EL ORIGEN ITALIANO DEL FIAT 600
A
principios de los años cincuenta, se le planteó
al Ing. Dabte Giacosa una tarea que parecía imposible:
superar su gran obra, el Fiat 500 “Topolino”.
Este auto, sumamente exitoso (más de 100 unidades diarias),
se había convertido en sinónimo de coche utilitario,
con su pequeño tamaño exterior y su versátil
capacidad interior. Pero su aparición dejaba un claro
entre este modelo y el “Millecento”. Muchas fueron
las opciones analizadas, pero finalmente la guerra obligó
a suspender los estudios. Terminado el conflicto mundial,
los ingenieros de Fiat volvieron al trabajo y el proyecto
definitivo del auto apareció en 1953. luego, tras dos
años más de trabajos, el auto definitivo fue
presentado el 10 de marzo de 1955 en el Salón de Ginebra.
Publicitado como “La piccola vettura 4 posti”,
no era otro que el Fiat 600.
El “Seiscientos” era un utilitario de cuatro plazas
con un motor de 633 cm³ y para favorecer su penetración
en el mercado se vendía a un precio inferior al del
Topolino. Esto era necesario si tenemos en cuenta que era
el primer auto de Fiat con motor trasero, lo que provocaba
ciertas dudas. Otras innovaciones, menos visible y más
prácticas eran la suspensión independiente en
las cuatro ruedas y una estructura autoportante. Respecto
a sus características técnicas, desarrollaba
29 CV a 4.600 rev/min y alcanzaba una velocidad final de 106
km/h, con un consumo de 5,7 litros cada 100 km. Además,
podía transportar bastante cómodamente a cuatro
personas con 30 kg de equipaje.
Un año después se lanzó a la venta la
600 Multipla, el primer coche del mundo para el transporte
de pasajeros de pequeño tamaño, un auténtico
monovolumen de tres filas de asientos, lo que lo capacitaba
para llevar a seis personas. Por supuesto, para soportar el
previsible aumento de peso, se actualizaron los frenos, la
suspensión y la dirección.
Ya en los ’60, Fiat lanzó la necesaria evolución
del 600, identificado con la letra “D”. los cambios
estéticos incluían los paragolpes con uñas
metálicas, baguetas laterales que terminaban en los
pequeños faros de giro color naranja, que reemplazaban
los anteriores, ubicados sobre los guardabarros delanteros.
También destacaban un interior más confortable
y la adopción de ventiletes en las ventanillas. En
cuanto al motor, su cilindrada fue llevada a 767 cm³,
con lo que la potencia llegó a los 32 CV a 4.800 rev/min
y la velocidad final a 110 km/h, con un consumo aproximado
de 5,8 litros cada 100 km. Esta versión sufrió
varios pequeños cambios, de los cuales el más
importante fue la incorporación de puertas que abrían
hacia adelante, en 1964.
La siguiente evolución, identificada con la letra “E”,
introdujo una nueva parrilla en reemplazo de la de seis “bigotes”,
ahora con un centro cuadrado y dos brazos largos, que siempre
fueron de plástico cromado y no metálicos como
suele suponerse. Asimismo, se incorporaron faros delanteros
de mayor diámetro y luminosidad, con aros cromados,
y se eliminaron las baguetas laterales. En cuestiones mecánicas,
se cambió el filtro de aire a cartucho y se instaló
un tanque de nafta de mayor capacidad (31 litros). Los 32
CV de la versión anterior fueron llevados a 36 CV,
cambio que no era notorio a bajas velocidades, pero sí
a altas.
El 600 fue considerado uno de los primeros “world car”
ya que, además de en Italia, se fabricó en España,
Argentina, Yugoslavia y Rumania, y se exportó de Argentina
a Chile y Uruguay, y desde España a Cuba. El Italia,
el Fiat 600 se fabricó hasta 1969, tras una producción
de 2.591.000 unidades.
HISTORIA
DEL FIAT 600 ARGENTINO
Los
primeros coches marca Fiat aparecieron en la Argentina en
1900, cuando los hermanos Mestrallet, propietarios de un almacén
de ramos generales en “el Bajo” de Buenos Aires
importaron tres ejemplares del modelo Victoria 6 HP. Cabe
señalar que de este modelo, fabricado sólo durante
1900 y 1901, se produjeron apenas doce unidades. Durante los
años siguientes, y siempre en forma particular, continuaron
llegando al país autos de la marca italiana. Finalmente,
terminada la Primera Guerra Mundial, la compañía
decidió establecer una filial local, lo que hizo bajo
la denominación Sociedad Anónima F.I.A.T. Turin
– Sucursal Argentina.
La nueva firma instaló sus oficinas y talleres en un
edificio ubicado en la esquina de Godoy Cruz y Demaria, en
el barrio porteño de Palermo. Desde allí la
empresa comenzó a importar y distribuir automóviles
del modelo 501 de cuatro cilindros, 1.460 cm³ y 23 HP,
además de tractores, arados, camiones, motores marinos
y piezas de repuesto. En 1923 la compañía pasó
a denominarse Fiat Argentina S.A., al tiempo que abría
un show room en la esquina de Av. De Mayo y Perú. Paralelamente,
Fiat comenzó a importar —y a promocionar fuertemente—
el modelo 501 Colonial, en sus versiones torpedo y sedán,
y el modelo 519 S, un auto de lujo equipado con un motor de
6 cilindros, 4.766 cm³, válvulas a la cabeza y
una potencia de 77 HP, además de frenos en las cuatro
ruedas y servo. Este coche se ofrecía tanto en versión
Doble Phaeton como cerrado de dos puertas. En 1924, el periodista
Pedro Fiore y los hombres de Fiat Aristides Follis y Andrés
Longhi umieron Buenos Aires con Valparaíso en un 501
Colonial, iniciando una de las prácticas más
utilizadas por Fiat para promocionar sus coches: los raid.
Un par de años más tarde, uno de los inspectores
de la fábrica, el Sr. Alfaro Irigoyen, de dedicó
a recorrer el país en un Colonial, lo que permitió
a la compañía lanzar un aviso que rezaba: “Un
Fiat Colonial lleva ya recorridos 8.000 kilómetros
sin registrar ninguna alteración en sus mecanismos”.
Claro está que no era normal que un auto fuera capaz
de recorre semejantes distancias (y en nuestros caminos) sin
sufrir percances.
En 1925, dentro del marco de las extraordinarias campañas
publicitarias desarrolladas por la empresa, llegó al
país el gran piloto italiano Pietro Bordino, integrante
de la “Scuadra” Fiat en Europa. Con él
llegó su auto de carreras, un Tipo 802 (un 803 con
motor 805, esto es, un ocho cilindros y 3 litros) que había
sido prensentado oficialmente en el Gran Premio de Italia
en 1921. Bordino traía la misión de establecer
un récord que permitiera destacar la velocidad de los
autos de la marca. Sin embargo, tuvo dificultades para encontrar
un camino apto para la prueba. Finalmente, asesorado por los
oficiales del Automóvil Club Argentino, se decidió
por el camino de macadam irregular que unía Morón
con Bella Vista, en el noroeste del Gran Buenos Aires. Luego
de varios intentos, Bordino dejó un promedio de dos
corridas en sentidos opuestos de 192 km/h, lo que era una
velocidad increíble en esos días.
Mientras tanto, Fiat había continuado presentando nuevos
modelos y, sobre todo, versiones. Y en 1926, Fiat anunció
“el acontecimiento automovilístico más
grande del años” al presentar al público
local el nuevo Fiat 509 de 990 cm³. El coche costaba
4.985 pesos, pero hacia fin de año, la compañía
puso al alcance de su clientela la posibilidad de comprar
a plazos, a través de la firma “Casa Roberto
I. Rosa”. Hacia 1928, la Fiat local ofrecía nada
menos que veinte modelos diferentes, con precios que oscilaban
entre los 2.700 y los 18.000 pesos.
Pero aunque la compañía continuó en los
años siguientes mejorando y ampliando la gama de modelos
y versiones, todavía no había logrado introducir
un modelo capaz de verdaderamente popularizar la marca. Así
que constituyó toda una sorpresa la presentación,
en 1936, del primer Fiat 500, el “Topolino”, coche
que llegaba acompañado por “seis meses de garantía,
tres revisiones gratuitas y amplias facilidades de pago”,
apelando claramente a quienes estaban pensando en adquirir
su primer auto, un mercado en el que Fiat basaría sus
ventas durante los siguientes cuarenta años. Siguiendo
su estrategia de ventas, en el lanzamiento presidido por el
presidente de la compañía, Esteban Gras, se
incluyó una prueba de consumo para “señoras
y señoritas” que fue ganada por Hercillas Casares
Grondona, que logró la notable marca de recorrer 33
kilómetros y 287 metros con sólo 1 litro de
nafta.
Pero Fiat también continuaba presentando sus modelos
“normales”. En 1938 apareció el flamante
1500, lo mismo que el Nuevo Balilla, ambos de cuatro puertas.
