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“Mensajes ocultos” en la Biblia: ¿quién los puso ahí? Un libro afirma que los “Cinco Libros de Moisés” contienen las claves de todo tipo de acontecimientos, desde lo histórico hasta lo mundano |
Por Sami Rozenbaum
Un libro titulado The Bible Code (“El Código de la Biblia”), cuyo autor es Michael Drosnin, ha constituido un verdadero éxito de ventas e incluso parece que será llevado a la televisión. Su autor afirma que los textos del Pentateuco contienen un complejo código, el cual revela eventos que ocurrieron miles de años después de que la propia Biblia fuera redactada; es decir que la Biblia, además de ser el fundamento del Judeo-Cristianismo, puede ser empleada como libro de adivinación (algunos ya han denominado a esto “bibliomancia”) ...aunque hasta ahora se trata de “predicciones hacia atrás”, es decir, de acontecimientos que ya conocemos.
La técnica empleada por Drosnin se basa en la de Eliahu Rips y otros dos profesores de la Universidad Hebrea de Jerusalén, quienes en 1994 publicaron un artículo en la revista técnica Statistical Science bajo el título de “Equidistant Letter Sequences in the Book of Genesis” (“Secuencias equidistantes de letras en el Libro del Génesis”). Tanto Rips como Drosnin trabajan con el texto hebreo original, aunque como se dijo Drosnin toma el Pentateuco completo.
El procedimiento consiste en alinear las 304.805 letras del texto, ignorando espacios y signos de puntuación (es decir, tal como se supone que los textos fueron revelados por Dios); se programa una computadora para que busque palabras específicas, saltando n número de letras hacia adelante o hacia atrás y repitiendo esta operación a partir de todas las letras. Tras identificar el “hallazgo”, la computadora delimita el texto y lo coloca en forma de matriz para facilitar su visualización; en este crucigrama se pueden encontrar a veces “mensajes secundarios”, como uno que relaciona, siempre según Drosnin, a “Presidente Kennedy” con “Dallas”.
El autor alega que este método sólo funciona con la Biblia en hebreo; sin embargo, un estudio realizado por David Thomas y publicado en la revista Skeptical Inquirer (noviembre-diciembre de 1997) encontró que no es así.
Thomas no hace uso del texto hebraico, sino de una clásica traducción de la Biblia al inglés, la del Rey Jaime. En Génesis 31:28 encontró con facilidad las palabras “Roswell” y “UFO”, que el año pasado estuvieron muy de moda: Roswell es la localidad de Estados Unidos donde, según la leyenda, un OVNI (UFO en inglés) se estrelló medio siglo atrás. En el parágrafo empleado, “Roswell” tiene un “valor de salto” de apenas 4 (es decir, saltando 4 letras), y “UFO” de 12.
“Predicciones” en el expediente
Pero David Thomas fue más allá: además de la Biblia del Rey Jaime (aproximadamente 150.000 caracteres), empleó para su estudio el voluminoso texto de un expediente judicial, el caso “Edwards versus Aguillard” de la Suprema Corte de los Estados Unidos, que contiene unos 100.000 caracteres. Los resultados fueron asombrosos.
Thomas se limitó a valores de salto de 1.000 como máximo, y a realizar una búsqueda sólo hacia adelante en el texto (y no “hacia atrás”). Programó la computadora para buscar nombres de personas de cuatro, cinco, seis y hasta nueve letras (como “Dole”, “Oprah”, “Hitler” o “Clinton”). Estos nombres aparecieron miles de veces, tanto en la Biblia anglicana como en “Edwards vs. Aguillard”.
En términos generales, resulta más fácil hallar palabras cortas que largas; además algunas letras son mucho más comunes que otras en la lengua inglesa (como en todas), por lo cual fue más común encontrar a “Stalin” que a “Darwin”.
Pasando a buscar “códigos” que relacionaran varias palabras, Thomas puso en duda una aseveración de Drosnin. Este afirma que encontró relaciones como “Hitler/nazi” en la Biblia, pero no en la extensa novela La Guerra y la Paz de León Tolstoi, ni en una serie de letras generadas por la computadora aleatoriamente (al azar).
