Al alcanzar la mayoría de edad física, José Manuel salió del
Hospicio, por lo que visitaba la Escuela y el hogar de don Rafael, siempre con
su lamento de no haber podido estudiar en la Juan Rudín. Todavía en 1997 se le podía ver, bien
vestido, en el pretil del jardín del Banco Central, cómodamente sentado.
CARLOS ESQUIVEL :
Muchacho que llegó a la casa en los años cincuenta para que Rafael
Arturo Quesada, quien había viajado a Estados Unidos como primer becado de la
American Field Service le diera referencias del viaje. Fue animado para que se marchara. Cuando regresó, visitó la casa de nuevo y ya
no se llamaba Esquivel sino Esquivol y se le olvidaban las palabras por el dejo
americano que había adquirido en sus meses de estadía. El colmo fue cuando se acercó a una jaula
preguntado : ¿Cómo llamarse el
animalito este ?, ay, jueputa lora me picó.
LAS MUCHACHAS: Se
trata de Berna, Luz María, Juanita, Claudia, Fidelina, Teodorita y Ana Julieta,
hijas de don Calazancio Miranda y su esposa doña Ana de Filadelfia,
Guanacaste. Además, un hermano llamado
Jesús. Ellas vivían en Barrio La Cruz,
y todos los 1º de enero eran visitadas por los Quesada, visita que duraba todo
el día. Ellas son parientes del Doctor
en idioma español Humberto Miranda, quien fue casado con la Tía Rosa Quesada
Quesada, hermana de don Rafael. Además,
Claudia, junto con el Doctor en Farmacia Alfredo Miranda Quesada, es la madrina
de bautizo de José Alberto Quesada Mayorga.
LOS VARGAS VINDAS:
Don Raúl (Rábano) Vargas y doña Digna Vindas, fueron los vecinos oeste
de la casa en Sabanilla de Montes de Oca.
Los hijos : Lilliam, Ligia, Jorge, Yolanda, Raulito y Guido. Rábano era el dueño de la línea de buses de
Sabanilla y luego se fueron a vivir frente al parque de Sabanilla, junto al
garaje de los buses.
ARABELA: Era la
señora que ponía inyecciones a la familia.
Era grosera y chavacana para hacer su trabajo. Luis siempre se juraba que algún día le pondría él una inyección
a ella, como para hacerse de paciencia y aguantar su maltrato atenido a una
futura venganza.
DONA ÁNGELA: La
partera de los Quesada, vivía cerca de la farmacia Calzada en Barrio
México. Ella entraba con una valija y
Luis y Yami se decían : -Ahí viene
el bebé, dentro de esa maleta. Al rato
salía ella cargando un bebé nuevo. De
los diez Quesada, solo Hermelinda nació en la Clínica Bíblica, el resto, en la
propia casa, de manos de dona Ángela.
Falta por describir:
LOS PRADO:
MARIÁNGELA :
FERNANDO
ROLDÁN :
MACHO
GRANADOS :
WILFRIED
JAFET MORA MORA :
ÁNGEL BONICHE
BONICHE :
CARLOS PACHECO
LARA :
LA VECINDAD : 1960-1967
El patio era suficiente... ¡más que suficiente!; pero
aún así, obviamente, tenía minimizados los, para mí, más importantes lugares
del Barrio La Dolorosa. Ya por ser
casas de habitación de mis compañeros de juego o ya por ser los locales de
mayor visita por el servicio que prestaban.
Es así como viene a la mente, al abrir la puerta de mi casa,
el portón amarillo del Taller de los Carvajal, taller que dejó honda huella en
mi ser desde el momento en que alguien me contó, aún no sé si fue verdad, que
allí se hicieron muchos muebles de la Casa Blanca : algunos para el presidente Kennedy y otros
para L.B. Johnson. Desde ese momento,
para mí los muebles de don Jaime Carvajal eran los mejores del mundo. Recuerdo esa linda casa, de puertas muy
altas, pisos relucientes, olor a limpio y estricto orden; dos bellas salas de estar, el “estudio” de
don Jaime, la puerta trasera, que comunicaba ese escrupuloso estudio con el
taller, el cuarto de televisión, el comedor cercano a la cocina, en donde
reiteradas veces asistimos a las fiestas de cumpleaños de algunos muñecos de
Elenita, quien con sus ahorros, lograba repartir tres jaleitas, una caja de
helados, dos confites y algo más, entre diez o doce invitados.
No olvido tampoco el respeto que me inspiraban Jorge y
Jaime, los hermanos mayores, por sus continuos viajes a los Estados Unidos,
algo sumamente lejano de las posibilidades de cualquier otra familia de la
vecindad.
Así, también recuerdo el misterio que eran para mí las
siempre cerradas casas desde don Agustín Arguedas, el dentista, hasta la
pulpería de Fausto. Nunca conocí ni vi
a alguien entrar o salir de ellas. Aún
ahora permanezco ayuno de esa información.
Por mi mamá, sé que en una de ellas vivía Memo Monestel. El imperativo de que no había niños en
ninguna de las tres, le restó siempre interés de conocerlas. Siempre imaginé ancianos sucios y mal
humorados, prestos a despreciar a quien osara golpear los portones de sus
fortalezas.
Y si era pensar en el para mí inhumano y rudimentario don
Agustín, el dentista, paraba los pelos de punta. En nuestra fantasía infantil, nunca dudamos de sus salvajes
métodos de extracción molar, del uso del martillo, cincel y destornilladores,
de sus gruesas fajas de cuero con que amarraba a la silla al paciente. Era aterrador tenerlo exactamente enfrente
de mi casa, tan propicio para escuchar en cualquier momento el espeluznante
grito de algún martirizado ingenuo caído en esa sala de suplicios y sufrimiento. ¡Cuánto agradecíamos que existiera el consultorio
de don Rodolfo Hernández Romero, el dentista de la familia!, allá por el Colegio
Superior de Señoritas.
Y qué decir del bello corredor de la casa antigua de
“Carlitos el de la esquina”. Siempre verde y floreado. Mas solo eso puedo decir, pues, que
recuerde, nunca puse un pie dentro de
la casona. Sé que algo bueno me perdí.
En nuestra acera, la casa más importante de mi infancia, fue
la de los Verzola. Me subyugaba saber
que dos casas se comunicaban internamente, y que su distribución, era como ver
el reflejo en un espejo: la casa de don
Cayetano y la de doña Anita, la dulce maestra de catecismo. Muy clara, siempre pintada de gris muy
suave, con su tragaluz compartido y los cuartos “en fila”, un patio largo y
estrecho... ¡pero tenía una bodega-gallinero al fondo !. Y eso era el mayor atractivo: ir a buscar cualquier cosa en esa oscura, a
pesar de grande, bodega. Era una de mis
aventuras favoritas.
Luego estaba la casa de las Espinoza. De ellas solo supe que vivían con un señor
alegre, licenciado, y como eran muchas
chicas, morenas y bulliciosas, les hice la cruz para no enfrentar mi timidez.
En la misma esquina, de tablones verde claro, en la
intersección de avenida doce con calle uno, frente a la Escuela Marcelino García Flamenco, se
ubicaba el atrayente Aserradero el Mejor, interminable local para mí, que al
promediar los años setenta, se
convertiría, junto con las casas de los Espinoza y los Verzola en el
Registro Público y luego Ministerio de Justicia.
Arriba mencioné la pulpería de Fausto. Además de pulpería fue el primer “antro de
perdición” de los jóvenes de la vecindad, pues tenía una rockola, un pinball y
varios futbolines, atracciones sumamente fuertes para evitarlas. Fue así como se encontró allí la Barra de La
Dolorosa: Chepe Alvarado, los Thompson,
el gordo Sotela, Enrique Saborío, Carlos Verzola, Calixto, Carlos Cárdenas, etc, amén del jefe Tio’ba,
Miguel Angel Quesada Mayorga.
Muchos dolores de cabeza dio a los padres de familia ese
local, pues enseñó vicios a los jóvenes de entonces, entre esos, fumar y
trasnochar.
Al frente de esa pulpería, el Almacén
Las Olas, luego El Mar y ahora otro feo edificio moderno que alberga
oficinas y locales comerciales. Es
exactamente la esquina sur este del cruce de la avenida doce con la calle
central, diagonal al play de la Dolorosa.
Sé que este play representó algo de mucha importancia para muchos
habitantes de mi barrio, pero mayúsculo interés significa para todos, recordar
el patio de los Quesada. Así, el play
se convierte en un simple punto de referencia.
El Alfonso XIII, restaurante de mucha clientela por aquellos
días, representó un lugar de concurrencia de los jóvenes en mi
niñez : Luis Felipe, Miguel Ángel,
Rodrigo (Güirro) Montes de Oca, Roberto (Che-Ché) Montes de Oca, Jorge Arturo
Mayorga y muchos otros, no iban a sus casas sin antes degustar un sabroso
casado donde Guillermo (Memo) Sánchez Chaves, propietario del lugar.
Y los cuatro principales edificios de la vecindad, lo
eran: el Cine Capitolio, testigo de
tantas travesuras juveniles y primer cine que muchos visitamos de la mano de
nuestros mayores; la Clínica Bíblica, mucho
más importante en estos días; la
Escuela García Flamenco, donde cursaron seis años la gran mayoría de las niñas
del barrio, incluida doña Consuelo; la Iglesia La Dolorosa, cuyo campanario fue
lugar preferido de los ya desaparecidos zonchos o zopilotes, templo donde
obligaron a los tres Verzola, Narcizo, Cayetano y Alejandro, cumplir como
monaguillos (me emocionaba saber que mis amigos hacían sonar tan enormes
campanas), lugar de “la misa de doce”, la de los jóvenes, de donde nacieron
muchos romances que a la postre, y en la misma Iglesia, se convirtieron en
matrimonios, hoy con hijos (tal vez nietos) que con frecuencia la visitan para
enseñar a la descendencia la bella iglesia del barrio, donde los padres
Villalán, Francisco Menéndez Francos (1913-1979) y el inolvidable padre Ángel,
“el enamorado de Marisa” (María Isabel Acuña), impartían, domingo a domingo, el
culto, amén del rosario diario a las siete de la noche.
Porque ese era el barrio.
Ya los Bomberos (Estación
Central), a solo 100 metros del templo católico, para nosotros pertenecía a
otro mundo, estaba fuera de nuestros límites.
Esos eran los metros cuadrados de acción conocidos, pero no
frecuentados, ya que de siete de la mañana a siete de la noche, permanecíamos
en fábula eterna, en el lugar de fantasía que significaba el patio de la casa
vieja, el patio de los Quesada.
JOSÉ ALBERTO QUESADA MAYORGA
Índice
Capítulo 2.
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(hecho
en 12-97)
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LA CASA DE LOS QUESADA entre 1950 y
1970
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Calles Central y Primera,
Avenida 12, Barrio La Dolorosa
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36-E
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Las Olas
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Sala
de Estudio
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Rafael Arturo
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Rosa Quesada
Quesada
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Biblioteca
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N
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Pizarra
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Escritorio
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Hermelinda
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Carlos
Francisco
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E
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S
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Aris
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Piano
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(Hall)
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Lupita
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Pleyel
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Achiote
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Gallinero
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Baño
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Corredor
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Banco de
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Gerardo Enrique
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Luis Felipe
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Carpintería
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Cocina
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Consuelo Mayorga Matus
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Barraca de los Vagos
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Rafael Quesada Quesada
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José Alberto
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Carlos Federico
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Miguel Angel
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Cementillo
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Comedor
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Cuarto
de
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Yamileth
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Achite
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estudio
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Cuarto de las
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Los
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Chiquitas
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Lirio
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Verzola
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Moco
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Piano vertical
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Ma.Consuelo
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Lágrimas de S.P.
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Barro de Olla
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Cafeto de MachuPichu
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Mango
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Cas
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Cachimba
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Limón
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Limón Ácido
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Mango
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Naranja
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Naranja
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M.Balazos
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Manga
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Sauce
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Mandarina
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Anona
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El
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TíaChemis
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Higo
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Banco
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Níspero
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LavaBotellas
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BCR
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Anona
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Brasiia
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Ciprés de Luis
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Casito
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Saúco
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Poró de San Nicolás
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Chicasquil
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Limón
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Aguacate
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Naranja con
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Saúco
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Injerto
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Brasilia
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Brasilia
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Poró
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Naranja
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Café
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Washington
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Saúco
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Los
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Níspero
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Retana B.
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Café
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Café Café
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Café
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Café
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Café
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Amapolas
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Poró
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Jocote Amapolas
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Damas
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Uruca Jocote
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Los RetanaBiolley
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G
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Índice
Capítulo 3.
LA CASA DE LOS QUESADA MAYORGA
Se
puede oír desde la calle y de algunas de las casas del vecindario, los acordes
de un piano o de una guitarra que acompaña la melodiosa voz de un estudiante de
los que siempre han visitado la casa de don Rafael, la casa de los Quesada
Mayorga.
La música
fluye por doquier en esta vieja casona construida allá por los años setenta y ochenta del siglo anterior. Es ésta la casa del Maestro, donde se
respira mucha paz y alegría, enmarcados en un ámbito artístico, musical.
Su sala de
estudio, con sus paredes forradas de estantes y bibliotecas atestadas de
libros, es visitada por jóvenes de ambos sexos, quienes buscan un dato, una
enseñanza, el conocimiento. Un piano
vertical acompaña los estantes, compañero de otro, vertical también, que se
encuentra más allá, en otra habitación.
Pero el del
Maestro, Su Majestad El Pleyel negro de cola, adorna con su magnífica figura y
excelente sonido, el hall de la casa en donde ocupa un lugar privilegiado y
descansa sobre sus gruesas y torneadas patas, posadas sobre un mosaico de tonos
grises y verdes con ribetes marrones, cuya unión de cada cuatro, forma
artísticamente una floritura delineada en suaves y delicados tonos de color
marfil.
Los vidrios de
setenta y dos ventanas que rodean aquel hall, vibran con las altas notas
salidas bellamente de la garganta de algún tenor, quien con educada voz canta
Granada, Siboney y otras melodías del Belle Canto, acompañado en el piano por
el Maestro Quesada, en la casa de los Quesada Mayorga.
El hogar
Quesada Mayorga está formado por el Sr. Rafael Quesada Quesada, la Sra.
Consuelo Mayorga Matus, y sus muchos hijos, y su característica muy especial es
que en él ha reinado siempre, en todos los aspectos, la armonía.
Luis
Felipe Quesada Mayorga
HOMENAJE A :
Rafael Quesada Quesada, 07-2-1912/ 24-6-1974 y
Consuelo Mayorga Matus, 14-1-1914/ 24-12-1996
LA CASA
EL HOGAR QUESADA MAYORGA
1945
La noche transcurría plácidamente en el hogar Quesada
Mayorga. Era silenciosa y tranquila
como todas las noches en este hogar, formando por don Rafael Quesada y doña
Consuelo Mayorga . Ellos dos y sus
hijos acostumbraban entregarse al descanso desde horas tempraneras.
El pequeño Luis, el menor de los tres hijos varones de este
matrimonio, dormía junto a sus hermanos en un cuarto grande, contiguo al de sus
progenitores. Las tres camas no
alcanzaban a cubrir la mitad de la totalidad de aquel cuarto que un día, muchos
años después, no bastaría para albergar las camas de otros hermanos, que al
paso de esos años, fueron arribando a este dichoso hogar.
Todas las noches, casi inmediatamente después de esfumarse
el sol, acompañaba don Rafael a sus hijos a la cama, donde gustaba destenderles
las camas y arreglarles las cobijas, ayudarles con las pijamas y desamarrar
nudos intrincados de zapatos embarrialados.
Luego, devotamente, rezaba con ellos un Padre Nuestro y una
Ave María para después, sentado en alguna de las camas, encender un pequeño
radio en el que sintonizaba un partido de futbol o un programilla muy jocoso
llamado “La Charla”.
Ahí se mantenía acompañándolos hasta que los tres chiquillos
se durmieran, para no retirarse sin arroparlos una vez más y estampar un beso
lleno de amor en sus pequeñas, despeinadas e inocentes cabecitas.
La fantasía y sobretodo la alegría formaban parte de sus
pequeños seres y los temores estaban desterrados de sus vidas, que transcurrían
al igual que sus sueños, plácidamente.
El estímulo, la estima y la motivación se constituían en el
pan de todos los días, que los jóvenes esposos Quesada Mayorga prodigaban a sus
hijos en forma generosa, sin escatimar nunca una sonrisa o un gesto de
aprobación.
Cuando algunas veces don Rafael, después de participar en un
acto cívico o una asamblea en algún centro educativo llegaba a casa después de
oscurecer y encontraba a sus hijos ya dormidos, seguidamente después del beso
de las buenas noches, colgaba de una percha, que había instalado en el cuarto
grande, su abrigo, que generalmente era una gabardina. Era de color café claro y su nombre se lo
debía a la fina tela con que estaba confeccionada.
Horas más tarde, en algún momento de la noche, si cualquiera
de los niños se despertaba y como se habían dormido esperándolo, lo primero que
hacía era dirigir su mirada hacia donde estaba la percha y si la gabardina se
encontraba ahí colgada, despertaba a los demás y juntos, registraban las bolsas
de la prenda, en las que su padre había depositado para tal efecto regular
variedad de artículos, de esos que se convierten en gemas en las manos de un
niños. De aquel cuerno de la abundancia
salían tubitos de pastillas con sabor a violeta, a naranja, a menta ; chocolates milán envueltos en su tradicional
papel color plateado y oro, otros alargados cuyo papel luminoso presenta
franjas longitudinales de color azul y rojo, los llamados comúnmente caramelos,
muy bien envueltos y cuadraditos con su sabor a leche condensada, corazoncitos
en sus plateados envoltorios, algunos cuyos celofanes dorados, azules, verdes y
rojos, eran extendidos por el pequeño Luis y guardados bajo la almohada por
años ; tizas de todos los colores
y tamaños, barritas también de colores, de plasticina ; bolinchas de vidrio, ...
El disfrute de aquellos niños era grande como lo era también
la emoción experimentada, al ir sacando toda aquella gama de sorpresas de los
bolsillos de la gabardina mágica de aquel hombre, que era el dueño de todas las
maravillas que ocurrían en aquella casa.
LA CASA VIEJA
1965-1975
¡Qué rancho aquél !.
Llegó a albergar a veintiún personas (1973). Era enorme.
Maltrecha, rota, sucia, pero la más bella del mundo.
Los diez hijos nacimos en ella (nueve, literalmente), y yo,
que fui quien menos la disfrutó por ser el menor, viví en ella diecinueve años,
hasta el cuatro de diciembre de mil novecientos setenta y tres, fecha en que
nos mudamos para calle veinte norte.
Tenía una puerta de doble hoja, alta, con una grada que
permitía sentarse para ver pasar carros como los “col’epatos” de finales de los
cincuenta y principios de los sesenta, que eran nuestros preferidos.
Al traspasar la puerta, se caminaba por mosaicos amarillos
bordados por rojos, que constituían el zaguán.
A sus costados, cuatro grandes cuartos cumplieron varios cometidos, a
cual más importante :
estudio-sala, “de estar”, de música, dormitorios. Y se recuerda con pesar la ocasión en que
“se metieron los ladrones”, ya que de allí no pasaron ; bolsearon a Paco y Rafa (gracias a Dios
dormidos), se robaron la gran muñeca de la sala y el radio recién adquirido por
Rafael, que estaba en una mesita del hall.
El hall era un salón grande, altísimo, con vidrios en lo
alto y grandes ventanas que daban a “la vueltilla”, guardaba el tesoro más
grande que tuvimos y que dejamos ir estúpidamente, por negligencia : el piano de cola. Un Pleyel original, deseado por cuantos músicos lo conocieron,
incluido Car‘ePapa. No se me
olvida que sobre él, en los últimos
años hacíamos el portal, para diciembre. ¡Qué bien cabía !, a pesar
de sus grandes figuras.
Tenía dos puertas el hall, una que daba a la barraca de los
vagos (el cuarto grande) y la que permitía pasar al corredor, eso sí, bajando
aquella alta grada, y continuar “para dentro”.
Este corredor, que alguna vez fue el del frente de la casa, ya que hall,
zaguán y cuartos eran “nuevos”, daba al patiecito, que muy lleno de vegetación,
llenaba de luz la casa de Rosa (que después fue de Rafa) y el cuarto de Linda,
segundo de la derecha en el zaguán.
Además, de poste a poste (tenía
tres) había alambres que utilizaba mami para guindar ropa en invierno. Ello nunca fue obstáculo para armar unas
mejengas buenísimas, jugar jupas o monos en la alta grada.
Daba a este corredor de mosaico verde una puerta que abría
muy pocas veces : la del cuarto de
papi y mami. Tenía un detalle que
siempre me gustó tanto que es lo primero que asaltó mi mente al recordar
ese dormitorio : su perilla
blanca, impecablemente blanca.
Del corredor a la cocina, había una puerta fea y gruesísima
que permanecía siempre abierta detrás de la cual mami guardaba la escoba, el
palo de piso, el betún para los zapatos, etc.
Entrando encontramos “el aplanchador” y la lavadora. Entre ambos, la puerta rota del
baño ; un baño largo, de piso
amarillo, difícilmente limpio, con una gran tina colocada sobre una mesita
verde cuyas patas eran dos elefantes, una taza manchada, papel periódico
colgado de un clavo y una aspersión hecha por papi (un tarro de avena con
huecos de clavo. ¡Ah !, una
repisita para el jabón y otras cosas (porque no era pequeña), una ventanita al
patio y una silla para encaramarse para secarse, desvestirse y vestirse.
Y ahí,
inmediatamente después de la lavadora Easy, estaban la cocina y el comedor, un
gran salón de piso verde que aguantaba los siguientes muebles : trinchante , aparador y juego de comedor
mesa desplegable de diez sillas, todo de caoba, cocina de 220 voltios y un
sofá. Era el lugar favorito de
estar; en él estaba mami, que era el
centro, el motor de la vieja casa, y ello era suficiente para que todos
pasáramos la mayor parte del tiempo
ahí. Al promediar los sesenta, cuando
Yami compró el T.V., se hizo aún mayor el motivo para estar allí, ya que sobre
el aparador se colocó el chunche.
Más o menos a la mitad de la parte del oeste estaba la
puerta amarilla que daba al patio ;
por cierto, que siempre me preocupó que sólo tuviera un picaporte, que
no cuadraba bien, para trancarlo en la noche.
A veces me costaba dormir pensando en el fácil acceso para los ladrones.
En la misma ubicación de esta puerta, pero en la pared este,
estaba la puerta rosada que conducía al “cuarto del piano”. Estaba allí aquella librera de fondo de
tela, plagada de libros (casi todos de música), cuadernos y chunches, en su
mayoría de papi. Además, por supuesto,
el piano vertical, un escritorio verde, el radio amarillo en que escuchábamos
con papi La Charla, Los Tres Villalobos, El Príncipe Leopardo, etc. En los últimos años (70-73), y por la
aglomeración, pasó a ser dormitorio de Fede, Gerar y yo. Tenía comunicación con el de las chiquitas y
con el de papi y mami.
El cuarto de las chiquitas era un lindo cuartito de piso de
reglilla, un gran closet, dos ventanitas pequeñas arriba y una grande “al
cerco”. Es imposible no recordar los
días de lluvia, pues me fascinaba ver llover desde esa ventana ; es una imagen que jamás podré borrar : “el charco” allá por el aguacate, el cielo
oscuro, los árboles mojados goteando copiosamente, esos colores verdes...
¡imborrable !. Además, que Quelo
nos llevaba a Gerar y a mi a esa ventana para leernos Matonkikí, Medio Pollo, y
otros cuentos en los días de lluvia.
Era nuestra entretención favorita cuando no podíamos ir al patio. Este cuarto tenía puerta, pero para entrar
al de papi y mami había una cortina.
A pesar de que la pared no llegaba hasta arriba, el
dormitorio de nuestros padres era sumamente oscuro. Era el favorito para esconderse cuando jugábamos dentro de la
casa. El mobiliario lo formaban las
camas gemelas, el baúl, la cómoda y un ropero grandote. Tenía paredes amarillas, de una especie de
cartón durísimo, en las cuales, alguna noche, Yami nos había dibujado a lápiz,
usando la sombra proyectada por un bombillo colgante, a Gerar, Fede y a mi.
Y de este cuarto, pasando aquella gruesa y dura puerta roja
(café maduro) llegamos a la barraca de los vagos, el cuarto grande, donde por
años estuvieron las camas de Luis, Miguel, Fede, Gerar y yo. ¡Qué de historias guardaba ese
recinto ! Ahí dormían también,
cuando nos visitaban, Carlitos Mora y Jorge Arturo, este último a cada
rato. Piso de tablones anchos y opacos,
paredes celestes y una ventana al corredor, una puerta al hall, otra a “la
vueltilla” ) la puerta de la casa de Simón, con ventanita verde), dos ventanas
al patio y una repisa amarilla en su pared norte que sirvió de botiquín. Esa puerta verde “de Simón” sirvió a papi,
cuando no estaba el taller de Harys, para introducir los pianos a la casa. Ya en mi niñez, estaba
clausurada : arrecostada a ella la
cama de Luis, y además amarrada, pues no tenía ni bisagras ni cerrojos. Un detalle sumamente curioso fue el que me
recordó Luis sobre la cañería : el
tubo galvanizado salía del medidor en la acera, pasaba debajo de los cuartos de
afuera, salía por “la vueltilla” y rodeaba, haciendo exactamente la forma de la
casa, todo el rancho, hasta llegar a la pila.
Un único alto tenía : “el
tubillo”, muy cerca de la puerta de salida al patio. Existe una foto donde puede apreciarse perfectamente mucho de
este largo recorrido. Y viene a mi
mente cuando nos metíamos debajo del piso a jugar; había que levantar ese tubo
o pegarlo a la tierra para poder pasar.
Y esto me lleva a reflexionar porqué sí podíamos meternos debajo de los
pisos de los cuartos que daban afuera (a la par de Harys), siendo un espacio
muy alto y despejado y no bajo los cuartos de las chiquitas y el piano, como
muy bien acotó Gerar cuando hablamos al respecto. Y más aun, teniendo en mente las historias a la fecha no
confirmada, pero gran verdad en aquella época, de que en alguna tarde, los
mayores comenzaban a llamar al diablo gritando debajo del cuarto de las
chiquitas, y recibieron por respuesta un grito fuerte y seco que los hizo
correr despavoridos al interior de la casa.
En esos momentos, el edificio brindaba una protección y una seguridad
insospechadas.
Algo curioso nos hace reír ahora, pero nos llenaba de
zozobra cuando vivíamos allí. Y es
curioso por cuanto la ubicación de la casa en la manzana hacía imposible que
algún amigo de lo ajeno pretendiera meterse por el patio. De ahí que la única vez que lo hicieron fue
por el frente, según relato arriba.
Pero, y he aquí el dato, la mayoría teníamos siempre la idea del peligro
de ladrones. Llegar la noche y
asaltarnos el pensamiento de visitas indeseables. Es así como Gera, en noches de arrebato, daba misa, discursos o
serenatas a los ladrones desde la ventana sur de la barraca. Una vez, al llegar tarde a casa, Luis
percibió los suaves sonidos de palitos al quebrarse durante aquella fogata que
había reavivado cuando todos creíamos apagada, lo primero que pensó fue en
pasos de alguien que venía hacia la casa.
Yo mismo tenía dificultades para dormirme algunas noches, pensando en
las puertas y ventanas sin cerrojos ni picaportes, que eran todas, pues era
evidente que facilitarían tanto el camino a los cacos. Tal vez, el ver aquel cerco desde las
ventanas nos daba la idea de algo interminable, de colindancia con otro igual a
lo mejor, de final de tiempo y espacio,... de único.
JOSÉ ALBERTO QUESADA MAYORGA
EL PATIO
LA CERCA
Jiu-ji-Jiuuu cruzó por los aires un silbido proveniente del
costado sur del patio de mi casa ;
en él se encuentra una cerca que limita nuestro patio por ese lado y
está hecha de alambre de púas, con seis o siete hilos y de una larga faja de
cedazo, en su parte inferior. En ella
alternan árboles, en donde se había pegado la misma, sembrados más o menos cada
cuatro metros de manera que hay un poró aquí, un chicasquil más allá, luego un
uruca y poco más allá otro poró, y un damas hacia final ; además, se encuentra cubierta totalmente por
ese arbusto de flores rojas y acampanadas que tanto gustan de visitar los
colibríes, llamada amapola.
A menudo recuerdo con la misma alegría de entonces, aunque
alguien haya dicho que nada que suceda después iguala la intensidad de la
primera vez, cómo nos dejábamos caer desde lo alto de esta mencionada cerca,
colgados de los largos varejones que forman las ramas de la amapola. Gozábamos muchísimo bajando así colgados,
pues esas ramas no nos dejaban caer bruscamente, porque al unir varias de
ellas, se convertían en un resistente bejuco por medio del cual bajábamos lenta
y deliciosamente por los aires haciéndonos vivir esa experiencia tan agradable
que nosotros disfrutábamos tanto. Me
parece vernos a todos subidos y agarrados de las ramas más largas, uno al lado
del otro, sonrientes y sobre todo felices y emocionados, dispuestos a saltar y
ser catapultados en medio de gritos y risas que no cesaban sino en el momento
que empleábamos en volver a trepar.
No había día al hacer esto, que no fuéramos ortigados por
algún gusano de esos verdes y peludos que se encuentran siempre en los arbustos
y las hojas de los árboles. También por
alguno de los que tienen cuatro cachitos, que ortigan dolorosamente a pesar de
ser pequeños. Son verdes y tienen dos de
estos cachitos en cada extremo de su cuerpo, una franja de color café los atraviesa
transversalmente por su medio ; le
dejan a uno tremenda roncha por largo rato.
Siempre en la misma cerca, el juego cambiaba y en estas
ocasiones nos proponíamos atravesarla ;
es decir, recorrerla de principio a fin, o sea, longitudinalmente. Lo sentíamos como toda una aventura pues
para poder hacerlo debíamos caminar por lo más alto de la misma, sobre el
último hilo de alambre, paso a paso, sosteniéndonos de aquellas largas ramas de
la amapola que, como dije antes, son muy flexibles. Así, de esa manera, uno detrás de otro, avanzábamos de trecho en
trecho, dándonos un respiro cada vez que llegábamos a uno de esos árboles de
los que está salpicada.
Era muy divertido para todos hacer esta clase de
competencias, especialmente porque caían varios y gozábamos mucho oírlos caer
entre gritos y carcajadas de todos los demás y ellos mismos que, dando gritos
también, caían haciendo el bullicio que esto conlleva al doblar y algunas veces
quebrar, algunas ramas de aquella planta, que cedían al peso del que caía echando
garra de lo que se pusiera por delante.
Nadie se hacía daño al caer por lo que de inmediato volvía a subir y
seguía intentando atravezar la tan nombrada cerca. Sobra decir que aunque lo practicábamos con frecuencia, siempre
caía alguno propiciando así que se armara aquella gritería.