En 1940 fue presentada en Buenos Aires la nueva línea
Balilla. Por entonces Fiat contaba con cuatro sucursales “directas”
en el país: en el centro (Av. Corrientes 1379), en
el Once (Av. Pueyrredón 41), en Barracas (Montes de
Oca 1726) y en la ciudad de La Plata (Calle 48 nº 626).
Pero entonces llegó la Segunda Guerra Mundial, y la
llegada de nuevos modelos (o viejos) se paralizó por
completo.
Cuando la importación se restableció, en 1946,
lo que fue presentado en Buenos Aires como “el nuevo
Fiat”, no era otra cosa que el 1100 que había
debutado en Italia en 1939, pero que nunca había llegado
a la Argentina. Sin embargo, el mercado local se hacía
lo suficientemente importante como para provocar una visita
del presidente de Fiat, don Vittorio Valleta, que llegó
con la idea de estudiar la instalación de una planta
en el país. Pero aunque esta idea no se formalizaría
sino hasta unos años después, permitió
el desarrollo de la filial local. Primero, creó dos
empresas subsidiarias: Agromecánica (para la distribución
y mantenimiento de los tractores de la marca) y Fidemotor,
a cargo de los grandes motores Diesel. Esta última
cambio su denominación y objetivos cuando Fiat ganó
una licitación para la provisión de 250 motores
para locomotoras. Desde Italia se resolvió producirlos
localmente, por lo que se creó la sociedad Grandes
Motores Diesel S.A., que reemplazó a la anterior.
Al mismo tiempo, y mientras debutaban en el país los
Fiat 1400 y 1900 y llegaban los primeros 1100 “cola
redonda”, la compañía instalaba su nueva
sede en la Av. Figueroa Alcorta, a pocos metros del estadio
de River Plate, donde en un tiempo había estado el
polígono del “Tiro Suizo”. Asimismo, se
iniciaba la construcción de una planta en la ciudad
de Caseros, donde se esperaba iniciar la producción
de los primeros modelos fabricados en el país. Cuando
este plan se diseñó, nadie preveía el
lanzamiento de la política de desarrollo del presidente
Frondizi, pero no caben dudas que la misma, formalizada en
1959, favoreció la realización del proyecto.
El modelo elegido para ser el primer Fiat argentino fue el
600, un coche que había nacido en Italia en 1955 como
parte de la política desarrollada en casi todos los
países de la Europa de posguerra para motorizar a su
población. Y con este objetivo había sido creado.
Sus principales virtudes eran su pequeño tamaño,
su bajo consumo y su precio. Poco después de su debut
en su patria de origen, estos simpáticos coches comenzaron
a poblar las calles argentinas, convirtiéndose en el
auténtico sucesor del “Topolino”.
El gobierno argentino aprobó sin problemas la propuesta
de la empresa italiana para invertir 4,5 millones de dólares
para la construcción de una planta en la localidad
de Caseros, Provincia de Buenos Aires (con oficinas en Cerrito
y Viamonte, de la Capital Federal), y pronto se inició
la producción. Así fue como el 8 de abril de
1960 salió de la planta de Caseros el primer Fiat 600,
de color gris claro y equipado con un motor de 633 cm³
y 28 CV, lo que le permitía alcanzar una velocidad
máxima de 100 km/h.
Siguiendo los criterios expresados en el régimen de
la Industria Automotriz que permitía la nacionalización
por etapas de los componentes de un auto, los primeros 600
tenían el 90 por ciento de sus piezas importadas de
Italia. Muestra de ello son que estos primeros tableros tenían
los textos en italiano: “Aqua”, “benzina”,
“olio”, etc. Una encuesta realizada por entonces
indicó que el 48,4 por ciento de los consultados calificaba
al auto como “Excelente”. Los puntos más
altos fueron los frenos, luces y estabilidad, los cuales recibieron
el 61 por ciento de la máxima calificación.
Por su parte, el aspecto peor calificado fue la capacidad
del baúl.
Entre 1962 y 1963 el “Fitito” no sufrió
cambios de importancia. En 1964 el motor fue llevado, como
en Italia, a 767 cm³ y 32 CV, lo que le permitió
a la firma agregarle la letra “D” al 600. Esta
versión, también conocida como Fiat 750, alcanzaba
una velocidad final de 110 km/h.
En 1965 llegó el Fiat 600 E, con la misma cilindrada
pero ahora con 36 CV. Sí se modificó su relación
de compresión, que se redujo de 7,8 a 1 a 7,5 a 1,
con lo que se podía utilizar la nafta de 83 octanos
(“común”) en vez de estar obligados a emplear
la de 88 octanos (“Especial”), más cara.
Este modelo aportó la plataforma para la construcción
del único convertible argentino producido en serie,
el Fiat 800 Spyder.
En 1968 apareció el 600 R, con un completo rediseño
en su interior, trompa con parrilla cromada, paragolpes con
defensas y llantas sin tazas. Ya era el auto más popular
de la Argentina y su producción oscilaba las 1.800
unidades mensuales. La última letra que lo identificó
fue la “S”, que acompañó la adopción
del motor de 843 cm³ (aunque conservaba la potencia de
36 CV). Esta versión se caracterizó por el profuso
uso de elementos de plástico, como la parrilla, aros
de farol y plafón de luz de patente, y la incorporación
de muchos elementos provenientes de su hermano español,
denominado allá Seat 600. La corriente de austeridad
le hizo perder también el encendedor, en cuyo lugar
se colocó el sapito del limpiaparabrisas.
En 1976 Fiat consiguió el récord de unidades
fabricadas de un solo modelo, con 250.000 vehículos
desde 1960. Cuando la producción del 600 cesó,
en 1982, la última unidad, con el número “300.000”
fue sorteada entre los periodistas que asistieron al evento
de despedida del modelo. El ganador fue Eduardo Pérez
Trigás, presidente de la Asociación de Periodistas
Radiales.

AQUÍ ESTÁ EL FIAT 600
©PARABRISAS,
Noviembre 1960
El
Fiat 600 no es un extraño entre nosotros. Aun antes
de los planes de fabricación anunciados por la empresa
Fiat en nuestro país, el 600 era ya un viejo conocido
en las calles y caminos de la República. Veamos, pues,
las características fundamentales de este vehículo.
¿Por qué motor atrás? Tocar este tema
es tomar parte en la que es tal vez la controversia más
enconada del momento técnico actual. La forma convencional
supone el motor adelante y las ruedas traseras motrices, accionadas
por un largo eje (habitualmente llamado cardan) que pasa debajo
del piso del coche. Las alternativas son dos: conservando
el motor adelante, hacer que las ruedas delanteras no sólo
guíen, sino también traccionen el coche. En
la segunda variante, se desplaza el motor hacia atrás,
traccionando las ruedas posteriores y dejando que las delanteras
cumplan la función orientadora. Cada sistema tiene
sus ventajas y desventajas, y, como hemos señalado,
la polémica al respecto es, más que larga, interminable.
Pero aún así, en lo que respecta a coches pequeños,
se ha concretado una mayoría (no absoluta) de opinión
tendiente a favorecer el descarte del sistema “convencional”
(motor anterior, tracción posterior) estimándose
que es pesado, innecesariamente costoso y además ocupa
valioso lugar. Fiat, después de mucho probar, se decidió
por motor y propulsión traseros. Por lo tanto, el 600
tiene su motor, caja de velocidades y diferencial, ubicados
detrás del asiento trasero.
¿Por qué cuatro tiempos? Cuando hablamos del
ciclo motriz, ya estamos sobre terrenos menos accidentados.
El motor de dos tiempos, en cilindradas superiores a 300 cm³,
ha encontrado pocos aunque entusiastas defensores en el ámbito
de las fábricas; su elevado consumo, su característica
de andar desparejo con poca aceleración, el inconveniente
de tener que mezclar aceite y nafta, y el inevitable tintineo
metálico del escape, han sido factores que han evitado
que, a pesar de su sencillez, el motor dos tiempos se haya
difundido más en las cilindradas muy pequeñas.
¿Por qué cuatro cilindros? Fiat podría
haber optado por dos solamente, tal como han hecho algunas
de las rivales en la categoría. En la práctica
moderna es factible equilibrar un motor de dos cilindros y
aislarlo con tacos de material flexible de forma de lograr
una casi total ausencia de vibraciones. Indiscutiblemente,
sin embargo, se logra mayor refinamiento en el andar con un
motor de cuatro. Por lo tanto, a pesar de su propósito
de hacer un coche barato y liviano, Fiat juzgó indispensable
tener por lo menos cuatro pistones en el block. Ha ganado
así suavidad de marcha con un muy pequeño aumento
de los costos.
