
LA FAMILIA TORROJA, SEÑORES DE SOLSONA
TORROJA: UN GRAN ESTADISTA ECLIPSADO
LA FAMILIA TORROJA, SEÑORES DE SOLSONA
SU HERMANO ARNAU ENROLADO EN LA ORDEN DEL TEMPLE
GUILLEM DE TORROJA FUE BUEN AMIGO DEL PAPA ALEJANDRO III
PARENTESCO ENTRE EL CONDE DE BARCELONA Y EL REY DE INGLATERRA
LAS GUERRAS BAUCENAS DE LA CATALUÑA NORTE
LA UNIÓN CONFEDERADA DE ARAGÓN Y EL CONDADO DE BARCELONALOS INTERESES DEL ARZOBISPO GUILLEM DE TORROJALOS HERMANOS TORROJA PEREGRINARON A SANTIAGO DE COMPOSTELA
EL CORDERO PASCUAL ES UNA REMINISCENCIA TEMPLARIA EN VILADECANS
REGENCIA DEL ARZOBISPO DE TARRAGONA GUILLEM DE TORROJASiguiendo el sabio criterio popular de que lo poco agrada y lo mucho enfada, decido descargar de datos mi investigación acerca de los conocimientos que pudo haber tenido Arnau de Torroja, el que fuese en el siglo XII noveno Gran Maestre conjunto de las órdenes de Sión y del Temple, a fin de presentar a parte los datos referentes a su poderosos hermano Guillem. Éste, siendo obispo de Barcelona fue tan importante en la promoción de su hermano menor Arnau, que no se puede entender su meteórico ascenso monástico-militar dentro de la Orden del Temple sin tener en cuenta el gran poder e influencia que en el siglo XII tuvo el obispo de Barcelona a nivel internacional. Tanto, que leo indignado como historiadores de carrera se refieren a él como Guillermo, obispo de Barcelona.
Al indagar en la noble familia Torroja, señores de la ciudad de Solsona, casi en el exacto centro de Cataluña, fue una sorpresa para mi descubrir la gran relevancia que tuvo el obispo de Barcelona en la gestación de la Corona de Aragón cuando su hermano Arnau era todavía joven. Es decir, empecé interesándome por un sobresaliente noble de Solsona, con talla internacional, y descubrí que su hermano, siendo igualmente paisano mío de siglos pretéritos, también tuvo una relevante trascendencia político-religiosa. Guillem de Torroja fue obispo de Barcelona (1144-1171), y después arzobispo de Tarragona hasta su muerte (1174). Su categoría histórica se concentró en dos etapas, siendo la primera a partir del año 1162, cuando murió Ramón Berenguer IV, conde-rey de la Corona de Aragón; y posteriormente al abdicar su esposa treintañera a favor de su hijo Ramón Berenguer V, cuando todavía era un niño. A pesar de su inocencia, la historia considera a Ramón Berenguer V de Barcelona el verdadero artífice de la confederación catalana-aragonesa después de variar su nombre por el de Alfonso II, pero él tan sólo fue el instrumento, y otros los estadistas artífices. Lo repasaré por partes.
Guillem de Torroja había sido recomendado para llevar la mitra de Barcelona por Pedro de Torroja, influyente consejero del conde de Barcelona, y por el conde Ermengol V de Urgel (+1162). Éste fue enterrado en la cripta de la iglesia de Solsona, la cual fue consagrada al recibir sus restos en 1163;…donde aún siguen, porque está sellada. Por cierto que en 1164, un sobrino del obispo Guillem, llamado Pere (Pedro) de Solsona, hizo una importante donación a la Orden del Temple, haciéndose eco de las dificultades de los templarios según le explicó su hermano Arnau de Torroja al regresar de Tierra Santa, donde había luchado en tierras de Egipto sirviendo a la Orden con su espada, al menos en dos expediciones, cuando los templarios ayudaban al rey Amalrico I de Jerusalén en sus continuas ansias expansionistas sobre el país del Nilo.
Siendo joven, Guillem de Torroja, cuando era sólo un canónigo de la Seo de Urgel, su obispo residía en el castillo-palacio de Olius, en la comarca del Solsonés, en cuya capital Solsona y sus zonas del entorno señoreaba la familia Torroja. Posteriormente el obispo Guillem también mantuvo buenas relaciones con el conde Ermengol VI de Urgel (1102-1154) muerto en Xátiva. Guillem de Torroja llevó la mitra de la Seo episcopal de Barcelona a partir del año 1144, cuando el hijo del muy heroico conde de Barcelona Ramón Berenguer III tenía cincuenta años, y juntos emprenderían varias campañas en Provenza donde consta que ganaron algunas batallas. También dicho año tuvo lugar la llegada de la Orden del Cister a Catalunya, y por otra parte 1138 significó el fin de los almorávides (Los almohades aún tardaron dos años en invadir la Península ibérica).
Ramón Berenguer IV, de la casa de Barcelona, había heredado, además de la corona de soberano de Cataluña, los laureles del héroe que fue su padre Ramón Berenguer III, llamado "el Grande". La tradición tenía un enorme peso entonces, y más por las grandes alabanzas inmortalizadas por la "Gesta Comitum Barcinonensium", que fue escrita por los monjes del monasterio de Ripoll en recuerdo de Ramón Berenguer III. En otro libro ya presenté al citado conde-rey catalán como el prototipo de joven héroe del cuento titulado Perseval ("Per-si-val", en vernáculo: El que se vale-por-si mismo). Era inolvidable que bajo su gobierno se hubiesen construido más de 300 iglesias en Cataluña. A la versión más antigua de aquella obra "Gesta..." posteriormente aún se le añadió la siguiente alabanza:
"... fue un hombre de bien, sabio, de gran ingenio y gran consejo y de gran fama
por todo el mundo, grande de corazón y humilde y sutil en sus propósitos.
Todos lo miraron por su cortés porte y vestimenta; era alto y de constitución
fuerte, de corazón y manos proporcionadas en todos sus miembros, bello de corazón..."Siendo Guillem obispo de Barcelona, la ciudad tenía unas 20.000 almas. En el siglo XII, el obispado regía las parroquias desde la costa catalana hasta Oca (Burgos). De su importancia hay que decir que en el siglo XII el Sumo pontífice escribió más de cuarenta documentos a la sede episcopal de Barcelona. Se trata en su mayoría de bulas, y alguno de dichos escritos conservados mide dos metros de altura. Sus exitosas gestiones políticas lo encumbraron hasta ser co-regente del reino catalano-aragonés. Es decir, por ello y por su cargo de mitrado, fue la más poderosa jerarquía de la Corona de Aragón, y a la vez un político de primera magnitud. Sus trascendentales gestiones permanecen, pero se han olvidado sus esfuerzos. Históricamente tanta ingratitud se debió a que fue eclipsado por el gran renombre del conde-rey Ramón Berenguer IV, de quien fue uno de sus principales consejeros (sino el primero de todos ellos). Ello fue así porque el obispo Guillem y el pontífice Alejandro III (1159-1181) fueron muy buenos amigos.
Guillem de Torroja sobrevivió a Ramón Berenguer IV, resultando que el personaje que presento (y que no consta todavía en la Gran Enciclopedia Catalana) fue: consejero y albacea (marmesor) del conde Ramón Berenguer IV, y además tutor de el futuro rey de la confederación catalana-aragonesa; y por abdicación de la reina, también fue corregente de la Corona de Aragón hasta que falleció siendo arzobispo de Tarragona. Eran años en que la reconquista de la peninsula tenía un papel predominante, y contaba con el apoyo de tropas del bajo Arag&oaute;n, Caspe y la comarca de Teruel. Por el norte de los Pirineos tambié debieron desde Barcelona los tutores debieron de esforzarse para mantener su influencia política sobre los vizcondes de Carcasona, Narbona, Beziers y Nimes, así como sobre el señorio de Motpellier.