En realidad, estas competencias que llevábamos a cabo, que
por cierto eran muy variadas, no representaban para ninguno de los que
tomábamos parte, el sabor ni el sentido de la victoria. En este caso específico el llegar de primero
no significaba para nosotros mayor cosa ;
en realidad lo importante consistía en recorrerla y poder llegar al otro
extremo y aún cuando sucedía así no representaba triunfo alguno ni mucho menos. Pero la verdadera importancia de todo tipo
de juegos y competencias que realizábamos es que nos proporcionaba aquella
algarabía de risas y gritos, haciéndonos pasar horas enteras en un puro
alboroto en el que todos disfrutábamos montones y de una manera sana y
divertida en medio de una gran gozadera.
LUIS FELIPE QUESADA MAYORGA.
EL GALLINERO
Recuerdo muy bien y no sin nostalgia que algunas veces me
subía de alguna manera y pasaba sobre una empalizada que habían mandado
construir en una época ya no muy cercana en nuestro patio. Esta empalizada fue construida con cañas de
bambú, gruesas y altas y partidas por su mitad a todo lo largo, y todas unidas
en su base, en su medio y en su parte más alta a un enreglado. Todas estas cañas fueron traídas una tarde,
en la mañana de mi vida, en un gran camión en el que venían también unas jaulas
hechas de madera cargadas con gallinas y un hermoso gallo con pintas
grises. Todo, cañas y jaulas, fue
descargado y entrado a la casa por un portón que tenía la misma hacia un lado,
al igual que muchas casas del San José de antaño. Por medio de estos portones de entrada se tenía acceso al
interior de las casas de aquella época, de manera que por ahí se introducía la
leña y otros menesteres sin pasar por dentro de ellas. Ingresaban el pan, la leche, el queso, la
miel y se sacaba la basura y se usaba como vía de paso de la servidumbre.
Al día siguiente, llegaron los hombres y levantaron con las
cañas el encierro que cercó aproximadamente tres cuartas partes de aquel
pequeño cafetal ubicado en el corazón de la capital. Recuerdo que se les dio algo de comer al terminar el trabajo y
luego salieron por el citado portón, que era de madera y al estilo de los
portones que se usa en los establos, para trasladarse a la hacienda de café de
donde habían venido trayendo las cañas de bambú y las aves de corral.
Decía arriba que recuerdo que algunas veces saltaba la
empalizada y una vez dentro del cerco, lo cual lograba en ocasiones
deslizándome por el tronco de algún árbol o dejándome caer desde lo alto en
otras, me disponía a recorrer todo aquel terreno sembrado de café y plátanos,
guineos y bananos, y en el que, entre otras cosas, había también algunas matas
de maíz y caña dulce, con el fin de “inspeccionar” y contar las nuevas
inquilinas. Imagino que en aquel
recorrido empleaba horas enteras, he imagino bien, porque además de tener todo
el tiempo del mundo, había un sinnúmero de cosas que, conociéndome ahora como
soy, absorberían toda mi atención. Una
lagartija huidiza que con movimientos nerviosos subía por el tronco de un viejo
árbol que había sido abrazado por una frondosa chayotera, algún pajarito recién
nacido y caído de su nido y el desasosiego de su “aflijida” madre revoloteando
en derredor suyo, unos come maíz disputando ardorosamente amores en una
hojarasca ; podrían ser también
las avispas “guitarreras” entrando y saliendo de un panal construido en lo alto
de un palo de muñeco o un desfile de hormigas que, jalando hojas y pedacitos de
pétalos y formadas en larguísima hilera, atravesaban los lomillos y tanques del
pequeño cafetal hasta llegar al final del recorrido, al agujero por el que se
introducían sabrá Dios hasta qué profundidad en la tierra.
Y así, entre un capullo aquí y un gato agazapado allá
tratando de cazar un gorrión incauto que picoteaba en el suelo, llegaba al fin
al gallinero propiamente dicho, es decir, a la casetilla de madera con reglas
en lo alto para que duerman ahí las plumíferas, lo cual realizaban ellas
subiendo por una escalera cuyos peldaños estaban unidos a un solo travesaño. En la parte de abajo, llenos de paja y con
algunos huevos de madera pintados de blanco, se encontraban los nidos
acondicionados en unas cajas y situados como a un metro de altura sobre unas
burras con tablas que estaban distribuidas a lo largo de los costados de la
casetilla.
El gallinero en cuestión se encontraba al final del patio,
construido en el punto de unión de dos altas tapias de piedra, antiguas y
bruscas, que lo protegían de la lluvia y el viento y le daban abrigo a las
aves.
De tantos árboles existentes en aquella propiedad, frutales,
ornamentales y algunos que no sabía para que servían, hubo necesidad de botar
uno bastante frondoso para despejar un poco el lugar donde se construiría.
Desde buena mañana habían regresado aquellos hombres
campesinos. Aquello prometía ser todo
un acontecimiento en el que estuvieron todos los chiquillos del barrio
presentes. Se procedió primero a
arrancar algunas matas de café y uno o dos güitites de no mucha altura, después
de lo cual uno de aquellos hombres descalzos, se subió al árbol con una cuerda
gruesa arrollada sobre el hombro y alrededor de su pecho y la amarró en una
parte bastante alta del árbol, pasándola por el medio de algunas ramas gruesas
y firmes. Todos nos manteníamos en
silencio y estábamos absortos en lo que el hombre hacía encaramado allá arriba
sin perdernos nada, y así lo vimos bajarse, esta vez, descolgándose por la
cuerda cuyo extremo suelto se arrollaba en el suelo.
El silencio fue roto de pronto por los golpes de dos hachas
que entraron en funcia y con ellos la salpicadera de astillas rojizas que iban
cubriendo paulatinamente el suelo en todo el derredor del árbol, del que manaba
un agradable olor a madera húmeda, el olor de su herida, de su sangre, de sus
entrañas vírgenes y a la vez moribundas...
El extremo colgante de la cuerda había sido amarrado a otro
árbol cercano al agonizante, para fijar el rumbo de su caída, colocándonos a
todos los chicos a prudencial distancia, no con mucho agrado de nuestra parte
por supuesto, pues deseábamos disfrutar de aquella novedad sin ninguna
interrupción y sin perdernos ningún movimiento de los protagonistas de la
misma. No debimos siquiera pestañear
para poder, con toda claridad, observar todas las peripecias de aquellos rudos
campesinos, que hacha en mano, no cesaban de golpear sino para escupirse las
callosas manos y decir : -Hágasen
p`allá, carajos, hágasen p´allá ;
corréte p´ahí, güila, que te puede q´er el palo en tu´manidá.
Todas las miradas iban y venían posándose en la cuerda que,
tilinte, vibraba con cada golpe del hacha ; en la copa del árbol que se sacudía a su vez dejando caer algunas
hojas, como en el boquete que se le practicaba, el cual iba creciendo en razón
inversa a su resistencia, por no dejarse botar.
Uno de los hombres se detuvo en su faena, escupió en sus manazas
y quitándose el sudor de su frente con el antebrazo, volvió a tomar el hacha
que describió un semicírculo plateado en el aire y fue a clavarse en lo más
profundo de la herida. El árbol gritó largamente... mientras perdía
su equilibrio cayendo y el estrépito de ramas quebradas que produjo su caída,
fue opacado y superado solo por los vivas y la gritería de la chiquillería.
Una vez que las ovaciones y aplausos terminaron y el árbol
quedó inmóvil en el suelo, le caímos como la langosta. Rápidamente fue invadido, recorrido y
“escalado” en toda su frondosidad por toda aquella mostacilla para la que todo
era motivo de juego y gozadera. No sé
exactamente porqué, pero nos gustaba mucho meternos entre aquella ramazón ; íbamos y volvíamos una y otra vez por encima
y por debajo de las ramas, nos topábamos unos con otros, nos escondíamos,
saltábamos sobre la hojarasca, gritábamos, reíamos, algunos practicaban luchas
en alguna rama un poco incómoda cayéndose siempre alguno y a veces los dos
luchadores, lo cual contribuía a que el barullo aumentara.
Entretanto los fornidos peones que se habían sentado a
descansar sobre unos troncos, sudorosos, con sus pies descalzos y un poco
embarraleados sobre los que caían los finales o, para mejor decirlo, las puntas
de unas tiras vegetales sacadas del vástago o mata del banano con que llevaban
amarrados los ruedos de los pantalones, reían también a carcajadas de ver las
“monerías” y ocurrencias de toda la güilada, que no cesaba en su celebración,
aumentando así y en tal manera la diversión, que se convirtió en un verdadero
alboroto.
Papá no permitió que el árbol fuera desramado ese mismo día
para no echarnos a perder el entretenimiento, lo que de seguro todos le
agradecimos desde lo más hondo de nuestros pequeños corazones. De manera que, divirtiéndonos hasta el
anochecer la mar de contentos, me entregaba aquella noche que concluía aquel
bendito día, como eran todos los días de mi vida, sudoroso y cansado a mis
sueños de niño en los que le contaba a Dios todas las experiencias felices de
aquel día maravilloso que moría dejando en mi boca un agradable y celestial
sabor a miel.
LUIS FELIPE QUESADA MAYORGA.
MISTERIOS DE NUESTRO PATIO
Hoy, 6 de octubre de 1997, Yamileth Quesada Mayorga, miembro
de la “tribu” de los Quesada, hijos de don Rafael y doña Consuelo, quiero
relatar algo que, aseguro seriamente, aunque el lector no lo crea, es
absolutamente cierto.
Corrían los días felices de mi niñez -los tempranos
cincuentas- y vivíamos tranquilos y felices en la “casa grande”, como era
conocida nuestra casa por ser la más grande y con el patio más grande de toda
la vecindad, en el querido barrio “La Dolorosa”.
Yo compartía la mayor parte del tiempo con mi hermano mayor
Luis; éramos inseparables desde que
comienzan mis recuerdos, allá por los tres años de edad, y según decían mis
padres, desde antes: tomábamos el
“chupón” juntos, chupábamos “dedo” juntos, nos sentábamos a las bacinillas
juntos, veíamos llover juntos encaramados en el alféizar de la ventana del
comedor, tirando cascaritas de naranja en la angosta cinta de agua que formaban
los chorritos de lluvia que caían de los canales del zinc para ver los
bellísimos espectros tornasoles que se iban formando a su contacto y que
despertaban nuestras fantasías infantiles.
Fueron pasando los años; abandonamos el chupón y la
bacinilla, dejamos el placer de chupar dedo porque ambos nos lo atravesamos con
la aguja de la máquina de coser en sendas travesuras y ya habíamos crecido lo
suficiente para dejar de encaramarnos en la ventana, aunque seguíamos
disfrutando juntos mirar el lindísimo espectáculo de un buen aguacero cayendo
sobre los árboles, chayoteras, “bosque” de escobilla, flores y pájaros del
patio, y más allá, sobre los techos de los Retana, mercaditos y Chico Piedra.
En sustitución de esas actividades abandonadas por el paso
del tiempo, iniciamos otras : Luis
y yo disfrutábamos mucho del patio en formas iguales y diferentes al resto de
las personas; para nosotros el patio no
tenía fin, no tenía límites geográficos, no había tapias ni cercas, era un
bosque del tamaño del mundo.
Pues resulta que un día se nos ocurrió hacer algo que
habíamos visto en algunas de las casas de campo a las que nos llevaba de paseo
a veces nuestra tía Rosa. Las señoras
de esas casas tenían en un rincón de sus cocinas, unos ladrillos colocados de
manera que quedaba un espacio enmedio, el cual rellenaban con palitos y hojas
de papel, los encendían y ponían a hervir agua en la olla de hierro para darnos
café. Una mañana, Luis y yo escogimos
un lugar situado contra la tapia de María Balazos (la tapia de la derecha del
patio) entre la higuera y la pauginia, y ahí colocamos los trozos de ladrillos
que encontramos y pusimos palitos para rellenar el “fogón”, ¡y eso fue
todo !.
Ahora viene lo misterioso e increíble :
Mamá nos llamó para darnos algo de comer ; en cuanto terminamos, volvimos al fogón y
quedamos atónitos ante la vista :
el fogón estaba encendido y sobre el fuego, sin quemarse, había una
enorme flor roja, de las que había en la enredadera de Tana, el viejo y
cascarrabias tío abuelo de los Retana ;
muy lejos, muy alto y muy endeble para que alguien pretendiera alcanzar
una flor.
No había nadie más aparte de nosotros en el
patio ; en la casa estaba mamá
ocupada en los múltiples quehaceres y vigilando a los dos pequeños (María
Consuelo y Miguel Ángel), sus hijos menores en ese entonces, que aún
permanecían dentro de la casa y sólo salían a asolearse después del baño, bajo
la vigilancia de ella, para estar con ella el resto del día.
¿Quién encendió el fogón ?. ¿Quién puso la flor ?.
¿Porqué no se quemó ?. Éramos
demasiado niños para complicarnos la vida con estas preguntas, solamente nos
maravillamos y disfrutamos de lo sucedido.
En los días siguientes, muchas veces preparamos el fogón y
nos retirábamos a otro sector del patio a jugar o nos íbamos a la casa un rato,
y al volver, el fogón siempre estaba encendido y la flor roja sobre él, nunca
se quemaba...
YAMILETH QUESADA MAYORGA
EL PATIO DE LA CASA
1950-1960
En la casa vieja, como le decimos muchos de nosotros a
nuestra casa en el Barrio la Dolorosa, se jugó los más bellos juegos y con
ellos, realizamos muchos de nuestros sueños, deseos y aspiraciones.
En aquél pedazo de terreno viajamos a países lejanos,
soñamos, fuimos personajes famosos y llegamos a ser ricos. Lo mismo estábamos en Egipto entre
pirámides, huyendo verdaderamente aterrorizados de “la momia” (Yamileth) que
con un velo calado, cubriéndose la cabeza y cara nos seguía, que en la selva
con Tarzán, Jane, Chita, los elefantes y pantanos. Sobraban los tarzanes y para todos había árboles dónde subirse y
lanzar con do de pecho su terrible alarido.
El más bello, pues era un magnífico cantante, era el grito de Carlos
(Cabeto) Retana Biolley, quien con preciosa voz llamaba a su inteligentísimo
elefante Tantor al pantano número tres,... y el animal llegaba.
Cuando se trataba de vaqueros, aquello era un verdadero
pueblo del oeste, con cantinas, salones, joyerías, bancos, cárcel, oficina del
Sheriff, etc. Por supuesto que había
bandoleros y ladrones de bancos, sólo que la ambición del dinero nos volvió a
todos ladrones, pues nos robábamos unos a otros los fajos de billetes,
fabricados con desechos de cuadernos.
A veces éramos soldados en plena guerra y las bombas
explotaban por todos lados y aquel era un real campo de batalla en el que casi
no podíamos ver por la polvoreda que levantábamos ya que las bombas eran tarros
de avena llenos de tierra.
Mi hermano Luis y Eduardo Retana eran más grandes que
nosotros, nos perseguían con pistolas de agua y nadie escapaba de ellos. Todos corríamos por todo lado desesperados
pero siempre el chorro de agua nos alcanzaba hasta quedar empapados de pies a
cabeza.
Una vez se les ocurrió amarrar una llanta a una rama alta
del palo de cas y todo el barrio hacía fila para montarse en el BigSay, que así
le llamó Luis. Subíamos al árbol, nos
sentaban en la llanta y nos dejaban caer para describir una parábola inversa y
vuelva a hacer fila. El negocio se puso
bueno y empezaron a cobrar el servicio, cosa que limitó un poco la clientela.
También jugábamos “punto al tarro” con el punto movible
porque todos los juegos fueron siempre de intensa actividad y energía, y ese
tarro iba a dar por todos los rincones del patio.
Todos los niños del barrio iban al patio desde diferentes
épocas, también los miembros de la banda del Liceo de Costa Rica, que ensayaban
tambor y lira, como algunas del equipo de basket del Colegio Superior de
Señoritas, compañeras de Linda.
Se armaban unas mejengas terribles, Verdaderos partidos de futbol en donde se
daba la vida por un gol. También jugábamos beis, criquet y papi y los
muchachos realizaron campeonatos de bolas de vidrio y chócolas.
En tiempo de vacaciones había ranchos por todas partes, Los hombres fabricaban sus viviendas en un
santiamén, mientras que las mujeres, no duchas en esos menesteres, se mantenían
ocupadas horas en sus viviendas y las llenaban de trapos como cortinas y
puertas, barriendo y arreglando hasta que llegaba alguno de ellos y con solo
poner el codo en alguna pared, el rancho se venía abajo, acompañado de gritos,
quejas y lloriqueos de las niñas que tenían que volver a empezar su labor. Una vez, las niñas se fueron temprano, en
servicio de espionaje, a investigar el rancho de los muchachos para ver su
construcción y casi se mueren de espanto cuando entraron a aquél lugar, todo
sucio, desordenado, lleno de llantas y piedras para sentarse y cáscaras de
frutas por todo lado, ¡pero no se caían con nada !.
No puedo pasar por alto los campamentos. Como los chicos querían pasear en sus
vacaciones, se les ocurrió que podía ser en el patio de los Quesada y planearon
irse de campamento. Como a las seis o
siete de la noche armaban las tiendas de campaña, dispersas por el patio, y
luego se ponían a jugar de policías y ladrones, identificándose con pañuelos de
colores, hasta la medianoche o más y luego se dormían ; pero hacían mucho ruido y algunos vecinos
amargados se quejaron pues no podían creer lo que veían : niños jugando sanamente a media noche. Hubo que acabar con los campamentos.
El acceso al patio era por todo lado. Por las tapias, por las cercas, por los
árboles colindantes o por los techos.
Siempre llegaba alguien por algún lado de la casa. A veces a las seis de la mañana ya había
alguien en pijamas y sin desayunar, jugando en el patio.
Luis era un verdadero atleta y se le ocurrían siempre cosas
inverosímiles como cuando se subió a la tapia de las bodegas del Banco de Costa
Rica, hasta un riel altísimo que sobresalía de la estructura del techo y ahí
hacía maromas y ejercicios dejándonos a todos boquiabiertos y a mami
enojadísima y preocupada de ver a su muchacho ahí encaramado.
El patio sufría transformaciones a lo largo del tiempo pero
siempre estaba sembrado de frutales, higueras, café y algunas enredaderas.
No puedo terminar de medio narrar estas vivencias sin
mencionar el factor más importante por el cual fuimos felices los de la casa y
los vecinos : mis padres.
El, aunque cansado de sus labores como maestro de escuela,
siempre presente en aquel lugar ;
podaba árboles, recogía basuras de hojas secas, reparaba cosas, siempre
presente, sin estorbar, sin molestar, y su sola presencia vigilaba, inspiraba
confianza ; su sola presencia
impidió juegos peligrosos, su sola presencia inspiró respeto y el juego sano y
divertido de los niños. !Ahora entiendo porqué siempre estaba en el
patio!. Enseñaba sin hablar. -“Cuando hay niños, la vigilancia es
eterna”,- decía.
Ella, trabajadora incansable de la casa sin quejarse por lo
sucios y mojados que entrábamos al atardecer ; sin quejarse de los bolazos o las pedradas que quebraban los
vidrios o por el alambre lleno de ropa limpia que alguien botó sin intención, y
tenía que volver a lavar a mano toda la ropa.
Algunas veces salía algún niño corriendo para su casa porque aguantaba
hasta el final sus necesidades y cuando salía iba dejando pelotas de ya saben
qué, por toda la casa.
Ellos dos permitieron que sus hijos fueran felices y si
ellos estaban felices, ¿qué importaba lo demás ?.
MARÍA CONSUELO QUESADA MAYORGA.
EL PATIO
1965-1975
Y es muy importante tener presente cómo era el patio. Todos lo vimos igual : una prolongación de la casa, de nosotros
mismos, de nuestros cuerpos y almas.
Al salir de la casa por la puerta de la cocina, de cara al
oeste, caíamos en “el cementillo”, un planchè amarillo más o menos cuadrado que
no mucho atrás fue cuarto de servicio.
Lo delimitaban las paredes de bahareque (caña, barro y restos de tejas)
del almacén El Mar (Las Olas, antes)
Inmediatamente después, se abría a todo el ancho de la casa
ese mágico lugar, ese inolvidable pedazo de tierra que me dio salud, alimento y
diversión a más no poder. Lo primero
que encontramos, es un lotecito sin vegetación, de tierrita suelta (fina, café
claro), donde se practicaba los juegos especiales : bolas de vidrio,
trompos, mejengas, carritos y más adelante (´68), basket ; y mucho después (´70´s), se instaló la
casita que Paco le hizo a Martita.
En su extremo oeste, se encontraba la matita de café que
servía a “Gorato” para lanzar como en catapulta a MachuPichu, su perico sin
alas.
Al este, y en dirección a la ventana sur de la barraca de
los vagos, pasaba el cañito, por donde corría el agua llovida que venía desde
la casa de Rafa, por debajo del hall y llegaba hasta cerca del árbol de
cas. Inmediatamente después, el barro
de olla, una extraña montaña de ese raro material gris que tantas guerras
propició y que tanta ropa sucia entregaba a mami. Estaba exactamente debajo del frondoso palo de cas. Muchos años después, en 1989, supe por boca
de Gerar que ese barro de olla era el producto de una excavación que hizo papi
en busca de una botija que alguien aseguraba se encontraba en ese lugar.
El primer árbol de esa tierrita hacia el cerco era uno
bastante extendido, de limón dulce.
Siempre que lo pienso veo todo amarillo. Nos impresionó enormemente la increíble similitud que tenía con
el del fondo, que eran, para nosotros, gemelos.
Casi en su misma dirección, pero pegados a las paredes este
y oeste del patio, se encontraban los palos de mango (junto a la tapia de
Cachimba y que más tarde sería la Imprenta) y el de cas (junto a la tapia con
los Verzola y “el Banco”. El Banco pasó
luego a ser ocupado por el Registro Público y ahora lo ocupa el Ministerio de
Justicia, que fue en definitiva el que adquirió nuestra propiedad el 1º de
junio de 1989 mediante el pago de una bagatela.
En el centro, coposito y de buenas cosechas, el níspero
principal. Marcaba, casi que
perfectamente, la mitad del terreno.
Por el costado oeste, y hasta el fondo, el orden era el siguiente : el inmenso y siempre en cosecha palo de
mango, otro mango (¡nunca le conocí fruto!), el de manga (pequeñito, pero ¡qué
mangas !), un anona, la mata de higos, otro níspero a la par del cual,
papi, “con nuestra ayuda” (¡já !), hizo el mejor pozo que se tenga
memoria, luego el palito de cas japonés, único en su especie que he visto
jamás, y el árbol de naranja dulce, en el cual, cada niño era dueño de una de
sus ramas, incluyendo sus frutos.
El ala este, más poblado de árboles y zacate (algunas veces
podía taparlo a uno hincado), se iniciaba en “la vueltilla”, allá, pegando con
el Taller de motos de Harys. Había un
níspero de raquíticas cosechas, los siempre floridos lirios blancos, bordeando
la lomita de barro de olla para llegar al increíble palo de cas. A la par de este , un naranjo agrio y un
limón ácido, “flacos” pero de buenas cosechas, otro anono, y el extendido árbol
de limón dulce (el Enterprise, cuando jugábamos de Aventureros del
Mississippi), el sauco, los altos guarias del rincón, para terminar con un seco
níspero más y un inmenso sauco cubierto siempre de moco de caballo.
Mención aparte merece la inmensa chayotera que había
invadido y secado al final, al palo de limón dulce : ranchos, “hamaca”,
fumadera, muchas cosas significó esa bonita enredadera. La mejor anécdota que se tiene de ella fue
cuando instalaron Luis y Miguel una tienda de campaña para pasar la noche. Invitaron, por supuesto, a todos los adolescentes
del barrio. Pidieron permiso cada cual
a sus padres, y entre otros, ya anocheciendo, se encontraban allí los Rodríguez
y no los Retana, pues antes de las ocho de la noche los habían llamado “para
adentro”.
En la fila del fondo, la cerca con los Retana, además de
unas cuantas matas de café, había un increíble poró, una fila de amapola, un
palo de naranja Washington y otro de malagüeña.
Y entre el níspero central y esta línea de fondo, había un
chicasquil, un ciprés y el alto y delgado, poco productivo, árbol de aguacate,
cuyo solo recuerdo trae a la mente aquella accidentada caída de Ale : casi desde el cucurucho, se vino pegando de
rama en rama, para rematar raspándose todo en los clavos del tronco que servía
de escalera para encaramarse. ¡Caída
espectacular !.
Me olvidaba del inmenso sauce que se encontraba entre el
naranjo y el níspero central. Dos
recuerdos inmediatos me asaltan :
las chicharras (concierto día y noche en su temporada) y la nefasta y
terrible afirmación escuchada de alguien : -ese sauce secó el palo de mango-. Eso sirvió para cogerle odio y malquererlo.
Tengo, además, un vago recuerdo de un árbol cuyas ramas
asomaban por las ventanas del cuarto de las chiquitas, pero tan difuso que no
preciso nada de él.
Así, más o menos y a grandes rasgos, era el patio de nuestra
selva, nuestro ambiente, nuestra niñez, nuestra feliz niñez.
JOSÉ ALBERTO QUESADA MAYORGA.
RECUERDOS DE INFANCIA
1950-1960
Son muchos y muy confusos, lejanos e imprecisos, los
recuerdos que vienen a mi mente cuando quiero desempolvar las primeras
vivencias en mi casa, la casa de mis padres.
Como ráfagas se presentan ante mí visiones, olores de aquel
tiempo bello, el tiempo de mi infancia, en donde todo era seguridad y
tranquilidad, en donde no conocimos necesidades ni preocupaciones, porque
ellos, mis padres, se encargaban de darnos todo lo material y espiritual que
queríamos.
Mi primer recuerdo se remonta al año cuarenta y ocho, año de
la revolución costarricense en que los únicos bandos políticos fuertes que ha
habido en el país, se encontraron en una confrontación en los albores de su
gesta política.
El patio en nuestra casa en el Barrio La Dolorosa, demasiado
grande para el tamaño de la personita que ahí jugaba, observando a su madre,
sentada en una silla, el pelo negro rizado recogido con peinetas, sus labios
carnosos pintados, vestida con ropajes de señora sencilla pero prendida y
vanidosa. Su delantal, con pequeños
vuelos en los hombros y zapatos con tira alrededor de los tobillos. Ella estaba sentada de cara al sol, pierna
cruzada y tenía un niño en su regazo.
Era el momento del baño de sol del bebé y él comidito y bañado, con el
calor de la madre y con el calor de la vida, movía felizmente sus piecesitos
mientras el sol calentaba su espalda.
De pronto, un ruido ensordecedor que no sabíamos de dónde provenía, nos
llenó de miedo. Mi madre corrió con el
bebé y conmigo hacia la casa. No sé qué
hicimos ahí dentro, si nos metimos debajo de alguna cama, ni quiénes más había
en la casa, solo el ruido aquél que tanto nos había asustado. Años más tarde supe que eran aviones con
ametralladoras debido a la revolución.
No sé si sucedió por esa misma fecha o fue en años
posteriores, que mis padres decidieron pasar las vacaciones en casa de la
hermana de mi padre, en Sabanilla de Montes de Oca, Podría ser por los peligros que encierra una revolución cuando se
vive en el centro de San José o, tal vez, por el vaticinio, atrevido y morboso,
de algún terremoto, cosa que sucedía mucho en aquellos tiempos de
supersticiones.
El viaje fue algo maravilloso pues lo hicimos en la carreta
de Juan, el peón de la finca que la familia tenía también en Sabanilla, en la
cuesta de la Bamba. Juan, con su chuzo,
azuzaba a los bueyes y les silbaba entre dientes y ellos se movían lentamente,
a un mismo paso, atados por aquél yugo de colores naranja desgastados. Las ruedas chirriaban y el carruaje (el
cajón) se movía lentamente levantándose y moviéndose de un lado para otro,
según las irregularidades del terreno.
Ni pensar cuántas horas habrá durado aquel viaje, ni si fue o no cómodo
para los grandes ; para mí fue
maravilloso y divertido, y más bello aún, fue llegar a aquel pueblo, lleno de
árboles y cafetales, con olor a beneficios y flores por todas partes.
!Claro¡, como todo pueblo, no podían faltar las cantinas y,
lógicamente, los borrachos ; sus
pantalones arrollados por los ruedos, la mayoría descalzos, su sombrero bien
puesto, aunque muchos destartalados y viejos, y su machete amarrado a la
cintura. La mayoría de ellos llegaba
montado a caballo, el cual quedaba atado a la ventana de la cantina. Fue algo impresionante para mí ver aquellos
señores cuando, encendidos sus ojos y sus sentidos a causa del licor, salían a
la calle, en peligroso duelo, a darse de golpes, machete en cincho... No quería mirar, me aterrorizaba, pero no
dejaba de verlos y aún tengo clavado en mi memoria sus rostros, sus gestos, sus
ropas, el sonido de sus golpes, mientras la música ranchera de la cantina, a
gran volumen, amenizaba “la fiesta”.
Esto era de todas las semanas, cuando el peón era
recompensado con su sueldo de la semana y él, religiosamente iba a dejarlo a la
cantina. También recuerdo cuando salían
de la cantina, abrazados, tambaleándose, apoyados uno en otro y desaparecer por
el camino de tierra, rodeado de cercas y cafetales que se perdía al frente de
la casa.
!La casa¡, grande, espaciosa, limpia, llena de luz tenía un
lindo corredor al frente, que remataba con la acerita delgada que la recorría
de lado a lado. El jardín cuidado de césped verdecito y dos enormes
pinos a cada lado, frondosos, verdes, maravillosos.
Las habitaciones, todas de madera, eran grandes y
espaciosas, sobrias, de pisos brillantes y zaguán en medio para rematar en un
salón amplísimo. El resto de la casa
estaba en reparación ya que la remodelaban dejando atrás paredes ennegrecidas y
viejas construcciones de la casa de la abuela.
Dormimos en un cuarto que se construía para comedor de la casa, todos en
el suelo, con nuestros padres. Al lado,
parte de la vieja casona, las gradas y la cocina con piso de tierra, el
moledero inolvidable con la olla del maíz remojándose en agua para hacer las
tortillas y, atornillada, la máquina de moler.
La cocina de leña, muy antigua y la olla de hierro despidiendo
riquísimos olores a frijoles con orégano o a sopa de carne con verduras.
Detrás de la casa estaba el jardín más hermoso y misterioso
que he visto en mi vida. Tenía dos
acequias que lo recorrían, una vertical que no sé de dónde provenía y la otra,
dividiendo la propiedad en dos mitades, lo recorría a lo ancho. Al lado de la casa y hasta el portón por
donde otrora entraban las carretas, había geranios, calas y lirios que crecían
al lado de la corriente de agua que posiblemente venía de la pila de la casita
vecina, bellísima, de adobes, parte de la propiedad, en donde vivía una señora
cuyo nombre creo era Claudia.
Cerca de la pila de la casa unas gardenias esparcían
generosamente su suave aroma a todo el que se acercaba a ellas. En el centro de la propiedad había un
inmenso gallinero todo rodeado de malla.