¿Por qué enfriamiento a agua? Abordar este tema
es otra vez entrar en el terreno de la polémica. ¿Enfriamiento
a aire o agua? Muchos son los argumentos que pueden esgrimirse
en pro o en contra de ambos sistemas. Y si bien en definitiva
Fiat prefirió el enfriado a agua para el 600, cuando
llegó el momento de proyectar el 500 tomaron el camino
alternativo. Ambos sistemas son “buenos” y ambos
cumplen la función fundamental de mantener la temperatura
del motor en un valor preestablecido. Ambos sistemas tienen
defensores y detractores: el enfriado a aire es más
sencillo y está automáticamente exento de problemas
concernientes a congelación en días muy fríos,
manteniendo el nivel de agua, y eventuales derrames por mangueras
o conexiones del radiador; pero el enfriamiento a agua no
sólo permite un control más exacto de la “temperatura
crítica”, sino que se ha comprobado que la llamada
“camisa” de agua que rodea el cilindro sirve para
amortiguar en gran parte el ruido que hacen los distintos
mecanismos del motor.
¿Por qué 633 centímetros cúbicos?
Evidentemente, porque a lo largo de muchos experimentos con
distintas cilindradas, superiores e inferiores, se llegó
a la conclusión de que con un poco más de 600
cm³ se lograban, sin someter el motor a esfuerzos extraordinarios,
las características de performance que la fábrica
estimaba necesarias. En efecto, el Fiat 600 anda como tendría
que andar, ni más ni menos, a una máxima de
95 km/h, aproximadamente, un consumo aceptable y bastante
agilidad en el tránsito gracias a su pique.
Para seguir con la parte mecánica, corresponde ahora
mirar brevemente el embrague, la caja de velocidades y el
diferencial. En un automóvil convencional hallamos
que el embrague y la caja están pegados al motor y
que el elemento más trasero de la transmisión,
el diferencial, está servido por el eje cardánico
que pasa debajo del piso. Pero si se quisiera adoptar este
sistema en un coche con motor atrás, el conjunto sería
demasiado largo para ser práctico. Por lo tanto, todos
los coches de motor trasero emplean una disposición
alternativa: el embrague está pegado al motor, pero
acciona la caja mediante un eje transmisor corto, y el diferencial
se encuentra entre el embrague y la caja, es decir, la tracción
“pega la vuelta”, por así decirlo, mediante
apropiados engranajes.
La caja de velocidades del Fiat contiene cuatro marchas y
marcha atrás, todas ellas seleccionadas a los efectos
de facilitar al máximo la tarea del motor. Para tránsito
más o menos congestionado se anda en 3º, colocando
la 4º en las avenidas o una vez fuera del torbellino
urbano. La primera asegura que el coche partirá limpiamente
y suavemente a despecho de la carga que tenga el coche y la
segunda es una velocidad ideal para “reprise”
en tránsito pesado. Como cualquier auto chico, el 600
no se maneja solo; hay que usar la caja frecuentemente y en
los momentos apropiados. Aprender a hacerlo bien, es uno de
los placeres más exquisitos que reserva el arte de
manejar.
Corresponde ahora hablar del chasis del Fiat 600. pero aquí,
tal como ocurre en casi todos los autos pequeños nuevos,
la repuesta es, sencillamente, que no hay chasis. Si bien
la llamada “construcción integral” data
de antes de la última guerra mundial, es recién
a partir de 1946 que comienza a tomar gran auge este sistema
de construcción. En términos sencillos, cuando
un coche tiene chasis nos encontramos con que las ruedas están
montadas en su fuerte bastidor de acero sobre el cual se apoya
la carrocería. En cambio, los coches de construcción
integral son “todo carrocería” como si
sobre las ruedas sin bastidor hubiera colocado una cáscara
de huevo —una cáscara de acero, por supuesto—.
Es una forma de construcción más moderna, más
liviana, que permite mejor aprovechamiento del espacio y que
resulta mucho más económica. Hoy, fuera de los
Estados Unidos, donde aún impera el chasis (y también
poco a poco se va abandonando), los coches que no sean de
construcción integral, prácticamente pueden
contarse con los dedos de una mano.
La construcción integral no dejo de contar con detractores
cuando empezó a generalizarse su construcción,
pero poco a poco la opinión mundial se ha ido convenciendo
de que los coches integrales son más livianos y baratos;
lo de liviano es especialmente interesante puesto que permite
hacer que el coche sea más veloz y más ágil
con idéntico motor que otro más pesado y de
menos performance. Además hay una inexorable ley en
la producción de automotores que dice que “los
automóviles se venden por kilo”. A cada kilo
más de peso, corresponde un poco más de precio.
Una carrocería integral consiste de varias chapas estampadas
que se van soldando una a una, hasta que finalmente emerge
la “cáscara” del auto; generalmente el
piso es una pieza, el techo otra, el capó otra, como
así también las puertas, el baúl, etc.
En el Fiat 600 son 9 grandes piezas las que constituyen el
conjunto. Estas piezas, al ser soldadas entre sí, forman
un cajón de gran rigidez y poco peso.
La construcción integral o “portante” (llamada
así porque la carrocería se porta a sí
misma, es decir sin apoyarse en un chasis) requiere el previo
estampado de las piezas constituyentes; este es un proceso
costosísimo y que exige inversiones millonarias para
la adquisición de prensas y la preparación de
matrices. Por sí solo, éste es tal vez el “ítem”
más oneroso en el presupuesto de construcción
de un nuevo modelo. Lo realmente complicado y costoso de un
auto es la carrocería y no el motor...
La carrocería del Fiat 600 es de dos puertas, disposición
que hace más rígido el conjunto. Además,
para dotarlo de cuatro puertas hubiera sido necesario hacer
un coche más largo, y más pesado y más
caro. Las dos puertas también tienen una gran ventaja
para familias con chicos: usted puede colocar los niños
atrás en la seguridad de que no tienen ninguna puerta
por la cual puedan caerse del vehículo. Los asientos
delanteros son, por lógica, rebatibles y además
pueden extraerse, usándose como sillones para el caso
de picnics, espectáculos deportivos, etc. Las dimensiones
del Fiat 600 son las siguientes:
| Largo máximo |
3.380
mm |
| Ancho máximo |
1.380
mm |
| Alto máximo |
1.405
mm |
| Distancia entre
ejes |
2.000
mm |
| Trocha delantera |
1.150
mm |
| Trocha trasera |
1.1.160
mm |
| Distancia mínima
al suelo |
140
mm |
| Neumáticos |
5,20
x 12" |
Todo lo que se ha dicho anteriormente está muy bien,
pero de nada valdría si no dispusiéramos de
una buena suspensión para amortiguar las asperezas
del suelo y evitar que los golpes producidos por el diario
andar repercutieran desastrozamente en la vida de la estructura.
El cálculo de suspensión de un automóvil
moderno no se reduce simplemente a intercalar un resorte entre
cada rueda y la carrocería. Juegan una variedad de
factores cuyo análisis sería demasiado extenso
para estos párrafos; pero uno sólo de los problemas,
quizá el de más fácil alcance para el
lector lego, es el de la variación entre peso máximo
y mínimo en orden de marcha. Por ejemplo, el lunes
a la mañana sale su señora sola con el coche.
¿Cuánto transporta el auto de “carga útil”?
Digamos 55 kilos. Pero a la tarde la familia decide salir
de “week-end” y entonces maneja usted, su señora
al lado, atrás, dos chicos..., tal vez ya... “grandes”,
y en el baúl, 25 ó 30 kilos de lo que siempre
lleva una familia en estos casos. ¡Ahora los 55 kilos
de la mañana se han ido a (digamos) 220!, y, sin embargo,
el cliente exige que la suspensión sea óptima
con una sola persona a bordo y también óptima
con cuatro y equipaje...
En la suspensión delantera del 600 observamos una adhesión
a principios largamente experimentados por Fiat. Se emplea
el sistema de paralelogramo deformable, pero mientras la rueda
está sostenida por un triángulo superior, en
la parte inferior es el mismo elástico transversal
que hace de miembro. Es una solución liviana y barata.
La suspensión trasera es también independiente,
es decir, que cada rueda puede moverse para arriba y abajo
sin afectar la otra. Cada rueda trasera está apoyada
sobre el vértice de un triángulo fijado sobre
dos puntos en la carrocería, mediante bujes de goma.
Todo este triángulo, llevado como hemos dicho, a la
rueda de su vértice, se desplaza para arriba y para
abajo —en el sentido horizontal— y su acción
es resistida por un resorte espiral. Es una suspensión
de las llamadas “oscilantes” y de buen resultado.
MINITEST
DEL FIAT 600 |
El Fiat 600
puede transportar cuatro personas y 30 kilos de equipaje.
Pero si esas personas son de estatura superior a la
medida de un metro setenta tendrán algunas
incomodidades: en el asiento delantero no podrán
estirar las piernas; sentadas atrás es posible
que lleguen a golpear con la cabeza el techo del coche.
El equipaje admitido para un pasaje de cuatro personas
es muy escaso. Si los viajeros son dos, se puede rebatir
adelante el respaldar del asiento posterior y así
se obtiene un abundante espacio para el equipaje.
En esta posición, el equipaje, en caso de brusca
frenada, puede ser proyectado peligrosamente contra
el respaldo del asiento delantero. Por lo tanto, es
aconsejable atar el equipaje para prevenirlo.