Una vez apuntados los motivos del por qué Guillem de Torroja aparece muy eclipsado en la historia de Cataluña por los condes de Barcelona, le dedicaré unas obligadas pero bien merecidas páginas, para escribir las cuales me ha sido preciso reunir datos releyendo mucha letra menuda dispersa, así como las notas al final de las páginas de antiguos libros de historia medieval, y muy en especial los referentes a la nobleza de Solsona, mi ciudad natal. Así como de Guillem de Torroja quedó recogida bastante documentación en los archivos locales, en cambio hay muy poca de su hermano el Arnau a pesar de haber sido Gran Maestre de la Orden del Temple de Jerusalén, cuya persona sigue siendo ignorada por los más prestigiosos historiadores. Lógicamente, en mi investigación sobre su persona me apoyé por completo en el gran poder e influencia de su poderoso hermano desde que fuese obispo de Barcelona. No había otro modo de poder justificar una carrera militar tan brillante.
SU HERMANO ARNAU ENROLADO EN LA ORDEN DEL TEMPLE
El mitrado Guillem de la familia Torroja de Solsona debió de entender que las directrices de la novedosa Orden del Temple serían las más dignas para dar salida a las inquietudes de su joven hermano Arnau, hecho de su misma pasta, y es obvio que le aconsejó ingresar en la Orden del Temple. La ocasión era de oro, porque los favores del obispo para con los templarios bien merecería que le correspondiesen con aceptar a su recomendado hermano, prometiéndole que, si hacía los méritos exigidos para ello, se le educaría para desempeñar las máximas jerarquías de los monjes con espada. Así fue, en efecto, aunque omito aquí sus hazañas bélicas porque ya las desarrollé en la "Primera parte" de su biografía.
El obispo Guillem de Torroja por entonces también resulta evidente que benefició a su otro hermano Pedro, nombrándolo abad de Vilabertrán (Figueras). Luego lo promocionó a la mitra de Zaragoza (1152), un nombramiento sumamente importante porque desde su mandato la capital del Ebro quedó de un plumazo subordinada a la metrópoli de Tarragona, concluyendo con ello un largo conflicto de límites diocesanos, ya que Castilla pretendía que aquella diócesis les perteneciese. En sólo dos años de gobierno Guillem y su hermano Pere (Pedro) de Torroja hicieron realidad el que las fronteras, antes estrictamente políticas, fuesen también eclesiásticas.
El obispo Guillem, formado en la corte del Condado de Urgel, tampoco debió de ser ajeno al enlace matrimonial de su sobrino Ramón I de Solsona con doña Ermesinda, una sobrina del conde Ramón Berenguer IV, dado que se le encuentra firmando como testimonio en su boda el año 1162. Este sobrino suyo fue quien en 1181 también intervino en la isla de Sicilia, a las órdenes del Conde de Foix (Fr.), donde se defendía la herencia de su sobrino Hug Ponç de Cervera; siendo entonces, por cierto, la primera vez que los catalanes pusieron pie en aquella isla (J. Miret Sanç: "Els vescomtes de Bas a l'Illa de Sardenya", Barcelona 1901- p.73). Por otra parte, a Ramón II de Solsona su tío obispo Guillem de Torroja lo ofreció como rehén de los genoveses hasta que no les fuesen pagadas las cantidades convenidas por su ayuda en la conquista de Tortosa (1148). Además Guillem tuvo otros hermanos, como Ponç y Berenguer, sobre los que no puedo extenderme, ya que aunque tuvieron altos cargos, no lo fueron a nivel internacional.
La credulidad de aquellos incultos tiempos era suplida por la fe y entusiasmo. Así, las heroicidades de la reconquista se remitieron a líderes como Carlomagno y alguno de sus nobles pares. En Cataluña fueron populares míticos personajes belicosos tipo el Conde Arnau, y el jovencito Peredur, quien, inspirado por Dios, era un "campeón de la inocencia". El prototipo del héroe fue Perceval, cuya leyenda nadie pudo reconocer cuando al fin regresó a Cataluña envuelta por la saga del Santo Grial. El héroe ideal para personificarlo no podía ser otro que el joven Ramón Berenguer III "el Grande", quien se había criado en la corte del castillo de Roergue (Fr.) hasta cumplir la edad de 15 años, cuando regresó a la Corte de Barcelona. Allí él logró hacerse reconocer como legítimo heredero al trono de Cataluña gracias a una señal de nacimiento en su cuerpo. A partir de entonces él fue presentado como el héroe que se valía por si mismo (Per-se-val), obligando después a su tío fratricida a partir a las Cruzadas (de donde no volvió).
GUILLEM DE TORROJA FUE BUEN AMIGO DEL PAPA ALEJANDRO III
Guillem de Torroja, como obispo de Barcelona, por seis años no fue continuador directo en la sede de san famoso obispo Olegario (sant Oleguer), aquel valiente que a la edad de setenta y cuatro años recordó al papa Inocencio II que se le había elegido porque él y san Bernardo lo habían defendido ante las cortes europeas contra la candidatura del antipapa Anacleto II.
En efecto, fue un gran mérito del obispo Guillem de Torroja el hecho que el conde-rey catalán permaneciese en el seno de la Iglesia cuando tuvo la tentación de reconocer la legitimidad del antipapa Victor IV. A éste sí que se lo reconoció en los catalanes feudos de Provenza donde reinaba un sobrino de Ramón Berenguer III, un catalán casado con Riquilda, que era viuda del rey Alfonso VII de Castilla y sobrina del emperador Federico I "Barbaroja". Ramón Berenguer IV rindió vasallaje al dicho emperador en 1159, porque tenía una gran simpatía por el soberano alemán. Para el conde de Barcelona habría sido fatal contradecirle, y sabiamente se doblegó a su autoridad, pero de modo que tan sólo en la corte provenzal se reconoció al antipapa Victor IV. En fin, en otoño de 1161 el conde de Barcelona, por motivos políticos, aceptó incluso que la lejana Provenza fuese un feudo del emperador Federico I "Barbaroja", mientras en el sur de los Pirineos catalanes, por su independencia, se reconocía al verdadero pontífice Alejandro III.
EPISCOPOLOGIO DE BARCELONA (SIGLO XII):
Oleguer, Santo 1116-1137
Arnau Ermengol 1137-1143
-------- Guillem de Torroja 1144-1171-----------
Bernat de Berga, 1172-1188El meollo del problema que hizo que hubiesen antipapas fue debido a que, al ser elegido Alejandro III (1159-1181), en mala hora se opuso a Federico "Barbarroja", quien, prepotente por sus éxitos militares, optó por nombrar a Victor IV, que fue un antipapa coronado en la basílica de San Pedro del Vaticano (murió el 20.4.1164, sucediéndole Pascual III). El resultado fue que el legítimo Alejandro III los excomulgó a los dos, envalentonado por la protección recibida del rey Luís VII de Francia (1137-1180). Allí el pontífice auténtico después debió refugiarse hasta 1165, año en que ya pudo regresar a la sede del Vaticano apoyado por otro emperador llamado Manuel Comneno de Bizancio (1143-1180).
Fue en realidad exclusivo mérito del obispo Guillem de Torroja el que el Conde de Barcelona nunca aceptase al antipapa impuesto por "Barbarroja", un hombre vigoroso y ambicioso que estuvo imbuido de las gestas de Carlomagno, debiendo renunciar a su objetivo inicial de imponer su autoridad desde Borgoña hasta Provenza. Las galeras provenzales y las de Pisa vigilaban conjuntamente las costas del Mediterráneo a fin de que el pontífice, residente entonces en Aviñon (Fr.), no pudiese regresar a Roma. En Cataluña, en cambio, hay cartas del año 1163 que confirman que Alejandro III era reconocido Papa legítimo. Entonces Alejandro III escribió a Guillem de Torroja agradeciéndole el haber sabido conservar en el seno de la Iglesia a Ramón Berenguer IV, para conseguir lo cual no se pude dudar que el obispo Guillem debió de desplegar argumentos de mucho peso con gran diplomacia, a lo cual le contestó el sumo pontífice:
"Recuerdo con cuanto cuidado y diligencia procurasteis
atraer a nuestra devoción y a la de la Iglesia a aquel
barón de digna memoria, Ramón, que fue conde de
Barcelona, su tierra, y cuan solicito y cuidadoso habéis estado
para animar y conservar en la misma devoción el cristianísimo
hijo nuestro, Alfonso, ilustre rey de Aragón, hijo suyo..."