Años más tarde se suprimió este gallinero y en el galerón todo encalado,
trabajaba Adán, indio que vino de Boruca a trabajar como peón de la
finca ; entonces, se construyó una
bellísima glorieta, rodeada de enredaderas y flores, muy cerca de la acequia a
la cual se llegaba entre sauces, bambúes y papiros, allá, donde a Rafael “se le ahogaron los pies”.
Un coqueto puente curvo, de troncos de árbol, atravesaba
aquel pequeño río y le seguía el fantástico jardín lleno de eras redondeadas,
regadas todas debido al magnífico trabajo que había hecho el indio aprovechando
el declive de la propiedad.
Rosales de todos los tamaños y colores, frutales
entremezclados hasta el fondo del patio por el que pasaba otra acequia. Recorrer aquél mágico lugar me llenaba de
una sensación extraña y misteriosa como de cuento de hadas. Silencioso, mágico, colorido, perfumado,
solo se escuchaba las corrientes de las cantarinas aguas y el susurro del
viento en los sauces.
En uno de aquellos viajes, pues se siguieron efectuando
durante las vacaciones subsiguientes, estaba el indio en un árbol lleno de
estococas y Federico le decía :
- !Adán, báqueche¡. !Adán, báqueche que che va a
caerq¡-. Posiblemente, aquél indio sólo
entendía su propio dialecto y no el de Federico, por lo que se cayó del árbol,
a lo que Federico rezongó : -Y
yicho cacho y che cayó.
Entender a Federico era toda una proeza pues él tuvo su
forma muy particular de hablar, bastante diferente de los demás. Cuando en casa mi papá, que gustaba mucho de
los animales, sobre todo de gallinas, tenía gallinero, contaba los pollitos al
atardecer, cuidando que ninguno quedara perdido en el patio, Federico
decía : -Conten lon polliton a ver
chi están completon. Una vez, cuando cumplió
siete años, María Consuelo lo abrazó y lo felicitó, y él le dijo : - !Yo quelo a Quequelo Quelo¡. Desde ese día le dicen Quelo a Quelo, todos
menos él, que le dice María Consuelo.
María
Consuelo Quesada Mayorga
Índice
Capítulo 4.
LOS JUEGOS Y ANÉCDOTAS
LA LEALTAD DE LOS QUESADA MAYORGA
El Barrio La Dolorosa nos vio nacer y allí transcurría
nuestra infancia, en un hogar lleno de alegría, comprensión y amor, rodeados de
cantidad de niños como nosotros, todos del vecindario, que venían a jugar a
diario a nuestro patio.
Todos, sin ninguna distinción, disfrutábamos de lo que aquel
patio nos ofrecía por igual.
Desde muy tempranas horas, algunas ocasiones como en tiempo
de vacaciones, desde las seis de la mañana llegaban algunos de ellos y
regresaban a sus casas cuando ya el sol había dado paso a las sombras, o
cuando, como sucedía algunas veces, venían sus padres a llevárselos
preguntándoles más en broma que en serio, porque de haber sido a la inversa sus
hijos podrían tomarles la palabra, si pensaban quedarse a dormir en la casa de
don Rafael y doña Consuelo, los esposos Quesada Mayorga, nuestros padres.
Ambos cuidaban de todos, también sin distinción alguna y
vigilaban con celo nuestros juegos, llevando doña Consuelo la mayor parte de la
responsabilidad, por cuanto su esposo, que era educador, pasaba muchas horas
fuera, en su trabajo.
Sin embargo, toda vez por haber regresado de la institución
donde impartía sus lecciones, virtualmente se trasladaba al patio donde solía
realizar diferentes labores, tales como la recolección de frutas, la de barrer
y quemar montones de hojas secas, la poda de arbolitos y cualquier otra cosa
que se le ocurriera.
Lo importante de su actitud, era la misión que desempañaba
en tanto llevaba a cabo estas actividades : la de atención y vigilancia.
De tal forma transcurría nuestra vida y nuestro tiempo de
niños, hasta que de vez en cuando, muy de vez en cuando, se nos presentaba una
situación que no nos hacía nadita de gracia.
Y era cuando nuestra madre tenía que ausentarse para ir a la tienda, a
la zapatería o a visitar a su madre, nuestra abuela.
Como lo anoté arriba, era algo que sucedía muy
esporádicamente.
Resulta ser, que cuando se daba esta situación, tenía la costumbre
de despedir a toda la “huelga” de chiquillos, enviándolos para sus casas.
Realmente era una medida de seguridad más que una costumbre,
pero lo cierto del caso, es que nos echaba a perder la jugadera de aquella
tarde, ya que no era lo mismo jugar entre nosotros, que éramos por aquel
entonces, solamente tres los varones. Y
por otro lado, sucedía de idéntica forma con el grupo de carajillos, que se
veían obligados a irse, dejando truncados sus juegos.
En una ocasión en que doña Consuelo fue a visitar a su madre
en el Barrio México, previo despido de la “huelga”, seguimos jugando mis dos
hermanos y yo, aunque ya un poco desmotivados, con una bola de futbol. El juego había perdido interés o para
decirlo de manera correcta, habíamos perdido interés en el juego, dada la poca
cantidad de jugadores que habíamos quedado.
Sin embargo, nuestro estado anímico mejoró muchísimo cuando
vimos salir a nuestro padre al patio y decididamente, con los ruedos de sus
pantalones arrollados, sumarse alegremente al juego de pases que realizábamos
con la bola.
Nos había devuelto el entusiasmo y jugamos con alegría
durante un buen rato ; hasta que
comenzó a caer una lluviecita.
Rápidamente fue aumentando y nos vimos obligados a entrar en la
casa. Nota curiosa ésta porque ¡cuántas
veces seguimos jugando bajo un aguacero torrencial !, máxime si no se encontraba nuestra madre.
No obstante, esta vez, inexplicablemente, nos guarecimos
dentro de la casa y lo peor de todo fue que continuamos nuestro juego dentro.
Haciéndonos pases con la bola fuimos avanzando por el
interior de la casa hasta ir a parar al hall.
Bajo el marco de la puerta que lo comunica al interior de la casa, me
coloqué a manera de arquero y mis hermanos y nuestro padre, don Rafael,
pasándose la bola entre ellos, me hacían tiritos suaves, que yo atajaba con
facilidad en el aire y sin necesidad de tirarme al piso frío y sobre todo muy
duro, conformado por un policromado mosaico.
Afuera, el aguacero arreciaba pudiéndose observar, a través
de los setenta y dos vidrios que forman los altos ventanales que la estancia
tiene, miles de chorritos de agua precipitarse.
Hacía mucho tiempo que la alegría había avenido a visitar
nuestros corazones de niño y posesionándose de ellos, se había quedado a vivir
ahí. Bastaba muy poca cosa para sentir
gran regocijo ; una palabra, un
gesto, una actitud como la de nuestro padre que todo el tiempo nos acompañaba
en nuestros juegos.
Viéndolo jugar aquella tarde lluviosa en el medio del hall,
provocaba en mis hermanos y en mí un entusiasmo desbordante y en su corazón, de
seguro de niño también, se desbordaba de igual manera su entusiasmo y de tal
forma, que al recibir un pase de uno de mis hermanos, pateó la bola de futbol
con incalculada fuerza.
La altura de cuatro o cinco metros que tiene el hall, fue
alcanzada fácilmente por la bola al estrellarse ruidosamente con una enorme
sombra de forma de calabaza que colgaba como a medio metro del cielo raso, y
que se precipitó sobre el mosaico hecha añicos.
El juego fue detenido para barrer y recoger todo aquel
montón de vidrios de color marfil, que mostraba como detalle un decorado de
ramitas de un verde muy tenue y cadenas de florecitas pequeñas, muy delicadas y
de un tono muy suave en rosado, que formaban el hermoso “bombón” que durante mucho
tiempo había permanecido colgado del cielo raso, adornando el hall de nuestra
casa al proyectar suavemente la luz que guardaba en la concavidad de sus
entrañas.
Todos guardamos silencio y juramos, desde lo más hondo de
nuestros corazones, jamás acusar a nuestro padre de aquella travesura.
LUIS FELIPE QUESADA MAYORGA.
1
ALGUNOS JUEGOS DE LA
FAMILIA QUESADA MAYORGA
1958 - 1968
Toda casa tiene sus rincones de juegos y sus modalidades que
se han abierto paso con el tiempo y se heredan a los demás hermanitos menores,
por eso es difícil definir cuándo se ha inventado un juego o quién ha sido el
iniciador de un cambio. Sin embargo,
uno puede relatar las vivencias infantiles de la manera que lo desee, ya sea
dando un enfoque exterior o sacándolo de lo más hondo de su ser, sin que esto
último signifique que quiera apropiarse de la invención o menospreciar otras
vivencias.
Don Rafael escogía un sábado, cada unos cuantos años, para
llevar a sus hijos a un aserradero allá por las tucas, al final del Barrio El
Laberinto, y volver cargando un saco lleno de tuquitos o recortes de
madera. Los chiquillos, Federico,
Gerardo y Jose, principalmente, volvían llenos de colochos y aserrín en el
pelo, ropa y zapatos, pues mientras se hacía la compra, ellos se revolcaban en
las montañas de aserrín del aserradero.
Los tuquitos se usaban para formar verdaderas ciudadelas del
futuro, con casitas y edificios, ya fueran compuestos por tuquitos individuales
o por grupos superpuestos, a lo largo del corredor interno de la casa. La tía Rosa picaba a los chiquillos para que
trabajaran en la construcción, pues al final hacía un acto de bendición con la
intervención del nuncio, representado por Gerardo, y al final de la ceremonia
repartía helados y bocadillos cocinados por ella y doña Consuelo.
En el cuarto de las chiquitas era muy difícil jugar porque
el orden y la vigilancia lo impedían, sin embargo, hay recuerdos bellos de este
aposento, como lo son acostarse en las camas de ellas para ver “las patas de
Abel” (pisadas del señor que emplantilló el techo, que se dejó sin barnizar ni
pintar), escuchar Las Aventuras de Tom Sawyer y Hucklberry Finn en boca de Yami
o las de Matonkiki por parte de Quelo, y, ante todo, la leyenda Mi fafá que
Federico escribió en la pared para que Gerardo pudiera decirle a don Rafael que
ya había aprendido a escribir Mi fafá y hacerse acreedor a un bolígrafo
metálico, negro.
Otro lugar mítico era el jol, para nombrarlo sin usar la
palabra anglosajona hall, pues el nombre en inglés del lugar no obedecía a
pedantería, sino que era una tradición que no tiene explicación. En este lugar estuvo ubicado el aparato
telefónico 1408, el piano Pleyel cuya casa de fabricación desapareció a finales
del siglo XIX (y fue sucedida por la Pleyel-Wolff et Cie., en París) y hubo que
quitar puertas para poderle meter a la casa; el mosaico más bello jamás
conocido, idéntico al que tiene la centenaria iglesia de San Ramón de Alajuela;
el equipo de sonido de Rafa, la negra con la pantera de ojos verdes, el portal
y el arbolito, la puerta de dos hojas y cuerpo de vidrios pequeños con una
perilla de porcelana y una palanquita de forma especial y agradable al tacto
por sus bordes suavizados, las ventanas superiores, al final de tres de las
paredes, con 72 vidrios a más de cinco metros del piso, etc.
En el hermoso mosaico de este jol vimos por primera vez el
baile del tuis por parte de Noé Alfaro Chaves, quien venía a visitar a Gerardo
por ser compañeros en la Juan Rudín y causaba la admiración de María Consuelo y
Yamileth con esa moda.
En la barraca de los vagos se tiraban todos en las camas y
comenzaban a contar anécdotas y lanzarse almohadas, mientras el tiempo pasaba.
Otro pasatiempo era buscar, desde nuestras camas, formas de cosas en los
espacios más oscuros que dejaba el papel tapiz color verde agua al
descarapelarse de las paredes del cuarto.
Pero donde sí se podía jugar, en un campo ilimitado para
acción física y mental, era en el patio, pues las dimensiones y variadas
opciones lo hacían una veta inagotable.
Había juegos de participación individual y colectiva y para
ambos sexos, donde se gestaron los caracteres de liderazgo, legalidad y
espíritu de lucha entre los participantes.
Había unas mujeres mayores que causaban suspiros en esos
niños inocentes: doña Quina Biolley,
quien nunca negó una sonrisa a esos niños, y ellos no olvidaban su entrada al
firmamento de sus mentes una vez que Miguel le dedicó unas bombas guanacastecas
con un pañuelo en la mano izquierda :
Del cielo cayó un pañuelo lleno de lindos colores y en una punta decía,
doña Quina de mis amores. Ella cantaba
y asomaba su bello rostro por una ventana cuando aporreaba la ropa de la
familia.
La otra mujer era pura fama, se trataba de Tía Chemis, a
quien los adolescentes miraban, junto a sus hijas, desde los techos de la
vecindad, pero los niños no la conocían.
Además, hubo otras señoras como las hermanas Retana, Luisa,
la seria y pazca, con su atuendo de trenzas y hábito y Rosarito, una belleza de
viejita con cachetitos regordetes y melena rizada; ambas devotas y llenas de santidad. La niña Anita Verzola, era cariñosa, pero causaba angustia por su
bamboleo al caminar. La mamá de los
Flores, doña Lola, que era cariñosa con los niños desde dentro de los bellos
ojos, aunque resultaba un poco turbadora para algunos. Doña Bebé Vincenti, parecida a un cervatillo
por la delicadeza de sus facciones.
Todos los veranos se maltrataba la cepa de amapolas que
corría a lo largo de la cerca de alambre que los separaba de los Retana, porque
se subían para pasar de mata en mata, arrancaban las flores para libar el néctar y cortaban las ramas
para confeccionar arcos, flechas y tomahawks.
Todos tenían su arco y flechas porque les gustaba jugar de indios o de
indios y vaqueros. Gerardo era Lobo
Silencioso y una vez que Yami observaba a los menores jugar, asomada a la
ventana de la cocina, gozó montones cuando Lobo Silencioso rodó desde la piedra
a la que se había subido para colocarse la mano sobre las cejas, a manera de
visera para observar hacia las montañas.
Otra vez, ese indio tuvo a su alcance el rifle de copas de
Róger Marazzi, probó puntería en el primer disparo de su vida, al divisar una
viuda que se mecía en la copa del palo de aguacate, y en vez de sentir orgullo
de su puntería, el niño derramó lágrimas cuando recogió el cuerpecito todavía
caliente del ave celeste que murió asesinada.
Y es que los niños se divierten con cualquier cosa y hay
etapas de la vida en que perciben el mundo exterior de una manera extraña. A Gerardo le pasaba que al encontrar una
chapa de Squirt, sus colores verde y amarillo le producían una sensación
inexplicable, lo mismo que cuando se subía al palo de naranja del injerto que
intentó don José Retana para ver, al atardecer, las luces verde y rojo que
despedía el edificio del Mirador Franklin, allá en las montañas de Aserrí o las
bolitas de vidrio que había únicamente en la caja de las tizas de la bodega de
los Verzola, como si fueran ojos nublados de seres extraños o gotas de leche
revuelta con jugo de hojitas.
Además, pueden jugar con cualquier objeto porque la fantasía
agrega caracteres mágicos si así se lo desea, como lo tenían ciertas piedras
del patio o “El tuco de Laura”. Había
una estructura de ladrillo y cubierta de musgo, que siempre estaba cerca del
árbol de cas, con forma como de medio estañón angosto. Era imposible alzarla, solo se rodaba y como
era pesada, tenía escaso interés para los chiquillos, pero su valor alcanzó
límites insospechados cuando don Rafael la utilizó para colocarla en un hueco
sobre el cadáver de un gato muerto, bien hediondo, que el Macho Villalobos sacó
de debajo del cuarto de Paco. Siempre
desearon desenterrar ese ladrillo, pero era algo prohibido. Le seguía una piedra de laja gris, en forma
de tapa, de más de medio metro de diámetro y con un grosor que iba desde el
filo de cuchillo hasta un jeme. Siempre
servía de algo, asiento, parapeto, calza, etc.
Luego había otra que era como el tanque de gasolina de una motocicleta,
desde la cual rodó Lobo Silencioso una vez.
Además, había dos tucos, uno cuadrado, como un cuaderno escolar, de unas
tres pulgadas de grueso y con un orificio en la parte superior, que Laurita
Flores cogía apenas llegaba a jugar ; el otro era un horcón de una madera
que presentaba surcos a lo largo, naturales, que todos los veranos tratábamos
de quemar y no era consumido por el fuego ; era de una dureza increíble, grosero a pesar de no tener un solo
clavo, por lo pesado, áspero y por presentar solo tres caras en su longitud. Únicamente el pejiballe que utilizan los bribrís
se parece a la textura de ese tronco.
Las lecheras metálicas eran un juguete increíble, pues todos
se dedicaban a hacer malabares haciéndolas avanzar rodándolas acostadas de
panza. Para atrás, para adelante,
brincando para quedar viendo hacia el lado trasero, en ángulo, hasta caerse y
llevarse un golpe en las nalgas. Había
una dorada y otra celeste.
Jugar Países era muy apreciado por los chiquillos porque
disimuladamente decían el país de alguna de las amiguitas y eso los hacía
sentir cercanía hacia ellas sin que alguien pudiera decir nada porque se
trataba de la natural interacción del juego.
Las llantas que abandonaban los conductores en la avenida
doce entre calles central y primera, pasaban directo al patio, porque servían
de asiento y cama, para rodarlas y hacer torres y probar a encaramarse hasta
caer con ellas, pero algunas veces las quemaban y a doña Consuelo no le gustaba
por el olor a quemado y las quejas de los vecinos. Una vez Gerardo se encontró un llantón que superaba las dimensiones
de las llantas de automóvil, por lo que tuvo que pasarlo desde el jol por la
ventana hasta “el rincón”. En ese
llantón, se metía uno encorvado y lo hacían rodar hasta que parara o se
estrellara contra algún árbol o pared, juego por el que Jorge Flores mostró
siempre mucho entusiasmo. Orlandillo
Villalobos era el campeón de rodar llantas y María Rosa impresionó a todo el
mundo cuando cogió el llantón como una llantilla cualquiera y lo arrojó a lo
lejos para despejar el campo y jugar vidrias.
Las fogatas que hacía don Rafael para quemar los desechos de
hojas y papeles que recogía con su carretillo y palota de jornalero, eran todo
un espectáculo, pues los chiquillos corrían por todo el patio trayendo algo
“para alimentarla”, corrían con papelotes y tizones ardientes en una gritería
escandalosa. En esas actividades
destacaban Quique Carvajal y los Cocoros, que metían un entusiasmo inusual al
momento ; pero quien más historia
hizo fue Carlitos Arguedas, pues corría por todo lado diciendo -No se preocupen,
no se preocupen. -y llegaba con alimento para que no muriera el fuego. A propósito de Carlos Arguedas, todos
recuerdan que siempre fue un niño mimado que se mantuvo al margen de la casa de
los Quesada, pese a vivir al puro frente de ellos, hasta que llegó el momento
de que sus padres lo dejaran ir, lo cual fue aprovechado para utilizarlo como
pretexto por los chiquillos quienes no lo dejaron salir de un hueco por
bastante rato. Lo dejaban que empezara
a salir y al llegar al borde, lo volvían a empujar, caían con y sobre él ;
en fin, hicieron fiesta con el niño tan bien vestido. Al llegar a su casa fue castigado por la facha en que llegó,
hasta que intervino su hermano Olman para decir a sus padres : -Déjenlo que vaya para que se haga
hombre-. Otra cosa que tenía una forma
mágica con relación a las fogatas y era muy perseguido para arrojarlas en ellas
para escuchar el sonido que producían cuando estallaban, eran unas botellitas
que proveían del patio de los Retana, restos de las inyecciones que alguien desechaba.
La famosa ceniza que arrojó el volcán Irazú a principio de
los años sesenta, era barrida y recogida por don Rafael para transportarla al
fondo del patio, al rincón o bajo las alineadas matas de café que había junto a
la cerca con los Retana. Al rato, eran
tarros llenos de ceniza los que se colocaban al final de una tabla calzada, y
desde un árbol o del techo del cuarto del piano vertical, caía un mocoso en la
parte posterior y volvía a llover ceniza para don Rafael. Todos se bañaban en ceniza.
Los huecos que hacía don Rafael para luego enterrar basura,
producían una algarabía durante días, pues se aprovechaban para hacer casas con
solo taparlos con latas, se hacía túneles pequeños para acomodar carritos, se
hacía un barreal con el agua que brotaba no más llegar a medio metro de
profundidad y, ante todo, la tierra suelta era la piscina más sabrosa para
revolcarse durante horas de horas. Si
el hueco era junto a las ramas de algún árbol como el que se hizo junto al
sauce, el vacilón era subir al árbol, tirarse desde la rama a la montaña de
tierra y resbalar por el costado para volver a hacer fila junto al árbol para
repetir.
Algunos árboles iban adquiriendo significados especiales,
como el poró en el que Gerardo vio un quetzal enorme, el poró al que subió una
vez Tony Retana y lanzó juguetes para todos, el cas, tan alto que se podía ver
las torres de la iglesia La Soledad, maravillosa escalera para alcanzar el
techo del Banco y experimentar el miedo a que un guarda disparara, el mango
magnífico cuyas ramas crecían tan alto que no se podía llegar al cucurucho (y
esto era un gran reto para los pequeñines, pues los mayores decían que se podía
ver la rueda de Chicago de Plaza Víquez) , el sauco nudoso y retorcido que
abría una sombrilla con su follaje, los demás frutales, en los que cada
chiquillo consumía cualquier cantidad de naranjas, nísperos, mangos, cases,
casitos y hasta café maduro pese a que como consecuencia los hacía cagar rojo
al día siguiente.
Muchos años después, cuando Gerardo salía a caminar con
Sonia por las calles de la zona norte de Tibás; es decir, en Santo Domingo,
Barrio el Socorro, San Miguel y hasta San Luis, se definió que esos poró que
había en el patio de los Quesada eran de los de cuchillito rojo. Eso es relevante, porque hay otras
variedades. Además, recordaron que con
los cuchillitos de jugaba de árabe, como si fueran dagas y espadas curveadas, y
se podía hacer un platillo cocinándolos con huevo, como los barbudos de
vainicas. Las semillitas de ese árbol
son unos frijoles rojinegros, duros y que “dan suerte”, hediondos al quemarse.
Cuando caía la lluvia, se buscaba algún sitio protegido por
la inclinación de las gotas para no abandonar el patio y persistir en el deseo
de reanudar el juego. Era una espera
amena pero tensa, y siempre había que salir corriendo cuando cambiaba la
dirección del viento. Cuando se formaba
un lago al fondo del patio, los chiquillos del barrio se metían a bañarse,
incluidos los sobrinos Jenaro, Rafa, Carlos, Eduardo, Marco, que se iban integrando
al equipo.
Después de esas lluvias, los tejados y ramas de los árboles
se llenaban de zonchos, yigüirros y vuidas que metían tremendo bullicio.
En los años sesenta, don Rafael le regaló a Miguel un perro
medio pastor y medio saguate, llamado Top, que duró poco pues un día se escapó
para la calle y nunca regresó. Los
niños menores creían ver al amigo en algunos perros callejeros que se
encontraban y no se quedaban sin llamarlos con la esperanza de ver una respuesta. ¿Quiénes
no recuerdan al Top de Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el África
Austral o de La Isla Misteriosa, de Verne?.
También la Tía Rosa trajo en los setenta, un collie llamado Arauco,
noble animal que llevaba el mismo nombre de otro legendario que tuvieron en
Sabanilla en los años cincuenta obsequio de Arturo Mayorga Matus a su hermana
Consuelo. Otros perros que tuvieron,
fueron: Danubio y Denger en Sabanilla y
en La Dolorosa, Dixie, gatero color pardo, este último, con el rabo enroscado
del cual recuerdan los juegos que hacían con él. Tapaban todos los huecos que comunicaban el patio con otros
patios o madrigueras bajo el piso y conseguían conejos, gatos y los arrojaban
al patio para ver al perrillo en pos de ellos.
Los niños corrían tras la presa y el perseguidor tirándole piedras,
naranjas, cases, palos hasta que quedaban agotados. Con el tiempo, Dixie cambió de carácter y se puso rabioso, tanto
que una vez lo llevaron a perder porque había mordido a la directora de la
Escuela García Flamenco. Muchos años
después, don Rafael y Luis andaban de paseo por el puente de Los Incurables y
encontraron al perrito, con nuevos dueños;
fueron reconocidos por el animalito que se acercó a saludarlos con su
viejo carácter infantil.
La familia de don Oscar Saborío tenía una perra furiosa, que
los muchachos pedían a coro allá por los años sesenta para que la sacaran a la
calle y correr como locos para evitar una mordida. Cuando la perra salía, todos corrían a subirse en carros y verjas
de las casas, toreando al animal por toda la calle.
Objetos que la tierra abortaba eran tesoros, como el cañón
de rifle de chispa que apareció cerca del palo de cas, la punta de flecha como
de hueso que se encontró junto al árbol de naranja injertado y la vasijita de
barro, pequeño florero como del tamaño de un vaso que apareció en un hueco al
centro del patio. También había por ahí
una barra de transmisión que usaban para horadar una y otra vez el suelo, con
saña, como queriendo castigar la tierra al punzarla. Otros tesoros eran los pedacitos de trastos de loza o porcelana,
pues esa china era dinero puro y entonces recorrían todo el patio para juntar
los pedacitos y llenar las bolsas de los pantalones hasta romperlas. Gerardo se moría de envidia cuando alguien
encontraba algún pedacito de china con flores o diseños de colores, pues se
consideraba como algo de más valor. Más
de un plato o taza en buen estado fue víctima de esa ambición por el dinero
fácil.
Del cielo también se guardan algunos recuerdos, pues además
de la lluvia que todos disfrutaron en forma indolente, veían pasar bandadas de
pericos y otras aves de las cuales se desconocía el rumbo; eso era suficiente para ver algo mágico en
esos desplazamientos. Además, algunas
veces pasaban avionetas tirando miles de papelitos, similares a media página,
los cuales apreciaban como confeti que salía de un costado del aparato, y luego
eran esperados con ansiedad, para luego correr por todo el patio para
juntarlos. Perseguían hasta los que
caían en los ramajes de los árboles y los de los techos aledaños, esperanzados
en que en alguno hubiera un mensaje premiado.
La pared del Banco era misteriosa: tenía un riel donde Luis
hacía piruetas a gran altura. Había grietas en las que Gerardo decía que había
un reloj, se podía hacer emplastes de moco de caballo en las partes lisas,
rebotar bolas de todo tamaño, se podía escalar por sus agujeros, ver unos
maravillosos mosaicos que había dentro del edificio que fue construido por
Chico Piedra, hermano de don Ricardo Jiménez, para almacenar piedra extraída de
sus tajos. Y una vez ahí salió el
diablo, cuando los menores comenzaron a llamarlo desde “el cementillo” y aruñó
las latas en forma estridente, por eso Gerardo dibujó en la pared una calavera. Muchos años después, en 1975, al derrumbar
la casa y convertir la propiedad en un parqueo, se jugó frontón contra la
altísima pared.
Al final, la pared del Banco hacía una esquina que llamaban
“el rincón, donde uno podía camuflarse entre la vegetación compuesta por
arbustos de sauco, café, níspero y chayoteras.
En ese rincón se escondían fácilmente durante los juegos de escondido,
de guerra, emboscadas de vaqueros e indios, hablar cosas secretas, fumar
bejuquillos de chayotera y Alejandro Verzola y Roxana Villalobos, José Quesada
y Merceditas Retana se dieron los primeros besos incitados por los demás.
La torre de La Dolorosa era un objeto corriente en el
paisaje y por sus ventanas se escuchaban los gritos de los Verzola cuando se
salían para correr por el techo del templo cuando les tocaba tocar las campanas.
Con el barro de olla nunca pudieron hacer una obra de arte,
pero las pelotas para hacer guerra eran perfectas y dolía mucho cuando a uno se
lo pegaban, máxime que no se podía evitar que se incorporara a la masa alguna
lágrima de San Pedro. Últimamente
habían convenido no lanzárselas, sino que preparaban un puño de ellas y a eso
de las seis de la tarde, las tiraban para arriba “para llamar murciélagos”... y
venían.
Un juego misterioso y que cuesta explicar pues sólo en su
interior encuentra el aspecto razonable, era jugar de Luis ; entonces había que ver la pelea para definir
quién asumía el rol, los demás tenían
que contentarse con ser Muñeco Vincenzi, Tortuga Valerio, Miguel, algún Retana,
Machota Villalobos,... pero nadie quería ser el Gordo Durán. El que era Luis hacía de Jefe y tenía que
inventar todo tipo de malabares en los árboles, especie de seguido, pruebas de
habilidad, persecuciones, etc, pues ese papel exigía al actor demostrar que no
sería superado por ninguno.
A Luis le encantaba que Gerardo se pusiera las bototas que
él usaba, y a veces lo acomodaba en su escritorio verde con las botas
ensartadas en las rodillas, encaramadas, lo que causaba mucha risa por el
aspecto de enano de circo que adquiría.
Otros aspectos de Luis que admiraban eran el orden meticuloso en sus
pertenencias, sus pijamas, sus cuadernos, las colonias que él, Rafa y Paco
usaban : 4711, HabitRouge,
IceBleu, SkinBraser, BaronDandy y su bicicleta verde de carreras que a veces
dejaba usarla en el patio, para lo que había que meter el pie por debajo de la
barra y así llegar a los pedales. Pero
el detalle más tierno y admirable, era que en la noche, cuando ya se iba a
acostar, estando todo oscuro y después de revisar toda la casa, se acercaba a
las camas de los menores y les persignaba y daba un beso sus frentes.
Cuando los adolescentes hacían campamentos o llegaban al
patio a jugar, pues les había dado por subirse a los techos, posiblemente a
fumar a escondidas o a mirar hacia las casas de la manzana, o andaban por las
calles de la vecindad jugando futbolín, los chiquillos se sentaban a cierta
distancia para mirar su comportamiento y luego imitar las poses de
algunos. En los campamentos era muy
esperada la llegada de los Retana, porque traían rifles de copas y balines, y
mientras llegaba la noche planeaban los turnos de vigilancia y encendían una
fogata. Toñillo Espinoza era tremendo y
metía mucho desorden en los acomodos que hacían dentro de las tiendas, las
cuales eran armadas colgando cobijas gruesas de las ramas de algunos árboles de
limón y níspero.
Entre los niños había un código de honor para no pelear,
decir palabrotas o irrespetar a las mujercitas que jugaban los mismos juegos,
así es como Elsa, Elenita, Virginia, Roxana, Merceditas, Rosita, Yolanda,
Giselle, Laurita, Gina y Polla, formaron parte de los grupos de juego en esa
época. Pero el traslape que se daba
entre ellos y los adolescentes cuando el juego o el espacio los hacían
coincidir, hacía que se aprendieran muchos de los chistes pasados de tono que
corrían como reguero de pólvora entre las inocentes cabecitas. Gerardo no olvida una conversación que tuvo
con Orlandillo Villalobos y Fernandillo Rodríguez, ambos mayores que él, pero
de los menores de la barra adolescente.