En una prueba especializada, cumplida en las más
distintas condiciones posibles, se ha tratado de comprobar
si se lograba una diferencia en el enfriamiento del
motor, marchando con el capó abierto (esto
del capó abierto, para lo cual los automovilistas
usan dispositivos especiales que venden los fabricantes
de accesorios, parece haberse convertido en un hábito
en el país de origen, Italia). La prueba que
mencionamos, que consistió en el control del
movimiento del aire por medio de hilos de lana y por
la comprobación constante de la temperatura,
han conducido a un solo resultado: hasta una velocidad
de 100 km/h, marchar con el capó levantado,
si bien no es dañoso, no es por cierto recomendable.
No hay, por consiguiente, ninguna razón para
llevar el capó levantado.
Dadas las pequeñas dimensiones del Fiat 600
puede considerarse buena la visibilidad delantera,
aunque algo disminuida hacia lo alto del borde superior
del parabrisas. Esto puede notarse viajando en la
ciudad o en la montaña. La visibilidad de maniobra
es buena en la parte delantera, dada la exigüidad
del capó. Hacia atrás, a través
del vidrio trasero, es algo escasa.
En un “test” de comportamiento, el 600
fue sometido a la “prueba de agua”. En
un túnel de lavado, con presión de agua
de 15 atmósferas y durante un término
de 15 minutos, se pudieron verificar algunas filtraciones
en la parte inferior de las puertas, mientras que
en prueba de caminos cumplida bajo un fuerte temporal,
el coche no denunció filtraciones. El resultado,
pues, puede ser considerado satisfactorio.
|
AQUÍ ESTÁ EL FIAT 600D
©PARABRISAS,
Mayo 1962
A
través de la historia y trayectoria de la industria
automovilística mundial, cabe señalar jalones
que quedaron como tales por la calidad del logro industrial
o estético. Los automóviles chicos han dado
uno de esos frutos en el genio y figura del Fiat 600 D. Éste,
como su antecesor directo, el 600 solamente, es un alarde
de la racionalización del espacio y de la distribución
de elementos. Todo automóvil es el resultado de una
complicada ecuación de precio, costo, tamaño,
potencia, capacidad, estética, confort, etc., que es
necesario combinar de manera racional y satisfactoria para
que tenga éxito. En el caso 600 D, estos términos
se han conjugado con el criterio más moderno que rige
el arte de la materia. En la República Argentina, el
600 D es fabricado por Concord S.A., bajo control directo
de la FIAT.
El grupo motor del Fiat 600 D está colocado detrás
del eje ideal trasero, como mayor aprovechamiento del espacio
interior del automóvil, ya que de este modo ocupa un
lugar que normalmente se utilizaría en la prosaica
tarea de llevar una que otra valija en circunstancias excepcionales.
De más está decir que las ruedas propulsoras
son también las traseras. Esto nos lleva a derivar
directamente un esquema del grupo motor en que éste,
la caja de velocidades, el embrague y el acoplamiento trasero,
forman una unidad compacta y localizada en el mismo extremo
del auto. El motor propiamente dicho es un cuatro cilindros
en línea verticales. Tal vez este número de
cilindros parezca excesivo para un auto tan pequeño,
pero FIAT considera que la suavidad de marcha sólo
se consigue de este modo y además, el potencial industrial
de la empresa le permite afrontar una construcción
algo más complicada de la usual en estos casos sin
un aumento sustancial o peligroso de los costos.
Siguiendo el esquema convencional, el block es de fundición
de hierro gris, con la tapa de cilindros de aleación
de aluminio. Los pistones efectúan un recorrido de
63,5 mm, y el diámetro de los cilindros es de 62 mm.
De este modo, la cilindrada total llega a los 767 centímetros
cúbicos, 184 cm³ más que el 600 anterior.
Es necesario decir en este caso, que el motor tiene como base
directa el del 600 anterior. Con esta cilindrada y una relación
de compresión de 7,5 a 1, el motor entrega una potencia
máxima de 32 HP SAE a 4.800 revoluciones por minuto.
La tapa de cilindros de aluminio aloja las bujías y
las válvulas, dispuestas en línea del mismo
modo que los cilindros, y accionadas a través de botadores
y balancines por el único árbol de levas, situado
del lado izquierdo del motor, ubicado éste en el sentido
normal de la marcha del automóvil. El cierre de las
mismas corre a cargo de los clásicos resortes helicoidales.
A través de las bielas, los pistones transmiten su
movimiento alternativo a un robusto cigüeñal que
gira apoyado en tres bancadas con casquillos de metal antifricción,
postizos y cambiables. En el extremo trasero del mismo se
halla ubicado el engranaje de salida de fuerza para el árbol
de levas, transmisión ésta que se realiza por
medio de una cadena de distribución. Cerca del extremo
trasero, el árbol de levas lleva un engranaje del tipo
sin fin, que actúa el eje del distribuidor, localizado
de este modo en una esquina del block.
Como en todo motor de corte moderno, la lubricación
de los distintos elementos y superficies que giran y se rozan
unos contra otros, está asegurada por una circulación
por conductos y forzada por una bomba de aceite, en este caso,
del tipo de engranajes, formada por una prolongación
del eje de distribuidor. El aceite, aspirado del carácter
(capacidad 3 litros) a través de un tamiz por la bomba
de engranajes, sube a la parte delantera externa del cigüeñal
y desde ahí entra el un eficaz filtro centrifugador,
para volver luego filtrado a la parte interna del cigüeñal
(que es hueco), lubricando así la serie de bancadas
y bielas. Desde la última bancada, un ramal interno
al block lleva el aceite a lubricar el árbol de levas
y desde ahí todos los demás mecanismos; sobre
éste mismo conducto están ubicados el bulbo
mando indicador de presión, la derivación para
el filtro suplementario de cartucho y la válvula de
regulación de la presión en el circuito de lubricación.
El retorno del aceite al cárter luego de su función
de lubricación se realiza por gravedad, en todos los
caos con excepción del filtro de derivación.
El sistema de lubricación del 600 D está protegido
por dos controles fundamentales que son, un indicador de insuficiencia
de presión en el circuito circulatorio que prende una
luz roja en el tablero de instrumentos cuando está
baja de cierto límite y una válvula de descarga
para el caso en que la presión del circuito sobrepase
el margen de seguridad establecido. Ambos controles son válvulas
del tipo resorte.
El elemento refrigerante del motor del 600 D es el agua y
por consiguiente consta de un radiador ubicado al costado
del motor, lado derecho, una bomba de agua y un ventilador
de paletas múltiples. La bomba de agua y el ventilador,
montados sobre el mismo eje, están comandados por una
correa trapezoidal exterior, desde la polea del extremo trasero
del cigüeñal. La bomba de agua extrae el líquido
de la parte inferior del radiador y lo envía al block
y a la tapa de cilindros, y luego de cumplir su función
de enfriamiento vuelve al radiador, esta vez por la parte
superior del mismo. El sistema consta de un control termométrico
que enciende una luz roja del tablero cuando la temperatura
del agua llega a un punto crítico y además de
un termostato que regula la abertura de una tapa móvil
que permite la salida del aire de enfriamiento. El agua de
refrigeración circula bajo una cierta presión,
que permite que la temperatura de la misma sobrepase los 100
grados centígrados sin entrar en ebullición.
De este modo, se establece una notable diferencia entre la
temperatura del agua y la ambiente, favoreciendo la disipación
de calor. El radiador está encerrado en una caja de
chapa, o sea que no recibe directamente aire del exterior
sino solamente el que provee el ventilador, que como ya dijimos
es superdimensionado para tal efecto.
La mezcla de aire-nafta necesaria para la combustión
se realiza en un carburador descendente Weber y por un múltiple
de admisión recabado en la misma tarea de cilindros,
va a cada cilindro. El carburador está alimentado por
una bomba de nafta mecánica a diafragma, que extrae
el combustible desde el tanque situado en la proa y que tiene
22 litros de capacidad. Cuando restan solamente cinco litros
en el tanque, se enciende intermitentemente una luz testigo
en el tablero de instrumentos que se encarga de poner al conductor
en conocimiento de los hechos que están ocurriendo
en su 600 D. El sistema tiene un estrangulador de aire para
el arranque en frío, cuyo comando es una palanca situada
inmediatamente detrás de la del cambio de velocidades.
El aire de admisión se filtra en un elemento seco que
cumple a su vez funciones de silenciador de admisión.
El complejo conjunto de la transmisión del FIAT 600
D se sistematiza siguiendo el esquema ya clásico en
los diseños de este tipo; inmediato al cigüeñal
se encuentra el embrague. Luego de él, no en orden
de funcionamiento sino de situación, encontramos el
acoplamiento trasero y el mecanismo diferencial. Por último,
se extiende la caja de velocidades, que de este modo resulta
de retorno. El embrague es monodisco seco y trabaja accionado
mecánicamente desde el pedal correspondiente. Desde
el embrague sale un corto árbol de transmisión
hasta la caja de velocidades, que consta de cuatro marchas
hacia adelante y una hacia atrás, con la segunda, tercera
y cuarta sincronizadas. Las relaciones de giro entre la salida
de la caja y la salida del diferencial son las siguientes,
a través de los distintos engranajes:
| 1ra |
3,39
a 1 |
| 2da |
2,06
a 1 |
| 3ra |
1,33
a 1 |
| 4ta |
0,90
a 1 |
| MA |
4,28
a 1 |
El comando de la caja de velocidades consiste en una deportiva
palanca situada en el piso, entre los dos asientos delanteros.