Trascrito por J. de Zurita: "Anales del reino de Aragón", (libro II, cap.18 -folio 70). El original era escrito en latín y lo transcribió A. Rovira Virgili en su monumental obra: "Historia Nacional de Cataluña" (Ed. Bilbao 1.977- p.73). El subrayado es mío, pues se corrobora mi opinión acerca de la trascendencia de sus gestiones en tiempos muy críticos.Ramón Berenguer IV se debatía entre dos contrarias influencias, porque su obispo Guillem de Torroja era partidario del papa legítimo y ejerció una incesante presión sobre el conde de Barcelona. Lo hace evidente la adjudicación de la mitra de Zaragoza a Pedro de Torroja (+1195, quien era hijo de un homónimo que había sido consejero de Ramón Berenguer IV). Pedro de Torroja es otro personaje que merecería mayor atención, pues en 1181, en vida del Gran Maestre del Temple, Arnau de Torroja, y después en 1185, viajó a la isla de Cerdeña con tropas del rey de Aragón para defender los derechos de su sobrino Hugo Ponç (Sus descendientes fueron los señores de Bas). Pedro de Torroja, por cierto, como arzobispo de Zaragoza también presidió un acuerdo de límites respectivos en aquella zona entre los caballeros templarios y hospitalarios.
El emperador "Barbarroja" aceptó la amistad del conde de Barcelona por la necesidad que tenía de no crearse más adversarios y se conformó con que al sur de los Pirineos no apoyasen al verdadero pontífice, sino que permaneciesen neutrales (Paul Fournier "Le royaume d'Arles et de Vienne", p.20). En el Archivo Capitular de Barcelona se conserva una encíclica del papa Victor IV contra el legítimo Alejandro III y sus partidarios, fechada el 19 de noviembre de 1160 escrita en Pavía, donde se lee que el emperador afirmaba que su antipapa era obedecido en: Hispania, condado de Toulouse y en la Provenza, así como en otros lugares. El 18 de agosto de 1162 "Barbarroja" incluso elogió al conde de Barcelona. Era el mismo año que se volcó contra Italia, destruyendo Milán. Allí capturó a media docena de ciudadanos principales y sólo a uno le dejó un ojo para guiar a los demás emisarios a parlamentar. Milán rápidamente capituló sin condiciones,... porque no sospechaban que la ciudad fuese luego saqueada (excepto las iglesias); después, para mayor desgracia, el Emperador incluso mandó que toda aquella área ciudadana fuese derruida, arada y sembrada con sal. "Barbarroja" después estuvo muy ocupado tratando de pacificar su propio reino, porque durante su ausencia su querido sobrino llamó a la sublevación general intentando derrocarle en vano. Una vez "Barbarroja" lo recuperó, armó un nuevo ejército y regresó a Lombardía, donde fue derrotado por la liga en Legnano (1171). Aquello menguó el prestigio de "Barbarroja" por lo que en Venecia finalmente debió acercarse al pontífice Alejandro III (1.8.1177). Así, ya reconciliado con el Papa legítimo, "Barbarroja" en 1183 firmó la paz con la liga lombarda en la ciudad de Constanza. Además hizo otro pacto de paz con los normandos de Sicilia, acabando con casar a su hijo con la heredera de dicha isla. Enrique VI fue coronado rey de Germania, Nápoles y Lombardía en la catedral de Milán como sucesor de "Barbarroja", haciendo efectivo el primer paso hacia un nuevo orden mundial que llamó "Iperium Mundi", en el cual el poder espiritual estaría subordinado al emperador, siguiendo el modelo que existía de sus relaciones con el patriarca de Constantinopla. Ni al sumo pontífice, ni a los templarios, ni al rey de Jerusalén les gustaba el revés dado al poder espiritualista, ya que suponían una amenaza para el clero.
Con motivo de la muerte de Ramón Berenguer IV camino de la ciudad de Turín (6 de agosto de 1162), cuando iba a entrevistarse con el emperador Federico "Barbarroja", el Papa de nuevo volvió a agradecerle al obispo Guillem de Torroja todas sus gestiones para que su hijo heredero Alfonso II de Aragón no se apartase de la Iglesia, aduciendo en favor del conde Ramón Berenguer IV grandes y sentidos elogios hasta culminar el escrito diciendo que: "...De no haber muerto, aún habría podido alcanzar otros grandes méritos".
Una muestra más de lo agradecido que estuvo el Sumo Pontífice con Guillem de Torroja, lo tenemos en que Alejandro III intervino personalmente en los litigios de la colegiata de Sant Vicens de Cardona, y de Sant Ruf de Avinyó, e incluso con carácter civil, en la bula papal dirigida al obispo de Urgel (11.10.1178) en la que reconoció la ciudad de Puigcerdà como capital de la Cerdaña. Las dos primeras colegiatas citadas estaban muy unidas a la comunidad monacal de Santa María de Solsona, de la población natal de la familia Torroja.
PARENTESCO ENTRE EL CONDE DE BARCELONA Y EL REY DE INGLATERRA
El obispo Guillem, desde muy joven supo también el por qué el rey de Inglaterra era pariente y amigo del conde de Barcelona, y también que era una corte donde llevaban una vida familiar muy azarosa. Su hermano Arnau, siendo Gran Maestre todavía vio como degeneraba aún más la relación de la regia familia Plantagenet;... y ello a pesar de que justamente el muy refinado rey inglés fue el primero de Europa que tuvo en su corte un vanguardista baño de agua caliente. En síntesis, corría el año 1148 cuando se divulgó entre la nobleza un escándalo internacional, y todos sabían que la heredera Leonor de Aquitania (1137 -1152), una excepcional y muy docta soberana, recién casada con el rey francés luís VII, se había empeñado en acompañarlo a la Segunda Cruzada militar en Tierra Santa (cosa insólita para una dama). Lo peor fue que tan sólo desembarcar allí se enamoró de su propio tío príncipe de Aquitania, hasta el punto que al regresar a París se divorció de su regio esposo luís VII. Leonor era hija del duque Guillermo de Aquitania, que tiene renombre por haber sido el primer trovador, como lo fue también su hija, la Gran Dama ideal del movimiento trovadoresco. Leonor, en efecto, era una señora extraordinariamente culta y de muy fuerte carácter, que dominó durante su segundo matrimonio el doble de territorio que su ex marido el rey de Francia. Hasta 1152 fue reina de Francia y políticamente en 1154 lo fue de Inglaterra y Aquitania, pues al divorciarse se volvió a casar con el rey Enrique II Plantagenet (1154-1189), del que tuvo ocho hijos después de haber sido repudiada por su ex marido,... ¡acusada de estéril!.
El rey catalano-aragonés tenía lazos familiares con Enrique II de Inglaterra, pues mientras doña Petronila (que pasó a llamarse Peronella en la Corte de Barcelona) era la reina de la Corona de Aragón, su prima Leonor lo fue de Aquitania. La boda de Petronila con Ramón Berenguer IV se celebró en 1150 (él estaba comprometido desde cuando tenía unos 30 años) con la infanta de Aragón, entonces de muy poca edad. Fue Guillem de Torroja quien años después tuvo que hacer una solemne validación de antigua promesa de enlace marital. Recuérdese que se remitía a cuando la herencia del rey aragonés Alfonso I "el Batallador" recayó en el conde catalán Ramón Berenguer IV, con lo cual salieron muy beneficiados los templarios (a pesar de renunciar a sus derechos en 1140), haciendo posible la repoblación de Daroca. También sería firmado el tratado por el cual Castilla reconocía a Cataluña derechos sobre Valencia, Denia y Murcia.
El rey Enrique II, esposo de Leonor de Aquitania, aquella dama ideal considerada la "Reina de los Trovadores", dominaba desde los Pirineos hasta Inglaterra, siendo el más firme aliado de la Corona de Aragón, y facilitando con ello las difíciles gestiones del obispo Guillem de Torroja, pues los catalanes para mantenerse en Provenza debieron superar la férrea oposición del conde Raymundo de Toulouse. Enrique II había extendido su poder sobre todas las Islas Británicas (Escocia e Irlanda incluidas), y su persona interesa a estas páginas porque ayudó al conde de Barcelona en el sitio de Toulouse del Languedoc en 1159, el mismo año que comenzó la Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra. Enrique II mantuvo una estrecha relación con el obispo de Barcelona Guillem de Torroja cuando era consejero del conde Ramón Berenguer IV. Probablemente cuando su hermano Arnau fue nombrado Gran Maestre de la Orden del Temple también debió de tratar al rey de Inglaterra,... si es que no lo conocía de antes).