Estaban encaramados en el palo de limón y Orlandillo se mandó un chile
pasado de tono que Gerardo no rió porque no entendió, Orlandillo preguntó
porqué no le había hecho gracia y Fernandillo, algo mayor y siempre de buen
trato para los niños, explicó que se debía a la inocencia, lo que causó un poco
de turbación en el chiquillo que menos entendía de esos términos.
Y es que esa inocencia era algo que obedecía a la forma de
educar que tuvieron los padres de los Quesada, pues para nadie es un secreto
que don Rafael, pasaba casi medio año lijando, pintando y armando dos troles y
un triciclo que todos los años les traía el Niño a los chiquillos,... y ninguno
chistó por la repetición del regalo.
¡Siempre eran nuevos y recibidos con alegría !
Con Tony Retana ocurrió algo una vez al regreso de uno de
sus viajes, se había regado la bola de que si se golpeaba duro la cabeza podía
volverse loco y ya una vez se había cortado un pedazo de lengua al bajar del
cas; eso fue suficiente para que lo
persiguieran los chiquillos lanzándole piedras a ver quien se lo apeaba en la
jupa para confirmar los rumores. Miguel
tuvo que hacer una prohibición expresa para que abandonáramos la lluvia de
ataques contra el loco Tony. Los Retana
tenían una prima que los niños deseaban fuera conquistada por Miguel, pero
Inesita no venía al patio a jugar con nadie.
También tenían tíos, entre ellos, uno que era la admiración de los
chiquillos, porque era altísimo, bromista, tenía pistola y una vez mató un
chancho de un balazo. Apenas salía al
patio de ellos hacía el canto de un gallo y la chiquillada del patio de los
Quesada corría hacia la cerca para asomarse entre las amapolas a ver al
viejote, para quien no pasaban inadvertidos.
Su nombre era Mario Retana.
Había tres tipos de trompos para jugar en forma solitaria o
colectiva : trompos metálicos,
extraídos de los motorcitos de carritos, que bailaban muy sabrosamente sobre el
pulido mosaico del hall ; los de lata, artefactos sonoros y multicolores
con un pie de hule y como del tamaño de una toronja, a los que se daba cuerda
extrayendo una agarradera colocada sobre una varilla tipo tornillo ; y los trompos de madera.
Si se jugaba trompos de madera no les gustaba someter el
trompo a los mecos y golpes del trompo rival, entonces, había que ver los
pasarrayas que zumbaban por todo el terreno de junto a la casa. Había pasarrayas y sapitas negras para tirar
y tirar hasta hacerse ampollas con el roce del manila. Don Rafael traía los trompos y el manila lo
compraban en La Flor, en la esquina de la Porfirio Brenes. También se lucía bailando el trompo desde
el piso hasta el techo del cuarto del piano; todos quedaban extasiados
escuchándolo ronronear y surcar los canales del zinc hasta que se asomaba y
caía... en la mano de su dueño, bailando.
A veces el centro de juegos se trasladaba a algún lugar de
la vecindad, como el patio de los Verzola, principalmente el patio privado de
las casas de alquiler, donde había piletas de lavado de ropa comunitarias y se
escuchaba el rumor de los habitantes de ese montón de casas: los Mestayer (los
Cocoros), los Chichos, los Flores, los Espinoza, pero había poco qué hacer en
ese lugar. También era muy estimulante
entrar al taller de los Carvajal, para jugar con las colchonetas de espuma que
se usaban para relleno del tapiz de los muebles, con aserrín y para ver las
láminas y el polvo de oro que usaban para decorar los bordes del tallado de la
madera. A la casa de los Carvajal y a
la de los Villalobos se iba a ver televisión, bañado, callado y quieto. Un lugar que ofrecía escaso interés era el
play de La Dolorosa porque se chocaba con niños muy malcriados y había que hacer
filas de espera para usar el tobogán o las hamacas. Sin embargo, ahí nacieron algunas amistades con los Láscares,
Vander-Hans y Gino Morelli y podíamos ver las carcachas amarillo con negro de
RadioTaxi, que tenía el garage al fondo del play.
La calle era utilizada muy de vez en cuando para alguna
mejenga, pleitos de barras, ir a tocar timbres, atemorizarse viendo los carros
fúnebres con caballos percherones o correr detrás de los carretores de caballo
para colgarse de un triángulo metálico que tenían en la parte trasera.
Otro juego era el que les había enseñado el tío Arturo
Mayorga, que consistía en trastrocar algunas letras del alfabeto y con ello
hablar en el idioma Malespín. Cambiar la a por la e y viceversa, la i por la o,
la t por b, m por p, etc, de tal manera que Gerardo Quesada Mayorga se dice
Farerdi Quasede Peyirfe. Con mucho ensayo, resulta grandioso escuchar a los
niños hablando en malespín.
GERARDO ENRIQUE QUESADA MAYORGA.
CLUBES DE LOS QUESADA
MAYORGA
SYGMAR :
Sygmar fue un club de tipo social pues se fundó para
coordinar los paseos y bailes de los jóvenes a mediados de los cincuenta. Hermelinda, Rafael, Francisco y Luis eran
miembros, junto con Alfredo Bolaños, quien llegó a ser abogado y juez,
magistrado suplente, Rigoberto Salas, quien más adelante llegaría a ser
presidente de Siprocimeca, Mercedes Solórzano quien llegaría a ser Procuradora
General de la República, Héctor Romero, Marvin Romero quien luego sería actor
de cine, Diony Romero, Yalile Romero, Maggi Thompson, Luis Rodríguez quien
anduvo como funcionario del A.I.D., Flor Mora. También estaban los Rojas:
Carlos Luis Rojas, su hermana Lais y Vérnor.
El padre Vérnor es el párroco de la Dolorosa desde los años
noventa y por cierto, hace algunas publicaciones muy valiosas como “Nuestra
Iglesia”, revista trimestral de los Frailes Dominicos y publicó un libro:
“Costa Rica en 1751” de mucho valor histórico; un “Estudio sobre la Provincia Dominicana
de San Vicente de Ferrer de chiapas y Guatemala, escribe para el Anuario
Dominicano del Instituto Histórico Dominicano de San Esteban, para los
Cuadernos para la Historia de la Evangelización en América Latina, etc.
Los integrantes del Sygmar rotaban las diferentes casas de
los miembros para hacer las reuniones.
Todos recuerdan cómo en el hall de los Quesada se bailaba
una y otra vez el disco de merengues de Damirón, Mambos y los Cha-cha-chá más
sonados del momento. Gerardo y Jose
recuerdan que a veces esos sones no los dejaban conciliar el sueño, pues
dormían en “la barraca de los vagos”, cuarto doble contiguo al hall.
Igualmente, recuerdan haber tirado más de una vez algún
objeto al suelo para agacharse a recogerlo y de paso mirar hacia las piernas de
las jóvenes, que usaban vestidos fruncidos al talle y con vuelos en la falda.
CAPITOLIO :
Luis fundó otro
club, con sede en los altos de una mueblería que había frente al cine
Capitolio, en calle central, avenidas catorce y dieciséis. Asistían los primos Simón Enrique y Eduardo
Reyes Mayorga, Maggi Thompson Lara, Caleri, Byron el del Anglo, Carlos Esquivol
y otros.
Se reunían los sábados por la tarde a jugar ping-pong,
tablero, dominó, monópoli, bailaban, se echaban pulsos y organizaban paseos a
Ojo de Agua y otros lados.
RANGERS :
Yamileth, María Consuelo y Miguel Ángel, pertenecieron al
Rangers, club deportivo que nació como ligas menores del club de futbol BAL-DO
CLUB (Barrio la Dolorosa). También
asistían Machi Villalobos, Toñillo Espinoza, el Gordo Ronald Durán Gaitán,
quienes eran entrenados por el Lic. Efraín Villalobos, el tata del Macho.
Tenían un uniforme anaranjado con adornos blancos. Todos recuerdan una vez en que fueron a un
paseo a Villa Colón y alguien se subió a un árbol muy alto. Había que ver la congoja del muchachillo
tratando de bajar del enorme arbolote.
Tuvo que llegar Luis a idear un camino arriesgado pero de fácil
tránsito, mediante el acercamiento de una rama de otro árbol cercano para
ayudarlo a descender por él.
Además de los clubes, los Quesada organizaron orquestas y
conjuntos musicales como, por ejemplo :
Rafael Arturo y Carlos Francisco, a principios de los
cincuenta, hicieron una orquesta con la que amenizaban bailes de
graduación. Don Rafael era el que les
hacía los arreglos musicales a los jóvenes músicos.
Más adelante, Francisco integró un trío con “Arrugas” y
Carazo. También se integró Efraín
Guindos y el cantante era Antonio Incera.
Los mayores, Rafael Arturo y Carlos Francisco fueron muy
allegados a la La Dolorosa, mientras que Yamileth de los Ángeles y María
Consuelo integraron el coro de la iglesia.
Por cierto, ahí conoció María Consuelo a Wilfried Jafet Mora Mora, con
quien tuvo un prolongado noviazgo.
DEVOTA TRAVESÍA
Al leer esta crónica se podría pensar que los Quesada
Mayorga eran santos, pero la verdad es muy otra, fueron dotados de principios
fundamentales que les costaba mucho quebrantar ... pero se daban algunas
fisuras en el sistema.
La víspera de un 2 de agosto de la segunda mitad de la
década de los cincuenta, Luis Felipe reunió en la casa a Carlos Pacheco,
Afranio Valerio, Eugenio Ortega Vincenzi y otros amigos de secundaria, con la
finalidad de salir de romería hacia La Puebla de los Pardos, de Cartago.
Cualquiera se podría imaginar que doña Consuelo se
encontraba de un humor excelente, que iba y venía con tacitas de chocolate para
los romeros y que se deshacía en consejos para que el aspecto espiritual fuera
el eje de toda la travesía, que pensaba que quien más necesitaba efluvios
espirituales era su propio hijo Luis, y que por ello trataba de influir en el
resultado que se podía obtener de este viaje.
Ella sabía que las apariciones eran una técnica de los Jesuitas para difundir
la veneración a la Virgencita y que por ello en todo el mundo existen
apariciones de imágenes de vírgenes negras, pero ello no obstaba para que fuera
una fiel devota y creyente de los beneficios de las romerías y promesas que
hacen los fieles.
El plan de viaje iba de maravilla hasta que apareció el
hermano de Fernando Roldán, quien era apodado TaticaDios, Papá y quién sabe qué
otros más. Estaban todos esperando el
momento de marcharse, cuando Papá le dijo a Luis delante de doña Consuelo y los
muchachos : -Luisito, ¿dónde
tienen el agua bendita ? -y volviéndose hacia doña Consuelo, insistió en
su delación- Doña Consuelo, regístrelos al salir.
Doña Consuelo pudo pensar que la broma del agua bendita era
una mofa para hacerlos quedar como santulones, pero una vez que se le dijo que
los registrara, se puso alerta, y mostrando su recelo, retardó su hora de
acostarse hasta ver partir a los muchachos.
Pasaba el tiempo y el grupo no partía. En un descuido de doña Consuelo, Luis, que
era el encargado de las “provisiones”, entró al cuarto de Rafael Arturo, quien
se despertó, y tomó el paquete que había debajo de la cama para meterlo en la
casa contigua, propiedad de la tía Rosa.
El primo Alfredo le entregó una llave para que sacara las “provisiones”
en cuanto quisiera.
Esa maniobra permitió que el grupo iniciara la marcha y doña
Consuelo los despidió, encomendándolos a Dios, desde la puerta de la casa. Ellos marcharon hasta la esquina oeste,
doblaron a la derecha, y al pasar frente a la Dolorosa, se internaron en la
callecilla norte del Play. Doblaron al
sur y al amparo de la malla del play, observaron el momento en que doña
Consuelo cerró la puerta para irse a acostar.
En ese momento, Luis corrió hacia la casa de tía Rosa, abrió y sacó las “provisiones” y alcanzó al
grupo y se inició la devota romería.
Esas “provisiones”
no eran otra cosa que un garrafón de vidrio color ámbar, lleno hasta el
tope de guaro de contrabando conseguido por Luis en una saca de Sabanilla,
mezclado con relleno de copetines Gallito y otros productos etílicos destilados.
Como el garrafón era pesado, cada miembro del grupo tenia
que cargarlo, de poste a poste, momento en el que cada uno se embrocaba la
panzona para dosificar el contenido en forma proporcional.
Era tanta la sed, que en Tres Ríos hubo que recargar la
panzona con nuevos elíxires.
Nadie sabe cómo terminó la devota travesía, pero ese es el
inicio, no hay que hacer mucho esfuerzo para imaginar el desastroso final de la
cruzada.
EL DESFILADERO MORTAL
1960-1965
Para ingresar al selecto grupo de amigos del patio de los
Quesada había que hacer frente a un proceso de prueba de habilidades, amor al
honor y demostración de sangre fría.
Una de las pruebas preferidas era “el desfiladero mortal” la
cual consistía en arriesgar la vida escalando a lo largo de una pared que se
erguía sobre un profundo y oscuro precipicio.
Se llegaba al desfiladero mortal apoyándose en el tronco de
un árbol de sauco que crecía a la orilla del precipicio. El árbol era de gran altura, con el tronco
retorcido y siempre estaba lleno de flores blancas muy perseguidas para hacer
infusiones.
A partir de ahí, había que escalar poco a poco, apoyando los
pies en pequeñas salientes del farallón e introduciendo los dedos en pequeños
orificios practicados por la erosión al desprender piedrecillas.
Se llegaba al temido “paso del terror”, en un sitio en el
que las salientes para agarrarse eran más pequeñas y distantes y en el que
había que hacer un esfuerzo enorme para guindar el cuerpo de manera tal que se
pudiera pasar el pie izquierdo a la posición en que se encontraba el derecho ,
y así avanzar hacia el siguiente descanso, de lo contrario, se caía en las
fauces del averno.
Luego se llegaba a una grieta en la cual había huecos más
grandes, como para nidos de pájaro, en la cual había barrotes metálicos de los
cuales poder asirse con más seguridad, así como cavidades más profundas para
las puntas del pie.
A partir de esta grieta el terreno era nivelado, y se podía
avanzar rápidamente, por debajo de una enorme saliente llamada El Riel de Luis.
Después, se llegaba a una esquina en ángulo de cuarenta y
cinco grados, y el terreno se hacía más liviano porque el farallón presentaba
una saliente permanente apta para asirse de ella a lo largo de este
trecho. Igualmente para los pies, había
sitios de fácil y seguro apoyo. Se
podía observar extrañas inscripciones en las formas rectangulares que había en
la pared.
Finalmente se llegaba a un terreno más frágil pero de fácil
tránsito, pues había alambres de púas, cepas de amapola, arbustos de jocote y
árboles de poró que proveían apoyo al aventurero. Ese tramo cubría una gran extensión que bordeaba el límite sur
del abismo, hasta llegar a donde se podía abandonar la prueba, momento en el
que el grupo decidía si aceptaba al postulante.
GERARDO ENRIQUE QUESADA MAYORGA.
COMBATE
1965-66
Al lado oeste del gran patio, erguidos, con fieras miradas
se encontraban Ito, Róger y su indiscutible jefe y líder : Gerardo, y al
oeste, fieros también, sus enemigos : Quique, Narciso y José. Los seis conocían al dedillo las
reglas del juego : 1) contar
hasta tres para, al unísono, parapetarse,
2) no se puede matar ningún contrario a menos de cinco pasos, 3) el que muere, debe alejarse, siempre
escondido, a una distancia considerable del lugar de su muerte para salir y así
no revelar el escondite del agresor, 4)
quien muera ha de sentarse, callado, luego de anunciar fuertemente “me
mataron”, arrecostado a las latas de la pared exterior de la cocina.
¡1,2,3.. !. Y
un cruento episodio épico, lleno de realismo y emoción se inicia. Saber que Gerardo se encuentra en bando
contrario es motivo de alta preocupación : la astucia, decisión, arrojo e inteligencia de este general
amedrentaba a cualquier ejército. Pero
había que enfrentarlo... ¡y vencerlo !. Muy pocas veces se logró este fin : su increíble pericia rayaba lo inverosímil : ¿cómo lograba subir al sauco sin ser visto ?,
¿cómo atravesaba del cas a “la vueltilla” sin que el enemigo lo
avistara ?. Son interrogantes aún
sin respuesta, y que a la postre, le brindaban la gran mayoría de las
ocasiones, la satisfacción de ganar la guerra.
Largos minutos arrastrándose apoyados en los codos en busca
del enemigo, el terror a ser visto y espiado sin saberlo tras un tronco, árbol
grueso o simple matorral ; la
satisfacción de acabar con alguien del bando contrario, y más aún, la de ganar
la batalla, eran emociones altamente tonificantes, y llenaban de orgullo por el
respeto que acreditaban.
En otras ocasiones todos estábamos bajo la misma bandera,
combatiendo enemigos invisibles, la verdadera batalla consistía en las
reparticiones de los nombres de guerra :
Sanders, Caje, Kerby, LitleJohn, Nelson, Doc, todos los de la serie de
televisión “Combate”. Los nombres más
apetecidos eran los tres primeros, recayendo siempre en Gerardo, Narciso y
José, no siempre en este orden.
Repetíamos lo visto en T.V. o invenciones espontáneas llenas de emoción
invadían el patio de los Quesada :
lugar de privilegio en el Barrio La Dolorosa.
JOSÉ ALBERTO QUESADA MAYORGA.
Índice
Capítulo 5.
CONSUELO Y RAFAEL

Rafael Quesada Quesada, maestro de música de la Escuela Juan
Rudín, dedicó su vida a tolerar a las personas, a dar lo mejor de sí para la
fundación y consolidación de su hogar y a cumplir su trabajo docente como
nadie, por lo que acumuló 20 años con calificación de Excelente hasta escalar a
la primera categoría.
Dominaba el piano admirablemente y su esposa María Consuelo
Mayorga Matus obsequió a sus diez hijos, muchos años después de la muerte del
padre, un casete con once piezas ejecutadas por don Rafael, sin un solo error
de ritmo o de tecleo. Esa grabación la
hizo Yamileth con Ángel Boniche Boniche a finales de los sesenta.
Sin embargo, el primer instrumento que dominó fue la
guitarra. Cuentan que un tío suyo tenía
una, pero no se la prestaba. Una vez que el tío hizo un viaje a Puntarenas,
dejó la guitarra al cuidado de doña Hermelinda Quesada Quesada, y en esa
semana, el niño pudo tener contacto con el instrumento. Cuando el tío regresó, se sorprendió y
preguntó cómo aprendía tan fácilmente.
Ya de doce años, los señores Repeto y LeFranc, reputados
maestros europeos que le dieron clases, recomendaron enviarlo a Francia, pues
ya no le podían enseñar nada, el alumno había superado al maestro, pero doña
Hermelinda expresó : -Antes de que
llegue a Limón estaré muerta.
Consiguió trabajo en la Librería Lehmann para poder tener
acceso a la compra de partituras musicales para piano y así auto instruirse,
pero finalmente tuvo una decepción, porque un día, en la hora de almuerzo, al
patear un balón rompió un vidrio del frente del edificio, por lo que su salario
se vio muy afectado mientras pagaba la reposición del ventanal.
Voluntariamente se presentó ante don Antonio Lehmann para
reportar el hecho y accedió a que se le rebajara del sueldo el valor del
vidrio.
Además, su tenacidad lo llevó a aprender la mecánica del
instrumento de una manera admirable, por lo que podía reparar y afinar pianos
en forma competente, inclusive, fabricando martinetes y otras piezas que
costaba conseguir en el mercado
Esa habilidad mecánica era manifiesta en otros menesteres,
como la reparación de los troles y la fabricación de juguetes como trencitos de
tuquitos. Los hijos mayores recuerdan
cuando solucionaba el problema de que les crecieran los pies y les maltrataran
los zapatos, pues cortaba el cuero de la punta y los dedillos dejaban de sufrir
pues sus zapatos se convertían en cariocas.
Y es que esa habilidad práctica para las cosas provenía de su actitud
práctica ante la vida, un carácter especial para enfrentar contratiempos que
muy bien se puede apreciar con la lectura de unos episodios que escribió Luis
Felipe, sobre Mi Personaje Inolvidable.
Esa personalidad, reforzada por su amabilidad y honradez,
crearon una reputación que no conocía fronteras y sus hijos son los principales
testigos, pues ellos pueden contar el montón de ocasiones en que vieron un
cambio de trato hacia ellos o la apertura de puertas en el instante en que las
personas se enteraban de que eran hijos de don Rafael.
Paz, respeto y amistad entrañable eran sensaciones que
cualquiera sentía junto a don Rafael, por eso era buscado por todo tipo de
personas en demanda de pequeñeses que solo él podía atender con paciencia
suprema. Se le veía buscar entre sus
folders y folletos de partituras alguna hojita que le había pedido una monjita
o haciendo largas copias musicales en pentagramas que él mismo trazaba, pues
alguien quería una pieza para estudiarla.
No se le veía cobrar por esos favores ni por otros de mayor
envergadura ; lo único que le
permitía ganarse un cinquito era amenizar las asambleas escolares, pues se
tenía que hacer acompañar de otros colegas a manera de orquesta de cámara,
entre ellos don Edgar Molina con su saxofón, Bernardo Ortega con su fagot,
.....
Además de su bondad, tuvo otros aliados para desempeñar su
labor educativa en las Artes Musicales, como lo fueron el piano, instrumento
que conocía hasta en sus más pequeños intersticios y doña ReMiFá, pequeña
reglita de bambú y luego batuta de cristóbal con la que no sólo llevaba el
compás sino que también utilizaba para marcar el ritmo como medida
disciplinaria en las cabecitas de los alumnos que distorsionaban el orden.
Del diario de Gerardo, en febrero de 1984 podemos extraer
algunas expresiones sobre don Rafael, en de frases sencillas y cargadas de
emotividad :
Miércoles 22: hoy, dado que Mónica pasó mal noche donde los
abuelos, no vamos a ir al Parque del Este, en San Rafael de Montes de Oca,
lugar que para mí significa mucho porque ahí íbamos a veranear todos con Papá.
¡Qué bonito sería poder ser una repetición de como fue Papá
como padre !. Yo sé que la mayoría de las personas dicen “cómo fue mi
papá”, todos alaban a su padre, todos reconocen en su padre a alguien muy
bueno, muy especial, etc. ; pero
en mi caso lo confirma la opinión general de las personas que lo conocieron,
que fueron sus alumnos, compañeros, los padres de familia, etc., que no pueden ser más convincentes. Cuando hablan de él es como si acariciaran
algo muy pequeño que guardo dentro de mí, me llegan muy hondo y acepto esas
palabras como verdades que con mi propia experiencia no puedo negar porque viví
junto a él y sé de qué fue capaz.
Siempre suave, sobrellevando a escondidas todos sus problemas y siempre
pendiente de los de los demás.
Constantemente recurro a su recuerdo, él es mi guía, se encuentra dentro
de mí y a mi alrededor y a la vez tan lejos, que por más que lo imite no lo
alcanzo. Me identifico con él cuando
tomo un libro viejo como “La educación del Ciudadano Completo”, “Historia
Natural de Reimbach”, y muchos otros más que posiblemente contribuyeron a su
formación.
“No, que no descanse en paz. Que no descanse en paz, su cuerpo ya mineral feraz, flor de la
tierra. Que no descanse en paz su voz ahora
inefable, aquella exhuberante voz de mariposa que libaba mieles y dolores y
sonaba tan como suena la verdad, tan como saben la vida, las auroras, las
corrientes de agua. Que no descanse en
paz su eterno, suave grito, su cariñoso, humano, entero corazón... Que descanse
en nosotros (Fabián Dobles).”
17 junio 1984.
La música que me acompaña mientras escribo estas letras es
nada menos que la que tocó Papi en el piano de Yamileth y que ésta grabó hará
unos 12 años, en la sala de estudio de la casa 36-E del Barrio la Dolorosa.
A propósito del Día del Padre “y para que sea como una
oración por él”, nos lo puso Mami a
todos (menos Federico, que no llegó) para motivar la reunión de socios de
Inverque, S.A., y para obsequiarnos uno a cada uno.
¡Qué conmoción causó esa música entre nosotros !. A los primeros acordes lo reconocí y ya no
fue posible que me dejaran de salir lágrimas hasta el final de las 12 piezas
(más o menos). Lo mismo Paco, que
corrió a abrazarse a Mami y Jose, que quedó llorando bastante rato
después. Todos lloramos, recordando
aquel hombre tan dulce y centrado, suave con todos y aferrado al trabajo,
decente, bueno. El próximo 24 se
cumplen 10 años de su muerte.
Una noche de 1972 Yami y Angel Boniche se encerraron a
grabar a Papi en la grabadora de Linda y gracias a Dios ahora podemos imaginar
hombrecillos vestidos de negro, con zapatos brillantes, chaleco y reloj de
cadena, bastón, bigotes y patillas, y por sombrero una tártara, junto a mujeres
de trajes bolados, hasta el piso, sombreros adornados por encajes y plumas, y
acompañadas de pequeñas e inútiles (de tela) sombrillas, paseándose por las
aceras de calles empedradas, o transitando sentados cómodamente en el asiento
trasero de una volanta con farol y percherón, que son las imágenes que evoca
nuestra mente inmediatamente... y también a él, posiblemente con pantalón
oscuro y camisa blanca, de mangas arrolladas, con antebrazos cubiertos de
recargadas venas, que finalizaron en manos proporcionadas, fuertes y delicadas,
aptas para volar pala como para deslizarse por el teclado, con la misma
destreza y precisión que un campesino y un ciudadano, con sus lentes de aros
gruesos y oscuros, y sus vidrios gruesos y transparentes que no pudieran
ocultar esa mirada franca, apasible, acogedora ; así como su pelo negro, largo, hacia atrás, cubriendo toda su
cabeza, cobijando su inteligencia y su bondad ; rematando todo por los muebles y cosas del hogar, conseguidos a
través de muchos años, años de trabajo honrado y noble en la Juan Rudín, años
de esfuerzo, años de entrega. “Caer sin
haber temblado vale tanto como vencer. Víctor Hugo.”.
Este día sentí que algo se derramó sobre nosotros, el amor,
una paz consoladora, él ; ahora lo
tendremos junto a cada uno, para gozarlo, para imitarlo, como juego y como
meta, lo cual indudablemente mejorará nuestras vidas personales. “Nuestra vida
no es solo nuestra, es también de los que nos aman. P.Muñoz Seca.”.
Sonita, Mónica y Raquel estuvieron, mientras la reunión del
parqueo, en el play de la Dolorosa y luego fuimos a Pizza Hut (costado del
Bancosta) a celebrar mi día. Luego a
casa.
En la tarde, mientras ellas fueron a San José con don Miguel
Guzmán a comprar lotería, escuché nuevamente el casete, lo mismo en la noche,
cuando la Negra me lo pidió, sorprendiéndonos Mónica, quien lloró durante todo
el tiempo que duró la música. ¡Y eso
que nació 2 años después de que Papi muriera ! ; pero en su corazoncito ha acumulado cariño hacia
ese gran recuerdo que tenemos y ya Papi ocupa un lugar en ella...
LA PACIENCIA Y COMPRENSIÓN
DE DON RAFAEL
1962
Era don Rafael amante padre y esposo y su gran afición era
pasar el mayor tiempo posible en su casa, con su familia. Asistido por estos sentimientos, soslayaba
inobjetablemente todo compromiso e invitación de carácter social y ya hacía
bastante tiempo, desde que se casara en 1936, que había, de forma amable,
cualidad que lo caracterizaba, pero categórica, hablado a sus amigos para
solicitarles que no tomaran más en cuenta para fiestas o serenatas o para
cualquier otro evento que lo alejara de su casa.
De esta manera se había despedido de su vida de soltero para
dedicarse, primero a su esposa y con el tiempo, a su hogar.
No hubo enojos ni resabios por parte de sus amigos, pero no
está por demás anotar que se retiraron y nunca más volvieron a buscarlo y a
tocarle la puerta, de no ser para algo realmente importante. Y toda vez que se dio de esta manera,
invariablemente los recibió con toda gentileza en su sala, brindándoles toda la
atención y amistad por el tiempo que fuera necesario. No perdía fácilmente la dulzura de su carácter y la ecuanimidad
ni su aplomo. Conservaba siempre el
dominio de su persona y era gentil y amable, teniendo siempre para todo el
mundo una sonrisa, que le sobraba por ahí.
Prueba de ello es la ocasión en que, como dijera Gardel,
cuando las nieves del tiempo habían blanqueado sus sienes, le solicitó a José,
el menor y último de sus hijos, con su habitual respeto y cortesía, le hiciera
el favor de ir a comprar pan para, como decía él, darse una cafeteada ; José, solícito, y siendo ya un adolescente,
salió en carrera para la panadería que se encontraba cuando mucho a cien metros
de la casa.
En tanto esperaba, don Rafael se había servido un humeante
café en el sitio que le correspondía en la enorme mesa de su comedor.
Esperó pacientemente y de sorbo en sorbo, se fue tomando la
bebida hasta acabarla, ... y el pan, llegó al fin, sólo que cuando había
adquirido la condición de añejo.
-¡Diay !, papi -se excusó José con su padre al
encontrarlo a su regreso- me quedé conversando con unos amigos ahí a la vuelta.
Efectivamente había sucedido así. El muchacho, al encontrarse a sus amigos, se había olvidado de la
encomienda.
Don Rafael entonces, con una sonrisa y sin el menor asomo de
disgusto, le replicó, con un tono de voz lleno de cariño :
-José, usted se fue a traer el pan cuando estaba apenas en
el kinder y regresó con él ya de bachiller.
Los tiempos que corrían cuando pronunció esta famosa e
inolvidable hipérbole, compañera de muchas otras que pronunciara a lo largo de
su vida, eran aquellos en los que ya no había cupo para otro hermano en el
cuarto grande.
LUIS FELIPE QUESADA MAYORGA.
¡CÓMO TRANSFERIR LA SABIDURÍA?
Cuenta Luis que la forma metafórica de decir cosas era algo
que hacía que don Rafael se ganara a las personas y al público, pues ese
recurso le permitía profundizar en el corazón del interlocutor sin causar
molestias de ninguna especie; la idea
era contar un cuento aleccionador que tuviera sentido ante la observación de
algún hecho, manía o error del mismo.
Luis había traído unos arbolitos de ciprés de Coronado, que
crecieron aceleradamente, por lo que su sombra comenzó a causar daño a los
otros arbolitos del patio; entonces don
Rafael le dijo que los cortara a la mitad y les pusiera un tarro en la cima
para que no se pudrieran y crecieran hacia los lados.
Una vez cortados, se sentaron sobre un tronco a observar los
trozos caídos y los trozos en pie, y don Rafael comentó: - Si no los hubieras traído de la montaña,
el cucurucho de ese ciprés estaría internado entre la niebla, momento en el que don Rafael inició una
fábula:
-“Una vez, la niebla y la vergüenza se encontraron el medio
del bosque y se saludaron:
-Hola, niebla.
Hola, vergüenza, tanto tiempo sin vernos.
Se sentaron entre la floresta y preguntó la niebla:
¿Qué hora será, vergüenza?.