Luego de la caja, el movimiento giratorio se dirige al acoplamiento
trasero, del tipo de espiral y tras descomponerse en el mecanismo
diferencial, va a las redes por medio de dos palieres independientes.
Todo el sistema de transmisión está encerrado
en una carcaza de aluminio que lo compacta en un espacio reducido.
La relación del acople trasero es de 4,87 a 1. Entonces,
las relaciones de giro finales entre el cigüeñal
y las ruedas son las siguientes, a través de todas
las combinaciones de engranajes:
| 1ra |
16,50
a 1 |
| 2da |
10,03
a 1 |
| 3ra |
6,48
a 1 |
| 4ta |
4,38
a 1 |
| MA |
20,08
a 1 |
Adelante, la suspensión está formada de la siguiente
manera: el brazo inferior de ambas ruedas lo constituye un
elástico de ballesta que a la vez de brazo, hace las
de elemento suspensor propiamente dicho. El brazo superior
es un simple triángulo de chapa de acero estampada,
colocado transversalmente al eje de marcha del vehículo.
Entre los extremos exteriores de los brazos triangulares superiores
y los de elástico de ballesta inferior, se extienden
los convencionales soportes de punta de eje. Este sistema
permite el ahorro de uno de los dos elementos de suspensión,
dado que la ballesta cumple la función de ambos. La
ballesta, por su parte, al hacer de brazo, tiene que soportar
lógicamente, todas las solicitaciones a que estaría
sometido durante la marcha el elemento por ella sustituido.
Esto hace que bajo circunstancias extremas, la ballesta sufra
deformaciones, que el escaso peso del automóvil hace
innocuas. De hecho, en el Multipla 600 D, sometido a más
trabajos que el automóvil, la ballesta como brazo inferior
ha sido sustituida por un verdadero brazo en “A”
y la suspensión corre a cargo de resortes helicoidales.
El Fiat 600 D tiene, como elementos de amortiguación
delanteros, dos tubulares hidráulicos, uno por rueda,
que se extienden desde un punto de la carrocería hasta
el soporte del perno punta de eje, por dentro del brazo triangular
superior. En el caso trasero, la suspensión es algo
más compleja en su funcionamiento, a pesar de ser más
sencilla mecánicamente. Las ruedas están localizadas
y fijadas en su lugar por un solo elemento mecánico
cada una. Este es un brazo de acero estampado en forma de
ángulo casi recto, con dos alas de aproximadamente
la misma longitud. Está dispuesto y sistematizado de
modo tal que una de las alas corre casi paralela al eje de
marcha del vehículo y la otra viene a quedar con un
paralelismo aproximado al palier. Este brazo, que podría
llamársele triángulo, está fijo a la
carrocería por los puntos, uno en cada extremo de sus
alas.
Ahora bien, la figura formada por el brazo uniendo idealmente
sus extremos libres sería un triángulo, con
su hipotenusa (sería ésta la línea ideal
que une los extremos) formando un ángulo con la longitudinal
del automóvil. Esta hipotenusa es en realidad el eje
sobre el cual se realiza el movimiento de suspensión,
que de este modo no conserva relación ni longitudinal
ni transversal con el sentido de la marcha del automóvil,
sino oblicua. El palier tiene una sola cruceta o movimiento
universal y está a la salida de la caja del diferencial.
Luego, la rueda trasera tiene que seguir correctamente el
movimiento que le marca el brazo de suspensión, que
es difícil de imaginar. Con esta disposición,
el plano formado por la rueda varía angularmente en
relación al plano vertical del automóvil en
dos sentidos. Esto podría comprenderse visualmente
observando el transparente que muestra el motor y las suspensiones.
La disposición del brazo de suspensiones hace que los
esfuerzos laterales, de aceleración y de frenado, encuentre
siempre una resistencia directa y eficaz. El elemento de suspensión
es un resorte helicoidal que trabaja a compresión entre
la carrocería y el brazo, dentro del cual corre un
amortiguador telescópico hidráulico.
Los frenos del 600 D son hidráulicos en las cuatro
ruedas, contando además con una palanca de mano situada
en el piso entre los dos asientos que acciona las zapatas
de los frenos traseros mecánicamente. Las campanas
son de aluminio con aletas refrigerantes y tienen un diámetro
de 185,5 mm. La superficie de frenado es de 432 cm².
El circuito hidráulico incorpora un sistema Flat-Baldwin.
La dirección es convencional, con un sistema de brazo
principal, brazo Pitman y dobles brazos cortos para las ruedas.
Los movimientos de los mismos se consiguen con articulaciones
rotulares de bola. El radio de giro es de 4.350 mm. El rodado
es en medida 5,20 x 12, y lleva una presión de 14 libras/pulg²
adelante y de 23 atrás.
La técnica moderna la impone y Fiat la adopta. La carrocería
es portante o autosoportada, vale decir, no tiene el convencional
bastidor. Todos los elementos mecánicos de la suspensión
y de la amortiguación van fijos a ella a través
de sujeciones de goma tipo “silentblock”. El Fiat
600 D tiene dos puertas, abisagradas atrás y capacidad
para cuatro pasajeros. Los asientos delanteros se reclinan
hacia adelante para permitir el acceso al asiento trasero,
que es completo. El respaldo de este último puede reclinarse
hacia adelante hasta caer sobre el asiento. La parte trasera
que queda expuesta, muestra una alfombra de goma acanalada,
como la del piso. Se descubre de este modo un gran espacio
para los equipajes. La entrada del aire al interior del automóvil
está asegurada por dos ventiletes colocados sobre las
ventanillas de las puertas, detalle necesario de confort que
no existía en el modelo anterior, el 600 “a secas”.
El baúl propiamente dicho es muy reducido y aloja el
tanque de combustible y la rueda de auxilio, que va asegurada
en su lugar por una correa con hebilla. Las dimensiones del
Fiat 600 D son las siguientes: distancia entre ejes 2.000
mm, trocha delantera 1.150 mm, trocha trasera1.160 mm, altura
máxima 1.405 mm, ancho máximo, 1.380 mm, largo
máximo 3.380 mm. Tiene un peso vacío de 600
kg.
Como equipo de serie, el 600 D trae calefacción y limpiaparabrisas.
El aire caliente va desde el radiador hasta el interior de
la cabina por el tubo central, que tiene una salida trasera
y otra delantera. De esta última surgen los conductos
de aire para el desempañamiento del parabrisas. El
tablero de instrumentos cuenta con los siguientes controles:
velocímetro con cuentakilómetros sin “vuelta
a 0” incluido, luz roja testigo de la carga de la dínamo,
luz roja testigo de la correcta presión en el circuito
de lubricación, luz roja testigo de la temperatura
del agua, luz roja testigo de la reserva de combustible. Sobre
el lado izquierdo de la columna de dirección se incorporan
dos pequeñas palancas, una de las cuales es el comando
de la luz de giro y la otra del cambio de luces bajas y altas
y el guiño. En la parte central del tablero tres perillas
metálicas conectan las luces y el limpiaparabrisas
eléctrico, que funciona independientemente del contacto
(que reside en la llave). Del lado izquierdo del tablero,
se hallan otras dos luces testigo, la verde de las luces de
posición y la azul de los faros altos o de ruta. La
bocina es simple. Ni la guantera ni el baúl cuentan
con luz, pero sí el motor. Tiene una única cerradura,
en la puerta izquierda. Las manijas de las puertas son de
tipo palanca.
PRUEBA DE CAMINO DEL FIAT 600D
©PARABRISAS,
Marzo 1962

El
600 D es la versión refundida y modernizada, la última
de ellas de un viejo y noble automóvil, que ganó
fama y laureles en casi todos los caminos y que fue uno de
los primeros en imponer la idea completa del auto pequeño,
barato y confiable. Desde su nacimiento, el 600 D trae una
carga pesada que mantener, no digamos sobre sus hombros sino
sobre sus ruedas. Lanzar una versión nueva de un automóvil
tan conocido y probado como el Fiat 600 no es una empresa
del todo fácil. El éxito o el fracaso radican
casi siempre en pequeños detalles y no en reformas
fundamentales.
Cuando una persona entra en un automóvil sin excesivas
contorsiones se siente inclinada a juzgarlo con el beneficio
de la buena voluntad. Esta fue, en pocas palabras, la iniciación
de la prueba del Fiat 600 D. al abrir la puerta se nota inmediatamente
una cosa: no hay puntas o manijas con las cuales golpearse.
