Histeria en el Planetario: una crónica

Sami Rozenbaum

Licenciado en Comunicación Social

 

Parte de la vialidad de Caracas colapsó por los vehículos de quienes querían llegar al Planetario. La gente se agolpaba e incluso pugnaba por entrar en la sala. Todos los canales de televisión estaban presentes.

Cualquiera diría que fue un sueño hecho realidad para quienes bregamos por divulgar la Astronomía. ¿Verdad?

 

PRÓLOGO

        A finales de julio, el Planetario Humboldt y la Fundación Amigos del Planetario Humboldt (Fundaplanetario) enviamos correos electrónicos a los medios de comunicación y personas interesadas en Astronomía. En ellos informábamos que agosto sería el “Mes de Marte”, ya que se produciría el mayor acercamiento entre la Tierra y el planeta rojo en tiempos históricos; no obstante, dejábamos bien en claro que la diferencia con otras oposiciones de Marte sería insignificante (unos cuantos miles de kilómetros entre casi 57 millones). Asimismo, anunciábamos que los fines de semana de agosto habría Noches de Estrellas (conferencias con observación telescópica), y los viernes se realizarían presentaciones audiovisuales con intervenciones del público, todo ello relacionado con el planeta Marte.

        Durante buena parte del mes, el efecto de estos e-mails fue virtualmente nulo. Casi nada salió en la prensa, y nada en televisión. Muy pocas personas se acercaron al Planetario, y de hecho hubo que suspender varias conferencias por falta de público.

        De pronto llegó una oleada de noticias del exterior, donde se enfatizaba que Marte estaría más cerca de la Tierra que en los últimos 60.000 años. Entonces sí “nos creyeron” y comenzó a hablarse sobre Marte en los medios, señalando que el Planetario ofrecería observaciones y conferencias. Pero nuestra advertencia de que esta oposición no sería muy distinta de las demás fue ignorada a favor del drama noticioso. Se dio a entender a la gente que si no aprovechaba para ver Marte el 27 de agosto, día de la oposición, no podría hacerlo más nunca en sus vidas (fue patético el caso de una reportera de televisión que, tras escuchar a un conferencista del Planetario decir que Marte se puede observar bien cada 26 meses, insistió en que era cada 60.000 años). Además, los correos electrónicos espurios que nunca faltan se encargaron de difundir el mito de que Marte se vería del tamaño de la Luna llena a simple vista, y cosas por el estilo. El propio presidente Chávez hizo mención de Marte. La mesa estaba servida.

 

COLAPSO

        Una multitud que la prensa estimó posteriormente en cinco mil personas –pero que podrían haber sido muchas más–, gente que quería poder contarle a sus nietos que “pudo ver Marte”, congestionó las vías que conducen al Planetario. La “tranca” comenzaba en la taquilla del Parque del Este que da al alimentador de la autopista Francisco Fajardo, se extendía hasta la avenida Francisco de Miranda a la altura de Los Palos Grandes, y no se movía. Cientos de personas hacían cola en la calle para entrar al parque, y muchas más formaban otra fila de aproximadamente medio kilómetro, ya adentro, para comprar las entradas. En los pasillos del Planetario resultaba casi imposible caminar y el calor era asfixiante. El caos llegó a tal punto que se temió no solo por la seguridad del público, sino por la del personal y las instalaciones; se pidieron refuerzos a la Comandancia General de la Armada (de la que depende el Planetario), y poco después numerosos policías navales establecían cordones humanos en los pasillos para controlar el tumulto.

Se vendían entradas para funciones que se darían dos horas después. Se decidió dictar ocho charlas en lugar de las cuatro previstas originalmente, y recortar su duración; pero era evidente que, con un aforo de 320 puestos, sería totalmente imposible dar acceso a todos. Afuera del edificio las luces de la televisión creaban un resplandor surrealista, mientras numerosos reporteros gráficos, sudorosos, trataban de moverse entre la muchedumbre. Cientos de personas hacían cola para observar por los telescopios colocados en el prado... Para ver nubes, pues lo peor de todo es que el cielo estaba encapotado y amenazaba lluvia.

        Yo me ofrecí para dictar algunas de las charlas con el fin de que el conferencista, nuestro amigo Carlos Quintana (Director encargado del Planetario), pudiese descansar un poco; pero durante una hora me fue absolutamente imposible acceder a la sala, pues todas las puertas estaban bloqueadas por un público agresivo que gritaba y amenazaba cada vez que alguien parecía querer “colearse”. Finalmente pude entrar, escoltado por un sargento de la Policía Naval. De pronto Carlos fue requerido por la Comandancia, y lo sustituí en un par de conferencias.