Está pronto a amanecer, respondió la vergüenza. Me voy, viene mi enemigo, dijo la niebla,
hasta luego.
La vergüenza dijo: quédate.
No, ya viene el sol.
Cuándo nos volvemos a ver, dijo la vergüenza.
La niebla dijo: si
me buscás en el verano, hacelo al pie de las mesetas, pegada al césped; si lo
hacés en invierno, en los altos picos de las cordilleras. ¿Y yo, cómo hago para
buscarte a vos, vergüenza?.
La vergüenza se volvió, pálida y muy seria y dijo: Si hoy
me pierdes, ya nunca más me encontrarás.”
El relato salió a raíz de que las puntas del ciprés una vez
pudieron alcanzar la niebla si no hubieran sido trasladados desde la montaña al
barrio La Dolorosa, pero sirvió para aconsejar a Luis sobre la pérdida de la
vergüenza.
LA JUSTICIA DE DOÑA
CONSUELO
Allá por 1960, el
Niño les trajo a José Alberto y a Gerardo Enrique unas manillas y una bola de
beis, posiblemente por parte de alguno de sus hermanos mayores, y a primera
hora del 25 de diciembre corrieron a estrenar el equipo.
Ellos se imaginaban como grandes lanzadores haciendo curvas
y como grandes receptores atrapando cuanta bola se les aventaba. Se colocaron en el frente de la casa, Jose
en la cera del frente y Gerardo junto al poste.
La primera bola que lanzó Gerardo fue sobrada, por más que
Jose brincó y estiró su manilla, siguió volando rauda hasta hacer añicos el
vidrio de la casa de enfrente.
Ellos corrieron hacia dentro de la casa. Su mamá estaba doblada en la Singer,
cosiendo alguna prenda, y escuchó el relato de los niños sin dejar su
labor. No más habían terminado de
hacerle el comentario, sonó el timbre de la casa y tuvo que ir a abrir la
puerta nada menos que a la vecina de la casa de enfrente, quien venía a dar la
queja. Los niños se agarraban a las
faldas de la mamá, escuchando las quejas de la vecina, y escucharon también
cuando su madre ofreció esperar al esposo para tomar las medidas y comprar e
instalar el vidrio roto.
La vecina, extrañada de que los niños no estuvieran llorando
ni fueran regañados, preguntó cómo los iba a castigar por la fechoría, a lo que
doña Consuelo contestó que ellos le habían contado lo ocurrido y no veía culpa
de ellos en ese acto, para ella era accidental y había sido satisfecha con el
simple hecho de que corrieran a reportárselo en forma honesta.
GERARDO ENRIQUE QUESADA MAYORGA
RECUERDOS DE LOS ABUELOS
Querida abuelita Consuelo :
Sobre ti, abuelita Consuelo, hay muchos recuerdos presente
en mi memoria, que espero no se desvanezcan con el tiempo. Empezaré con los recuerdos de la “casa
vieja”, la casa de la Dolorosa.
Para aquellos días yo tenía tan solo tres años, recuerdo
vagamente algunas partes de la casa pero hay un recuerdo permanente en mi
memoria y es una famosa grada que había antes de llegar al comedor, la recuerdo
por los innumerables golpes que me llevé tratando de bajar o simplemente
bajándola, tal vez la grada no era grande pero para una niña de esa edad era
casi un precipicio.
El cuarto de música es lugar del que tengo gratos
recuerdos ; me veo sentada en un
montón de música en medio de los pocos primos que éramos en ese momento,
escuchando al abuelito enseñándonos la canción “El caballito”. Algo muy importante es que debemos tratar de
pasar esa canción a las generaciones de ahora porque ellos tuvieron la suerte o
más bien la dicha de conocer al abuelito Rafael, cariñosamente como nosotros le
llamábamos (de quien hablaré luego).
Lindo
Caballito
TENGO UN LINDO CABALLITO
QUE ME RAGALÓ PAPÁ.
YO LO QUIERO, YO LO ESTIMO
PARA MÍ NO HAY NADA IGUAL.
MI CABALLO ES DE CARRERA,
ES VELOZ Y SALTADOR
VOY CON ÉL POR
DONDE QUIERA
CAUSANDO ADMIRACIÓN.
Otro recuerdo que tengo de la casa vieja es el tobogán que
estaba cerca de un gran árbol, al cual, tío Gerard colocó un colchón para que
al tirarnos no dejáramos el tracerito en el hueco que había al terminar el
tobogán. Sé que al final del gran patio
había gallinas encerradas entre una malla o cedazo.
Lastimosamente al haber estado tan pequeña y tan poco tiempo
en la casa de la Dolorosa, mis recuerdos son pocos. Alguien a quien no olvido es al abuelito ; todavía lo veo como una fotografía en mi
mente, siempre vestido de pantalón negro, camisa blanca y sus anteojos de aro
negro, sonriente y muy cariñoso.
Todavía recuerdo cuando venía a nuestra casa a cuidarnos, ya que venía a
nuestra casa a cuidarnos porque papi tenía que ir de giras con el banco y
efectivamente eso hacía, se sentaba en un sillón de la sala con un machete en
mano y pasaba toda la noche ahí, aunque
se le arreglara una cama para que descansara... es más : era mi cama la que mami le arreglaba a
él. A veces se levantaba una a media
noche y ahí estaba sentado... sosteniendo el machete, viendo hacia la ventana,
sin siquiera titubear un segundo.
Siempre que venía de visita nos traía chocolate y caña de azúcar,
algunas veces hasta me trajo muñecas para recortar o un librito de pintar para
que trabajara en las tardes ; era
difícil ver al abuelo venir sin un regalito.
Muchos años después de su muerte nos dimos cuenta que en muchas
ocasiones que vino, lo hacía a pie porque no tenía siquiera los pases para el
bus. ¡Venir desde la Dolorosa hasta Moravia para ver a sus nietos !,
solo un abuelo excepcional podía hacer eso.
El era demasiado bueno para que estuviera con nosotros.
Abuelita Consuelo vivió un tiempo con nosotros ; es más, durmió conmigo todo ese tiempo. Cuando íbamos a dormir siempre se ponía
Bairún por todo el cuerpo, ¿para qué ? , no lo recuerdo pero como yo
estaba siempre con ella al acostarse también me lo puse más de una vez. Al quitarse las medias las iba enrollando
hacia abajo para que no se le rompieran ;
al ponérselas, se hacía un nudo en la parte superior ya que en el tiempo
que vivió aquí nunca usó panty hasta la cintura. Otro recuerdo que tengo es verla lavando los trastos de la noche
y es que a mí me tocaba hacerlo y ella, para que yo no lavara de noche, se ofrecía
a hacerlo ; el único inconveniente
que siempre tuvo fue que dejaba fregadero, escurridor de trastos y piso
inundados de agua. Claro, que para mí eso era insignificante, con tal de
no lavar y no me molestaba secar los reguerillos del piso.
Muchas veces me contó de las bailadas que se daba cuando
joven. Iba con abuelita Carmen y tía
Gloria a los salones de baile que en esas épocas eran muy finos. Me contaba sobre cómo había sido papi
chiquito, cuando alistaba desayunos, almuerzos y café para la gran cantidad de
visitantes que siempre tuvieron en la casa.
Recientemente me contaba sobre las grandes lavadas de topa
que tenía que darse, la cantidad de leche que compraban por semana, las horas
que duraba aplanchando la ropa para el día siguiente, algunas veces hasta las
dos de la madrugada, para luego levantarse a las cinco y comenzar nuevamente
con las labores del hogar y las super horneadas de pan. Incluso cómo ahora iba a algún lugar y la
persona que la atendía era muchas veces gente a la que cuando era chica le dio
de comer en la casa, preguntándole sobre alguno de los hijos o haciéndole
reconocimiento por su gran labor de madre, esposa y abuela. Fue triste ver cómo una enfermedad cambió a
una persona inagotable, entregada a su labor, activa, alegre y cariñosa. Siendo junto al abuelito la raíz de una gran
familia que ha crecido enormemente y se ha multiplicado a través del tiempo y
lo seguirá haciendo por un sin fin de tiempo.
Te quiero agradecer por todo lo que me enseñaste a través
del tiempo, y sobre todo por haber dado a luz a un hijo maravilloso que resultó
ser un gran hombre, esposo y sobre todo padre, Rafael Arturo.
Por todo eso y por las pequeñas cosas que haya olvidado
mencionar, te doy las gracias. Espero
que algún día podamos reunirnos, el abuelito, vos y yo. No te olvidaré.
MARÍA GABRIELA QUESADA REYES.
RETAZOS
Hermelinda recuerda que al empezar a trabajar en docencia
leía el texto preparado para sus clases a doña Consuelo, como una forma de
ayudarse y ella siempre tuvo la paciencia de escucharla cada vez mientras
realizaba la labor diaria del hogar.
Yamileth cuenta que en el colegio Corazón de María, en las
asambleas, las monjitas colocaban dos o tres bocadillos o galletas en cada
servilleta para la recepción final del cuerpo docente. Una vez, alguna estaba poniendo muchos bocadillos
en una servilleta y la superiora indagó el porqué. Al saber que era para don Rafael, dijo: -échele más.
Al iniciar su carrera docente, a los dieciocho años en la
escuela García Flamenco, todas las semanas había una asamblea dedicada a cada
nación del continente. Cuando llegó la
ocasión a Perú, no se sabía el himno que debía interpretar. Como pudo, llamó a la escuela Juan Rudín y
don Rafael le dijo, -no se preocupe, usted comience la asamblea. Al ratito lo vio aparecer en el salón, pues
había pedido permiso, había conseguido el libro con la partitura
correspondiente y había caminado tranquilamente los quinientos metros que
separan los dos centros docentes para ayudar a su hija. Él mismo tocó al himno a Perú.
Sin haber definido su vocación, llegó la hora de entrar a la
universidad. Doña Consuelo le
dijo: -usted matricúlese por mientras
tanto (provisionalmente) en Profesorado de Música y luego, al conocer el ambiente
universitario definirá su vocación. La
visión de ella fue apropiada, pues la carrera seleccionada fue esa misma.
Miguel Ángel recuerda que cuando uno estaba enfermo sentía
la presencia de doña Consuelo junto a uno.
También recuerda cuántas veces se cayó el tendedero de ropa y cuántas
veces don Rafael lo reparó en forma “provisional”.
José Alberto dice que cuando perdió el tercer año en el
Liceo de Costa Rica lo comentó con doña Consuelo porque la creía responsable de
ello. Ella lo regañó un gran rato y lo
mandó donde su papá.
LLegó llorando don él.
Estaba acostado en la cama de abajo de un camarote.
-Papi, me quedé.
-¿Y eso le preocupa?, -dijo casi sin moverse- ¿Sabé qué,
papito?. El año entrante dan tercero en
todos los colegios del país. José se
puso los anteojos y salió al patio.
Índice
Capítulo 6.
LOS HIJOS QUESADA MAYORGA

Vea más fotos de los Quesada Mayorga en:
http://mx.pg.photos.yahoo.com/ph/gquesadamayorga/album?.dir=905e&.src=ph&store=&prodid=&.done=http%3a//mx.pg.photos.yahoo.com/ph/gquesadamayorga/my_photos
1. HERMELINDA DE LOS ÁNGELES :
De la obra Los Pequeñines Quesada Mayorga, escrita por
Yamileth, se extracta esta anécdota sobre Linda :
“Todos los niños expresan palabras que revelan sus
capacidades de observación, intelecto y memoria, pero se desvirtúan u olvidan
cuando los niños crecen, y se desvanecen.
Yo he tenido la oportunidad de ser testigo de este tipo de episodios de
mis hermanos menores y conozco otros de mis hermanos mayores que me fueron
contados por Papá, Mamá o la tía Rosa, la cual nos visitaba a diario.
Una anécdota muy hermosa de mi hermana mayor, Linda, me la
contó tía Rosa : Linda era una
niñita de un año de edad ;
Rosa fue a la pulpería de la esquina -Almacén “Las Olas”- y llevó a
la niña ; en una fracción de
segundo, ella se soltó de la mano de la tía y se acercó a ver algo en la orilla
del “caño” ; Rosa la
llamó : -Venga, paloma, no se
aleje”, -y la chiquita respondió, regresando : -Yo no a´llama paloma”.
El tiempo siguió su marcha.
Pasaron algunos meses. Una tarde
de verano estaban las dos, Rosa y Linda, mirando el paisaje por la ventana de
la cocina, y en eso, pasaron volando alegremente una bandada de aves con plumas
de colores.
¿Qué son ?, -preguntó la niñita, y la tía
respondió : -Son palomas de Castilla.
Entonces dijo Linda : - ¡
Yo sí a´llama paloma !. “
YAMILETH QUESADA MAYORGA.
Hermelinda vive
actualmente en Sabanilla de Montes de Oca.
2. RAFAEL ARTURO :
Todavía era un niño pequeño y aún no había hecho su ingreso
en la escuela primaria. Desde hacía un
año estudiaba el piano con el maestro Quesada, don Rafael, su papá.
Estudiaba con disciplina y dedicación y era, además,
poseedor de un extraordinario don musical.
Pese a su corta edad no era fácil distraerlo de sus estudios y cumplía
con las lecciones que de tarea, le dejaba su padre a diario antes de ir a
impartir sus enseñanzas.
Esto ocurría en el seno del hogar que formaba don Rafael
Quesada con su esposa doña Consuelo Mayorga, en el josefino y muy tranquilo
Barrio La Dolorosa.
Un día se encontraba el pequeño pianista sentado en la grada
de la puerta de la casa, cuando un vecino que pasaba por la acera se detuvo
ante él y, haciendo mímica con sus dedos como quien toca un piano, le
preguntó : - ¿Cómo le va con
el ..... piano ?.
El niño Rafael, pues se llamaba igual que su padre, le
contestó que muy bien ; pero a la
vez, levantando sus pequeñas manos y colocándolas frente a su boca, como quien
toca un instrumento musical de viento, le preguntó : -Y a usted, ¿cómo le va con el ..... ?
El niño escuchaba desde su casa al señor cuando éste
ensayaba con su instrumento. De forma
intuitiva pudo adivinar que se trataba de un instrumento musical de viento, que
se hacía sonar soplando y no recorriendo el teclado.
No se equivocó, sin saber cómo podía llamarse el instrumento
que oía y había dejado tronchada su pregunta, pero la mímica fue lo más
elocuente.
El vecino ostentaba el título de primer saxofón de la
Orquesta Sinfónica Nacional.
LUIS FELIPE QUESADA MAYORGA.
Este mismo episodio aparece en Los “pequeñines” Quesada,
escrito por Yamileth Quesada, y lo transcribimos a continuación junto con
otra anécdota del mismo documento:
De mi hermano Rafael me contó Papá que una vez, al regresar
de su trabajo en compañía de un vecino que tocaba el saxofón, encontraron al
niño, que tenía escasos 2 años de edad, sentadito en la grada esperando a papá.
El señor, al verlo, le preguntó : -¿Cómo le va con el ... ? -y agitó las
manos en el aire como tocando un piano imaginario ; entonces el niño le respondió : -¿Y a usted cómo le va con el ... ? -y
se llevó las manos al frente, una arriba de otra, moviendo los deditos como si
tocara saxofón. Lo asombroso de esto es
que el niño nunca lo había visto tocar, ni siquiera conocía un saxofón ni otro instrumento
de viento ; solamente lo escuchaba
tocar desde nuestra casa.
De este mismo niño, me contó Mamá que tenía apenas 3 años de
edad, cuando la familia contaba con los servicios de una señora para la
limpieza, lavado y planchado. Una
mañana Mami estaba vistiendo al niño, cuando él le dijo : -Usted me aplanchó la camisa. -Ella, con curiosidad, le dijo : -Si, ¿porqué lo sabés ?. -A lo que él contestó : -Porque está
bien planchada.
YAMILETH DE LOS ÁNGELES QUESADA MAYORGA.
Rafael Arturo vive
actualmente en Los Colegios Norte de Moravia.
Nos escribe:
a. ANOCHE SOÑÉ….
Que modificaba el sistema educativo.
Que los nuevos programas para las enseñanzas Primaria y Secundaria eran
diseñados para enseñar, para que los estudiantes aprendieran, y para inculcar y
reforzar los principales valores que han regido a la sociedad costarricense:
disciplina, respeto por las personas y las leyes, honradez, deseos de
superación, cortesía, ética, etc., porque los costarricenses ya sabemos que la
solución definitiva para todos los problemas que hoy nos agobian está en la
educación de nuestros niños. Que establecía convenios con colegios y
universidades para que a los estudiantes brillantes que fueran detectados en
Primaria y Secundaria, se les concedieran becas de modo que pudieran continuar
sus estudios sin ninguna limitación. Que revisaba con las universidades los
programas para la formación de docentes, y para seleccionar a los candidatos
con verdadera vocación. Que luchaba por ajustar el salario de todos los
docentes, para reconocerles su categoría como profesionales, que es lo que
hacen en todos los países desarrollados en donde se concede a la enseñanza y a
quienes la imparten, la importancia que tienen. Que obtenía los recursos
necesarios para dotar a los centros de estudio de todo lo que requieren para
cumplir con su cometido: pizarras, materiales, etc, para que a los comedores
escolares no les falte nada, y para solucionar el vergonzoso estado en que se
encuentran muchos: sin cielo raso; sin
pupitres; con goteras; sin agua; con servicios sanitarios que producen repulsión; con falta de aulas; etc.
es decir, soñé que cumplía con mi deber.
Sí, han acertado. Soñé que era el Ministro
de Educación.
b. DURO CON LOS CORRUPTOS.
La avalancha de corrupción que están exponiendo
los medios de comunicación nos produce vergüenza e indignación. Aunque no se
trata de algo nuevo, sí indica que se está llegando – o se ha llegado ya- al
nivel más bajo de descomposición moral. Hemos llegado al fondo del abismo. El
cinísmo que muestran los implicados, derivado de la impunidad de que hasta hoy
han disfrutado, es una bofetada que asestan a la decencia que siempre ha distinguido la conducta de los
costarricenses. Todos esperamos que el Ministero Público y los Tribunales
actúen sin contemplaciones, que nos devuelvan la fe.
Los costarricenses no merecemos esto. El
pueblo de Costa Rica es sano. El pueblo de Costa Rica es bueno.
Un tico de la nueva Costa Rica
c. ADELANTE
COSTA RICA…….
La publicación de las
actuaciones corruptas de tres ex-presidentes, de otros funcionarios públicos y
de empresarios privados, nos ha extremecido y llenado de indignación y de
vergüenza. No debemos, sin embargo, pensar que esto es nuevo. Lo nuevo, y lo importante, es que se han
destapado y se han hecho del conocimiento público. Posiblemente, si se
revisaran actuaciones en otras administraciones, y la negociación del TLC con
los Estados Unidos, surgirían también sorpresas.
Lo
saludable es que la corrupción será exhibida de ahora en adelante y que los
corruptos serán enjuiciados. No nos quitarán ni nos destruirán Costa Rica. Esto
que está ocurriendo ha puesto de manifiesto también, las enormes reservas
morales y democráticas con que contamos los costarricenses. El repudio y la ira
con que casi sin excepción, los ticos hemos reaccionado ante la desfachatez y
el cinismo de todos estos corruptos, es la mejor muestra de que sí podremos
sortear este triste episodio y enrumbarnos hacia la nueva Costa Rica. Sí
podemos cambiar de actitud y comenzar cada uno a actuar de manera que la suma
de nuestros actos corresponda con la Costa Rica que queremos. Sí podemos cada
uno hacer las cosas bien. El legado de patricios como Juan Mora Fernández,
Braulio Carrillo Colina, y todos los que con sus actitudes y actos nos hicieron
lo que hoy somos, no ha muerto. Ha
estado adormecido por la manipulación y las matráfulas de que hemos sido objeto
por parte de los politiqueros, pero hoy ha resurgido fresco y fuerte para
pararlos en seco y decirles NO MAS.
La
nueva Costa Rica no es inaccesible. Tenemos las bases morales y un enraizado
espíritu democrático que no permitirán desviaciones. Somos un pueblo sano.
Somos un pueblo bueno. Caminemos todos, llenos de esperanza, hacia esa nueva PATRIA.
ADELANTE COSTA RICA!!!!
Un tico
de la nueva Costa Rica
d. LA COSTA RICA QUE NO QUEREMOS.
Producto
de las acciones de muchos, y de la indiferencia o de la imposibilidad de hacer
algo, de la mayoría de los costarricenses, casi todas las actividades de
nuestro país se han venido deteriorando a lo largo de los últimos 30 años.
Sistemáticamente, nuestras estructuras han sido atacadas por corruptos y
delincuentes, políticos irresponsables, y por muchas acciones de otros que se
han traducido en un relajamiento de las costumbres y en un menosprecio por los
valores. La situación ha llegado al punto en que en lo legal, en las
costumbres, en la educación, en las actitudes, y en casi todo, estamos viviendo
del cascarón de lo que llegó a ser el país hasta la mitad del siglo pasado.
Hoy, tristemente, nuestra nación se caracteriza por:
-
políticas
del “pobrecito” y del “facilismo” implantadas por el M.E.P.
-
negativa
y oposición de muchos padres a que los estudiantes sean revisados en busca de
armas
-
estudiantes
que no quieren estudiar
-
una
falta total de seguridad cuidadana y a la vez, de total impunidad con que actúa
la delincuencia
-
la
facilidad con que el sistema judicial pone en libertad a todo tipo de
delincuentes
-
asesinatos
que día a día aumentan sin que las autoridades logren nada
-
una
avalancha de inmigrantes ilegales y de delincuentes internacionales, a quienes
más bien se les facilita el ingreso al país
-
una
ausencia de valores en el comportamiento de muchos compatriotas
-
la
práctica de muchos de lanzar basura a las calles
-
el
comportamiento de la mayoría de los conductores de vehículos
-
oficiales
de tránsito que aceptan sobornos
-
falta
de cortesía y consideración en el trato diario de muchos de nosotros
-
la
destrucción de los bosques y la contaminación de las fuentes de agua
-
politiqueros
que sólo piensan en los intereses de sus partidos, de sus socios, y en los
suyos propios
-
una
Asamblea Legislativa que es ejemplo de politiquería, de ineficiencia, de cómo
se debe perder el tiempo, y de como se despilfarran muchos millones de colones
en dietas, asesores, viajes , en forma totalmente improductiva
-
un
saqueo sistemático y organizado de los fondos públicos en un ambiente de
impunidad
-
el
estrangulamiento y saqueo a que están siendo sometidas instituciones como el
ICE y el AYA por parte de los gobiernos, lo que ya no les permite cumplir con
sus obligaciones con los ciudadanos
-
la
desfachatez y el cinísmo de muchos funcionarios públicos que, denunciados
públicamente por actuaciones incompatibles con sus cargos, o por corrupción, se
mantienen en sus puestos, y no pasa nada
-
el
descaro con que los gobiernos desvían los fondos que pagamos para la reparación
y el mantenimiento de las vías, y deja que se deterioren cada día más
-
la
inmoralidad de los políticos que crean “organizaciones paralelas” en las
campañas políticas para esconder contribuciones ilegales o de dudosa
procedencia, y no pasa nada
-
la
indiferencia con que los gobiernos permiten que muchos millones de colones se
esfumen anualmente por medio de incentivos, organizaciones cuyos logros nunca
se conocen, fundaciones, ajustes de costos de obras, obras que nunca se
concluyen, compra de terrenos y lotes, evasión de impuestos en aduanas, etc,
etc
-
una
administración de la CCSS que para este año,
según un reportaje del diario La Nación, tiene previsto invertir más de
l6000 millones de colones en la compra de servicios privados: radioterapia,
oftalmología, resonancia magnética, y que ha destinado 70000 millones en los
últimos años, beneficiando así a unos pocos proveedores de esos servicios
(algunos de los cuales trabajan en la misma Institución), en lugar de adquirir
los equipos y brindar ella los servicios
-
una
clase política desvergonzada que sólo piensa en sus intereses y en acceder al
poder para enriquecerse: comisiones, premios, fundaciones, asesorías, y
cualquier forma o método (para lo que
muestra una enorme creatividad) que sirva para lucrar en el ejercicio de la
función pública
-
un costarricense que viendo lo que ocurre va
perdiendo la fe y los valores, va relajando sus costumbres, no tiene ejemplos
decentes que seguir, se siente confundido y va siendo absorbido por la
costumbre del “m´porta a mi” , a pesar
de sus reservas morales
La
lista puede ampliarse y es muy posible que si revisamos honestamente nuestra
conducta, nos encontraremos con que en más de una ocasión hemos caido o estamos
cayendo en alguna de esas categorías, pero lo que realmente importa es que esta
Costa Rica que no queremos puede cambiarse. Son precisamente esas reservas
morales que tenemos los ticos las que nos ayudarán a cambiarla. Si cada uno hace
las cosas bien; si actuamos siempre en procura de la excelencia, con respeto
por los demás, por las leyes y por el medio ambiente. Si hacemos que la dedicación y la honestidad guíen
siempre nuestro desempeño en los cargos que cada uno ocupamos. Si le declaramos la guerra a muerte a la corrupción y al
“porta a mi”, el costarricense que todos llevamos dentro como legado de los
estadistas que hicieron este país, nos dirá siempre lo que está bien y lo que
no. Este ajuste en nuestra conducta y actitud, junto con la revisión de algunas
leyes, nos conducirán, como veremos próximamente, a la Costa Rica que Sí
queremos.
Nov/04
Un tico de la nueva Costa Rica
Si compartes estas ideas, divulga este comunicado.
e.
3. CARLOS FRANCISCO :
Siendo todavía un niño, Rosa le encomendó que llevara a doña
Consuelo dos paquetes de Jamón Del diablo, con el siguiente recado : -Francisco, llévele, a su mamá y dígale que
esparza el jamón con parsimonia. Paco,
al llegar donde su mamá, le dijo :
-Mami, aquí le mandó Rosa, que le ponga el jamón con parsimonia. Aquí está el jamón -dijo poniendo el primer
paquete de jamón- y aquí está la parsimonia -enfatizó poniendo el otro paquete
de jamón.
Regaló a José Alberto y a Gerardo Enrique un trencito
metálico Markling, con motor eléctrico, y les construyó un pueblito a escala,
en el que había un salón cantina, una cárcel, casitas, una iglesia, todo tipo
oeste americano. Todavía se conserva
algunas fotos en perspectiva del trencito pasando por el pueblo, al cual le
adicionaron vaquitas y caballos plásticos, montañas de yeso, puentes, túneles,
ríos; en fin, algo que hacía recordar
los escritos de Marcial Lafuente Estefanía.
Ese complejo de juguete acompañó a los niños durante muchos años y nunca
será olvidado por las fantasías que hacía despertar en sus mentes infantiles.
Carlos Francisco vive actualmente en Urbanización el Loto de
Desamparados.
4. LUIS FELIPE :
Como digitador de esta historia, quiero decir ante todo que
si alguien quiere saber qué o quién es un Quesada, tiene que conocer a Luis y
tendrá el más puro ejemplo de todo lo que los genes pudieron preservar hasta el
presente, el ejemplar puro de un Quesada.
Gerardo.
Dice Luis:
Soy el cuarto hijo de la familia Quesada Mayorga, si
contamos de arriba hacia abajo ;
si lo hacemos de abajo hacia arriba, entonces me convierto en el sétimo.
Pero no siempre fue así.
No todo el tiempo fui el sétimo.
Una vez fui el primero ;
luego el segundo, más adelante el tercero, así pasé a ser el cuarto y
luego también el quinto y por fin, antes de llegar al sétimo, fui también el
sexto.
Nacido el día de san Felipe Neri, un cinco del mes de
febrero de 1.942, me compusieron el nombre con Luis y Felipe.
Casado con Elizabeth Díaz CH., ubconscie dos hijas llamadas,
la mayor, Victoria y Carolina la siguiente.
Vivimos en la ciudad de Desamparados.
Además, soy padre de Katia Quesada Quesada y Catalina
Quesada Quesada, hijas de Vera Quesada.
Emancipado para hacer valer mis derechos de ciudadano ante
el licenciado en leyes y notario y además tío mío, Arturo Mayorga Matus, allá
por el año 1957 o principios de 1958 correspondiéndome el número cedular
1-380-575, me presenté a las urnas electorales en las elecciones nacionales
acaecidas el día dos de febrero de 1958 y ejercí por vez primera mi sagrado
derecho al sufragio. Por cierto que el
candidato de mis simpatías, presentado por el partido Liberación Nacional, esto
es don Francisco J. Orlich B., perdió en la contienda saliendo ganador, el Lic.
Mario EchandiJiménez.
Siento gran afición por las fiestas patronales, con
especialidad en las que se realiza en el campo ; por los turnos y por todo lo folclórico, típico y pintoresco como
son las carreras de cintas, los desfiles de carretas y las peleas de
gallos ; me arrastran las
serenatas, los bailes, las guitarras y la cantadera, sin dejar de lado las
féminas y los aperitivos, que van siempre de la mano con estas actividades.
Soñador empedernido, andarín, persigo en mis andanzas las
fantasías o las fantasías me persiguen.
Sin embargo mi espíritu de aventura y mis viajes a exóticos lugares, ya
en el Sahara sobre la joroba de un camello, ya en la altura del lomo de un
elefante en las selvas de Bengala, ora por las praderas del oeste de los
E.E.U.U. o por los tormentosos mares del sur en un bergantín en cuyo palo mayor
ondea desafiante la bandera negra, se han visto minimizados y reducidos a unos
cuantos viajes sin mucha importancia por las montañas de mi pequeño país. Pero esto no quita que haya realizado
aquellos viajes ; por lo
contrario, cada vez que se me presenta la oportunidad de recorrer una zona de
mi tierra, lo llevo a cabo y mi mente fantasiosa por siempre, imagina y me
lleva en cada clima y relieve en la altura y la bajura, por todos aquellos
parajes antes citados.
¿Logros ¿ ¿Triunfos ¿¿Propiedades ¿
Así como costarricense vine al mundo terrateniente. Dueño de algunas propiedades que en el
tiempo fuéronse desvaneciendo tanto en la ciudad como en el campo. Contaba con
un terreno de regular tamaño, sembrado de café y caña así como otro similar
destinado para potrero.
Sin embargo, soy poseedor de una gran riqueza. Un poco diferente de la material, pero una
riqueza enorme, duradera, invaluable, de la que soy único dueño, no
pudiéndomela nadie robar. La fortuna
imponderable que he adquirido durante el recorrido de tantos y tantos lugares y
sobre todo, amasada, atesorada y fundamentada en aquellas buenas gentes del
campo que he conocido y tratado y que me han otorgado el honor de su sincero
como desinteresado trato, así como la sencillez de su amistad.
Anécdota :
Hacía unos minutos que había llegado y me encontraba sentado
sobre las tablas del pequeño y rústico atracadero, desde donde observaba el
paso del torrente de aguas no muy claras, en tanto esperaba la lancha, que río
abajo, habría de llevarme por espacio de algunas horas hasta su desembocadura
en el Lago de Nicaragua.