Desde el momento en que el techo está a una respetable
altura, 1,50 metros, la operación de introducirse en
el Fiat se ve facilitada considerablemente. Una vez ubicado
frente al volante, operación sin riesgos, dos circunstancias
se destacan: la altura relativa del mismo con relación
a la base del parabrisas y el escaso espacio en la zona de
los pedales. Esta última reviste mayor importancia
que la primera, por cuanto el pie del embrague se transforma
en un ente errático buscando un lugar donde acomodarse
mientras no entra en funciones. Al final de horas de búsqueda
va a morir cruzado debajo de la pierna del acelerador. Pero
como entró con facilidad y sin riesgos, se le perdona.
Luego de ajustar el asiento a su comodidad, para lo cual se
cuenta con una eficaz y cómoda regulación (siempre
que las correderas del mismo estén convenientemente
engrasadas), s está listo para partir. La mano derecha
cae naturalmente sobre la palanca de cambios, de movimiento
poco gomoso y suave. Las posiciones de las marchas son bien
netas y diferenciadas, aunque cercanas, lo cual le dan cierto
aire deportivo y saludable. Andando, se nota que la palanca
no se mueve para todos lados siguiendo las oscilaciones del
motor, cosa que contribuye a la buena impresión del
conjunto.
A pesar del racional aprovechamiento del espacio interior,
el conductor nota que su codo y brazo izquierdo se hallan
comprimidos entre el cuerpo y la puerta. No es el caso de
bajar el vidrio y descansar el brazo en el marco inferior
de la ventana, pues puede estar lloviendo o haciendo frío;
y en definitiva, esa no es la manera correcta de manejar ni
estética ni técnicamente. Un pequeño
apoyabrazos situado a una altura conveniente en el panel interior
de la puerta, solucionaría en cierto modo este problema
que, luego de seis o siete horas de conducción, amenaza
con ponerse difícil.
Sentado en el puesto de comando se obtiene una amplia visión
del camino o la calle, tanto frontal (se ve la totalidad del
ancho del camino a tres metros) como lateralmente (se ve el
camino hacia la derecha a 3,72 metros y hacia la izquierda
a 1 metro), por lo menos durante la conducción en línea
recta. Decimos así porque en curvas a la izquierda
la columna del parabrisas de ese lado, que no es envolvente
en ninguno de los dos, se interpone en la línea de
visión. Claro está que con inclinarse hacia
adelante y pegarse al vidrio del parabrisas estaría
todo arreglado, pero esa es una solución poco elegante.
Para el lado derecho, usted es el amo del camino o de la calle
ciudadana. Evidentemente, en algún momento, se debe
o es necesario mirar por el espejo retrovisor, una buena costumbre
y muy saludable es hacerlo seguido, y es entonces cuando se
da cuenta que no se ve el horizonte, porque la ventanilla
trasera es algo restringida (hacia atrás se ve la totalidad
del ancho del camino a 8,79 metros). Este problema también
tiene una solución sencilla y es la colocación
de un espejo retrovisor exterior.
Pero no todo han de ser espinas. El conductor maneja fundamentalmente
cómodo y con una gran sensación de seguridad,
que no es ficticia. El manejo en la ciudad no ofrece ninguna
dificultad. La suavidad de los pedales, tanto del freno como
del embrague hacen de estas operaciones un placer del arte
de conducir, y la liviandad de la dirección lo garantiza
contra cansancio (diámetro de viraje: 9,03 hacia la
derecha y 8,59 hacia la izquierda). En manejo con tránsito
muy pesado, el tendón de Aquiles de esta maquinita
comienza a hacerse notar y no es otro que la falta de sincronización
de la primera velocidad. Cierto es que en segunda puede sacarlo
casi “de parado” sin que proteste el motor y que
la tercera tira perfectamente a veinte kilómetros por
hora, pero de todos modos es una verdadera lástima
esa ausencia tan sentida de sincronización. Decimos
sentida porque realmente se siente el ruido que hacen los
engranajes cuando se pretende meter la primera a diez kilómetros
por hora sin la vieja práctica del doble embrague,
tan en desuso actualmente. Por otro lado, esta es la única
falla realmente seria que puede encontrarse en el 600 D.
Después de manejar un tiempo seguido, la resonancia
del motor dentro de la cabina se hace evidente, aunque por
algún extraño y no estudiado fenómeno
de acústica, este ruido es más intenso en el
asiento delantero que en el trasero, llegando a establecerse
diferencias notables. De todos modos, el hombre es un animal
de costumbres y termina amoldándose a esto, que no
es defecto exclusivo del Fiat 600 D sino de la gran mayoría
de los automóviles que llevan carrocería portante.
Es necesario hacer notar que en ningún momento la manivela
del levantavidrios choca con las piernas del conductor o del
acompañante. En este sentido el 600 D se aparta de
una mala costumbre que se está generalizando con mucha
rapidez. Con el asiento o los asientos delanteros completamente
corridos hacia atrás, el espacio útil del asiento
trasero se ve muy reducido, no obstante lo cual sigue siendo
mayor que en muchos automóviles de su categoría
en las mismas circunstancias.
Al caer la tarde y llegar la noche, se hace evidente la necesidad
de prender las luces de posición y junto con ellas
se enciende un testigo de color verde, cuya luz se torna más
intensa y molesta a medida que caen las sombras. La primera
solución y la que surge naturalmente es la de tapar
el testigo con la mano izquierda, cosa que puede hacerse naturalmente
por las posiciones relativas del volante, la mano y el testigo.
Luego se descubre la regulación... Los controles de
las luces, tanto de giro como de posición, altas y
bajas están situados de una forma tal que su manejo
se efectúa con comodidad. Los ventiletes de las puertas
delanteras. los únicos que incorpora el 600 D, cumplen
eficazmente su cometido, inclusive en la zona del asiento
trasero, que carece de ellos.
El 600 D es un automóvil con una personalidad muy definida.
Tiene una cierta tendencia, que en caso propio podría
llamarse placer, de irse de “cola”, lo que comúnmente
se llama sobreviraje u “oversteer”. Claro está
que una ves que el conductor se acostumbra instintivamente
puede corregir la desviación de la línea de
marcha. Sin ser una cosa notable ni molesta, esta tendencia
se pone especialmente de manifiesto en la conducción
en línea recta con asfalto desparejo. Con el camino
mojado por la lluvia, o por cualquier otra causa, esta tendencia
se agudiza, aunque nunca llega a un límite realmente
molesto. Sólo exige algo más de atención
en la conducción.
El 600 D de prueba, del cual se han extraído estas
conclusiones, anduvo ocho horas bajo intensa lluvia a una
velocidad crucero que oscilaba entre los 95 y 100 kilómetros
por hora. Hacemos la salvedad que esto sucedía cuando
las curvas del camino situaban al Fiat de cola al viento.
Cuando el viento venía de frente o de tres cuartos
al frente, la velocidad, con el acelerador hasta el fondo,
no subía de 80 km/h. Durante un momento determinado
de la prueba, el 600 D sufrió y resistió tenazmente
la “prueba de agua”. Atravesó la ciudad
de Rosario con cincuenta o sesenta centímetros de agua,
producto del desbordado arroyo Ludueña, que corre cerca
de dicha ciudad. Luego de una hora de andar con las ruedas
bajo el agua y ya una vez sobre terreno seco (digamos no inundado,
porque llovía torrencialmente), se procedió
a la inspección de las filtraciones de agua, y se pudo
comprobar que el coche había embarcado más agua
que un barco hundido. Aunque parezca paradójico, traemos
este hecho a colación por dos motivos: el primero es
poner de manifiesto nuestro agradecimiento aun autito que
anda debajo del agua, y el segundo, es demostrar la intrepidez
de los testers de Parabrisas.
Por otra parte, por los lugares donde uno lógicamente
espera que se filtre agua o sea las junturas de los vidrios,
la unión del torpedo con la cabina, las jambas o los
dinteles de las puertas, etc., no se registraron filtraciones,
excepto por una, en la parte interior de la base del parabrisas,
donde existe un orificio por el que pasa un cable eléctrico
que presumimos ha de ser el alimentador de la luz interior
—radicada en la parte trasera del espejo retrovisor,
efectiva y cómoda como luz de mapas—. Los frenos
se mojaron, como es normal que ocurra con las cosas cuando
se meten en el agua, y durante algunos momentos resultaron
totalmente inoperantes. Sin embargo, una suave presión
en el pedal cuando las ruedas saltan del agua, los ponía
en pocos segundos en estado de funcionamiento. Se entiende
que esta presión se realiza con el automóvil
en marcha. Una vez secos, frenaban con la misma suavidad y
efectividad que al principio de la prueba. Los elementos frenantes
del 600 D no tienen nada que envidiar a los de su hermano
mayor, el 1100 103 D en cuanto a efectividad y estabilidad.