LAS GUERRAS BAUCENAS DE LA CATALUÑA NORTE
El injustamente olvidado obispo Guillem de Torroja, además de las relaciones con los aragoneses, desplegó su máximo poder diplomático para conseguir una plena vinculación con la otra parte de Cataluña situada al norte de los Pirineos. No se podía desatender la zona al sur de Barcelona, y situó la frontera catalana más allá del río Ebro. A pesar de todo la Casa de Barcelona padeció confabulaciones de los castellanos que asesinaban a sus colaboradores, incluyendo al conde de Urgel, muy amigo del obispo Guillem de Torroja.
Durante la juventud del obispo Guillem de Torroja en realidad Cataluña como tal aún no existía, y Barcelona era sólo un simple condado. Las tierras peninsulares que habían invadido los musulmanes, antes de reducirse a lo que es hoy Andalucía, se llamaban Separad. Entonces los judíos debieron adaptarse a los vencedores de las batallas, en todas las zonas reconquistadas por los cristianos de la muy dinámica Corte de León. En cuanto a la Francia del siglo XII, aún no tenía unidad política, pues el SE., que era el Condado de Toulouse, pertenecía a los Plantagenet, reyes de Inglaterra que hablaban francés, por lo cual tuvieron más influencia en la Septimania que los francos. Fue así hasta que Ricardo "Corazón de León", más francés que inglés, renunció al Languedoc al casar a su hermana con el conde Raymundo VI de Toulouse.
La gran capital del Languedoc está situada en el antiguo Camino de Santiago cuando, gracias al "Códice Calixtinus", el finisterre de Galicia empezaba a atraer multitudes; pero es que además también estaba entre los dominios del conde de Barcelona y Enrique II Plantagenet. Ambos se aliaron, pues, contra los toulousinos, repitiéndolo de nuevo en campañas conjuntas contra Tortosa (1148) Lérida (1149), etc. El conde de Baus era partidario del conde Raymundo de Toulouse, y las llamadas Guerras Baucenas, entre 1142 y 1162, hacían necesario cuanto más apoyo mejor para Cataluña.
Ramón Berenguer III "el Grande" se había esforzado en hacer entrar el Condado de Provenza en la órbita catalana. Entre ambos condados catalanes se ubicaba su entonces aliado el conde de Trencavel (Carcasona, Albi, Beziers, etc.), haciendo posible que un siglo después durante ocho meses existiese una Gran Corona de Aragón, por las alianzas de la Casa de Barcelona con los condes del norte del Pirineo catalán. Ramón Berenguer IV, en sus últimos años de gobierno se relacionó con el rey de Francia, si bien por entonces todavía dicho país no tenía la extensión ni la entidad de su vecino de Aquitania, dominada por el rey de Inglaterra (Francia no fue consolidada hasta 1124, después de guerrear contra Inglaterra). Aquella política de buen entendimiento posteriormente no se interrumpió. A Ramón Berenguer II de Provenza, que era un acompañante del rey fallecido en el norte de Italia, el Papa le expidió un diploma por el que lo investía conde de la Baja Provenza, ratificando lo convenido tiempo antes.
El conde de Toulouse estaba en discordia con los aquitanos del rey de Inglaterra y con el conde de Foix, quien fue siempre pro catalán sin reservas, siendo obligado Raymundo a repartir los condados al norte de los Pirineos con la Casa de Barcelona, que se quedó la zona comprendida entre el río Durance y el mar Mediterráneo (1125). La ayuda del rey Enrique II Plantagenet resultó definitiva para facilitar la reclamación catalana sobre Provenza, donde reinaba el hermano de Ramón Berenguer III "el Grande". Aquella disputa de territorios fue llamada "Guerras Baucenas," con mucha intriga y vigilancia por ambas partes, y sólo terminaron después de veinte años con la muerte de Ramón Berenguer IV en 1162, cuando el obispo Guillem de Torroja, debido a la juventud de la viuda reina doña Petronila Ramírez, regentó con otros varios asesores la confederación catalana-aragonesa.
En 1166 Ramón Berenguer de Provenza, hermano del conde de Barcelona, murió al dirigirse a sitiar la ciudad rebelde de Niza, dejando como heredera sólo una hija llamada Dulce. La regencia aragonesa, alegando la falta de descendencia masculina, consiguió que el condado de Provenza fuera a parar a manos de Alfonso II el Casto, por ser hermano de Ramón Berenguer III. Para conservar Provenza se hizo necesario combatir los levantamientos nobiliarios de la zona de la Camarga por los partidarios de Raymundo IV de Toulouse.
Conociendo la situación de los catalanes en el Sur de Francia, Arnau de Torroja también debió de lamentar mucho el asesinato de Ramón Berenguer conde de Provenza, y más por haber ordenado tal magnicidio el dicho conde Raymundo V de Toulouse. Los antecedentes se remontaban a cuando el rey Alfonso II, a pesar de su juventud, rápidamente acudió a Provenza con un ejército para nombrar como legítimo sucesor de aquel trono a su hermano Sancho. El rey-niño desplazado con su ejército, una vez allí se sintió impotente, pues aunque la ciudad de Beziers lo apoyaba, no así Montpelier que apoyó a los toulousinos. Es más, durante el sitio de Albaron (Provenza) el conde de Toulouse encontró la ocasión para hacerlo raptar, siendo rescatado solitaria y audazmente por el caballero Bertrán de Baus, quien huyó con el pequeño Alfonso II al galope hasta lograr atravesar el río Garona, refugiándose en Arles.
Después del asesinato del conde Trencavel de Carcasona en 1170, gran aliado de Barcelona, Alfonso II aprovechó el conflicto entre Ramón de Toulouse y Enrique II de Inglaterra para conseguir el vasallaje de numerosos señores occitanos, gracias a su condición de aliado de Enrique II. Los Torroja y los Plantagenet se entenderían probablemente hablando en occitano, ya que Enrique II nunca habló inglés, ni tampoco sus tres hijos herederos sucesivamente del trono de Inglaterra. Eran buenos tiempos para la corona catalana-aragonesa, porque en 1172 el Rosellón (actualmente repartido entre España y Francia), por falta de heredero legítimo también pasó a la Casa de Barcelona. Téngase en cuenta que por aquel entonces el joven Alfonso II, que tan grande aparece por sus hechos y tratados, sólo era un quinceañero con vocación de poeta y cantante. Contando con el apoyo del vizconde de Montpellier, del episcopado provenzal y de la Casa de Baux, los regentes catalanes a partir de 1167 lograron afianzar su dominio sobre la Provenza.
Por su relación con los provenzales, el obispo Guillem de Torroja debió de tener la idea de aprovechar la moda del país vasallo, consistente en componer rimas que luego eran interpretadas en las cortes más refinadas de Europa por los nobles trovadores. Así pues, utilizando la poesía provenzal como un arma publicitaria, procuró encontrar a nobles que divulgasen encubiertamente por todo el orbe católico las virtudes de su soberano catalán. Atrajo a la corte catalana los poetas que fueron más aptos (que fuesen "de fiar") para, una vez instruidos, enviarlos desde Barcelona, de corte en corte donde popularizaron poesías llamadas "serventesios" (serventès), con letras capciosas y subliminales que para mayor dificultad estaban escritas en lengua occitana (Oc).
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Definitivamente Guillem de Torroja promovió profundos cambios en la sociedad fijándose con la esplendorosa cultura que había florecido al norte de los Pirineos catalanes. Se refinaron las costumbres y la sociedad se rigió por ideales del tipo caballeresco que devolvieron a las damas la respetabilidad. Fue la revolución de la sensibilidad y la exaltación de los valores humanos mirando a la Provenza, una tierra que estaba predestinada a unirse con Cataluña, pero en cada testamento de sus condes-reyes se acababa por evitarlo.
