni se inmutó. Sus ojos miraban sin ninguna emoción al violador.

- ¡Te voy a partir en dos, guarra!. -volvió a chillar el rapado y se lanzó adelante con la navaja apuntando al pecho de la chica.

Ésta evitó el ataque con facilidad. Echándose a un lado repelió la envestida a la vez que lanzaba un rápido puño al rostro de su agresor. Al momento soltó otro puñetazo a su estómago mientras cogía la mano del aturdido chico y giraba sobre sí misma para hundirle su otro codo en el pecho. El chico resolló ante el aluvión de golpes. Ella siguió girando, retorciendo el brazo y acabando en frente del macarra. Con la mano abierta le golpeó con la palma fuertemente sobre el pecho. Las costillas se partieron y el chico voló hacia atrás un par de metros para caer de espaldas sobre una pila de basuras y desperdicios.

Chun Li se quedó en pie, con la mano aún alzada y en tensión después de su último golpe. Durante un instante no hizo nada, tan sólo respirar profundamente. Entonces oyó el agónico gemido de dolor del macarra del pelo rapado. Al instante la chica reaccionó, sus ojos cobraron vida de nuevo y rápidamente se acercó al montón de basura donde yacía tirado el chico. Tenía mal aspecto, su boca era un surtidor de sangre y su abierta chaqueta mostraba un creciente ematoma que iba extendiéndose por su pecho. El chico volvió a quejarse y un espumajo de sangre brotó de su boca.

- ¡Oh, no!. -la chica se arrodilló junto a él. Era grave, las costillas partidas debían haber perforado algún órgano. Precipitadamente sacó su teléfono y marcó el número de la comisaría.

- ¡Una ambulancia, rápido!. -le gritó al operador que cogió el teléfono- Junto a la avenida de Gianam, a la altura de la calle Nianm. -siguió diciéndole antes de dejarle responder. El hombre balbuceó algo.

- ¡Traiga una ambulancia ahora mismo!. -le gritó Chun Li antes de colgar. El chico a su lado tenía la frente sudorosa y el labio le temblaba debido a los espasmos.

- Vamos, vamos. -le dijo ella mientras colocaba un dedo en su cuello para comprobaba las constantes vitales del macarra. Su corazón latía débil y pausadamente.

- Venga, has de aguantar.

La ambulancia tardó veinticinco minutos en llegar, el chico estaba muerto mucho antes.

Esa misma noche, en la comisaría, Chun Li estaba en el despacho de Hiaru, el chico sentado ante el ordenador y mirando con ojos bizcos la pantalla donde se amontonaban las palabras, las fechas y los datos.

- Esa Shadowloo es importante de verdad. -dijo a la vez que tecleaba frenéticamente. Nuevas pantallas con más informes se desplegaron en la pantalla. El informático siguió hablando sin dejar de pulsar las teclas- Según la Interpol, hay indicios de que tiene cuarteles, almacenes y otras infraestructuras en casi todos los países de Europa. Mira esto, -su dedo señaló la pantalla- varios contrabandistas detenidos en Francia llevando un cargamento de armas, las cajas marcadas con el símbolo de Shadowloo. -en el monitor se veía una fotografía de la detención, cuatro hombres esposados, tras ellos las cajas con el dibujo de un cráneo alado en ellas- Otra incautación, esta vez misiles Stinger, en Grecia, y así hay decenas. -sus dedos siguieron haciendo aparecer más y más informes.

- ¿Y que hay de un tal M.Bison?. -preguntó Chun Li, de pie tras él.

- Nada, no sale nombrado en ninguna parte. Es un fantasma, nadie le ha visto nunca o sabe cómo o que aspecto tiene. -el chico abrió un fichero donde se veían varias fotografías de Tailandia- Lo único que tengo es esto. -marcó una de las fotografías y la amplió con el zoom- Mira esta foto de un campeonato de lucha que se celebra en Bankog. -en la imagen se apreciaba borrosamente el patio de un lujoso y antiguo palacio. En el centro de una multitud había dos figuras enzarzadas en un combate mientras todos los espectadores parecían muy agitados mirándoles.

- ¿Qué es esto?. -preguntó Chun Li sin entender donde quería llegar su compañero.