Luego de esta prueba de agua se buscó un camino de
tierra, de barro, mejor dicho, para comprobar la eficacia
del automóvil en dicha circunstancia. Es necesario
hacer la salvedad que no era uno de esos terribles barriales
de fábrica de ladrillos, pero resultaba lo suficientemente
interesante como para mirar dos veces antes de meterse. Desde
el momento en que la trocha del 600 nuevo no se aproxima ni
remotamente a la anchura de la huella, era necesario andar
entre ellas, dejando una u otra al medio del auto. Quince
kilómetros en estas condiciones dieron la certeza de
que el barro tiene que ser muy bravo para que el 600 se quede
en una “peludeada”. Otra experiencia interesante
obtenida en esta ocasión es que en el barro anda más
cruzado que derecho, pero que con un poco de respeto por la
banquina o la zanja del costado puede llegarse a feliz término.
La terminación del Fiat 600 es realmente excelente;
los controles funcionan con precisión y el autito tiene
una sensación de señorío, inusitada en
coches tan chicos y económicos. Debiera tener una gaveta
(una omisión fácilmente salvable). Las puertas
tienen bolsillos, muy prolijos, pero de poca capacidad; especialmente
debemos señalar que no se prestan al acondicionamiento
de objetos “tridimensionales”, valga la expresión.
El baúl es muy pequeño, porque incluye el tanque
de nafta. El motor es accesible gracias al amplio capó
trasero, que se levanta totalmente; los accesorios están
siempre a mano para su regulación y mantenimiento.
Los paragolpes son “a prueba de porteños.
Para nuestro modo de ver las cosas, el 600 D es un digno sucesor
del modelo anterior, y sus virtudes bien podrían condensarse
en el dicho extranjero “A lot of car for your money”,
que traducido significaría algo así como “mucho
auto por su dinero”.
DATOS TÉCNICOS |
ESPECIFICACIONES
BÁSICAS
Cilindrada 767 cm3, 32 CV SAE a 4.800 rev/min, cupla
motriz 5,5 mkg SAE a 2.800 rev/min. Válvulas
a la cabeza. Carburador Weber 28 ICP con bomba de nafta
mecánica. |
| ERROR
DEL VELOCÍMETRO |
| Velocidad
real (en km/h) |
20 |
40 |
60 |
80 |
100 |
| Velocímetro
(en km/h) |
21 |
40 |
60 |
80 |
98 |
|
PRUEBA
DE VELOCIDAD MÁXIMA
Se toma sobre un kilómetro lanzado en sentidos
opuestos, para anular la posible influencia del viento.
La medición se realiza con un velocímetro
perfectamente calibrado.
En el caso del Fiat 600 D, la velocidad máxima
alcanzada fue de 110,4 kilómetros por hora, la
que se alcanzó en 32,6 segundos. |
VELOCIDAD
MÁXIMA EN CADA MARCHA |
| En 1ra |
40
km/h |
| En 2da |
82
km/h |
| En 3ra |
93
km/h |
|
PRUEBAS
DE ACELERACIÓN
Con el mismo velocímetro anterior, se controla
el tiempo que el automóvil emplea en alcanzar
velocidades crecientes de 20 en 20 kilómetros
por hora. Se obtiene de este modo una idea exacta de
la mejor aceleración del automóvil. |
| 0 a 20
km/h |
2
s |
| 0 a 40
km/h |
5
s 2/5 |
| 0 a 60
km/h |
11
s |
| 0 a 80
km/h |
20
s 3/5 |
| 0 a 100
km/h |
45
s |
| 0 a 500
m |
27
s a 89 km/h |
|
PRUEBA
DE EMPUJE
Se comprueba aquí el empuje máximo que
recibe el automóvil en cada marcha, por medio
de un instrumento de precisión llamado Performance
Meter marca Tapley, tipo R. Las mediciones resultan
en kilogramos de empuje por tonelada de automóvil. |
| En 1ra |
260
kg/ton a 23 km/h |
| En 2da |
100
kg/ton a 50 km/h |
| En 3ra |
60
kg/ton a 65 km/h |
| En 4ta |
36
kg/ton a 90 km/h |
|
PRUEBA
DE ARRASTRE
Esta es la más interesante de las pruebas realizadas
con el Tapley, dado que con ella se obtiene una clara
idea del arrastre o frenaje que efectúan sobre
el automóvil sus rodamientos, engranajes y condiciones
aerodinámicas. Se realiza con el aparato en posición,
llevando el automóvil hasta una velocidad de
100 km/h, y apretando el pedal de embrague, para desconectar
el motor de las ruedas motrices, pero dejando que éstas
sufran el frenado producido por el arrastre de los engranajes
de la caja de velocidades. Cuanto menor sea el arrastre,
mayor es la cantidad de HP del motor que llegan a las
ruedas motrices. Esta medición es independiente
del peso del auto.
En el caso del Fiat 600 D, el arrastre total a 100 kilómetros
por hora fue de 56 kilogramos por tonelada. |
PRUEBA
DE FRENADO
La prueba se refiere al aguante y la capacidad de recuperación
de los elementos frenantes, y se realiza deteniendo
el automóvil a 0 desde los 80 km/h, diez veces
consecutivas sin dejar que las campanas y demás
elementos se enfríen y recuperen su eficacia
original. De este modo, se obtienen diez mediciones
de distancia de frenado, que irán creciendo a
medida que aumente el número de mediciones. |
| 20 a 0
km/h |
3,30
metros |
| 40 a 0
km/h |
7,40
metros |
| 60 a
0 km/h |
16,90
metros |
| 80 a 0
km/h |
25,40
metros |
| 100 a
0 km/h |
40,20
metros |
|
PRUEBA
DE IMPERMEABILIDAD
En condiciones absolutamente anormales (el agua llegaba
hasta la mitad de las puertas), las filtraciones fueron
mínimas a través de la carrocería,
pero importantes por los agujeros del piso (pedales,
por ejemplo). Vale decir, que para cualquier situación
normal no habrá ningún problema en este
aspecto. |
PRUEBAS
DE CONSUMO
Realizadas sobre ruta y ciudad, estableciendo consumos
a distintas velocidades. |
| En ciudad |
15,5
km/l |
| En ruta
a 80 km/h |
17
km/l |
| En ruta
a 95/100 km/h |
15
km/l |
|
PRUEBA
DE LUMINOSIDAD DE FAROS
A 1 metros, faros medios: 0,8 lumenes/m²; A 1 metro,
faros altos: 2,6 lumenes/m². |
Contra
Viento y Marea
PRESENTACIÓN DEL FIAT 600E
©PARABRISAS,
Octubre 1963
Ahora
las puertas se abren contra el viento; y el 600E triunfa también
contra viento y marea.

La
gacetilla dice “Fiat-Concord ha sumado a las importantes
mejoras recientemente incorporadas a su difundido modelo 600D
las puertas denominadas “contraviento”. De esa
forma, las puertas quedan abisagradas adelante, con la cerradura
hacia atrás. Al abrirse lo hacen para adelante. Quiere
decir que en el caso de que se abrieran imprevistamente en
marcha, el viento tiende a mantenerlas arrimadas en vez de
abrirlas, como ocurre en los modelos 600D y 600; aclaremos
que el nuevo recibe la designación “600E”.
El resto de la mecánica del nuevo coche sigue igual:
cuatro cilindros, 767 cm³ y, últimamente, refrigeración
por circuito cerrado que elimina la periódica revisión
del agua y evita, al decir de la gente de Fiat, los problemas
de recalentamiento que aparecieron en algunas unidades anteriores.
No en muchas, pero en suficientes como para que la gente erróneamente
le atribuyera ese mal a todas.
Para refrescar la memoria, recordemos que el 600D tiene 62
x 63,5 mm, 767 cm³, 32 HP SAE a 4.800 rev/min; válvulas
a la cabeza accionadas por botadores y varillas. La caja tiene
cuatro marchas, todas indirectas, con relaciones: 1º
3,385 a 1, 2º 2,055 a 1, 3º 1,333 a 1, 4º 0,896
a 1. La relación de piñón y corona es
de 4,875 a 1. la estructura es autoportante, con suspensión
delantera independiente con espirales, y posterior a eje columpiante,
también con resortes helicoidales (“espirales”).
La distancia entre ejes es de 2.000 mm, trochas 1.150 y 1.160
mm, despeje 145 mm, largo total 3.295 mm, ancho 1.380 mm,
alto 1.405 mm, peso a seco 925 kg. La velocidad máxima
es del orden de los 110 km/h y el consumo orilla los 15 a
18 kilómetros por litro, según tipo de utilización.
Estas cifras fueron obtenidas por nosotros con el Fiat 600D
“primera serie”, pero no creemos que el actual
muestre variaciones.

CONSULTAS DE LOS PROPIETARIOS
Tengo
un Fiat 600 D y el agua del radiador hierve estando todo en
aparente orden, sin encenderse el testigo del tablero. (Propietario
de Santa Fe)
Respuesta de Parabrisas (1962): Se nos ocurre que la tapa
de presión del radiador está floja. Muchos mecánicos
tienen la manía de dejarla floja porque creen que el
motor trabaja mejor así. Lo que pasa, en realidad,
es que el agua hierve antes. Si los fabricantes gastaron dinero
para hacer una tapa de presión, evidentemente por algo
es. Ajuste bien la tapa de presión y seguramente desaparecerá
el inconveniente. De cualquier forma, le conviene revisar
termostato, radiador y mangueras.