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Ramón Berenguer V, con el nombre de Alfonso II de Aragón (1162-1196), también fue apodado con sobrados motivos "el Trovador", pues al igual que muchos nobles de su tiempo, escribió sus poesías en lengua provenzal según norma dada por la exquisita dama Leonor de Aquitania, hija de un rey, quien fue dos veces sucesivas reina y también madre de otros tres reyes. Todos los trovadores que salieron de la Corte de Barcelona cantaron en provenzal (Bertrán de Born, Guillerm de Berguedà, etc.), y las historias catalanas se exportaron gracias a los séquitos de las bodas de la nobleza catalano-aragonesa, como estudió R. Olivar Bertrand en su libro: "Bodas reales entre Francia y la Corona de Aragón" (Barcelona 1947).
Cuando en octubre de 1179 estalló la rivalidad entre los condes de Barcelona y Toulouse del Languedoc, el Maestre Provincial del Temple, Arnau de Torroja no quedó ajeno a los viajes del soberano catalán con objeto de que los revolucionarios nobles volviesen a su obediencia. Alfonso II aceptó la sumisión jurada del vizconde de Carcasona y Besiers por unos castillos,... que años después se perdieron al atacarlos los cruzados, debido a que todos en la bella y muy tolerante ciudad de Minerva eran herejes cátaros. El conde de Carcasona recobró la tranquilidad, ya que por aquel entonces aún nadie podía imaginarse en el Sur de Francia que se les viniese encima un ejército de cruzados bendecidos por el Sumo pontífice de Roma. Tampoco le preocupaba que su adversario el emperador "Barbarroja" hubiese sido coronado en Arles el verano anterior. A la ceremonia no asistió el conde de Provenza, pero en cambio sí que estuvo, agasajándolo, el conde de Toulouse del Languedoc.
Las disputas con los condes de Toulouse no cesaron hasta medio siglo más tarde y, para vergüenza de la Iglesia, fue para formar un frente común contra los cruzados enviados por el pontífice Inocencio III contra cientos de miles de personas bautizadas, que finalmente fueron masacrados sin que ni uno sólo hubiese cometido el menor delito.
LA UNIÓN CONFEDERADA DE ARAGÓN Y EL CONDADO DE BARCELONA
En el siglo XII Arnau de Torroja debió de colaborar en diferentes etapas de su vida con su hermano el obispo Guillem en la curia del palacio episcopal de Barcelona. El se interesaría siempre por las gestiones del obispo Guillem, tanto cuando era joven e inexperto en política, como después de ostentar el cargo de Maestre Provincial de la Orden del Temple para el Sur de Francia e Hispania. No sería extraño que Arnau estuviese incluso presente en ocasiones especiales, cuando se gestionaron los trámites para la unión de Cataluña y Aragón. Es muy probable que al morir Ramón Berenguer IV (1162) el obispo Guillem hubiese reclamado su presencia en Barcelona, acelerando el que Arnau se viese libre de sus compromisos en tierras de Outremer.
Cuando falleció Ramón Berenguer IV su hijo heredero tan sólo contaba ocho años de edad, por lo que el obispo Guillem ultimó las gestiones de la política internacional a la cabeza de los demás regentes y consejeros reales. Los dirigió siempre acertadamente, al tener Guillem un muy amplio punto de vista político, gracias a su contacto regular con su hermano Maestre Provincial de las órdenes de Sión y del Temple, quien regresó efectivamente de Tierra Santa en 1164. Nunca ha de ser olvidada la intensa relación de Guillem con el papa Alejando III. Ambos hermanos procuraron, gracias a sus cargos, conseguir un amplio hiterland que incluyese a los más poderosos estadistas de cada vertiente de los Pirineos, a fin de dominar la zona intermedia entre Castilla y Francia, para lo cual los inteligentes Torroja contaron con el apoyo del rey Enrique II Plantagenet. Suponerle, erróneamente, al niño heredero una suficiente capacidad para resolver los temas políticos que los dirigentes de la Corona de Aragón tenía entonces sobre la mesa, me parece tan desorbitado como cuando se atribuyeron las murallas de Constantinopla (una maravilla de la ingeniería), a un soberano que entonces sólo tendría unos diez años.
Doña Petronila Ramírez (1136-1173), había sido concebida para dar continuidad a la dinastía de Aragón. La hija de Ramiro II, apodado "el Monje", e Inés de Poitou, a sus 14 años fue casada con el conde Ramón Berenguer IV de Barcelona, consorte a título de príncipe (11317-1162). La boda de doña Petronila Ramírez con Ramón Berenguer IV se celebró en 1150, al alcanzar la reina la edad requerida por el Derecho Canónico para poder consumar el matrimonio. Se zanjaron así los problemas de sucesión en el Reino de Aragón, siendo el conde de la Casa de Barcelona quien realmente se encargó del gobierno de la confederación catalano-aragonesa.
En la alianza de Ramiro II ofrecida a Ramón Berenguer IV de Barcelona, no era tan sólo para unificar territorios hacia el Mediterráneo, si no establecer lazos de parentesco, ofreciéndole la mano de su hija y el trono de Aragón. El joven conde no desaprovechó la alianza tan ventajosa que le daría con el tiempo más poder. Transcribo a continuación la donación del rey Ramiro II, hermano de Alfonso I "el Batallador":
"Yo el citado rey Ramiro, te lo hago a ti, Ramón, conde y marqués de los barceloneses, de tal modo que si mi hija muriese antes y tú sobrevivieses, tengas la donación del citado reino libremente e inmutable, sin ningún impedimento, después de mi muerte. Pero en tanto, si quisiere hacerte mientras viva cualquier aumento o entrega de honores o castillos en el citado reino, permanezca bajo la citada fidelidad del homenaje firme e inmutable, y yo el citado rey Ramiro seré Rey, señor y padre en el citado reino y en todos los condados hasta que me plazca."
El motivo de la unión se remontaba a cuando el conde de Barcelona había ayudado a Ramiro "el Monje" en tiempos difíciles de su gobierno; pero además se temía que la monarquía castellana, autoritaria, pudiese absorber los señoríos aragoneses, mientras que el conde de Barcelona les permitiría conservar sus privilegios, previniéndose que después ambos estados mantuviesen sus instituciones políticas. Ramiro II transfirió el poder, pero no la propiedad, la cual conservó mientras viviesen él o su hija. Doña Petronila Ramírez, al pasar a residir en la corte de Barcelona conservó su regia dignidad, y se hizo efectiva en sus testamentos y en la donación del patrimonio conjunto en herencia a su hijo.
Al morir Ramón Berenguer IV en 1162, la reina Petronila I de Aragón convocó Cortes Generales en Huesca y aprobó todas las disposiciones que dejó ordenado su esposo. Al quedar viuda, el poder real fue sustituido por una comisión de magnates aragoneses y barceloneses, entre los que figuraron los altos prelados (obispos de las principales sedes) y ricos hombres de ambas procedencias, reunidos para ese fin en las primeras cortes documentadas del Reino de Aragón el 11 de noviembre de 1164, pocos meses después de la transmisión de la herencia de doña Petronila Ramírez. La regencia de dicho consejo de regentes notables en las decisiones de gobierno se extendió desde la muerte de Ramón Berenguer, hasta cuando Alfonso II cumplió oficialmente los dieciséis años de edad.
El hombre de confianza de doña Petronila Ramírez cuando pasó a residir en la corte de Barcelona fue el obispo Guillem de Torroja, tanto antes como después de que fuese arzobispo de Tarragona. La Iglesia lo dominaba absolutamente todo en la sociedad medieval, y bastará para demostrarlo que su propio padre Ramiro II el Monje, habiendo heredado de Alfonso I "el Batallador" Aragón y Navarra unidas, a fin de garantizarse la salvación, hizo testamento a favor de la Orden del Temple. Por considerarlo muy exagerado, los navarros se desvincularon de Aragón para siempre. Afortunadamente, en 1158 los templarios renunciaron a sus derechos sucesorios allí. Fue por el testamento del rey Ramiro II de Aragón, el difunto suegro de Ramón Berenguer IV, que los templarios entraron en Navarra, cuyo rey Sancho, por cierto, en 1164 encarceló en una mazmorra al gran conquistador pirenaico Arnau Mir de Tost (otro gran catalán injustamente olvidado).