Algunas garzas blancas de gran alzada como también grupos de
garcetas más pequeñas, negras y grises, sobrevolaban las aguas río abajo, para
regresar luego, formando pequeñas bandadas, río arriba. Más allá, a la sombra de unos palencones que
formaban la arboleda que bordea el río, disfrutaban picoteando el limo con sus
picos planos de paleta, un grupo de tornasoles patos de agua.
Uno que otro ruido se escucha de rato en rato proveniente de
las profundas aguas, al que se suma el producido por cientos de aves de
variadas especies y colores que se disputan el espacio acuático y el verdor por
el que discurre el río.
El agua, fría a aquella hora tempranera de la mañana, se
deslizaba con alguna prisa llevando en sus ondas, en forma silenciosa y
bastante serena, ramas, hojas y flores.
En el lugar donde me encontraba, aparte de la pequeña
ensenada donde se había construido el atracadero, el río es profundo y su
caudal voluminoso y pesado.
Sobre mi cabeza, en las alturas de los grandes palencones,
comunidades enteras de pericos catanos y loros salvajes parloteaban
animadamente, subiendo a ratos el tono de su alharaca de una manera
estrepitosa.
2. Hasta unos pocas horas antes me encontraba en la
celebración de un certamen de belleza que realizaba un pequeño poblado cercano,
acondicionando para ello, lo único que tenían a mano : un corral para ganado.
Alguien facilitó un motor generador de corriente. Se instaló una larga serie de bombillas a
todo el derredor del corral y fabricaron una tarima para presentar a las
candidatas, colocando a un lado de ella, una fila de bancas destinadas al
jurado. Al otro extremo, justo opuesta
a la tarima, se instaló la cantina.
Sentado sobre uno de los postes horizontales que forman la
valla del encierro, presencié el concurso mientras degustaba una cerveza, otra y otra y muchas más.
Aunque era de noche, no había refrescado aún, el calor era sofocante y cuando tuve la
oportunidad de bailar, al son de la música proveniente de un tocadiscos
conectado a la planta generadora de electricidad, podía sentir chorritos de
sudor que bajaban por mi espina dorsal, así como también palpaba el vestido o
la blusa de mi ocasional pareja, pegado a su espalda completamente empapado.
El pan-stick, el carmín o el colorete, según la damita de
quien se tratase, removido por el sudor, el movimiento y la fricción, había
quedado impregnado en mi mejilla donde lo conservé por su agradable olor
durante toda la noche, no quitándolo de mi cara sino hasta el siguiente día.
A eso de las dos de la mañana, bordeando el río y bajo la
arboleda que de trecho en trecho, dejaba colarse algún chorro de luz de una
nueva y brillante luna, regresaba a dormir a la única aula de una escuelita de
un pequeño pueblito llamado Pizote, que se extiende a orillas del caudaloso
río.
Una vez dentro de los pliegues protectores y aislantes de un
tul de blanca gasa, deposité mi fatigado y sudoroso cuerpo sobre la pelambre
del cuero sin curtir de una res que me servía de lecho. Dormí profundamente percibiendo junto con
mis sentidos junto a mí, la esencia exquisita de la mujer.
Continuaba sentado observando el paso del agua en tanto
seguía esperando, cuando se presentó un hombre para abrir un negocio de su
propiedad que se encuentra junto al río, a escasos metros del atracadero. La sed había comenzado a mortificarme y
aquello fue como encontrarse una pipa, abierta y con todo y hielo, en medio de
un desierto. Entré al negocio pisándole
los talones al hombre para “tomar algo”.
Era un gran salón rodeado por un enorme corredor,
resguardado por una baranda volada y como de un metro de altura ; uno de los costados daba al río, por lo que
podía ver desde la barandilla cuando la lancha llegara. Allá en el fondo del salón estaba el bar.
Al poco rato, encontrándome de espaldas al salón y acodado
en la barandilla que da al río, entraron dos hombres y se dirigieron,
atravesando el salón, directamente al bar.
Habiendo amanecido peor que yo, necesitaban unos cuantos
tragos para irse componiendo y así ir calmando los estragos, que por la ingesta
etílica de la noche anterior, estábanse desencadenando en ellos.
Los había visto gritando, tomando y brincando al son de un
corrido en el certamen de belleza y me parecía ahora que “no habían pegado un
ojo”.
Desde mi posición, ahora de espalda al río, no podía oírlos
pero se mantenían uno al lado del otro y conversaban animadamente sobre algún
tema ; tal vez sobre el baile o
sobre las muchachas que compitieron en el reinado. Quizás discrepaban sobre el resultado del mismo y el alcohol les
impedía llegar a ponerse de acuerdo.
Ya había pasado un rato y los hombres se “habían bajado” un
poco de tragos y algunas cervezas, cuando de pronto, uno de ellos, sin razón
aparente al menos para mí, sacó de la caña de sus botas un puñal y se lo clavó
en el nacimiento de la nuca al otro, quien, al sentirse herido, huyó ubicándose
como pudo el salón, llegó al corredor y saltó la baranda balaustrada para ir a
caer en el matorral.
Cuando saltó la baranda llevaba la camisa empapada y la
mancha roja de sangre le legaba ya hasta la cintura.
En tanto el otro, se desprendió también del bar y se dio,
medio embriagado y enfurecido, a la persecución del “compañero”, saltando a su
vez y cayendo en el matorral cuando éste se levantaba para ponerse a salvo al
abrigo del bosque, que comenzaba a escasos pasos de ahí.
El heridor, no sintiéndose satisfecho con haberle propinado
aquella artera puñalada, se levantó del matorral y sacó de su cintura una arma
de fuego y le disparó dos tiros al herido, que desesperado escapaba y quien fue
a caer allá dentro del cacaotal.
Guardando el arma, subió por las gradillas al salón y
cruzándolo, se dirigió al bar.
Otras personas que como yo habían ido llegando para abordar
la lancha, fueron conmigo a auxiliar al hombre, que en un charco de sangre,
estaba muerto y tirado en el monte, entre los árboles, a la sombra del
cacaotal.
4. Por medio de dos o tres escalones que la comunicaban con el
atracadero, subí a la lancha que venía bastante cargada de otros pueblos
fluviales.
Escogiendo cualquier lugar de la borda, arrimé una caja y
sentado sobre ella, esperé cavilando sobre lo acontecido a aquel hombre que
quedaba tirado allá en el monte, mientras subía el resto de la gente y cargaban
algunos bultos más.
Todo el medio de la lancha estaba ocupado por gran cantidad
de sacos repletos con frijoles, canastos y jaulas con algunos animales. Sólo quedaba libre un reducido espacio
alrededor de los fardos, formándose un pasadizo entre ellos y la borda.
Tres mozallones espigados, con los pantalones arremangados
por encima de las rodillas y sus pies descalzos, separaron hábilmente la lancha
de la orilla por medio de largas varas, llevándola hacia el medio del río,
donde comenzó a ser arrastrada por la corriente.
En la orilla opuesta, un cuajipalo que se asoleaba y parecía
atento a nuestras peripecias, corrió apurado y se zambulló silenciosamente en
las aguas.
El encendido del motor había roto la monotonía del boscoso
medio y puesto en marcha galopó, como galopaba mi corazón por la emoción, en
tanto la lancha empezó a deslizarse río abajo, internándose por en medio de una
enmarañada selva
Devolviendo el tiempo como un dibujo que desaparece bajo el
paso de un borrador, logrando así desvanecer de un plumazo canas, hermanos y
camas, llegamos nuevamente al cuarto grande donde el pequeño Luis y sus dos
hermanos, se entregaban al sueño, llevando en sus mentes, como último recuerdo
de aquel día que había terminado para ellos, el diálogo picaresco y socarrón de
don Tranquilino y Macedonia, personajes polifacéticos de un programa llamado El
Matrinomio Ideal que se transmitía por Radio City y que don Rafael, había
sintonizado aquella noche como muchas otras veces.
El programa había dado inicio toda vez que había pasado la
rezada y que don Rafael, arropando a sus hijos, se dispusiera acompañarlos
sentado en la cama de uno de ellos.
Unas horas más tarde, la tranquilidad, la placidez y el
silencio de la noche fueron perturbados por la infantil vocecilla de Luis, el
más pequeño de todos, quien llamaba desde su cama a su papá, diciéndole que
tenía ganas de orinar.
Don Rafael roncaba en el cuarto contiguo y la voz del chico,
llegaba a su subconsciente confundiéndose con sus sueños que esa noche no
serían muy placenteros, porque cuando el niño volvió con su cancioncita, -Papi,
tengo ganas de orinar –don Rafael le contestó :
-¡Orínese en la pared del mercado ¡.
LUIS FELIPE QUESADA MAYORGA
Otro episodio de Los “pequeñines” Quesada, escrito por
Yamileth refiere que : nos contaba Mamá de mi hermano Luis, lo que
aconteció una vez estando él pequeñito, de 2 ó 3 años de edad.
Por esos tiempos, Mami trabajaba para un bazar, haciendo y
bordando batitas de bebé. Había entregado
un encargo muy grande y le habían pagado ese día. Unió ese pago al salario de Papi (un total de Ç300.00 en 3
billetes de Ç100.00), y creyó ponerlos sobre la mesa. La plata desapareció.
Trescientos colones de aquellos días equivaldrían en 1997 a Ç90.000.00. Inmediatamente y manos a la obra, comenzaron
todos en la casa a buscar : los
señores Quesada, la tía y algunas amistades, revisaron la casa de arriba
abajo ; colaboraron los hijos en
la búsqueda, hasta el pequeño Luisito,
sumamente ágil para meterse bajo cualquier mueble y meter sus manitas en cuanta
hendija encontraba.
Llegó la noche, los amigos se retiraron
exhaustos y preocupados, los niños, igualmente ; pero el trabajo de una madre no termina ; antes de retirarse al merecido descanso, doña
Consuelo fue recogiendo la ropa usada ese día para lavarla; prenda por prenda,
iba revisando cada bolsa para sacar papeles, recados y dibujos, como también
toda clase de miniaturas que metía en sus bolsillos el pequeño Luisito. Y precisamente ahí, en la bolsita “secreta”
del pantalón de Luis, hechos mil diminutos dobleces, ¡estaban los
Ç300.00 ¡
YAMILETH DE LOS ÁNGELES QUESADA MAYORGA.
Luis Felipe vivió en Calle Fallas de Desamparados y nos dejó
el 5-7-2004, a los 62 años, quedando en nuestra compañía a sus queridas hijas
Kattya, Victoria, Carolina y Catalina, así como miles de vivencias personales
con cada persona que le conoció.
Además, tenemos su profusa obra literaria, de la cual me
autorizó la publicación de Los Novios, que mostramos por aparte. Compilar esta
obra historia no habría sido posible sin su participación, aporte, guía y
entusiasmo. He ahí al más Quesada de los Quesada, nuestro hermano Luis. Gerardo.
5. YAMILETH DE LOS ÁNGELES :
Yamileth es actualmente profesora de canto y de piano en
Purral de Goicoechea.
Hizo estudios de piano, docencia e italiano en la Academia
Dante Alighieri.
Se trata de la hermana que siempre está para entregar su
vida a cambio de la de uno.
Amante de la música como es, toda su vida gira en torno a
acordes y voces, para que ello se convierta en un verdadero concierto para
mostrar su vida angelical.
Yamileth vive
actualmente en Purral de Guadalupe.
6. MARÍA CONSUELO :
También tiene estudios avanzados universitarios, tanto en
matemática como en música.
Vive en Santa Rosa de Moravia y tuvo dos hijos: Antonio José
y Natalia, ambos han mostrado sus dotes musicales con el saxofón y con la
guitarra, respectivamente.
7. MIGUEL ÁNGEL :
Miguel es padre de muchos hijos, como buen Quesada.
Vamos a ver: Marco Antonio, Georgina, Carla, Tatiana, David
y Daniel. Se les unió Adrián, posteriormente.
Labora en la Junta de Protección Social de San José.
Es el “bombero” de los Quesada, siempre aparece cuando se le
necesita para que corra por uno en hospitales, morgues, ministerios, etc.
Miguel Ángel vive actualmente en San Juan de Tibás.
8. CARLOS FEDERICO :
En cuanto a Federico quiero decir que si alguien quiere
aquilatar el talento nato de los Quesada, solo tiene que fijarse en Federico
con sus conocimientos de matemática, filosofía, religión, medicina, y sobre
todo, música, música en todas sus facetas: historia, teoría, ejecución de
piano, guitarra, violín, dulzaina, etc.
Federico falleció el 15-12-2005 a los 56 años.
Gerardo.
Muchas veces había llegado el muchacho a buscar a Federico a
nuestra casa. Algunas veces Federico no
se encontraba y las otras, que eran las más, nos pedía a algunos de sus
hermanos le fuéramos a decir que no estaba.
El muchacho argumentaba entonces que cómo era eso, que él
había hablado con Federico en días pasados, quedando de acuerdo en que vendría
a buscarlo ; Federico había
quedado en esperarlo y lo que es más, hasta la hora en que lo recibiría le
había indicado.
-¿Qué dijo el carajo? –preguntaba Federico.
-Que vos le dijiste que viniera hoy a esta hora.-
Algunos días después volvía el muchacho y la historia se
repetía. El tipo se iba con las cajas
destempladas.
-¿Porqué no lo atendés ¿ –le preguntaba Luis a
Federico.
-Es que ese carajo es muy majadero –le contestaba Federico a
su hermano.
-Pero entonces, ¿para qué le decís que venga ¿¿No
es más fácil cuando lo ves en la calle, hablar con él lo que tengás que decirle
y así no hacerlo venir hasta aquí para nada ¿
Pero Federico no le daba importancia a las palabras de Luis
y continuaba negándosele al muchacho.
Hubo una ocasión en
donde hasta don Rafael intervino para decirle que debería cambiar su actitud,
actuar de diferente manera y recibir al amigo en Federico, que con las personas
no se debe jugar.
Lo que quería tratar con Federico su amigo era de lo más
sencillo y trivial, carente del menor vestigio de importancia y razón por la
que Federico lo esquivaba; sin embargo,
ante la perorata de su padre y la insistencia del tipo, que no desistía en su
empeño, decidió atenderlo una tarde, que como se verá, se volvió memorable.
Sí, se volvió memorable porque cuando el muchacho se marchó
y Federico regresó al interior de la casa, su padre le preguntó :
-Al fin, Federico, ¿quién era ese amigo tuyo ¿
-¡Ah!, un mae ahí. –contestó sin mirar a su padre.
-Y ¿qué quería ¿ –insistió don Rafael.
-Una vara
-¿Una vara ¿, -repitió don Rafael.
-Una vara de una carajada –sentenció Federico.
LUIS FELIPE QUESADA MAYORGA.
Federico vive
actualmente en Lomas de San Miguel de Desamparados.
9. GERARDO ENRIQUE :
Nació el 18 de
agosto de 1952 en su casa del Barrio La Dolorosa.
Cursó la escuela primaria en la Juan Rudín y salió en 1965.
Inició la secundaria en el Liceo de Costa Rica entre 1966 y
1971 y la finalizó en el Colegio Nocturno Omar Dengo en 1973.
Obtuvo el título de licenciado en administración de negocios
en la Universidad Interamericana de Costa Rica en 1995.
Laboró en el Banco de Costa Rica desde 1974 hasta el 2004.
Contrajo matrimonio el 13-2-74 en Aserrí, con Sonia Guzmán
Mejías, nativa de San Juan de Tibás, en familia fabricante de guitarras. De esa unión nacieron Mónica, 27-12-1976 y
Raquel, 04-02-1980. Fijó su residencia
en San Juan de Tibás, Urbanización Los Cipreses. Es la familia Quesada Guzmán.
10. JOSÉ ALBERTO :
Jose fue el primer Quesada Mayorga que nos dejó para unirse
a nuestros padres en el Cielo, al llegar a sus 49 años. Un mal de familia, la diabetes, hizo de las
suyas con su salud. Pero eso sí, nunca doblegó su buen humor y el cariño que
expresó siempre a sus congéneres. Fue
mi gran compañero de juegos y en honor a él debe decir que con su partida se
apagó en mi el deseo de seguir escribiendo anécdotas familiares, pues tan solo
de su boca brotaban con el sabor y la picardía que me inspiraban. Gerardo.
Cuando Jose tenía unos diez años fue víctima de una herida
peligrosa por parte de Gerardo. Cierto
día se metieron las gallinas de los Retana, por lo que algunos de los güilas
corrieron a espantarlas, gritando y tirándoles cosas. Gerardo tomó un esquinero metálico herrumbrado, especie de
alcayata de un catre desechado y lo arrojó como un bumerang, con tal tuerce que
lo incrustó en la parte de atrás de la cabeza de Jose. Unos centímetros más arriba, la herida
habría sido mortal. Jose aguantó con
valentía los dolores mientras le ponían compresas para mitigar la salida de
sangre.
GERARDO ENRIQUE QUESADA MAYORGA
José Alberto nos dejó el 20-2-2000.
☺
Sobre Gerardo:
Ha realizado varias publicaciones muy modestas en Vértice,
boletín del Liceo de Costa Rica y en Antorcha y El Salpicón, boletines del
Banco de Costa Rica. En 1978 sobre
Fred Thome, el tenista nacional, y otro sobre San Ramón de Alajuela (Quebrada
Gata) en 1997, así como otro comentario
sobre los heredianos que suele leerse en los negocios del centro de Heredia
pues los propietarios lo han colocado ahí para estimular en comportamiento que
desean de su personal, ambos publicados por el diario La Nación. Actualmente se encuentra escribiendo un
libro sobre la corrupción y los manejos del narcotráfico.
El artículo sobre San Ramón es el siguiente :
La Nación, martes 29 de abril de 1997,
Foro Especial :
San
Ramón.
Gerardo Quesada
Mayorga.
Los josefinos acostumbramos viajar por las otras comunidades
del país con la sensación de que somos portadores de un aire cosmopolita y
avanzado, pues la vida diaria nos brinda mayor contacto con los adelantos que
va alcanzando Costa Rica, pero ello ocurre por el normal desconocimiento de lo
que está ocurriendo a nuestro alrededor.
El Sábado Santo fuimos a San Ramón de Alajuela para
reencontrarnos con nuestro pasado ;
resulta que el mosaico de la iglesia es idéntico al que teníamos en el
salón del Pleyel en nuestra vieja casa del costado sur de La Dolorosa. Queríamos filmarlo para conservar el
recuerdo de la casa demolida.
La gran sorpresa estuvo en las refrescantes sensaciones que
nos produjo la apreciación del decorado mosaico, sino la belleza del templo,
así como los arreglos que para estos días hicieron los ramonenses, pues superan
el esmero y la imaginación de nuestra comunidad capitalina.
Sin embargo, hay más, pues da gusto la limpieza de las
calles y paredes de los edificios así como el espíritu amable de los
habitantes. Lo anterior, porque no
vimos ni un solo papel, basura o perros en todas las calles recorridas, las
tiendas exhiben su mercadería con una pulcritud que supera el aire artístico
josefino y lo más importante, la gentileza de la gente es algo de resaltar,
¡con decirles que detienen sus automóviles en forma voluntaria cuando lo ven a
uno que va a cruzar la calle !.
De verdad que nos unimos a la admiración de muchas personas
por esta comunidad.
(Ese mosaico que constantemente se viven recordando los
Quesada fue adquirido para conmemorar el regreso de Rafael Arturo de Rochester,
Estados Unidos, a principios de los cincuenta y únicamente la Iglesia de San
Ramón se conoce con uno igual.
Lo mismo el piano Pleyel, cuyo recuerdo es la insignia y
orgullo de los Quesada, era una pieza maravillosa de maderas especiales: ébano,
palisandro, caoba, napoleón, arce, abeto, álamo, haya; de tres metros diez de
largo por su gran cola de concierto, que dicen perteneció al maestro Segismund
Thalberg (1812-1871) pese a que algunos estudiosos, como Ingram, asocian al
maestro con los de la casa Erard. Ese
piano se mantuvo un tiempo en Zapote y luego se lo dejó un tal Enoc, quien
ofreció devolverlo si se le pagaban algunos gastos.)
Además, en 1996 Gerardo escribió un poema para sus hijas,
cuyo fondo musical es un pasaje de El Cisne de Saint-Saëns y para su esposa,
cuyo fondo musical es Caballería Rusticana de Mascagni. La idea es aprovechar la composición de un
gran maestro para decir algo que se desea, y en este caso, dejó intactas las
palabras que le fueron inspiradas en un amanecer, por lo que él considera que
más que tener valor artístico, pues son de redacción trivial, lo tienen
sentimental y mágico.
BAÑO INESPERADO
Allá por 1960, los hermanos mayores comenzaron a ayudar a la
naturaleza en su desarrollo personal, haciendo tensión dinámica y alzando pesas
durante largos ratos. Se trataba de
unos tarros de pintura y similares, llenos de piedras o cemento, colgados de
una barra metálica, que usaban contiguo a la pared sur de la barraca de los
vagos.
Gerardo se sentaba en una gradita que había al pie de la
ventana de la barraca, mientras sus hermanos hacían las rutinas que sugerían
las revistillas de Charles Atlas.
Un día, a eso de las dos de la tarde, el sudoroso Francisco
comenzó a decir en forma alarmada, mientras sostenía las pesas
alzadas : ¡No, no, Noooo !...
pero ello no evitó que Jose, a quien únicamente se le veía la pavilla amarilla,
vaciara desde adentro la vacinilla llena de los líquidos acumulados por la
muchachada durante la noche, dejándola caer sobre el pobre Gerardo. Y a Gerardo le dió tanto frío esa bañada,
que no aceptó ser aseado por doña Consuelo hasta el día siguiente, así que
durmió bien perfumado.
GERARDO ENRIQUE QUESADA MAYORGA.
OTRO CASO DE HEPATITIS
En 1961, cuando Gerardo cursaba el segundo grado en la Juan
Rudín, comenzó a salirle una mancha a ambos lados de la quijada que se extendía
hasta el cuello amenazando con cubrirle todo el rostro.
Doña Consuelo había comenzado a comentar con incertidumbre
sobre este mal que amenazaba cambiar el color de la faz del muchachito, hasta
que alguien la hizo preocuparse aún más al decirle que se trataba de síntomas
muy claros, similares a los de la hepatitis.
! Ni para qué lo dijeron ! , pues ya habían sufrido bastante en el
pasado con la hepatitis de Carlos Francisco cuando era pequeñín.
En ese tiempo, se había operado un cambio en el horario de
uso del baño de la casa, pues, como eran tantos, había ciertas horas para poder
hacer uso del mismo, y por esa época se había integrado la casa contigua, ahora
por haberla desocupado los inquilinos, de tal manera que los pequeños, José,
Gerardo, Federico y Miguel, pasaron a utilizar el nuevo baño. Igualmente, variaron la modalidad de tomar
el baño, pues ahora se disponía de más tiempo y, para los pequeños, se disponía
de menos supervisión porque las cosas ocurrían en otra casa, situación, ésta
última, que era aprovechada por Gerardo para mojarse los ojos y el pelo y decir
que ya que se había bañado.
Una noche en que estaban todos sentados a la mesa tomando
chocolate con tajaditas de pan integral, doña Consuelo se paró detrás de
Gerardo con las manos húmedas y comenzó a acariciarle los cachetes y
!sorpresa!, la mancha se fue convirtiendo en serullitos negros que caían al
piso y daban paso a una cara blanca como la que tenía antes de “contagiarse de
hepatitis”.
Para todos fue motivo de alegría y algarabía la forma en que
se curó Gerardo y el tratamiento siguiente consistió en volver a utilizar el
baño de la casa para poder someterlo a supervisión.
GERARDO ENRIQUE QUESADA MAYORGA.
POR CULPA DE LOS TRES
VILLALOBOS
1964
Cuando estaban en boga Los Tres Villalobos, salieron unas
chapitas como del tamaño de una moneda de dos pesos, y todos andaban con Macho,
Miguelón, Rodolfo o Pedro,... nadie quería andar la de Fulí (mucho menos
Federico).
Una vez que los adolescentes jugaban puros, a Gerardo se le
cayó su chapa de Rodolfo e impulsivamente se agachó para juntarla, y al
levantar su carilla de mocoso, puso su nariz al batazo que mandaba Miguel en
ese momento. Fue un asunto de hospital
y para siempre, pues la nariz de Gerardo tiene la cicatriz, una protuberancia
externa y un torcimiento interior que lo atestiguan... eso sí, nunca sintió
algún resentimiento hacia su hermano.
GERARDO ENRIQUE QUESADA MAYORGA.
EL INDIO VALIENTE
Allá por 1964, le saltó a Gerardo la inquietud de ciertos
ruidos nocturnos que escuchaba desde su cama.
Todo empezó porque un día inolvidable había descubierto las pisadas de
los zapatos de hule del empleado del vecino que más temor le producía.
El empleado y el patrón hacían una pareja temible. El primero, Carlos Porras era todo un
misterio, pues algo callaba y lo delataban sus ojos achinados y taimados; además, odiaba a los niños, porque escupía
cuando se le miraba y doblaba las esquinas muy pegado a las paredes. El segundo, Tana, el abuelo de los Retana,
era malquerido por los niños quienes coreaban su nombre para salir despavoridos
en cuanto se asomaba por la galera que había entre su casa y la de sus
hijos. Al otro viejito, Tobis, sí lo
querían.
Las pisadas Porras partían de la cerca que los separaba de
los Retana y morían junto al Taller de Motos de Harys, cuya pared no ofrecía
resistencia desde nuestro patio.
En la casa de los Quesada, el cuarto de los muchachos tenía
ventanas al norte, al este y al sur. La
ventana sur, dos puertas de abrir, se cerraba con un picaporte vertical y era
fácil de abrir desde afuera, pues le faltaba un vidrio.. Esa ventana daba al “rincón del lirio”, muy
cerca del cual se encontraba el árbol de cas, cuyo follaje era mecido por los
vientos de la noche y su coposidad impedía la vista a través de él haciendo
posible que cualquier persona se ocultara entre las ramas.
La noche de marras, Gerardo preparó su equipo de defensa,
consistente en un arco y flechas de amapola, un tomahawk de filosa punta y una pica de caña de
bambú. Este tipo de armas le parecían
idénticas a las que utilizaba Lobo Silencioso en las revistillas de
vaqueros. Las colocó junto a su
almohada, en la parte de afuera del colchón, y se durmió. Cuando las penumbras invadieron la casa, el
ruido lo despertó. Primero trató de
analizar qué tipo de ruido era, pues era como el chirriar de unas uñas de gato
sobre el tejado del edificio del Banco, contiguo al árbol de cas. Tenía bien planeado lo que haría: sin asomar la cabeza por la ventana,
correría el picaporte, abriría la ventana, saltaría y se ocultaría tras la mata
de lirio y esperaría hasta localizar al intruso, lo demás, era cosa de aplicar las tácticas de guerra que todos
los días utilizaban en el patio con su hermano Jose, los Verzola y los otros
compañeros de juego.
Los valores inculcados por sus hermanos mayores despertaron
el deseo de enfrentar el reto por sí solo, pero esa noche algo pasó, que puso a
Gerardo a estudiar con demasiado detalle el origen de los ruidos y las posibles
explicaciones del mismo. El ambiente de
tensión era tan grande que los ruidos se fueron escuchando cada vez más cerca,
hasta escuchar crujir la madera del cuarto y pasos muy leves junto a las camas
de sus hermanos. La cuestión, es que
Gerardo no movió ni un músculo de la cara, no fuera a ser que el intruso lo
detectara y lo liquidara. El suplicio
fue muy grande y duró hasta que, por puro milagro, volvió a quedarse dormido.
Al día siguiente se sorprendió de que nada había pasado,
ningún hermano muerto, y la vergüenza interior afloró, se hizo recriminaciones
muy severas y la promesa de ocultar la situación y asumir una actitud más
ejemplar la próxima vez.
Esa ocasión se presentó inesperadamente, cuando ya Gerardo
había perdido la costumbre de acostarse armado.
Esta vez, el ruido provenía del techo de la casa de Rafael,
su hermano ya casado, junto al techo de la bodega del Almacén Las Olas. Venciendo el temor se incorporó y corrió la
cortina de plástico que cubría la ventana norte del cuarto, sin necesidad de
salir de las cobijas. Esa ventana sí
tenía vidrio, aunque daba al corredor interno de la casa, lugar en el que se
jugaba cuando había lluvia.
Poco a poco, ajustó su vista a la oscuridad y fue divisando
la sombra de un maleante que esgrimía una pata de chancho en su mano
derecha. Había hecho un ruido fuerte y
despertó a Gerardo, por lo que se había
quedado quieto. Para cualquiera sería imposible salir y subir al
techo a capturarlo, pues ello daría tiempo para que escapara, por lo que
Gerardo optó por comenzar a gritarle para que abandonara el intento de
robo: -¿Qué creés, que no te hemos
visto? Mejor jalate, porque te vamos a
matar. -y una serie de frases amenazantes.
Poco a poco fueron despertando los hermanos, y doña Consuelo inquirió el
origen de los gritos, pero ya habían revisado y nada ocurría en los
tejados. Gerardo terminó la noche
durmiendo con sus papás en el cuarto contiguo.
Al amanecer, explicando a sus hermanos la situación, aunque
lo estaban tomando a guasa, descubrió que una mancha del vidrio de la ventana
podría asemejar la silueta de un hampón armado si se la trasponía contra el
fondo de los techos que se apreciaban desde la misma... eso explicó todo, pero
no impidió que se hablara muchos días del evento.
GERARDO ENRIQUE QUESADA MAYORGA.
SENTENCIA LAPIDARIA
El matrimonio compuesto por el profesor en Castellano,
Literatura, Filosofía y Otras Letras, Sr. Humberto Miranda Vega y doña Rosita
Quesada Quesada, hermana de don Rafael, visitaba frecuentemente la casa de éste
último en el Barrio La Dolorosa.
Don Humberto ostentaba el rango de Oficial Mayor de
Educación, y en la familia se le guardaba consideración y admiración por su
esfuerzo y el éxito alcanzado.
Un día que visitaba a la familia Quesada Mayorga, se hallaba
sentado degustando una buena taza con café y su estómago descansaba un tanto
sobre su regazo. Su frente, ancha de
por sí y al paso de los años se había aumentado al practicársele dos grandes
entradas, producidas por la pérdida del cabello, muy crespo y negro.
En determinado momento, no pudiendo nadie saber lo que
ocurre en la mente de un niño, sucedió que en tanto seguía ahí sentado junto a
la mesa, uno de sus sobrinos políticos, daba vueltas y más vueltas observándolo
con detenimiento, de arriba a abajo.
Parecía estarlo estudiando e iba y venía sin dejar de
mirarlo. De pronto el chiquitín, el
pequeño Gerar, irrumpió en la conversación que sostenían los mayores para, a
manera de lapidaria y filosófica sentencia, producto de una larga reflexión, y
asintiendo con la cabeza en actitud de quien ha llegado a una conclusión sobre
algo importante, decir lo siguiente :
-¡De veras que don H. es igualito a un indio !
LUIS FELIPE QUESADA MAYORGA.
EL POETA NO MUY POETA
En 1967, Gerardo fue provocado por la influencia de las
musas, que a veces desvelan a los adolescentes.
