VISITANDO EL MONUMENTO NACIONAL GUAYABO
El otro día fuimos al Monumento Nacional Guayabo, en Turrialba, en
compañía de la familia Vargas Peña y Osvaldo Valerio, quienes residen en
Curridabat.
Al salir de Turrialba, íbamos parando para poder hacer las fotos de las
iglesias que hay por el camino, como La Isabel, San Martín, San Ramón, Guayabo
Abajo y finalmente, Colonia Guayabo, a fin de incluirlas en mi colección de
fotos de iglesias de Costa Rica.
En Colonia Guayabo hicimos una estación en la casa de Valerio y Raquel,
quienes fueron nuestros inmejorables anfitriones y partimos solamente Osvaldo y
yo hacia el parque.
Desde 1972 conservo el libro de Carlos Aguilar, así como algunos
recortes de periódico alusivos al lugar; sin embargo, la sorpresa es enorme cuando
se toma contacto visual y espiritual con el lugar. Dichosamente una de las primeras paradas del sendero es en un
mirador, lo cual le permite a uno valorar panorámicamente lo que luego
recorrerá lentamente.
Foto 1. El sitio desde
el mirador.
Durante el recorrido, que lo hicimos dos veces, hablamos con algarabía
sobre los detalles que apreciábamos, los posibles usos que pudo tener cada zona
de la ciudad y hasta sobre el carácter
de nuestros antepasados.
Lamentablemente en la casetilla no nos habían entregado ningún mapa
explicativo como para poder saber a qué se refieren los números con que tienen
señalado el recorrido, entonces nos pusimos a elucubrar el sentido de la ciudad
de acuerdo a nuestros conceptos.
No pude resistir la tentación de brincarme las barandas para hacer fotos
más personales, principalmente del gran montículo y de los montículos
rectangulares, que nos dieron mucho de qué hablar.
Foto 2: el Gran
Montículo.
Foto 3: Montículos
rectangulares.
Está de más decir que lo más impactante es la vibra que se palpa y uno
lamenta la pérdida de esta civilización.
Otro detalle impactante es la calzada que nace en el sitio y se dice que
llega hasta Turrialba, a un lugar llamado actualmente Colorado.
Foto 4: La Calzada.
Antes de salir me puse de rodillas e imploré a Dios por las almas de
nuestros antepasados; sin paja, habría necesitado estar muerto para no
conmoverme.
Al regresar a la casetilla adquirimos un panfleto que explica cada uno
de los puntos marcados con números dentro del sitio, aún así es notoria la
ausencia de información, pues uno tiene ideas preconcebidas de lo que pudo ser
esta civilización, pero debemos saber que de ellos nada quedó, muchos
colonizadores entraron con la espada en la mano derrumbando ídolos y sometiendo
y despojando a los naturales en aras de la civilización... hum, algo similar a
lo que hacen actualmente con subterfugios más elaborados o con las armas,
utilizando tales medios para alcanzar sus fines.
Algo había pasado inadvertido y dichosamente fui iluminado: un puesto de
venta de artesanía. Rápidamente
entrabamos conversación con una joven, de nombre Rosa y ahí, con el más simple
lenguaje y la más fresca simpatía, escuchamos las más bellas historias sobre la
cultura de Guayabo y la riqueza que encierra el lugar.
Foto 5: Rosa
Entonces pensé en lo bueno que sería poder hacer los cambios, alojar esa
artesanía dentro del parque, colocar a Rosa de anfitriona y que los mismos
lugareños fueran los que cuidaran los senderos y ofrecieran meriendas e
información de primera mano a los turistas, pues indudablemente en ellos
sobrevive la cultura de nuestros antepasados.
Pero este acto de conciencia no llega hasta ahí, el espíritu es
ambicioso y desborda la razón; por eso también me puse a pensar porqué será que
los “blancos” deciden hacer una represa precisamente donde hay poblados
nuevamente antiguos como Boruca y ReyCurré, sin pensar en lo más mínimo que
para la población americana no existe compensación como la que se les plantea y
habiendo, es indudable, muchas otras regiones deshabitadas donde se puede
desarrollar esa obra.
Gerardo Quesada Mayorga.
Conozca mi visión particular de Costa Rica en:
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