La reina Petronila I de Aragón en su testamento se refirió a su heredero llamándolo Alfonso, aclarando que su marido lo llamaba Ramón. (La documentación de la época confirma que desde su nacimiento en Huesca, el primogénito de la pareja fue llamado indistintamente Alfonso y Ramón). Siendo heredero del conde de Barcelona, se habría debido llamar Ramón Berenguer V, pero de cara al Vaticano se lo llamó Alfonso como su abuelo. Se le varió el nombre en beneficio de los aragoneses, pasando a considerársele rey de Aragón. Una cuestión sólo de renombre, pero que eclipsaría el nombre de Cataluña a nivel internacional. A pesar de ser rey, por humildad, Ramón Berenguer V ni bajo el nuevo nombre de Alfonso II quiso nunca ser llamado rey, o príncipe; ni tampoco sus descendientes, aun cuando el término Principado de Cataluña estuvo de moda en el siglo XIV. En consecuencia, mientras el nombre de Regnum Aragonum crecía, el de Cataluña casi estuvo a punto de desaparecer.
Alfonso II de Aragón (Alfonso I de Cataluña, después apodado sin motivo el Casto), ni siendo rey de la Corona catalano-aragonesa, podía estar al frente de su reino sin la tutoría de los eclesiásticos y el gran seneschal Guillerm Ramón de Motcada hasta no tener suficiente edad para ser armado caballero. Alfonso II en 1162 heredó la corona, aunque su madre doña Petronila Ramírez no abdicó hasta el año siguiente, o sea, un año antes de que ella falleciese, siendo entonces cuando de hecho heredó el Reino de Aragón y el Condado de Barcelona (documento fechado el 18 de julio de 1164). Aquel año Arnau de Torroja regresó de Tierra Santa, probablemente con las recomendaciones papales que fuesen necesarias, a fin de colaborar a resolver los numerosos problemas de todo tipo, incluyendo el garantizar la mejor escolta armada en los desplazamientos de su hermano obispo de Barcelona, principal de los regentes. Su trabajo era inmenso, porque en 1163 convocaron las Cortes de Aragón, en Zaragoza, con asistencia de procuradores de varias ciudades, siendo aquellas las primeras Cortes europeas con participación de representantes burgueses. Esto que hoy puede parecer de poca importancia, representó un logro social a nivel europeo, que Cataluña siempre tendrá que agradecer a la familia Torroja de Solsona.
Firmantes del testamento de doña Petronila Ramírez en 1164
LOS INTERESES DEL ARZOBISPO GUILLEM DE TORROJA
Actum est hoc in Barchinona XIIII kalendas julii anno Dominice incarnationis M C LXIIII. Sig+num Petronille, Dei gratia regine aragonensis et comitisse barchinonensis, qui hoc laudo et confirmo et testes firmare rogo. Sig+NUM Guillelmi barchinonensis episcopi. + Petrus, Dei gratia cesaraugustanus episcopus....
Por otra parte, remito a los interesados al opúsculo escrito por Antoni Llorens Solé, titulado: La valuosa ajuda, bèl.lica i diplomàtica, prestada al comte de Barcelona, Ramón Berenguer IV, pels Torroja, senyors del Castell de Solsona, publicado en 1988 en la revista Medievalia, ISSN 0211-3473, nº 8. (Estudios dedicados al Profesor Frederic Udina i Martorell- ps. 253-264").
La mayor fuente de información sobre el obispo Guillem de Torroja, siendo muy escasa, está no obstante en la monumental Enciclopedia Espasa-Calpe, del año 1928 (vol. nº 62 - p.178), donde se explica que se distinguió especialmente por su celo, tanto en sentido religioso como patriótico. Lo más chocante fue su "invento" de gravar con un impuesto especial a los pescadores, desde Sant Feliu de Guixols hasta el castillo moro de Tamarite (besando la playa al norte de Tarragona), de forma que pagasen un diezmo, o sea, una parte del dinero que ganaban a la Iglesia;...¡ y a perpetuidad!. Esta manipulación de la sociedad ignorante fue un gran fallo de los clérigos, y explica la simpatía popular por los templarios, pues al menos ellos sólo debían obediencia al Papa, y cuando querían podían dejar en evidencia al prepotente y corrupto clericato, o a cualquier otro soberano, si se hubiese dado el caso. El obispo Guillem no actuó por ambición al dictar aquel impuesto, porque el dinero recaudado sirvió para preparar la conquista de Tortosa, siendo a petición del conde-rey que Guillem le entregó, además cincuenta libras de plata del tesoro de la Seo barcelonense.
En los registros del Obispado de Barcelona, del mitrado Guillem de Torroja se conservan actas de algunas concesiones y consagraciones de templos, siendo el más importante la iglesia románica, hoy aún en pie, en pleno casco antiguo de Barcelona (calle Corderers). Eran los años cuando se construían, con gran furor y mayor amplitud, nuevos templos en estilo románico en toda Cataluña, y al mismo tiempo se empezaba ya a escribir en lengua catalana, o sea la vernácula.
Nuestra Señora de la Guía fue edificada por el rico comerciante y consejero real Bernat Marcús, quien tuvo propiedades incluso en la comarca del Solsonés de donde los Torroja eran oriundos. El buen amigo del obispo Guillem, cierto día del año 1150, aquel noble comerciante la dedicó a la advocación de Nuestra Señora de la Guía, la misma que aún existe, y que (1166) pasó a ser puesto de correos a caballo (postas). Al construirse estaba fuera de las murallas de la ciudad, en un cruce de caminos ideal para las postas reales y obispales (llamados "troters", de creación anterior a los de la ciudad de París). Cerca de la dicha iglesia el obispo Guillem de Torroja fundó un hospital, el cual con los siglos fue absorbido, como todos los de Barcelona, por el de La Santa Cruz. Curiosamente dicha minúscula iglesia sigue activa y aún muy presentable a base de restauraciones. Sólo conserva original su fachada;...y un espacioso sótano, el cual fue utilizado como polvorín durante las guerras del siglo XVIII.
El rico noble comerciante Bernat Marcús era antiguo consejero de Ramón Berenguer IV, y pudo haber recomendado a su amigo de Guillem de Torroja para llevar la mitra del obispado de Barcelona. De ser así, no se arrepentiría el soberano de haber hecho caso a Marcús, pues una vez Guillem fue obispo, favoreció la campaña de Ramón Berenguer IV contra Almansa (1147). El año siguiente estuvo con sus tropas, procedentes de la comarca de Solsona y la tropa armada por el capítulo barcelonés, ayudando a Ramón Berenguer IV en el sitio de Tortosa, de cuya conquista anticipadamente el año 1143 había prometido una quinta parte a la Orden del Temple. Es más, el obispo Guillem de Torroja se esforzó mucho para reunir el dinero que el conde de Barcelona necesitaba para realizar aquella campaña. Su amigo Bernat Marcús también hizo gala de una semejante generosidad, pues siempre estuvo unido al conde de Barcelona y al obispo Guillem de Torroja. (Era el mismo año de la impotencia de los cruzados del rey luís VII de Francia ante las murallas de Damasco, lo cual acabó con el fracaso de la "2ª Cruzada").
LOS HERMANOS TORROJA PEREGRINARON A SANTIAGO DE COMPOSTELA
El obispo Guillem de Torroja, tenía su ejército personal, como todos los mandatarios de la Iglesia, y desde un principio no pudo depositar su confianza en nadie mejor que su entonces joven hermano Arnau para capitanearlo. Resulta una deducción tan obvia, que no voy a extenderme en demostrarla. Sería mucho menos explicable que Arnau entretanto se hubiese quedado en su muy aislada Solsona natal. Alternar con quienes visitaban al obispo de Barcelona le habría dotado de modales y trato exquisito a pesar de su juventud. El caso es, que tanto si estuvo a su lado, como si no, mi estimado paisano Arnau de Torroja había seguido con el máximo interés los once años que oficialmente su hermano Guillem y el Señor de Montcada, que era el gran senescal de Cataluña (equivalente a un ministro de la guerra actual), gobernaban la gran coalición catalano-aragonesa, habiendo logrado exitosamente, primero promover, y luego confirmar, la paz entre dos estados vecinos.
