LA HISTORIA DEL ISARD SUPER 1204
La
firma Hans Glas había sido tradicionalmente una prestigiosa
productora de maquinaria agrícola, pero, tras la Segunda
Guerra Mundial, decidió incursionar en el negocio del
transporte personal fabricando pequeños automóviles
impulsados por motores de motocicletas, una combinación
que permitió la motorización de la clase media
europea tras la guerra. El éxito obtenido permitió
a la firma expandirse a otros mercados, siendo la Argentina
uno de ellos. Se creó así, en 1958, la Isard
Argentina S.A., con una planta industrial en la localidad
de San Andrés, provincia de Buenos Aires. El primer
modelo que salió de esta planta fue el Isard T400,
o sea el Gogomobil alemán, un microcoupé muy
vendido en su país, seguido poco después por
el T-300, con un motor aún más chico, pero con
la misma carrocería.
Hacia fines de la década de 1950, la Isard era todavía
una de las pocas plantas industriales dedicadas a la fabricación
de automóviles establecidas en el país, pero
a partir del decreto del régimen de promoción
industrial lanzado por el presidente Frondizi, las cosas comenzaron
a cambiar y la competencia aumentó. Esto obligó
a la compañía a mejorar la oferta, y así
fue como apareció su modelo más difundido, el
Isard Royal T700, un pequeño pero convencional automóvil
de motor delantero y tracción trasera, algo poco común
en autos de esta cilindrada, ya que la competencia —NSU,
De Carlo, Fiat 600 y Renault Dauphine— tenía
toda una disposición de “todo atrás”.
La única excepción era el Citroën 2CV,
pero éste estaba en una categoría a la que pertenecía
él solo.
Las ventas fueron buenas, pero hacia mediados de los sesenta
la tendencia general era hacia autos más grandes y
cómodos, y la Isard nuevamente tuvo que presentar algo
nuevo: el Isard Super 1204, que apareció hacia fines
de 1964. El motor era un cuatro cilindros de 1200 centímetros
cúbicos, con árbol de levas a la cabeza y una
compresión de 8,5 a 1, lo que le permitía desarrollar
una nada despreciable potencia de 53 HP DIN o 63 SAE, a 5.300
vueltas.
Sin embargo, no eran los elementos mecánicos los que
hacían del coche algo diferente, sino su forma “paralelepipedal”
(como rezaba un aviso) y ciertos elementos de manejo que le
daban cualidades deportivas, como los frenos a disco delanteros,
la palanca de cambios ubicada en el piso y la incorporación
de un cuentavueltas de serie (de hecho, el único coche
de producción nacional que lo proporcionaba sin costo
extra).
La velocidad máxima declarada por la fábrica
en el momento de su presentación era de 155 kilómetros
por hora (según publicidad de la época), con
una aceleración de 0 a 100 kilómetros por hora
en diecisiete segundos.
Se construyeron 550 ejemplares del Royal 1204, según
cifras oficiales.