Hay que ubicarse en una institución educativa casi
centenaria que dedica horas y horas a recordar los esfuerzos realizados para
ofrendar a la Patria hombres de bien. A
ello hay que sumar las constantes anécdotas que los hermanos mayores
acostumbran relatar en las reuniones familiares, pues ello va insuflando el alma del Liceo a los pequeños aspirantes.
Una vez, don Rafael LLubere, reseñó la forma en que el Liceo
ha tenido que ver con la historia de la nación desde que fue fundado en 1887
por el Lic. Mauro Fernández. Los
exalumnos han llegado a ser pilares de la vida cotidiana el país, lo cual se
canta con júbilo en los desfiles coreando a la banda cuando interpreta una
canción. ¡Cepa, cepa ! (Cepa de la Patria).
Esas condiciones habían predispuesto a Gerardo para
encaminarse hacia las ciencias, pero la falta de recursos materiales dio al
traste con sus aspiraciones.
Poco a poco fue encauzando sus pasos hacia el quehacer
intelectual, más frugal en recursos materiales, por lo que se vio inmerso en el
Club de Oratoria del padre Cordero, en la colecta de fondos para la
restauración de las obras artísticas del Teatro Nacional y en la dirección del
periódico Vértice junto a Fernando Bolaños.
Precisamente cuando acababa de hacer una entrevista en su casa
a Narciso Sotomayor Carrillo, requinto de Los Vikingos, tuvo conocimiento de un
concurso de poesía y prosa y cuando se dio cuenta, ya estaba inscrito como
participante.
Hizo intentos de escribir algo coherente pero fue imposible,
pues carecía de la disciplina necesaria.
El tiempo pasaba, se acercaba la fecha límite para la entrega de los
trabajos y el muchacho se desesperaba porque no quería quedar como
irresponsable. Motivos para la
inspiración no faltaban, pues tenía su propia rutina para ir y venir al Liceo
de manera tal que se topaba a Giselle Ballestero en cierta calle tan solo para
mirarla al pasar, coincidía matemáticamente con el bus del Rosario, se topaba a
las muchachas de Plaza Vìquez, San Cayetano y el Laberinto, incluída la
pelirroja Rosario Walsh todos los santos días, cosas que daban muchas emociones
que hacían estallar su corazón.
Finalmente entregó los siguientes trabajos :
UN BESO
No le deis a mi alma días sombríos,
no dejéis que la marchiten los dolores ;
dadle la expresión de tus amores
uniendo tus labios a los míos.
Me causa, amada mía, muchos enojos
que digas que con eso tu conducta ajas ,
porque cuando creéis que te rebajas,
te engrandeces ante mis ojos.
Porque el símbolo del amor sería
de la boca inocente el casto beso,
y qué feliz sería si llevara impreso
tu beso en mis labios, amada mía.
Nunca podré olvidarte, no creas eso,
no lo pienses siquiera, amada mía,
porque mi amor no es celaje de un día
que se deshace con la expresión de un beso,
Es átomo de infinito que en mi ser se
anida
y se embellece tan solo con tu mirada ;
es algo que me grita que mi alma enamorada
quede, por un beso, con tu alma confundida.
Ven amada, ven sin tardanza y sin temor
para que imitemos a las aves en su nido.
Cantemos, ya que estamos del corazón unidos,
con nuestros besos un himno de amor.
RECUERDO
En una mañana
cuando la aurora
los pétalos dora
de los rosales en flor ;
cuando las aves trinan
co libre albedrío
y cae el rocío
cual lluvia de perlas ;
¡Ah !, en esa mañana
llena de efluvios de rosa
de perlas de indiana,
de luz y de trino,
te encontré, ¡oh, mi diosa !,
envuelta en gasa de lino.
El jurado le adjudicó el segundo lugar en poesía, lo cual
consta en un libro de Julio Verne que le entregó Virginia Guardia, la profe de
español, y que está extraviado.
A veces, cuando más apurados estamos y no encontramos la
salida a los problemas, se presentan situaciones que favorecen la
solución. En el caso de marras, no fue
que hubo intervención divina par inundar de inspiración a Gerardo, sino que
dios hizo que cayera en sus manos Horas de Ocio, el libro de poesías y prosa
del abuelo Arturo Mayorga Huembes, que fue transcrito a máquina por Arturo, su
hijo, en 1936. En menos que se pueda
decir Jambri chimbri, jambri jom, seleccionó los dos poemas y los entregó en el
Liceo.
Gerardo sintió vergüenza por el engaño que hizo al jurado,
pero se sintió honrado y orgulloso porque corrió un riesgo para reivindicar a
su abuelo, verdadero héroe anónimo de esta gesta.
Gerardo vive actualmente en Urbanización los Cipreses de San
Juan de Tibás.
LOS HIJOS DE LOS QUESADA MAYORGA
HIJOS DE HERMELINDA QUESADA MAYORGA Y JENARO GARITA
COLES :
Jenaro Adolfo Garita Quesada :
Una vez, siendo Jenaro Adolfo un niño de unos tres años, ya
había sorprendido a más de uno con su sabiduría y su abuelito, don Rafael, al
agacharse a buscarle una bola de vidrio que el niño dejó caer, juntó, de debajo
de la grada que había al bajar de la casa de Rafael a la nuestra, un juguete y
le dijo : -Tome, Jenarito, juege con este soldadito.
El niño tomó el juguete y le dijo : -No,
abuelito !, esto no es un soldadito, es un as-tro-nau-ta !.
Otro día, removieron unas piedras en el fondo del patio, y
el abuelito dijo : -Mire,
Jenarito, una chincha.
Y el niño le dijo :
-No abuelito, no es una chincha, es un insecto de humedad.
Una vez Yami se dirigió a Jenar utilizando algún párrafo de
una ópera en italiano o alemán y él le contestó lleno de inocencia : -Tía, no entiendo, yo solo sé español,
inglés y francés.
Otro día, en esa época, al explicarle la misma Yami el tema
de un cuadro que colgaba de alguna pared, le contó la historia de Jesucristo
porque Jenar quería saber porqué tenía una herida en el costado. Sin pensarlo mucho, en medio de la historia,
le indicó que el soldado Longino recobró su vista al pringarse con la sangre de
Cristo. Mucho tiempo después, el niño
pidió que se le contara de nuevo la historia, la de Longino.
RUTH MARÍA :
FRANCISCO
JAVIER :
JORGE MARIO :
MARIA ESTHER :
LOS HIJOS DE RAFAEL ARTURO QUESADA MAYORGA Y CARMEN REYES
MAYORGA :
CARMEN MARÍA :
RAFAEL ARTURO :
MARÍA
GABRIELA :
Hoy todo cambió?
Todavía
puedo recordar, cómo hace sólo unos años todo a nuestro alrededor era
diferente. Se salía a las calles; se podía caminar por la ciudad; se veía y se
escuchaban los valores de los ticos por donde se mirara.
Hoy todo cambió! Nadie Saluda; dá los buenos
días; las señales se han convertido en sólo dibujos que adornan las calles y
aceras del país y parecen decir: HAGA LO QUE DESEA!! USE SU DERECHO A LA
LIBERTAD! Yo pregunto LIBERTAD? O CINISMO?
Porque si más no recuerdo, hasta hace unos pocos años atrás todo iba bien; se
seguían las leyes como se debía; no se brincaban los altos, no rayaban en curva
ni pasaban sobre las aceras para llegar de primeros no sé adónde, y sacar la
mano por la ventana no significaba PASO Y PUNTO!
como muchos creen que eso significa ahora. Pero da la impresión de que es más
fácil ignorarlas y YA!. El PORTAMI!!
parece ser el lema del tico en estos días.
Será ésta acaso una conducta aprendida?....Pues cómo no! Si
tenemos a nuestros maestros en los más altos puestos del país; hombres y
mujeres que en su momento (olvidado por ellos completamente) juraron ante toda
una nación: amor, respeto y dedicación a su país Costa Rica no a su bolsillo.
Hoy sin embargo vemos en nuestras narices como
de la noche a la mañana un país que pasaba casi inadvertido para la mayoría de
las personas en el mundo, rápidamente ha dado la vuelta y se encuentra en las
primeras planas de los periódicos más importantes del planeta.
No, no por dar algún beneficio importante al
mundo sino por ser la casa de un sinfín de sinvergüenzas que han decidido
enriquecerse y destruir al pedacito de tierra que un día les dio la vida.
Ah! Y para todos los que dicen por ahí que Costa
Rica no es la Suiza Centroamericana, déjenme decirles que sí lo es, claro con
unas pequeñas modificaciones. En la Suiza Europea los pillos mantienen su
economía como una de las mejores del mundo, con sus inversiones
multimillonarias, pero en nuestra pequeña Suiza los pillos se enriquecen de
ella exprimiendo cada vez más las inversiones multimillonarias.
Yo me pregunto….qué pensarán las familias de
estos hombres y mujeres que se han encargado de terminar con Costa Rica, país
que les ha dado todo (se puede decir que literalmente TODO)? La vergüenza, las
humillaciones, el desprecio que recibirán de ahora en adelante estas familias a
causa del PODER, si se le puede llamar así, de hombres y mujeres sin escrúpulos
que sólo pensaron en YO, y no en las personas que con fe ciega los pusimos
donde están, esperando, a cambio recibir la ayuda y servicio incondicional de
su parte?
Gracias señores ex-presidentes, abogados DEL
PUEBLO (?), hombres y mujeres DE BIEN(?) que gozan de los puestos más importantes del país. Gracias a
ustedes somos famosos ante el mundo entero, gracias a ustedes sabemos la
diferencia entre robar una gallina para estar preso en una cárcel como
delincuente y destrozar un país para estar en casa felices, seguros y hasta con
guardas. Gracias señores y señoras por haberse encargado de su país o más bien,
saqueado a su país.
Que Dios les perdone!!
Porque el pueblo costarricense dudo que lo haga.
2004-10-17, Gabby
RODRIGO:
LOS HIJOS DE CARLOS FRANCISCO QUESADA MAYORGA Y MARÍA ROSA
RODRÍGUEZ MORERA :
MARTA EUGENIA :
CARLOS
FRANCISCO :
EDUARDO :
RICARDO ALBERTO:
IRENE MARÍA:
LAS HIJAS DE LUIS FELIPE QUESADA MAYORGA CON ELIZABETH
DÍAZ CHACÓN Y VERA QUESADA QUESADA:
KATTYA QUESADA
QUESADA :
VICTORIA QUESADA
DÍAZ :
CAROLINA QUESADA
DÍAZ :
CATALINA QUESADA
QUESADA :
LOS HIJOS DE MARÍA CONSUELO QUESADA MAYORGA CON JOSÉ
ANTONIO OCONITRILLO Y MARIO VARELA:
ANTONIO JOSÉ
OCONITRILLO QUESADA :
NATALIA VARELA
QUESADA :
LOS HIJOS DE MIGUEL ÁNGEL QUESADA MAYORGA CON GEORGINA
SALAZAR CARVAJAL E ILEANA MALAVASSI:
MARCO ANTONIO
QUESADA SALAZAR :
MARÍA GEORGINA
QUESADA SALAZAR :
KARLA MARÍA QUESADA
SALAZAR :
TATIANA QUESADA
SALAZAR :
DAVID QUESADA
SALAZAR :
DANIEL QUESADA
SALAZAR :
ADRIÁN QUESADA
MALAVASSI :
LAS HIJAS DE GERARDO ENRIQUE QUESADA MAYORGA CON SONIA
GUZMÁN MEJÍAS :
MÓNICA :
Obtuvo el grado de maestría en Administración de Negocios de
UCR y trabaja en un banco privado. Se casó con el también master Andrei
Castrejón González y viven en Tibás.
RAQUEL :
Se amarraba los zapatos a los cuatro años.
Cursó la carrera de arquitectura en la UCR en tan solo 5
años, elabora su tesis actualmente y partirá pronto para Italia a perfeccionar
sus conocimientos.
LOS HIJOS DE JOSÉ ALBERTO QUESADA MAYORGA CON ANA CECILIA
CALDERÓN NAVARRO :
ANA
CECILIA :
KAREN
CRISTINA :
JOSÉ ALBERTO :
Índice
Capítulo 7.
PRIMOS DE LOS QUESADA
MAYORGA
SIMÓN ENRIQUE REYES
MAYORGA :
Quico, contemporáneo con Francisco, estaba sometido al
férreo control de don Simón Reyes Munguía, su padre y una vez que vino a pasar
el año que Rafael estaría en Rochester con la American Field Service la casa de
los Quesada, dio muestras de ese control, pues al día siguiente, a las cinco de
la mañana, comenzó a despertar a sus primos para salir del cuarto, llamándolos
vagos y perezosos.
Todos se quedaron en sus camas y el muchacho deambuló por
toda la casa, solo y meditabundo. Ese
mismo día fue sometido a un trajín de juego que lo cansó, de manera tal que al
día siguiente fue el último en abandonar la cama para levantarse. Así siguió los días subsiguientes,
disfrutando el calorcito de la mañana bien cobijado.
El colmo de estas vacaciones, es que no quiso irse para la
casa, se quedó con los Quesada, y al final de año, ellos volvían del colegio y
se lo encontraban durmiendo tranquilamente.
Ese año, reprobó en el Colegio Los Ángeles, donde cursaba el segundo
año.
Todavía recuerdan que al ir al colegio a ver cómo andaban
las cosas, el padre director le dijo que todo estaba arreglado, lo que lo
alegró sobremanera, pero luego se dio cuenta que lo arreglado era que debía
repetir el año. Don Simón padre vino
por él y luego lo matriculó en el Liceo San José, en el barrio donde residían.
JORGE ARTURO MAYORGA
MOYA :
J´Arturito o Tutúa, hijo del Lic. Arturo Mayorga Matus y
Odilíe Moya Selva y nació en la casa de los Quesada, el mismo mes que Federico
Quesada.
Cuando estudiaba la secundaria, contaba que a veces venía
desde su casa en San Rafael de Tres Ríos, cómodamente montado en su moto Gilera
de 175 cc. Y cuando le tocaba doblar en San Pedro para ingresar al colegio, se
decía, levantando los hombros y haciendo trompilla : -¡Ah !, voy a ir donde Tía
Consuelo.- Ahí se juntaba con Luis,
Miguel o Federico y se le iba el día en un dos por tres.
A veces pasaba largas temporadas en esa casa, durmiendo en
la barraca de los vagos, y recuerdan que una vez que llevaba como dos meses
viviendo donde los Quesada, Miguel y Tutúa se pasaron la noche celebrando el
natalicio de Marco Antonio Quesada Salazar en la cantina La Florida, frente a
la Botica la Dolorosa. En la madrugada,
no pudieron aguantar las ganas de vomitar, y a lo único que atinaron fue a
colocar hojas de periódico para cubrir la hazaña. Federico había estado enfermo y también había vomitado.
Luego llegó Tuto a saludarlo, eran como las once de la
mañana y él dormía plácidamente. Tuto,
que así le decíamos al único abogado que tuvo la familia en el siglo XX, no se
atrevió a entrar al cuarto, se quedó mirándolo severamente pues el joven lucía
unos cabellos largos y acolochados, bastante despeinados y le dijo: -Qué, ¿no pensás volver ?.- Dio vuelta para marcharse, pero pensándolo
un poco, volvió de nuevo a asomarse por la puerta del cuarto y le arrojó Ç2.00
diciéndole : -Tomá, para que te
pelés.
Cuando se iba de juerga con Miguel, tenía que venir a media
noche a desarmar la torre de chunches que Gerardo y Jose le colocaban sobre la
cama, para que, si dejaba caer algo, se armara un bullón a medianoche. Él nunca olvidó comentar esas chiquilladas
al día siguiente, como alentando a los muchachos a crear la tradición.
El mismo Jorge Arturo contó en la celebración un día después
del cumpleaños setenta y cinco de su madre, el cuatro de julio de 1990 en el
Templo Cristiano Filadelfia, en Calle Chavarría de Tres Ríos, que su padre,
preocupado por las largas temporadas que él pasaba en la casa de La Dolorosa,
sobre todo pensando en que seguro había incomodidades al tener que cederle una
cama, a lo que don Rafael contestó :
-No te preocupés, Tuto, que cuando este muchacho llega a dormir ya todos
nos hemos levantado.
¿Quién iba a decir que luego este sería el segundo médico de
la familia en todo el siglo XX?.
Por cierto, encontrarán un álbum de fotos de
los Mayorga Moya, muy completo, donde aparecen todos mis primos.
ALFREDO MIRANDA
QUESADA :
En el mismo sector del patio donde se jugaba carritos,
1-2-3-queso, trompos, bolillas, basket y mirón-mirón-mirón, está fresco el
recuerdo de Alfredo El Morenazo Miranda Quesada, porque una vez llegó de
Estados Unidos con una cámara de filmación, allá por 1959, y grabó la imagen de
algunos de los integrantes de la familia.
Este primo de los Quesada era famoso porque cuando joven, en Sabanilla
de Montes de Oca, volaba con su bicicleta por las empinadas cuestas del
distrito. Se cuenta que las bajaba en
forma suicida con su bici número 28, y una vez separó a dos novios que bajaban
cogidos de la mano, pues pasó entre ellos en forma vertiginosa. Más adelante, ya doctor en farmacia y casado
con Betty Beck y habiendo nacido Alex, su unigénito, usaba su Chevy II como si
fuera la bicicleta; entonces recorría
la avenida central con el carro hacia atrás, contra vía, como si transitara por
una autopista. Cuando tomaba la
autopista Wilson llegaba el marcador a 110 kilómetros por hora con su carro
blanco. En ese mismo carro conocieron
doña Consuelo, don Rafael, Gerardo y José los más bellos lugares turísticos del
país, pues él tenía el costo de pasar a recogerlos el domingo para llevarlos a
Cachí, Orosi, el Irazú, Aserrí, Escazú, Santa Ana y muchos otros lugares en
viajes de varias horas. Alfredo y
Fidelina son los padrinos de José Alberto
JORGE MIRANDA
QUESADA :
Rosa y Humberto lo habían conocido en el Hogar para niños
Fray Casiano de Madrid, en Puntarenas y lo trajeron con ellos a Sabanilla.
Este primo fue toda una leyenda, pues la primera vez que
llegó al patio de los Quesada, estaban los niños en sus juegos cuando vieron
entrar un muchachote como desaforado, gritando, saltando y agitando los brazos
como queriendo descargar toda la tensión que le causaba el ambiente citadino.
Allá en Sabanilla, en un cañal que crecía al fondo del
patio, había construido una intrincada serie de callejones que perdían a
cualquiera, todo con el objetivo de ocultar la entrada a su madriguera, en la
que se metía a fumar Salen, Kent y Lucky Stricke.
Cuando llegó a la adolescencia, hizo varios viajes al
interior del país, pues “se iba de la casa” a cada rato, pero luego
volvía. Gerardo nunca olvida la
impresión que le causó la vez que su padre lo llevó con él a recogerlo a la
parada de buses, proveniente de Línea Vieja, con mirada arrepentida y unas
alforjas vacías, como aquella persona que vació sus ilusiones en los días que
duró el viaje.
Las veces que se le vio en su intimidad, ya fuera en
Sabanilla o cuando se quedaba a dormir en La Dolorosa, se mostraba totalmente
arrollado en la cobija roja, con solo la punta de la nariz al aire. Ellos le decían Gorato.
Ya casado con una salvadoreña, en mil novecientos setenta y
seis pasó una temporada en la casa de José Alberto, en Jardines de Tibás.
EDUARDO REYES
MAYORGA :
MARÍA ODILIE MAYORGA
MOYA :
Se recuerda que fue
candidata a Mis Costa Rica.
ORLANDO REYES
MAYORGA :
LEONOR REYES
MAYORGA :
CARLOS ALBERTO MORA
MAYORGA :
Índice
Capítulo 8.
LOS ANTEPASADOS DE LOS
QUESADA MAYORGA
Primero que nada, al ser los abuelos paternos apellidos
Quesada Quesada y Quesada Rodríguez, no cuesta nada imaginarse la gran cantidad
de Quesadas costarricenses que pueden ser parte de la familia ancestral.
Sin embargo, aunque parezca paradójico, estos 10 hermanos
desconocen el origen de las “cepas” de Quesadas, por lo que no se sabe de dónde
vienen, si de Poás, Grecia, San Ramón, La Legua de Aserrí, Cartago o San
Carlos.
Empecemos por decir algo de la rama materna, los Mayorga
Matus.
LOS ABUELOS MATERNOS DE LOS
QUESADA MAYORGA
Juanita Matus Jirón
y Arturo Mayorga Huembes
Amantísima esposa y abnegada madre, emigró de su país natal
allá por los años 1915-1916. Junto a su
esposo y su hija mayor, María Consuelo, se estableció en Costa Rica para nunca
volver a la tierra que la vio nacer.
Cuatro hijos más, Carmen, Gloria, Arturo y José Francisco,
vinieron a llenar de alegría el hogar Mayorga Matus, formado por el señor
Arturo Mayorga Huembes y la señora Juanita Matus Jirón.
Honesto, disciplinado, trabajador incansable, cumplido,
responsable, hombre de gran sobriedad y muy recto de procederes y de oficio
sastre, supo inculcar a su familia todos estos valores y virtudes, al criarla y
educarla en un ambiente religioso, dentro de un marco de amor y respeto.
Es amante de las bellas artes y de las letras y se deleita
con ellas. Gusta de componer y escribir
versos, poemas y acrósticos. Entre
muchos que ha compuesto, ha dedicado un delicado poema a cada una de sus hijas,
como también, con mucho fervor, le ha compuesto unos hermosos versos a la madre
del Niño Jesús, quien junto con San José, su Niño Bendito, una mula y un buey,
forma un enorme y bello pasito admirado por cuentos visitan su casa en Barrio
México, y que con mucha devoción guardan los esposos Mayorga Matus en un grande
y hermoso camerino de cristal y maderas labradas.
De porte altivo pero de corazón humilde, piadosa y muy
devota, ha dedicado su vida al estudio y la veneración de las Sagradas
Escrituras, alternativamente con la crianza de su familia, a la que ama con
verdadero y profundo amor y a la que ha sabido inculcar, junto con su virtuoso
esposo y con gran sabiduría y responsabilidad, los más firmes valores morales y
religiosos.
De gran delicadeza y gusto refinado, poseedora de un
espíritu exquisito y de una gran sensibilidad, es también amante de las bellas
artes y así como su esposo, gusta de escribir versos y bellos pensamientos.
Los esposos Mayorga Matus forman un matrimonio modelo,
ejemplo de sacrificio, de lucha, abnegación y renunciación, en donde ha
imperado el respeto y sobretodo, el amor, un amor libre de más leve mancha,
resguardado por un profundo sentimiento religioso.
La carta de presentación de don Arturo y doña Juanita: la virtud y la humildad ; así como la honradez: su escudo de armas.
LUIS FELIQUE QUESADA MAYORGA.
LOS ABUELOS MATERNOS
DE LOS QUESADA MAYORGA
Casi todo el Barrio México de las décadas intermedias del
siglo veinte tiene su recuerdo de los viejitos Mayorga Matus, entre 1940 y
1960.
A doña Juanita porque llamaba la atención su don de gentes,
la dulzura para con todos, porque había catequizado medio barrio dando las
lecciones del Catecismo en el alto en que vivía y porque pasaba todo el año
haciendo manualidades y vestiditos para las niñas pobres, los que entregaba,
sin pompa ni ceremonia el día de Santa Ana.
A don Arturo lo asimilaban con solo ver su porte elegante,
con esa erección que da el vigor moral de una persona humilde y completamente
dedicada al trabajo. Como era sastre,
usaba las mejores telas con los detalles más finos en el corte que seleccionaba
para la confección, aprovechando su relación con los vendedores, pues desde que
llegó a Costa Rica se ubicó en el Almacén Robert, que quedaba por muchos años
en la esquina noroeste del cruce de calle central y avenida dos.
Los nietos eran capaces de aceptar que la abuela los
sujetara con sus manitas delicadas y que les enseñara oraciones, pues era tan
amorosa que uno se contagiaba de ternura.
Siempre daba consejos y relataba hechos de antepasados, para que uno
imaginara a la familia que quedó en su país natal.
Adela Jirón, su tía, le mandó una vez estos versos :
A JUANITA DE MAYORGA, de
Adela Jirón
Hace doce años que te alejaste
Cuánto he sufrido, quiero llorar.
Mi vida es triste, sin una amiga
A quien mis penas confiar.
Cuando tenías casi quince años
Era otro tiempo, edad feliz,
Y era tu amiga, era tu hermana.
Con mis consejos, quizá algún día
Te pude guiar.
Recuerdo cuando paseábamos
Allá en el campo solitas las dos
Y hoy con mis penas, mi hogar es triste,
Las horas lentas, no hallo la calma
Sólo en la tumba la puedo hallar.
Y me imagino que me olvidaste,
Que eres dichosa, que eres feliz,
Cuánto daría por verte un día
Pobre tu Tía pide a María tranquilidad.
Dile a tus hijos que sean buenos
Que den ejemplo de la virtud,
Las niñas buenas las ve María,
Las quiere Dios.
Hace unos años que aquí he vivido
Viendo las olas, viendo el mar
Y contemplando que el que se ha ido
Lejos, muy lejos, no vuelve más.
Tía Juanita, estos versos son de Mamita Adela, así que
guárdelos como un recuerdo de la que nunca la olvidó. Su sobrina Adela Argentina Páiz.
El abuelo era un poco alegre con los niños, y el día de
cumpleaños, llegaba siempre con un paquete con uno o dos pantalones de
casimir; pero primero ofrecía el
paquete en una mano y en la otra una chapa de dos colones, ¡y siempre escogían
la chapa !, lo cual le causaba unas carcajadas de hilaridad, tan sanas y
llenas de crítica que al final uno se llevaba una lección.
Gustaba de escribir por las noches, junto a una tasa de café
que cogía del disco de la cocina, sorbía y volvía a colocar en el disco. Su esposa y sus hijos eran la razón de tanta
inspiración :
PARA MIS HIJAS CONSUELO,
CARMEN Y GLORIA
Como cascada de grata armonía
Oyóse tu voz en el espacio vibrar ;
Nardos y lirios te quieren brindar
Sus gratos efluvios que el aura perdía.
Un rayo fulgente de luna llena
Entre cárdenas nubes el cielo decora ;
Lo puro que hoy, niña tu alma enflora,
Ornará tu frente, si siempre eres buena
Nació el 14 de enero de 1914.
Como mágico canto de bella sirena
Adormeces mi alma, matas mi pena,
Rocío divino que en mi espíritu ungió.
Me ensancha el alma vuestra inocente ternura ;
En ti cifrada está mi grata ventura...
No mates la dicha que mi alma soñó !.
Nació el 26 de marzo de 1915
Gobiernen, dichosas, con remos de plata
La nave, y cruce el mar de la vida
Ovante del mundo ;
y cual luz difundida
Rompan la sombra que sobre el honor se dilata,
Í surjan gloriosas porque en sus almas se anida
Admirada del mundo la virtud que aquilata.
Nació el 9 de mayo de 1918.
El libro original transcrito por el licenciado Arturo
Mayorga Matus en 1936 se encuentra en poder de Gerardo, a quien se lo regaló su
madre María Consuelo en 1989.
GERARDO ENRIQUE QUESADA MAYORGA
LOS TÍOS Y PARIENTES
PATERNOS DE LOS
QUESADA MAYORGA
HUMBERTO MIRANDA
VEGA Y ROSA QUESADA QUESADA:
Era bastante gordo.
Su voluminoso estómago hacía que la camisa se le mirara ajustada. De pelo crespo, muy moreno y oriundo de
Filadelfia de Guanacaste, siendo muy joven se había trasladado a San José para
prepararse intelectualmente. Después de
estudiar el idioma inglés y de graduarse de bachiller en ciencias y letras, se
fue a vivir un tiempo a los Estados Unidos de América.
De vuelta en Costa Rica, en tanto hacía prácticas como
maestro de escuela primaria, cortejaba a la señorita Rosita Quesada Quesada, de
pudiente y acomodada familia, quien vivía por aquel entonces en casa de un
hermano suyo, en el barrio La Dolorosa.
En esta iglesia de la Virgen de los dolores, se casaron y
los invitados recuerdan cuando fueron aquella mañana a despedir a los recién
casados al Aeropuerto de La Sabana. El
avión despegó hacia el oeste y unos minutos después enderezaba su ruta hacia el
sur, para, dando vuelta, tomar luego su rumbo definitivo hacia el este.
Alrededor de dos años vivieron en Boruca, donde él había
sido nombrado como maestro en la escuelita del lugar. En aquella época se debía viajar avión hasta el pueblo de Buenos
Aires, pernoctar ahí y salir al siguiente día muy temprano, pues el viaje debía
continuar hasta Boruca a caballo. De
manera que para recorrer la distancia que existe entre los dos pueblos, era
menester emprender el viaje al despuntar el día, ya que dicha distancia es
enorme y el camino, una vez que se abandona el llano, asciende por las montañas
tornándose resbaloso y embarrialado, salpicado de peñones y barrancas que
entorpecen el paso y hacen avanzar a la bestia con dificultad. El jinete debe sostenerse muy bien en la
silla y permanecer atento durante toda la travesía, para evitar una caída.
En tanto que él impartía sus lecciones en la nueva escuelita
ubicada en un hermoso rancho de cañas y techo de paja construido para tal
efecto pues faltaban aún muchos años para que llegara el zinc al lugar, ella
había formado grupos de diferente índole en la comunidad. Algunas veces los reunía en algún lugar del
rancho, pero la mayoría de ellas lo hacían al aire libre. Los temas tratados eran básicamente aquellos
que ayudaran y facilitaran en alguna medida, en las funciones a las mujeres, de
manera que hicieran más rica y tal vez placentera la vida cotidiana.
Rosita era preparada y sabía mucho del arte culinario. Era muy buena en preparar recetas, así como
también en confeccionar adornos, decorar aposentos y hasta sembrar y dar
mantenimiento a hortalizas. Muchas
huertas se hicieron durante aquella época en que estuvieron ellos en Boruca,
supervisadas por Rosita. También había
formado grupos de costura, corte y confección y pus mucho énfasis en rescatar
el dialecto y el sistema de tejido que se había usado durante décadas,
generación tras generación, pero que peligraba con perderse.
Entre los niños y los adolescentes había formado una tropa
de “boy-scouts” o niños exploradores que fueron la gran sensación por su
novedad, con los que efectuaba largas caminatas por los alrededores y llevaba a
cabo otras actividades de carácter comunal.
Un día regresaron y se establecieron en San José.
El maestro de escuela rural prosiguió sus estudios en la
Universidad de Costa Rica, graduándose de profesor en Castellano, Literatura,
filosofía y Otras Letras, que lo hicieron escalar importantes puestos en el
Magisterio Nacional.
Trabajó en diferentes colegios de enseñanza y muy pronto fue
nombrado director. Había sido profesor
en los colegios Joaquín Vargas Calvo, ubicado en San Pedro, Omar Dengo, ubicado
en el edificio metálico, así como cofundador y primer director del Liceo Nocturno
Justo A. Facio, en La Sabana.
Su estómago lo había acompañado, abultándose tanto como
también se abultaba su experiencia y su prestigio, habiéndose distinguido al
final de su carrera como Oficial Mayor de Educación.