Afortunadamente el público salía de buen humor, y aplaudía eufórico cuando le informábamos que era protagonista de la noche récord en la historia del Planetario. Aunque después supe que una señora se quejó ante Globovisión de que el Planetario no estaba dando lo que había ofrecido, que las charlas eran “grabadas” (?), y cosas por el estilo.

       

EL RETORNO DE LOS BRUJOS

        Un episodio puso el toque pintoresco, y nos hizo entrar un fresquito a los amantes de la ciencia.

        Algunos de los lectores recordarán que durante el eclipse lunar de mayo pasado, y reiterando su comportamiento de años atrás, el canal de televisión RCTV llevó a uno de los astrólogos de su nómina al Planetario para entrevistarlo, otorgándole la misma importancia de los conferencistas. A raíz de este bochorno, Carlos le indicó a los periodistas que tal cosa no sería aceptable, y que si querían colar a sus brujos en el tema los entrevistaran en estudio.

        Pero he aquí que Hermes Ramírez, el rey de los hechiceros, hizo de pronto su entrada triunfal en el abarrotado pasillo y se dirigía raudo a la sala, seguido por las cámaras de Venevisión. Evidentemente, intentaba hacer algunas de sus enjundiosas “predicciones” con la conveniente escenografía del Proyector Planetario Zeiss. En ese momento fue detectado por Rafael Moros, del Observatorio Cagigal y también conferencista en el Planetario; este le indicó al Iluminado que no podía entrar. Su alteza estelar protestó, arguyendo que se estaban violando sus “derechos civiles”. Moros replicó que el Planetario es zona militar, y que él podía entrar cuando quisiera como cualquier mortal, es decir, haciendo la extensa cola que llegaba hasta bien entrado el estacionamiento. Hermes insistió en que acudiría ante las autoridades, pero la Policía Naval recibió la orden de no dejarlo pasar. Entonces el despechado nigromante se paró frente a la gente que hacía cola fuera del edificio, y empezó a gritar que lo que se estaba diciendo en la sala eran solo “mentiras”, que debía permitirse al público saber “la verdad”... Comportamiento que permite avaluar la calidad intelectual del personaje. Finalmente, ante la advertencia de que sería expulsado, se esfumó. Extrañamente, el Iluminado no pudo predecir que su intento de disfrazarse de científico no funcionaría.

        Hacia la medianoche se desató la lluvia, con lo cual terminó de marcharse frustrada la gente que no había logrado entrar ni observar. Afortunadamente no hubo casos de heridos ni desmayados, a pesar de varios conatos de violencia y de que muchas personas habían acudido con niños pequeños y hasta bebés.

 

EPÍLOGO

        La noche del 27 de agosto de 2003 pasará a la historia del Planetario Humboldt como aquella en que se dictaron ocho conferencias a sala llena, es decir, que más de 2500 personas recibieron nuestras charlas en apenas seis horas (la última conferencia terminó después de la medianoche).

Entonces, ¿por qué nos quedó un sabor agridulce a quienes siempre lamentamos la escasez de público en la mayoría de las actividades de esta querida institución?

        Porque la mayor parte de ese público no buscaba realmente saber algo de Astronomía. Iba en pos de la expectativa falsa que le vendieron mis colegas, los periodistas. Era el ansia por lo sensacional. La gran similitud entre la histeria que se vivió esa noche y la que se presenta antes del show de alguna estrella (farandulera) de moda, no fue casual. No pude dejar de percibir que muchos se fueron decepcionados a sus casas, sobre todo tras enterarse de que Marte se puede ver durante buena parte del año, todos los años, que los “acercamientos” se producen cada 26 meses, y que nunca les diríamos qué “efectos” tendría Marte en sus vidas. Es decir, que “perdieron el esfuerzo”.

        ¿También nosotros?

¿Podremos alguna vez lograr que los medios hagan una cobertura correcta de los eventos astronómicos, tanto antes como durante su ocurrencia? Hasta ahora, los esfuerzos lucen poco menos que inútiles.

Por cierto, la mayoría de los entrevistadores “ancla” de la radio y la TV capitalina presentaron astrólogos, pero pocos tuvieron la idea de hacer lo propio con gente de la Astronomía; si conocen la diferencia, les importa bien poco. También comenzaron a decir que el calor en Europa, los accidentes aéreos y la violencia en Irak tienen relación con la “cercanía” de Marte. Nueva Era, le dicen.

        En noviembre se producirá un nuevo eclipse total de Luna. Preparémonos para el espectáculo, el de allá arriba y el de aquí abajo.

 

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Además de Presidente de AREV, Sami Rozenbaum es Secretario de Fundaplanetario y conferencista en esa institución.

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