Tengo
un Fiat 600 D. 1) Algunos de estos coches tienen un problema
de recalentamiento marchando a 70 km/h. ¿A qué
se debe? 2) ¿A qué se debe el barro color castaño
claro que aparece adherido a la tapa del radiador? 3) Al hacer
la limpieza total del radiador para eliminar ese barro, ¿conviene
levantar la tapa de cilindros y limpiar sus cámaras
de agua y las del block? 4) Me han dicho que el 600 D recalienta
porque su radiador es más chico que el del 600 “chico”.
¿Es cierto? 5) ¿Es verdad que aunque el radiador
alcance elevada temperatura —no se puede tocar con la
mano—, mientras no se encienda la luz indicadora del
tablero, no hay peligro de recalentamiento? 6) ¿Por
qué no se abre espontáneamente el termostato?
Algunas agencias sugieren sacarlo. 7) ¿Puede el 600
D crucerear a 90 con tres personas a bordo? 8) La suspensión
de este coche, ¿puede soportar normalmente el traqueteo
de un camino como “el de la costa” con un viaje
semanal de 100 km? ¿A qué velocidad conviene
llevarlo? 9) El filtro de aire, ¿es realmente efectivo
en caminos polvorientos? 10) Usando el coche normalmente en
ciudad, en viajes cortos y con paradas de 4 o 5 minutos cada
pocas cuadras, ¿conviene detener el motor o mantenerlo
al ralentí? (Propietario de La Plata)
Respuesta de Parabrisas (1962): 1) Extraoficialmente, nos
han asegurado que una pequeña partida —unos 50
coches en total— tuvieron algún problema con
un radiador nacional defectuoso. Nos han informado, siempre
extraoficialmente, que los concesionarios proceden al cambio
de los radiadores defectuosos. 2) Se debe solamente a impurezas
del agua. Usando agua destilada, con preferencia, no debiera
tener problemas. 3) Otra información oficiosa: coloque
en el circuito de refrigeración 350 gramos de bicarbonato
de sodio común. Circule con él durante dos o
tres días y luego desagote todo el sistema de refrigeración,
procediendo luego a llenarlo de nuevo. 4) No, señor.
5) Si no se enciende la luz de control no hay peligro. El
Fiat, como todos los coches modernos, tiene circuito a presión,
vale decir, el agua hierve a más de 100º C. 6)
El termostato abre a 85-87º C. La luz de alarma se enciende
a 100º C. 7) Si, señor. 8) Eso depende del estado
del camino. No creemos que tenga problemas a 80-90 km/h. Por
supuesto, la suspensión va a sufrir mucho más
que si se tratara de un camino pavimentado. Eso es evidente,
y vale para cualquier coche. 9) Si, señor. Cámbiele
el cartucho cada 10.000 km, y lávelo, de cuando en
cuando, entre cambios. 10) Conviene mantenerlo en ralentí.
De lo contrario, los continuos arranques forzarán inútilmente
la batería.
1)
Sale aceite, en escasa cantidad, de la junta de la tapa de
balancines. El nivel de la varilla indicadora se mantiene
dentro de límites normales ¿Puede haber pérdida
de compresión? 2) El Manual aconseja cambiar aceite
cada 5.000 km, el concesionario cada 1.500... 3) La suspensión
¿ofrece, a su criterio, algún inconveniente?
4) ¿Es indispensable que el agua del radiador sea destilada
o de lluvia? El manual Fiat “Consigli agli utenti”
dice lo siguiente (traduc.): “El agua debe ser lo menos
dura posible y no debe contener compuestos clorurados; además
no es útil ni aconsejable hacer uso de agua destilada”.
Respuesta de Parabrisas (1963): 1) Probablemente haya que
apretar un poco la tapa de válvulas. No es un problema
serio, o al menos, no parece serlo por su descripción.
2) Lo que podemos decirle es que un Fiat nuestro cambiamos
aceite cada 3.000 km, con cambio de cartucho filtrante (Fiat
1ra serie) cada 6.000 km. Se usa aceite de viscosidad fija
(SAE 30). 3) No hemos tenido nunca referencias de inconvenientes
con suspensiones Fiat. 4) Las aguas de Capital son bastante
duras. Sugerimos que use agua de lluvia, destilada (a pesar
del manual) o común con desincrustante y antióxido.
De lo contrario, podrá usar común sin aditivos
y lavar el radiador dos veces por año.
Ando
mucho en caminos de tierra con mi Fiat 600 D. por eso cambié
el filtro de aire original, por otro de tipo de baño
de aceite. Es de Volkswagen y se adapta perfectamente sin
hacer otra modificación. ¿Hice bien o conviene
reponer el filtro seco? Observo que quedan impurezas depositadas
en el aceite, aunque por otra parte observo que el motor tarda
más en calentarse? (Propietario de Sanford, Santa Fe)
Respuesta de Parabrisas (1963): Creemos que usted ha estado
acertado al reemplazar el filtro seco por otro de baño
de aceite, especialmente si anda en caminos de tierra. No
vemos qué relación puede haber entre el tipo
de filtro y el tiempo que tarda su motor en calentar.
¿Qué
opinan ustedes sobre ciertos soportes especiales que algunos
concesionarios Fiat colocan en unidades 600 D para mantener
abierto el capó del motor? Se que algunos 600 D tienen
problemas de recalentamiento; el mío los tuvo, pero
me parece extraño que la Fiat aconseje una solución
de este tipo... (Propietario de Martínez, Provincia
de Buenos Aires)
Respuesta de Parabrisas (1964): La “tapa abierta”
comenzó a ser usada por un preparador italiano y se
generalizó la moda. No sabemos si efectivamente influye
en la disipación de calor, y francamente lo dudamos
bastante. Lamentablemente, el 600 D no tiene indicador de
temperatura, por lo tanto no puede comprobarse prácticamente
el resultado de esta modificación. No es aprobada por
Fiat, sino que algunos concesionarios lo hacen por su cuenta.
Los 600 D que tienen problemas de recalentamiento, los tienen
porque, según se nos ha informado oficiosamente en
el seno de Fiat, no se ha conseguido una estabilización
de calidad de los radiadores de producción nacional.
Algunos radiadores “vienen” tapados o con abolladuras
en los cañitos, que restringen considerablemente el
flujo de agua. Por otra parte, al 600 D no debe “sobrarle
radiador”, pues otros coches de producción nacional,
con radiadores también nacionales, no tienen este problema.
Mucho
se ha comentado sobre el problema de refrigeración
de los Fiat 750, de incuestionable existencia, y hasta el
momento no se ha leído en publicación alguna
que al mismo se le haya encontrado solución. Como diariamente
escucho quejas de propietarios de estos coches por el aumento
excesivo de temperatura de sus motores, especialmente en estos
días de calor, deseo aclarar aquí cuál
ha sido la solución aplicada a mi vehículo,
por consejo de un radiadorista. El hecho es que, a medida
que circula el agua, la tapa de cilindros, que es de aluminio
y aparentemente de no muy buena calidad, va desprendiendo
partículas que se depositan en la parte superior de
los tubos, obstaculizando el descenso del agua por los mismos
y, por ende, la normal circulación. Este proceso se
produce, por supuesto, en forma continua, no notándose
durante el invierno, pero poniéndose en evidencia en
el primer día de calor excesivo. La solución
es hacer desarmar el radiador por un especialista, el que
limpiará con lancetas la parte superior de los tubos,
sumergirá posteriormente el panel en una solución
de ácido muriático y aplicará otros procesos
de limpieza. También hará un lavaje del sistema
de refrigeración haciendo circular agua por el interior
del motor, camisas, etc., con el motor en marcha, a fin de
eliminar las partículas de aluminio que todavía
se encuentren en su interior. El radiador y todo el sistema
quedan así puestos a nuevo. Deseo con esto hacer notar
que el problema no está en el radiador sino en la tapa
de cilindros. Es interesante también para los propietarios
de Fiat 750, saber que deben cuidar el ajuste del retén,
pues parte del aceite que por allí se pierde vuela
por el interior de la caja del motor, siendo impelido por
las paletas del ventilador hacia el panel, perjudicando también
así la óptima refrigeración. (Propietario
de Capital federal)
Comentario de Parabrisas (1966): El Fiat “750”
tiene el circuito de refrigeración diseñado
muy al límite. Mientras todo anda bien, funciona perfectamente,
pero parece que no tiene reserva para afrontar esas pequeñas
anormalidades que se van creando con el tiempo. Otro lector
logró bajar la temperatura eliminando cuidadosamente
las imperfecciones de unión entre el radiador y la
campana del ventilador. También suele ocurrir que se
abolla la persiana del termostato y queda semicerrada. Otra
eventualidad proviene de una partida de radiadores que resultó
defectuosa, y cuyos cañitos tienen rebabas interiores
que obstaculizan el flujo de agua. Felizmente, parece que
el E, con circuito sellado, no adolece de estos defectos.
