¿PORQUÉ SONRÍEN LOS DELFINES?

Historia enviada por Ricardo Criado





          Los niños no necesitan palabras para comunicarse, basta solo una mirada o una sonrisa, o tal vez un gesto para que se le acerque otro niño. Y eso los delfines lo saben, porque son niños.


          Los delfines bebes son niños y los delfines papás son niños.


          Una vez, hace mucho tiempo atrás, los pescadores se metían al mar con sus redes y sus barcos muy rudimentarios para probar suerte, a veces la tenían, a veces no. A veces pescaban mucho y variado, otras regresaban con las manos vacías. A veces regresaban, otras no.


          A Dios le preocupaba la idea que esos hombres estuvieran solos en medio de grandes tormentas, en medio de mares inmensos, lejos de sus familias, y decidió hacer algo. Entonces, Dios, el creador de todo, que vive en el cielo que también creó, reunió a una gran cantidad de niños convertidos en lucecitas, niños que no habían tenido la oportunidad de estar mucho tiempo en la tierra, la oportunidad de jugar con otros niños, la oportunidad de sonreir, o simplemente la oportunidad de nacer y les habló de regresar a la tierra. Hubo un gran griterío y todos se pusieron muy contentos con la idea de volver a corretear. Pero no era todo tan facil, regresarían bajo ciertas condiciones. No podían comunicarse con los pescadores, solamente hacerles companía y ayudarlos a llenar sus redes, a cambio de eso podían jugar todo el tiempo que quisieran. Entonces Dios puso manos a la obra y comenzó a idear el plan, les dió a los niños una forma diferente a la que habían tenido, una forma que permitiera navegar junto a los pescadores sin agitarse, con solo moverse apenas, colores bellos y la capacidad de comunicarse con solo mirarse. Les dió forma de delfines, y una noche cerrada y muy tormentosa, descendieron a todos los mares del mundo, miles, de diferentes tamaños y de diferentes colores.


          Los pescadores estan muy ocupados en pescar mas y mas antes que lo pesque otro, y no prestan atención a esas criaturas que los acompaña, que juegan delante de la embarcación, y que a veces, les ayudan a llenar las redes para llamar la atención. Pero los niños sí saben del secreto y les gustan los delfines.


          No hay un niño que no le gusten los delfines y tampoco hay un delfín que no le gusten los niños. Los niños saben que la sonrisa de los delfines no puede ser sino de otro niño, y algunos grandes también sospechan lo mismo.


          Los que encierran delfines en acuarios para hacerlos trabajar, quizas hicieron trabajar antes a niños quitándoles la sonrisa. Los que matan a los delfines con sus redes sin hacer nada para evitarlo, quizas antes tambien hicieron sufrir a niños. Pero los delfines (como los niños) siempre nos dan otra oportunidad, y juegan y ríen esperando el momento que dejemos de hacerlos sufrir.




          Podrán sacarle la vida a los delfines, podrán sacarle su carne... pero lo que nunca podrán sacarle, es su SONRISA.






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