Visitaba con frecuencia al hermano de Rosita, quien tenía ya
diez hijos y continuaba viviendo el en el Barrio La Dolorosa. Era también educador y su cuñado lo
estimaba, como sentía también gran admiración por su esposa e hijos.
LUIS FELIPE QUESADA MAYORGA.
ROSA QUESADA QUESADA :
Rosa, la hermana de don Rafael, era una persona pulcra y
extremadamente seria y con un lenguaje crudo que había que tamizar, por lo que
costaba tenerle cariño ; sin
embargo, tanto daba a los demás, que no hacía nada por su propia imagen. Cuando uno creía que era malquerido por
ella, era porque veía solo sus pequeñas groserías y no apreciaba los gestos
bellos que ella constantemente tenía para con uno.
Nos tenía un apodo a cada uno :
don Rafael : SEMBRADOR
DE ROSAS / JOB
Linda :
Rafa :
Paco : EL
TODOPODEROSO
Luis : LUIS
FELIPE EL HERMOSO
Yami :
Quelo :
Miguel :
Fede :
Gerar : EL
PRÍNCIPE AZUL
Mónica : PRINCESA
CELESTE
Jose : EL
PRECIOSO JARDINERO
Jenar : EL
REY DE LOS GNOMOS
Antonio José : EL
AMOR HERMOSO
María Esther : LA
PRINCESA DEL SOL
María Gabriela : ESTRELLA
FULGURANTE
Ana Cecilia : PEDACITO
DE CIELO
Karen Cristina : RAYITO
TENUE DE SOL PRIMAVERAL
Todos tienen o recibieron montones de cartas y tarjetas por
su larga estadía en los estados Unidos de América, en cuenta Gerardo tiene en
su poder un paquete de noventa y cinco cartas y postales que recibió de ella
entre 1966 y 1985, desde Stafford y
McCloud, en las que solo puede apreciarse el amor y cariño por un sobrino.
Además, tiene otras cartas que ella cursó a doña Consuelo en
1947, cuando vivía en Boruca de Buenos Aires donde estaba con don
Humberto a cargo de la escuela:
ROSA QUESADA Q.
BORUCA, mayo 1947
Consuelo :
Aprovecho
para mandar ésta con Raúl porque el correo no es persona de fiar, le gusta
enterarse de lo que los blancos cuentan de ellos.
Quiero
mostrarle el panorama de aquí, tal cual es ; creo importante que conozcan algunas cosas. No lo hago como crítica, ni quiero que
trascienda, no estoy aquí para divulgar, sino para trabajar y
ayudar ; hay ciertos detalles que
me hacen pensar en que hay que ser más tolerante y generoso con el prójimo.
Estos
nativos hacen una vida puramente primitiva, conviven con los animales, para
ellos, no hay horas fijas, ni compromisos, ni responsabilidad, ni ilusiones, ni
ambiciones, creo que ni amor, sólo instinto.
Las mujeres,
con algunas excepciones, visten una manta tejida por ellas mismas, se arrollan
en ella, se ponen alguna camisa o blusa y listas ; esas mantas les duran cinco años. Como trabajo manual es algo valioso, para
hacerlas, comienzan desde cortar el algodón de la mata, quitarle la semilla,
blanquearlo, hacerlo hilo, etc.
Van a
distancias enormes a buscar las cosas que comen y lo cargan a la espalda en
unos cestos que ellos llaman jabas, hechas por ellos mismos ; así cargan los niños a todas horas. A veces, bajo un sol que abraza, van ellos
doblados por los caminos que son solo cuestas.
El medio de transporte es el lomo de caballo o de buey.
Tienen
deliciosas naranjas y apenas las comen, no toman leche, prefieren criar
terneros que ocupar ellos la leche.
Mueren muchos niños, los velan toda la noche, matan cerdos,
gallinas. Y toda la noche y otro día
hasta el momento de llevarlo al cementerio tocan acordeón y revientan bombetas,
no los lloran y a veces la abuela o una persona allegada lo lleva en brazos y
otro lleva la caja, los adornan con flores y papel de colores.
No conocen
la higiene, a excepción de dos o tres familias que tienen un poco y mejores
costumbres, No hay ni el asomo de
cañería, hay que lavar en el río ;
nosotros pagamos para que nos jalen el agua y pagamos a
lavar ; y dicho sea de paso, que
la joven que me lava no me cobra nada y no lo hace tan mal. Yo no abuso, le pago algo.
Los mayores
se enferman, toman alguna pastilla oriental o alguna píldora, no les hace nada,
se dejan así hasta que mueren.
Mientras
están contentos y hasta regalándonos algo, se enojan y no mandan más los
muchachos a la escuela. Si se visitan
mucho se enojan, si no se visitan se enojan, si están amables y se les ofrece
comprar frutas o cualquier otra cosa se enojan. Si sospechan que tenemos algo como café, azúcar, etc., mandan a
comprar sin plata y si no se les manda hay peligro de romper las
relaciones ; son enojos raros,
pero no se puede tener seguridad con ellos.
Se
comprometen a hacer un trabajo, pagándoles y pasan meses y el trabajo sin
hacer, si acaso una parte y a veces mal hecha.
Se van a hacer un mandado o a traer una carga y jamás vuelven, cuando
vuelven, tal vez traen un encargo para nosotros y si no vamos a buscarlo,
vienen a traerlo el día del juicio.
Si saben que
alguien obsequia algo para beneficio de ellos o hay un movimiento para mejorar
su condición, se enojan y dicen que ellos no le están pidiendo nada a nadie, no
necesitan y se encaprichan y no cooperan.
Esto es
interesante, se ve que tuvieron su grandeza, pero no la quieren reconquistar y
no les importa el progreso ni la civilización.
Vinieron a menos y están hundidos en ese dolor, inconscientemente.
Hay una
señora progresista a su manera, pero solo para ella, absorbe a los hijos y a
los nietos quienes viven en una tiranía, sumisos y sin rebeldía. Esta, para
enojarse y contentarse es la hora llegada y se encubre y no se sabe a qué
atenerse.
Son amantes
de la música, tienen buen oído y hay buenas voces, serían capaces de pasarse la
vida entera tocando sentados, los hombres, en las hamacas ; hay quien fabrica instrumentos. Entre los jóvenes que trabajan conmigo, hay
uno bien dotado, tiene finos sentimientos, es servicial, canta bien ; como le gusta la música se fabricó una guitarra,
no le ha podido poner cuerdas porque no tiene con qué comprarlas y los
parientes van y vienen de Puerto Cortés y no se les ocurre comprárselas. Este muchacho tiene los pies vueltos y así
se adelanta a todos para servir, sin duda por ese mismo defecto tiene más
sensibilidad, tiene grandes habilidades para la carpintería. Si a este muchacho lo pudieran comprender y
facilitarle medios para que se desenvolviera, sería muy útil a su pueblo.
Las casas
son ranchos oscuros y desde luego sucios ; tienen toda clase de animales, alacranes, cucarachas, hasta
serpientes llegan a veces ; yo les
tengo miedo. Solo hay dos de madera,
más claros y más limpios.
Aquí todo
tiene forma de serpiente : los
trillos, los caminos, las manchas de las paredes. Hay una quebrada que atraviesa el pueblo y cuentan que en
tiempos pasados fue la cueva de una enorme serpiente ; es leyenda, pero el lugarcito es
sospechoso.
A mí nada de
esto me preocupa, al contrario, me sirve de disciplina, aquí no se hace
absolutamente nada con carácter fuerte, ni con orgullo, ni exigencias, sólo una
paciencia única en lo que se necesita y todo lo personal queda sobrando. Muchas veces se me oprime el corazón al ver
cómo estos seres pasan la vida tan dura y tan triste, cómo las mujeres no tienen,
ni buen trato, ni ropa ni el menor estímulo de nadie, los maridos les pegan y a
ellas les gusta.
Los niños,
por lo consiguiente, con vacas algunos y no toman leche. Eso es duro, por eso yo siento verdadero
espanto al pensar que a las criaturas de ustedes o a ustedes les falte algo.
Ellos tienen
la idea de que los maestros son pobres diablos que vienen a ver cómo mejoran su
vida y tienen gran desconfianza y cuesta mucho que nos vendan las cosas. Tienen razón, han abusado mucho de ellos,
les compraban fiado y no les pagaban, las cosas de la escuela se las llevan o
las cogen para uso personal ; por
eso Humberto no quiere aplicarles la ley.
El los conoce bastante, conoce bien la situación y quiere que vayan
adquiriendo el sentido del comercio para que ellos mismos provean el pueblo de
lo necesario, para que no se vean atropellados por algún especulador de
afuera. Les dice que nosotros mismos
podemos hacer venir las cosas de afuera y ellos se verán obligados a comprarnos,
pero que no quiere hacerlo, quiere que sean ellos mismos.
Yo comienzo
a llamar la atención porque nunca ha llegado una mujer de San José a
vivir ; algunos me dicen que he
hecho un gran cambio y creen que no duraré mucho tiempo.
Este es, más
o menos el panorama que se me ha presentado, tiene bastante parecido al que
tuve toda mi vida con doña Ermelinda y don Ramón, con la diferencia que allá
podía hablar y patalear, nada conseguía, pero lo hacía; aquí, nada de eso se puede hacer.
Saco esta
conclusión: de que las razas tienen una íntima conexión. Antes me figuraba que los indios de mi país
no tenían mucho que ver con los blancos, pero ahora no pienso así, la apatía
que domina al blanco es herencia del indio.
No sé si a
ustedes les interesa tanta historia, a mí sí y mucho y me produce un gran
escrúpulo pensar en que a cada niño de ustedes no se le dé su destino, las
inclinaciones naturales que hay que saber aprovecharlas. Yo le ofrezco a Dios mis servicios y mis
sacrificios aquí, para que nos de vida y facilidades para el porvenir de esas criaturas
y más que todo, comprensión y espíritu de sacrificio. Cada día, al ir a la clase, tengo que subir en pleno sol una
cuesta que me deja sin aire, pero voy contenta porque voy a dar y a recibir y
además por eso recibo un sueldo que me servirá para ayudarles a ustedes.
Humberto
está muy contento de mi manera de pensar y de sentir y de la colaboración que
le presto. Lo que le mortifica es que
me ponga triste pensando en los chiquitos porque dice que pierdo la
tranquilidad que necesito para trabajar, que hay que tener confianza en Dios,
que nada les ha de pasar.
Los
discípulos míos, hoy de un modo, mañana de otro, prometen algo para el
porvenir, casi todos son de una misma familia ; son dos familias un poco más civilizadas que viajan a Puerto
cortés, a Golfito y gustan de las cosas que ven allá, donde luego los y las
hijas de éstos son más inteligentes, más libres y los que cooperan en
todo. Pienso que el día en que ésta
ranchería tenga un progreso y se convierta tal vez en una ciudad, estas dos familias
serán la aristocracia. Dicen las
mujeres mayores que, hace algunos años, los maridos tomaban a la esposa por el
pelo y la llevaban lejos a darle palo hasta verlas bañadas en sangre. Ya no lo hacen así, pero siempre les pegan.
Ahora
pasemos al panorama de la casa, vivimos en la casa cural, mientras nos terminan
la nuestra ; cuando el cura viene,
convive con nosotros y yo le tengo que dirigir a la cocinera, por pedimento de
ella ; por dicha viene muy
poco. El facilitó la casa a Humberto,
desde luego nosotros somos los responsables, tiene mucha loza y muebles que
nosotros usamos.
Los maestros
ordinarios también viven aquí, tienen dos chiquitos bien pequeños, su situación
económica es estrecha, como estamos al capricho de los nativos, a veces nos
venden leche y a veces pasan muchos días y no hay quien venda ; entonces, éstos niños toman pura aguadulce y
el más chiquito pide lechita. Les
compran leche de tarro, pero cuando se termina es cosa seria, hay que ir a
comprarla a Buenos Aires y es cosa de pasar el camino tan terrible ; en invierno no será posible pasar.
La señora es
joven, corre todo el día para evitar toda molestia, como poquito, para darle
más a los hijos. Los levanta temprano y
se los lleva a la escuela y ahí están hasta la hora de salida, a veces yo los
llevo a pasear, pero no es siempre ;
a veces estoy muy ocupada y prefiero estar sola. Ella vive mortificada, más cuando está
Humberto ; le tiene mucha pena y
él se acongoja, porque él no tiene diferencias para nadie, ni en los gastos, ni
en la mesa. Ella se parece a usted en
la manera de conducirse, es muy prudente y muy responsable. Está pobre, casi no tiene ropa, lo mismo los
chiquitos y anda unos zapatos que solo Dios le puede ayudar a subir y bajar el
camino a la escuela ; los parientes
les escriben y envían alguna golosina a los chiquitos.
Le cuento
esto sin la intención de criticar o de parecer como un Cristo o una víctima,
lejos de mí todo eso, es para que ustedes tengan paciencia y den gracias a
Dios. Aquí no es feo ni terrible, pero
no es para gente joven y menos con niños pequeñitos. Las incomodidades las soportamos mejor los que no vinimos
especialmente por el sueldo y somos viejos y tenemos ciertos ideales y además
contamos con algún recurso por allá, que una sabe que tiene a qué echar mano,
en caso de necesidad.
Los niñitos
éstos me han endulzado y distraído. Son
de Alajuela, de feria él, tiene el giro comprometido y tiene por fuerza que
viajar cada mes a Buenos Aires a recibir el dinero; no sé cómo se va a arreglar en pleno invierno.
Ahora
estamos en gracia de Dios, nos venden tres botellas de leche diarias a Ç0,25
cada una, le pedimos a Dios que dure el asunto. A mí la leche, no me interesa, pero a Humberto le hace mucha
falta. Los huevos se compran a Ç0,15
cada uno.
No hay nada
más fundamental para una familia como vivir en casa propia, sobre todo cuando
hay niños. Ustedes, aunque sufren y
tienen mortificaciones, deben dar gracias a Dios que tienen un techo que puede
llamarse propio. Aquí, cuando viene el
cura, los chiquitos los trae la madre a monte, no es por culpa de él, ni se
fija en nada, pero ella tiene temor de alguna molestia, el marido se enoja con
ella y la mortifica, porque es menos respetuoso y además no quiere a los curas,
ni cree en Dios ; y sin embargo se
sirve de todo cuanto está a su alcance.
Humberto nos dice : -Hay
que respetar y agradecer la gentileza del señor, si no fuera por él, tendríamos
que estar en algún rancho-. No crea que
yo me mortifico por nada, yo soy la dueña de la casa, cuando necesito loza de
por demás, la cojo, la uso y luego la guardo, lo mismo los muebles, pero los
estimo y no me preocupa que la otra casa no está, a pesar de que hasta que no
estemos en ella no tendremos todo lo que necesitamos.
Cuando
estuvo el antropólogo y la señora Stone, fue otra mortificación para ésta
mujer, porque los niños piden de cuanto ven, sin saber de quién es. Siempre la oigo decir : ¡Dios mío,
cuanto sufre una madre !. Por eso
es que yo no quiero que ustedes sufran calamidades.
Que las rosas
florezcan sobre su cruz. Rosa.
ROSA QUESADA Q.
Boruca, 8 de
julio de 1947.
Estimada
Consuelo :
Recibí todos
y cada uno de mis encargos, el velito es bello, aún no lo he estrenado, creo
que va a llamar la atención. El vestido
de baño me queda perfectamente y el color no me va tan mal, muchas gracias por
todo ; la carta adjunta me ha
encantado.
Usted es una
gran mujer, no es de ahora que yo lo reconozco, pero lo que se tiene de cerca
se nos hace tan familiar que hasta injusticias se cometen, pero cuando se está
lejos la visión se aclara, los asuntos personales así como los intereses, pasan
a segundo orden, los lazos de cariño se intensifican, se sufre mucho, pero se
aprende a amar de verdad a todos los seres, sobre todo a los que hemos tenido
muy de cerca. Hoy, hasta a mi madre la
valoro a través de ciertas cosas. La
vida no es más que una eterna experiencia, la madre debe tener mucho cuidado
para no hacer que en sus hijos nazcan resentimientos, porque cuando, como en mi
caso, quedan mudos por tantos años, nos causan un gran daño y ese daño se
extiende a los demás. Gracias a Dios
que algún día llega la luz. Si es
verdad que tengo algún desarrollo, a usted debo gran parte, su actitud ante las
cosas de la vida yo la apreciaba y ahora es cuando más comprendo esa actitud.
El consejo
que me da es sabio, no son la austeridad y la disciplina las que hacen cambiar
o mejorar, con eso lo que se consigue es oprimir. Para trabajar en esa otra forma que usted me aconseja, tengo que
renunciar a todo lo personal y olvidarme de mí misma, a veces quiero rebelarme
ante los inconvenientes del medio, hasta he pensado en irme, pero al ver el
cambio que se va operando en la juventud y las alegrías que ellos me
proporcionan, entonces comprendo que me debo a ellos y no a mí ; por eso soy más que la maestra, la compañera
que está con ellos en las dificultades, en las alegrías y en los
sufrimientos. Dichosamente Humberto eso
es lo que pretende, de modo que yo lo que hago es secundar su labor. Lo de la música lo hemos sentido ya, es de
suma importancia, la música los haría florecer inmediatamente, Es curioso que don Joaquín ya me lo había
dicho cuando me escribió. Todos los
seres idealistas piensan parecido. Tal
vez el año entrante podamos hacer algo más en ese sentido.
Eso de que
María Consuelo llore por sus galletas, me duele mucho y he pensado en que es
mejor que reciban por semana Ç 55 ;
iría incluido la mantequilla y algo para que pague a lavar la ropa
grande, entonces recibiría por mes Ç 220 ; es un algo más y pueda que por semana le resulte mejor, si le
parece, quiero que me avise inmediatamente para dar orden a Raúl, sin pena, con
toda libertad y confianza, yo no le doy más porque no puedo, estoy pagando lo
que debo a Chepe. Raúl se encarga de
pagarme esa deuda, pero ustedes saben que yo no quiero nada para mí y que mi
deseo es que tuvieran muchísimo, el año entrante será distinto.
Le quería
proponer un asunto, hablar con Miguel C., el que nos cuida la finca, a ver si
quiere criar cerdos a medias con usted, él es muy serio en sus cosas, yo le
puedo escribir, diciéndole que me gustaría que hiciera ese trato con usted o
con ustedes, él está bien dispuesto conmigo.
O si no cualquier otra cosa que a usted se le ocurra.
Yo pensaba
hablar con él en estas vacaciones, pero creo que no iré ; aunque fuera, no podría hacer nada por
motivo de la convención. Será hasta el
verano que viene si Dios quiere, hay que tener paciencia todavía ; estoy pasando grandes pruebas pero no me
falta la fortaleza necesaria, son sus hijos quienes me impulsan y me
inspiran. Soy feliz de poder darles
algo que me gano con mi trabajo, subiendo por una cuesta que me quita la
respiración cada vez que voy a la escuela, pero los llevo en mi pensamiento.
Linda me
dice que usted y Francisco están enfermos, yo me aflijo pero nada puedo hacer,
si por medio de la homeopatía no se componen, busquen al médico, en este correo
le escribo a Zamora haciéndole responsable de los servicios profesionales que
ustedes necesiten de él, no puedo hacerlo con otro. Yo hago cuanto esté a mi alcance para que tengan lo que más
necesiten. Es necesario tener siempre
un médico a la disposición. Si algún
día lo necesitan llámenlo en la mañana al Hospital y mientras se acostumbra,
como es tan distraído, llámenlo a casa de Rosa Q., para que atienda como a
clientes, bueno, usted me entiende lo que quiero decir. Aquellas molestias que usted sentía hay que
curarlas a tiempo, los indios conocen el valor curativo del matapalo de limón,
yo tanto que le recomendé a usted tomarlo, hágalo, ya que lo tiene a mano.
Creo que en
mi anterior le recomendaba comer de vez en cuando un maní o tomarlo en
horchata, es muy bueno para el organismo.
Sería muy
importante que ustedes tuvieran contacto con don Joaquín, el uno por ser
maestro y usted por tener pasta para educadora. ¿Porqué no se suscriben a Repertorio Americano ?, dos
colones al mes, todo maestro debería estar suscrito a él para dar un estímulo a
ese gran educador García Monge.
Hasta en las
goteras pienso, llueve tanto que me mortifico pensando en ellas.
Lo del Club
de Linda me ha hecho mucha impresión. Hasta pronto.
Que las rosas
florezcan sobre su cruz. Rosa.
P.D. : No deje de comprar naranjos. Le adjunto un papel para Raúl, porque si
está de acuerdo en recibir así el dinero mejor es no perder tiempo, pero hágalo
como sea mejor para ustedes. No olvide
darme la noticia del precio del café.
No se asuste
por lo que digo a Raúl de Chepe, eso no va con lo que le quiero dar a ustedes,
al contrario, si no lo acepta, me intranquiliza.
Esto es
aparte de lo de su papá, supongo que lo estará recibiendo, no tenga temor, yo
todo lo pagaré a su tiempo, una parte es obsequio mío.
(fragmento
de carta)
II.
Vicho Quesada, los hijitos no tienen el físico del indio. Últimamente he sabido que es hijo de un
blanco de apellido Quesada, él no sabe quién es su padre ni lleva su apellido,
tiene apellido indígena, pero vaya usted a saber si es como se dice una gota de
sangre ; no me interesa como
persona, lo que me llama la atención es la expresión de sus ojos, sólo anda por
las montañas, es lo que ellos llaman cimarrón.
Posiblemente
le siga llegando una revista interesante, ya está pagada.
Medidas para
el abrigo corto:
largo : 50
sin ruedo.
cintura : 71
hombro 11
largo manga 61
sin puño.
Boca manga 36
contorno de
pecho 75. No sé si esas serán las medidas que hay que
tomar. Las tomé con un centímetro
amarillo que traje. Tal vez su mamá puede preguntar por favor los precios de la
lana, que no sea muy mala, ni demasiado gruesa, ¿cuánto necesita ?. Me gustaría sin cuello ¿porqué no lo podría
hacer ?.
Al fin lavé
el forro, pero una mancha que tiene atrás no se le quitó, en caso de quedarle a
usted, tal vez con un bordado queda bien, tuve que cortarlo por temor a
desfigurar el abrigo y además hasta que no lo quité no se me ocurrió que le
podía servir a usted, tal vez poniéndole cinta queda bien, en fin, usted sabe
mejor para qué le puede servir.
Coma hígado
y jugo de espinacas, eso produce sangre y así ayuda a las inyecciones, tome
mucho fresco.
Ya las
huertas caseras comienzan a producir, llevan hortalizas a vender en Puerto
Cortés y trajeron su poquito de dinero, están de lo más felices, nunca habían
tenido dinero propio en sus manos, a mí me emociona mucho todo esto. No puede figurarse lo que les cuesta
conducir sus ventas a ese lugar o a cualquier otro ; primero a pie con la carga a la espalda, por
caminos difíciles con riesgo de encontrar serpientes, luego en bote, eso no lo
conozco yo, sin conocer el comercio, sin saber precios ; enfrentarse a las fieras humanas que los
miran como a una raza despreciable y una serie más de inconvenientes. Luego regresar subiendo el río y vuelta al
pueblo, siempre cargados, el que puede lleva bestia, el que no viene con la
ropa empapada por el sudor o los aguaceros, cuando trabajan mucho, no se ponen
rojos, sino lívidos, tienen muy poca sangre.
Humberto se
ha impuesto la tarea de ir con ellos a vender sus cosas y va a pedir a la Junta
de Protección de las Razas Aborígenes que construya un mercado en Palmar, que
es el lugar más cercano, así será mejor.
¿Se da usted cuenta de que estoy en un mundo completamente
nuevo ?. Sola habría tenido que
renunciar a mi puesto. Fuera de la
señora Stone no viene una sola alma, menos a hacerles un bien y su letargo es
tal que apenas comienzan a darse cuenta y esto muy pocos. Quiera el cielo que algún día tenga una vía
de comunicación más fácil.
Le propuse a
Raúl venirse a vivir con nosotros y dijo que prefería ser intermediario entre
la civilización y nosotros. Saludes.
Que las rosas
florezcan sobre su cruz. Rosa.
P.D. : Escribí
a Miguel proponiéndole el asunto, veremos que me dice. Toco en varias puertas a
ver en cuál responden, alguna me servirá.
Mientras tanto usted paciencia, esperanza y fe. No me duermo, tenga seguridad.
Otra cosa que guarda Gerardo con cariño es el recuerdo de la
forma en que Rosa trataba a los niños.
Él mismo vivió una experiencia que Rosa contó muy jocosamente para
sécula seculorum, porque un día trataba de convencerlo de que dijera ¡Viva
Pepe ! (Figueres) y el niño se mostraba renuente. En ese momento llegó alguien con panecillos
pequeños y una barra de mantequilla, a quien Rosa dijo : -Deme la mantequilla de Pepe. En ese momento el niño dijo, mecánica y
rápidamente : -¡Viva Pepe !.
¡Viva Pepe !.
Ya cuando estaba vieja, cada vez que venía a Costa Rica no
se quería ir y tenía que venir don H... a llevársela. Una vez Miguel Ángel la llevó a operar al Hospital San Juan de
Dios, pues le había salido una pelota en la espalda. Su salud siempre fue relativamente quebrantada por algunas
enfermedades de las que no se hacía comentarios, como el daño congénito que se
percibía en un ligero quiebre de su mano izquierda el cual disimulaba al colocar
constantemente su otra mano encima. En
los años cincuenta fue operada de una enfermedad en el estómago y Luis recuerda
que para trasladarla al hospital llamaron al Garage Vives 3022 y al marcharse
en un taxi verde tierno, el fiel Arauco corrió detrás del vehículo desde
Sabanilla hasta llegar al cruce con la calle que va para San Pedro de Montes de
Oca, donde está ubicada la Fuente de la Hispanidad.
Índice
Los aportes, en orden de importancia son de
Luis Felipe, Gerardo Enrique, José Alberto,
Miguel Ángel, Yamileth de los Ángeles y María Consuelo, todos Quesada
Mayorga, que con base en una idea de María Gabriela Quesada Reyes.
Capítulo 9.
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ÁRBOL
GENEALÓGICO DE LA FAMILIA QUESADA MAYORGA
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ABUELOS
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RAMÓN QUESADA Y
ROSA QUESADA
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PERFECTO
MAYORGA AYERDI Y JUANA HUEMBES
JUANA JIRÓN NOGUERA
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PADRES
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FRANCISCO
QUESADA QUESADA Y HERMELINDA QUESADA
RODRÍGUEZ
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ARTURO (Y
ERNESTO Y MANUEL Y GILBERTO) MAYORGA HUEMBES
Y JUANITA (Y ANITA) MATUS JIRÓN
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INICIO
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Rosa, Ramón, Concepción y RAFAEL ROMUALDO QUESADA QUESADA
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Carmen, Francisco, Gloria, Arturo y MARÍA CONSUELO MAYORGA MATUS
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1
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2
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3
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4
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5
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6
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7
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8
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9
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10
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HIJOS
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ROSA HERMELINDA DE LOS Á. QM.
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RAFAEL ARTURO QM.
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CARLOS FRANCISCO QM.
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LUIS FELIPE QM.
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YAMILETH QM.
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|
MARÍA CONSUELO QM.
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MIGUEL ÁNGEL QM.
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CARLOS FEDERICO QM.
|
GERARDO ENRIQUE QM.
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JOSÉ ALBERTO QM.
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16/10/1937
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26/11/1938
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30/06/1940
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05/02/1942
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02-12-¿
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23-03-¿
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10-
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04/11/1948
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18/08/1952
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14/09/1954
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Jenaro Garita
Coles 25-10
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CarmenReyesMayorga 16-09
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MaríaRosaRodríguezMorera 31-05
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ElizaabethDíazChacón 22-05
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Ma.GeorginaSalazarCarvajal
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MarielosFallasMadrigal 31-01
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SoniaGuzmánMejías 09-12
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MaríaCeciliaCalderónNavarro 4-7
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NIETOS
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Jenaro Adolfo
G.Q. 21-01
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Carmen María
Q.R. 20-03
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MartaEugenia
Q.R. 26-05
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Kattya Q. Q. 16-09-70
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|
AntonioJoséOconitrilloQ.
|
MarcoAntonio
Q.S. 23-12
|
Diana Valverde
Fallas
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Mónica Q.
G. 27-09-76
|
Ana Cecilia Q.
C. 11-05
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CÓNYUGES
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VivianRodríguezLópez
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JoséFabioCalvoRobles 16-12
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AlexisJiménezHernández
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02-Nov
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BISNIETOS
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Amanda Garita
R. 06-12
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José Pablo
Calvo Q 11-09
|
Susana Jiménez
Q 13-04
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Mariana Garita
R. 30-11
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Alexis Jiménez
Q 05-05
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Andrea Quesada
Quesada
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César Valverde
Fallas
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FranciscoJavierJiménezQ
16-6
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25/12/1989
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31/01/1987
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Ruth María
Q.G. 26-01
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Rafael Arturo
Q. R. 12-11
|
Carlos
Francisco Q. R. 12-2
|
Victoria Q.
D. 15-05-73
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Natalia Varela
Q.. 9-01
|
Georgina Q. S. 20-02
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Yendry Q. V.
19-03-82
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Raquel Q. G.
04-02-82
|
KarenCristina
Q.C. 18-09
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Carlos Thompson
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Diana Quesada
Díaz
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MikeAntony Thompson Q
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Alejandro
Quesada Díaz
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FranciscoJavier
G.Q. 27-11
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MaríaGabriela
Q. R. 03-12
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Eduardo Q.
R. 28-06-70
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|
Carolina Q.
D. 01-09-79
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Karla María Q.
S. 07-03
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José Alberto Q.
C. 25-04
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IsabelQuirósAgûero 30-11
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MaríaLourdesChinchillaOrtiz
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Javier Estaban
Garita Q. 23-06
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14-Jun
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Sergio
Alejandro Garita Q 15-09
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Cristina
Beatriz Garita Q 21-01
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Jorge Mario G.
Q. 10-02
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Rodrigo Q.
R. 03-08
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Ricardo
Q.R. 04-09-78
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Catalina Q.
Q. 01-02-84
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Tatiana Q.
S. 06-03-81
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|
HelgaQuesadaMonge 20-06
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TatianaPicadoCamacho
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Jorge Mario
GaritaQ 02-02
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Jennifer
Quesada Picado 17-7
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Allan GaritaQ.
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María Esther G.
Q. 07-12
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Irene Q. R.
06-03-80
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David Miguel Q. S. 02-02
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RAFAEL ROMUALDO QUESADA QUESADA 7-2-12
/ 24-6-74
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MARÍA CONSUELO MAYORGA MATUS 14-1-14
/ 24-12-96.
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Daniel Alonso Q. S. 12-10
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Adrián Q.
Malavassi
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G.E.Q.M.
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Esta historia continuará….
Gerardo.
Nota del 31-5-2005: En razón de que las personas que trabajaban conmigo
en este documento fallecieron, Jose y Luis, he decidido dejarlo tal como está y
continuar la historia con mis vivencias personales. Índice