Thomas dio con una versión de La Guerra y la Paz en Internet, y “bajó” los primeros 24 capítulos de la Primera Parte (unos 167.000 caracteres). Con sólo llegar a un valor de salto de 750, encontró más de media docena de relaciones “Hitler/nazi”; en uno de los casos, la halló utilizando apenas cinco parágrafos contiguos.
A medida que el valor de salto varía, afirma Thomas, innumerables “códigos” –algunos de ellos “espectaculares”– aparecen y desaparecen. En un texto específico del Génesis (41:38-46), colocado como una matriz de 40 caracteres donde el último se repite al comenzar la siguiente línea, se hallan muchas palabras que pueden relacionarse de múltiples formas a gusto del lector. Un ejemplo puede ser “nazi sent pure hate here”, es decir, “nazi envió puro odio aquí”.
Otras relaciones muy interesantes halladas también por Thomas incluyen “Hale Bopp forty died” (el cometa Hale-Bopp, y los 40 miembros de una secta que se suicidaron con motivo de su llegada), en el Génesis del rey Jaime, así como “Trinity Los Alamos atom bomb” (términos y nombres relacionados con el proyecto estadounidense que desarrolló la bomba atómica), en “Edwards vs. Aguillard”.
Probabilidades manipuladas
Drosnin afirma que hallar relaciones de palabras como las que descubrió en el Pentateuco es “estadísticamente imposible”, y cita probabilidades en contra “de 3.000 a 1, o mucho menores”. Sin embargo, Thomas alega que al tener a su disposición miles de valores de salto y todos los movimientos posibles, Drosnin saca ventaja de billones de oportunidades: “está jugando a la lotería después de haber comprado todos los boletos”. Lo sorprendente sería que no apareciesen combinaciones curiosas.
Thomas estima que, al haberse limitado a un valor de salto máximo de 1.000, él mismo utilizó apenas un 3% de las probabilidades existentes en los textos (un ejemplo de Drosnin fue “Yitzjak Rabin”, que apareció en un inmenso valor de salto de 4.772, o sea saltando 4.772 letras).
Thomas señala, además, que encontrar combinaciones exitosas en un texto en caracteres latinos debería ser incluso más difícil que en hebreo, pues en éste último idioma no se requiere reunir vocales sino sólo consonantes, y con frecuencia una palabra puede identificarse –más bien, interpretarse– estando escrita de maneras diferentes, incluso faltando algunas letras.
Otros investigadores han desestimado también las aseveraciones de Drosnin, quien había emitido un reto en la revista Newsweek: “Cuando mis críticos encuentren un mensaje sobre el asesinato de un primer ministro en ‘Moby Dick’, les creeré”. El matemático Brendan McKay de la Universidad Nacional de Australia, y sus colegas, hicieron la prueba con traducciones al hebreo de varios libros –incluso, precisamente, Moby Dick. Encontraron en esta novela “predicciones” sobre la primera ministra hindú Indira Gandhi, el presidente libanés René Moawad, el canciller austríaco Engelbert Dollfuss, los presidentes Lincoln y Kennedy, e Yitzhak Rabin, además de otros personajes como León Trotsky, Martin Luther King, Robert Kennedy ¡y la mismísima princesa Diana! (el lector puede consultar este fascinante artículo en http://cs.anu.edu.au/~bdm/dilugim/moby.html).
El propio Eliahu Rips, cuyo artículo
original inspiró a Drosnin, niega haber trabajado con él y asevera no apoyar “ni el libro ni las conclusiones de él
derivadas”.
A modo de conclusión, puede decirse que si alguien encuentra “mensajes ocultos” en un disco escuchado al revés, cree ver caras en las nubes o adivina figuras humanas en las rocas del desierto, existirá realmente una percepción, pero no un mensaje. La percepción de un significado no implica que exista un mensaje intencional; la facilidad con que en un texto procesado en forma compleja aparecen palabras que para nosotros pueden tener algún sentido, no significa que estas hayan sido colocadas allí. La pregunta que encabeza este artículo puede, entonces, responderse así: “nosotros mismos”.