Pero Guillem, como obispo que era, su misión apostólica no hay que olvidar que fue la de vigilar los intereses de su extensa diócesis, y ello empieza por disponer de un templo tan digno como el que más. Ante la empresa que para Guillem de Torroja representó planificar la futura catedral de Barcelona, cabe pensar que viajasen hasta el Finisterre los dos hermanos para copiar el modelo del templo que estaban erigiendo en Santiago, entonces considerado el mayor de la Europa. Arnau de Torroja fue contemporáneo del maestro Mateo, aunque cuando los Torroja de Solsona estuvieron allí tan sólo verían terminada la llamada Catedral vieja, que corresponde a la actual cripta, pues se empezó en 1075 y se concluyó en 1178. Su entrada está justo bajo el Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago, que luego el pontífice Alejandro III consideró Ciudad Santa.
Defender que los hermanos Torroja peregrinaron a Santiago de Compostela, como era la gran moda, donde fueron a visitar la supuesta tumba del Apóstol, tiene un trasfondo muy bien fundado. En todos los confesionarios dicha peregrinación (que significa penalidades) se imponía como penitencia a los nobles. La función vitalizante que supuso el Camino de Santiago catalizó el impulso civilizador, siendo la estructura básica de una nueva Europa.
La ciudad de Santiago de Compostela durante el siglo XII disputaba a Roma ser la sede del cristianismo, pues fue el mayor polo de atracción espiritual para los cristianos de su tiempo, y a donde acudían peregrinos de todo el mundo. Negarles a los hermanos Torroja el tan esforzado desplazamiento sería conocerles mal, dado el gran auge de peregrinos de toda Europa que hacían la Ruta Jacobea en el siglo XII. Desde que peregrinó allí el Cid Campeador para postrarse ante el sepulcro del Apóstol, luego hicieron la ruta jacobea tanto reyes como emperadores, prelados y mendigos, y todos se quedarían sorprendidos por el furor de la actividad picapedril a lo largo de cientos de kilómetros, de lo cual son buena muestra las catedrales que jalonan la ruta hasta el Finisterre, y muchas de ellas promovidas por la Orden del Temple, a instancias del también peregrino san Bernardo de Claraval. Unos y otros se quedarían meditando ante aquella imagen que tanto sorprende aún ver entronizada en la catedral de León: Hay un capitel que presenta esculpida una imagen de la Virgen con el Niño, pero que está a punto de dar a luz otra vez.
EL CORDERO PASCUAL ES UNA REMINISCENCIA TEMPLARIA EN VILADECANS
Para poder reunir la cantidad de dinero necesario para la conquista de Tortosa, el obispo Guillem consta que fundió no pocos objetos de culto religioso de todas las iglesias parroquiales que pudo. Por sus aportaciones, después de la conquista de Tortosa recibió en recompensa (15.10.1148) posesiones en las tierras ganadas a los musulmanes, y en hipoteca el castillo y bienes de Viladecans, actualmente población satélite de Barcelona. Los cronistas Pujades y Diago (Historia de los condes de Barcelona" libro II-cap. 153) seguramente tuvieron acceso al interesante pergamino Liber Antiquitatum (Vol. I, folio 10) conservado en el ACB de la catedral de Barcelona, fechado el 15 de octubre del año 1148, donde se lee: "Señorío de Viladecans, junto con la vila (batllia), a cambio de 50 libras de plata obrada del tesoro de la catedral, después que fuese aprobada por el Capítulo. Se ignora si una vez devuelto el dinero que el conde necesitaba, Viladecans volvió a ser del rey, aunque es poco probable, porque los preparativos para la conquista de Lérida tuvieron lugar antes de un año. Probablemente pasó a ser propiedad de la muy rica familia Marcús, el antes citado colaborador del obispo Torroja en la corte del conde Ramón Berenguer IV.
En la Alta Edad Media, lo que hoy es municipio de Viladecans pertenecía a la parroquia de Sant Climenç del Llobregat, en el término del castillo de Erampunya: comarca del Mataranya (documentado desde el año 957), el cual dominó un extenso territorio, que hoy incluye media docena de poblaciones del litoral de la desembocadura del río Llobregat. Tuvo su esplendor al ser la frontera entre Al-Andalus y la parte del Imperio Carolingio controlado por los condes de Barcelona, siendo a partir del siglo XI una zona reforzada y ampliada confinadamente. Se vivía en un mundo diferente después de verse tantos siglos limitados por el curso del río Libreta, y por poniente el curso medio de los ríos Legre y Cardaren. Cuando se repobló la zona interior, que se empezó a llamar "Cataluña Nueva", la superficie del país tuvo los mismos límites que en el siglo XXI.
A continuación me referiré al actual símbolo del escudo heráldico de la población de Viladecans por sospechar que debió de ser introducido en dicha población por el obispo Guillem. Se trata de un frágil "Cordero pascual" (o Gnus Dei"), el cual aparece justo en una zona que con seguridad fue visitada varias veces por Arnau de Torroja, aunque fuese por supervisar las obras de la construcción de la Torre-Roja erigida por voluntad de su hermano el obispo Guillem.
Dado que los caballeros templarios adoptaron el cordero Agnus Dei como símbolo de san Juan Bautista, repasaré brevemente tan rica referencia bíblica, no sin recordar la degollina que todos los peregrinos a la Meca hacen anualmente cuando el patriarca Abraham (tronco común de las tres religiones monoteístas), basándose en que aquel patriarca recibió de Dios un cordero para que lo sacrificase en lugar de su hijo. También el profeta Jeremías se comparó a sí mismo como a un cordero llevado al matadero (Jeremías; 11, 19), y el profeta Isaías retomó esta misma imagen recordando que el Mesías debe morir por los pecados del mundo sin abrir la boca para protestar, a pesar de todas las injurias e injusticias que se cometen contra Él, manso e indefenso como un cordero llevado al matadero (Isaías; 53, 7). Dicha expresión alude a un animalito totalmente indefenso, pues cuando es pequeño su cuerpo despierta simpatía por su inocencia y mansedumbre. Jesucristo no rehusó referirse a sí mismo como Cordero de Dios, que le aplicó san Juan Bautista y después Jesús tomo de buen grado, resultando que por ello después pasó a ser un signo común entre los cristianos, junto con el del pez.
En el Nuevo Testamento, la tradición cristiana ha visto en el cordero, con toda razón, la imagen de Cristo mismo. Cristo, "nuestro Cordero pascual, ha sido inmolado", decía Pablo a la comunidad de Corinto (I Coríntios; 5, 7). Y Pedro, en su primera epístola, invitaba a los fieles a recordar a Cristo, Cordero sin defecto ni mancha" (I Pedro; 1, 18-19). También consta en el Cuarto Evangelio (I, 29-34): en aquel tiempo, al ver Juan a Jesús venir hacia él exclamó: He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo...Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el elegido de Dios. Asimismo en el Apocalipsis todos los ancianos y miles de ángeles se postran delante del cordero para tributarle honor, gloria y adoración por los siglos (Apocalipsis; 5, 2-9.13). Al final del libro se presentan "…las bodas místicas del Cordero con su Iglesia …(Apocalipsis; 19, 6-9; 21, 9). Es el cordero místico que quita los pecados del mundo, el Cordero pascual que se inmoló e instituyó como sacramento la noche del Jueves Santo.
El libro del Éxodo explica que cuando Dios decidió liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto, ordenó que cada familia hebrea sacrificase un cordero macho de un año y sin defecto, debiendo comérselo por la noche y con su sangre untar las jambas de las puertas de sus casas. Así todos los hebreos de Egipto aquella noche evitaron que muriesen sus hijos primogénitos (Éxodo; 12, 1-14). Posteriormente en el monte Sinaí, Dios consolidaba su alianza con los hebreos del éxodo sellando el pacto con la sangre de un cordero (Éxodo; 24, 1-11). Fue entonces cuando los escapados de la esclavitud pasaron a ser: El pueblo de la alianza, el sacerdotal, el elegido y consagrado a Dios.(Éxodo; 19, 5-6).
LAS TRES CORONAS DE ARNAU DE TORROJAView more presentations from Ramon ramonet.