- Mira. -dijo éste simplemente y aumentó el zoom sobre una sección de la fotografía. En una tarima situada entre las gradas varias personas contemplaban el combate en una extraña calma que contrastaba con el furor del resto de espectadores- Mira a este hombre. -Hiaru señaló a la figura del centro,

Era un hombre de anchas espaldas, vestido con un uniforme militar rojo y una gorra del mismo color. Su rostro era de facciones muy marcadas, con los pómulos hundidos y una mandíbula acerada. No parecía inmutarse ante la lucha y reposaba sentado en un amplio trono, con los fuertes brazos cruzados sobre el pecho y el gesto serio.

- ¿Quién es?. -preguntó Chun Li acercándose un poco más a la pantalla para ver mejor la imagen.

- No lo sé, pero parece alguien muy importante. -Hiaru se quedó mirando también la fotografía- Según mi contacto en Londres puede tratarse del líder de Shadowloo, pero todo son sólo suposiciones, no hay nada seguro.

- Entonces ése es M.Bison.

- Puede ser. -el chico se volvió en su silla y la miró- Pero ya te digo que esta información no es nada fiable.

- ¿Y el torneo, sabes algo sobre eso?. -la chica preguntó, en tensión, sintiendo de nuevo como su nuca se erizaba y su corazón se aceleraba. Los ojos muertos de su padre aparecieron fugazmente ante su visión. La chica apartó la imagen y se concentró en la cara de Hiaru- ¿Qué campeonato es ese en el que aparecía ese hombre?.

- Bueno, tampoco sé mucho sobre esto. -Hiaru se dio la vuelta y activó otro archivo, varias fotografías de ensangrentadas peleas surgieron en la pantalla- Es un torneo bastante secreto que se desarrolla en Tailandia una vez cada tres años. Participan luchadores de todo el mundo, los mejores en su especialidad, y se realizan combates en los que se mueve mucho dinero en apuestas. Por lo que parece esta competición sirve a Shadowloo para encontrar y captar nuevos "talentos" para su organización. Se suele hacer por estas fechas y este año supongo que habrá una nueva edición y que más de esos chalados irán allí a partirse la cara unos a otros.

- Vaya, esto es realmente interesante. -murmuró la chica.

- ¿Te encuentras bien?, te veo un poco rara. -Hiaru se giró y la miró con aire de preocupación- Ya me he enterado de el incidente que tuviste esta tarde. -el chico se levantó de la silla- No es culpa tuya que ese delincuente muriese, al fin y al cabo fue defensa propia.

- No sé, -Chun Li se pasó una mano por la frente- todo sucedió muy rápido, pero quizás hubiese podido evitar la pelea.

- Te digo que no es culpa tuya, esa chusma había sido detenida un centenar de veces. He mirado los antecedentes de uno de ellos y se podría empapelar esta habitación con ese informe.

- Sí, supongo que tienes razón. Bueno, gracias por todo, ahora tengo que irme. -ella se apartó y se dirigió hacia la puerta.

Al salir de la comisaría se dirigió al parking que había enfrente del gran edificio y cogió su coche. Condujo despacio en dirección al centro de la ciudad, avanzando con lentitud por las calles llenas de coches, motos, camiones, bicis, carros. Los cláxones se quejaban, las voces gritaban agriamente, los rostros enrojecidos y enfurecidos tras los cristales. Chun Li apenas prestó atención a lo que sucedía a su alrededor. Avanzó unos pocos metros y nuevamente quedó atrapada en el denso tráfico. Se quedó mirando por la ventanilla y vio los grandes rascacielos llenos de luces. En ese momento decidió que quizás debía dejar la ciudad por unos días, tomarse unos días de vacaciones e irse fuera del país.

El camión de delante arrancó. Chun Li no se percató, mirando aún por la ventana.

- ¡MALA PUTA, ARRANCA DE UNA VEZ!. -le gritó el conductor del coche de detrás. La mujer le vio por el retrovisor, un hombre gordo y de gruesas gafas. Con tranquilidad puso primera y siguió al camión. El gordo se coló por su izquierda y la adelantó, gritándole algo más mientras gesticulaba exageradamente con las manos. Chun Li siguió conduciendo con calma, dejándose llevar por el lento tráfico.

Sí, unos días de vacaciones le irían bien. Tailandia no estaría mal en aquella época del año, pensó.

volver

Hosting by WebRing.