La Ley Mosaica establece que el Cordero Pascual debe ser atravesado por dos palos en cruz para asarlo al fuego, y luego comerlo ceremonialmente. Observaré que, sin otro palo para ensartarlo no podría hacerse rodar sobre el fuego para asarlo. Lo comento debido al inédito símbolo que descubrí grabado en un anillo de hierro meteórico, el cual atribuí a Moisés porque recuerda el tipo de parrilla antes citado. Volviendo al Cordero pascual , habitualmente se lo presenta sosteniendo una cruz de malta sobre un palo. Es un detalle que encierra una gran riqueza teológica: Para los actuales fieles cristianos simboliza la humildad de Jesús y su enseñanza evangélica, si bien la metáfora es muy anterior al nacimiento del Señor. Es muy interesante que aún se lo vea en el frontispicio de algunas antiguas iglesias de la Orden del Temple, como la que tuvieron en la ciudad de Palma de Mallorca. Lo edificaron sobre un fortín musulmán tan pronto conquistaron las Islas Baleares. En Palma dicha iglesia del Temple aún presenta en su interior otras imágenes pintadas del "Cordero pascual".
Explicado el simbolismo del Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, de nuevo me referiré a la población de Viladecans, donde se lo recuerda más que en parte alguna, quizá debido a que lo tienen como emblema heráldico desde que lo eligió Guillem de Torroja, sin duda el mayor simpatizante catalán de la Orden del Temple. A él debe serle atribuida la propiedad de la torre de planta cuadrada del siglo XII, que aún conserva el nombre de Torre-Roja gracias a que la piedra con que se construyó es de color rojo. No hay otro modo de justificar la existencia allí de una torre roja tan bien estructurada y edificada en el siglo XII, al ser un lugar de peligroso tránsito por ser vía de acceso a las murallas de Barcelona.
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REGENCIA DEL ARZOBISPO DE TARRAGONA GUILLEM DE TORROJA
Al morir la reina viuda Petronila I de Aragón, el niño heredero de la Corona de Aragón era pequeño y obviamente se necesitaron tutores, regentes, etc., siendo uno de ellos el arzobispo Guillem de Torroja. Él debió de tener mando efectivo sobre los demás, dado el gran poder del clero en aquellos tiempos. Él fue quien desempeñó las más altas responsabilidades políticas al morir el rey Alfonso II, porque también fue albacea, ayudado por su amigo Bernat Marcús. Anteriormente ambos ya habían firmado como testigos de la abdicación que doña Petronila Ramírez hizo a favor de su hijo cuando el niño-rey tenía dos años (18.6.1164). Bernat Marcús consta también en el testamento de Ramón Berenguer IV en 1162 ("Codoin" IV, ps. 202-203, 391-393 i 387-390).
Cuando violentamente falleció el arzobispo Hugo de Cervelló, su antecesor en la sede tarraconense, Guillem de Torroja fue elegido arzobispo de Tarragona en 1171, periodo durante el cual al mismo tiempo ejerció también de corregente de la Corona de Aragón hasta que murió. Fue durante sus últimos años cuando vivió agotadoras jornadas de trabajo, por coincidir con periodos políticamente muy conflictivos. Todo se le complicaría aún más al morir el otro corregente y consejero real, el senescal conde de Montcada un año antes que él. Desde 1162, y casi hasta que el rey fue mayor de edad, ambos habían sido quienes dirigieron los principales asuntos políticos de Cataluña y Aragón, a cuya unión de países ambos habían coadyuvado, al primar en aquel tiempo el poder de la Iglesia sobre los nobles. Por ejemplo, el 17 de julio del año 1173, en Tarragona, el rey Alfonso II suscribió con el arzobispo Guillem una concordia relativa a los derechos señoriales; y por otra parte aceptó anular el destierro de los hijos del noble Roberto Aguiló.
Ni que decir tiene lo mucho que Arnau de Torroja debió de lamentar la muerte de su hermano arzobispo Guillem. Sus restos reposan en un osario dentro de la capilla de Santa Bárbara de la catedral de Tarragona. El sepelio coincidió con la pésima noticia de que el sultán Saladino había conquistado Siria, potenciando la gran amenaza de expulsar a los cristianos de Tierra Santa. Aunque a Arnau de Torroja lo agobiaban los problemas que su alto cargo le acarreaban, es obvio que, por preparado que estuviese nuestro hombre y por cargos que ostentase, sintió la muerte de su hermano como cualquiera de nosotros. Quizá más, porque era consciente de que al mismo tiempo desaparecía el mejor político de la Corona de Aragón, quedando peligrosamente aparcados muy graves problemas de Estado, los cuales Arnau de Torroja como hermano, como catalán y como templario, siempre puso su máximo empeño en tratar de favorecer dentro de sus posibilidades. La muerte del arzobispo Guillem en Tarragona, el día 7 de mayo de 1174, también debió de ser muy sentida por todos sus feligreses, pero nadie como su hermano Arnau, quien por entonces aún le esperaba la sorpresa de tener el mayor ascenso jerárquico dentro de la Orden del Temple.
Para concluir con los méritos de Guillem de Torroja, advertiré que la catedral de Tarragona, que se comenzó a edificar en el siglo XII, no fue terminada hasta dos siglos después de morir él. Su firma quedó recogida en un documento inédito hasta mediados del siglo XX. (Inexplicablemente estaba en el fondo archivístico nº 30 de Sant Llorenç del Munt). Se trata de un pergamino del año 1173 escrito en el monasterio de Sant Cugat del Vallés, que fue estudiado por la erudita investigadora de l'ACA de Barcelona, y buena amiga mía, la señora Josefina Font Bayell, que lo presentó en el "Congreso de Historia de la Corona de Aragón", Vol. II (celebrado del 1 al 6 de octubre de 1962). El arzobispo Guillem de Torroja, usaba un tipo de letra cancilleresca romana, siendo por el tal documento que se revela un ignorado detalle: El jovencísimo rey Alfonso II no salió de Catalunya después del mes de septiembre de 1173, o sea que permaneció en Barcelona hasta que se fue a Zaragoza para casarse.
Todo lo que poseía el arzobispo Guillem de Torroja cuando murió lo entregó en su testamento a la Iglesia católica, a condición que su dinero se gastase en alumbrar las lámparas de la capilla de Santa Eulalia de la catedral de Tarragona, quizá en recuerdo del monasterio que él había fundado en Santa Eulalia del Camp. También, como eclesiástico, Guillem debió de satisfacerle el hecho de que la diócesis de Tortosa incluyese todos los pueblos de la comarca del Mataranya, satélite de Barcelona, porque hasta 1152 había sido el límite de la frontera eclesiástica. Por otra parte, los monjes de la orden cisterciense agradecieron mucho a Guillem de Torroja los favores recibidos, porque primero les dio los monasterios de Poblet, Valldaura, y después los de Santes Creus y Vallbona de les Monges, todos ellos fundados a partir del año 1152.
Referente al conde-rey, que fue quien acabó recogiendo históricamente los méritos de la muy intensa labor diplomática de Guillem de Torroja, recordaré que el mismo año que murió Guillem de Torroja, el rey de la Corona de Aragón se casó en Zaragoza con doña Sancha de Castilla y Polonia (tía de Alfonso VIII de Castilla), el 18 de enero de 1174. Por dicho enlace, cuyos preparativos el arzobispo no podía quedar al margen, el Derecho Canónico estipula que todo hombre casado ya alcanzaba la mayoría de edad. Con los años el joven soberano conquistó zonas que antes habían ocupado los sarracenos, siendo repobladas por cristianos de lengua catalana, según escritos y cronistas de la época. En resumen, se vivió una nueva era de esplendor político y económico, creándose nuevas vías comerciales y otorgando a las nuevas poblaciones "Carta de Población" o "Carta de Franquicia". Alfonso II Incorporó a su reino las tierras occitanas de Provenza, el Rosellón y el Pallars Jussà. Incluso firmó el Tratado de Cazorla en 1179 (por el cual renunció a Murcia) con su cuñado el rey castellano Alfonso VIII;…olvidando que éste había traicionado continuadamente a su padre desde el año 1158. Si pasamos por alto este "detalle", a buen seguro que su amigo y protector, el arzobispo Torroja, habría estado satisfecho de su pupilo, ya que al menos se libró de rendir el debido vasallaje por sus conquistas a Alfonso VIII de Castilla.
Escrito por Ramón Ramónet Riu como anexo a: “LAS TRES CORONAS Barcelona (C) 11-11-11-
My research: "SEVERAL STAR DESIGNED IN CYDONIA (MARS PLANET)"
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