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C
O C H E S - A R G E N T I
N O S |
LA
EDAD DORADA DE LA INDUSTRIA AUTOMOTRIZ |
—————————
1 9 5 9 - 1 9 6 5
————————— |
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| Fabricante |
General Motors Argentina
S.A. |
| Coche |
C
H E V R O L E T - 4 0 0 |
| Periodo |
1962-1974 |
| Cantidad |
93.000 |
| Comentario |
Dócil, de fuerte
pique y seguro funcionamiento. |
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EL ORIGEN AMERICANO DEL CHEVROLET
Durante
los años ’50, la norma para los autos producidos
en los Estados Unidos eran los coches grandes, pesados y gastadores.
Sólo la Nash, en 1950, se había decidido a sacar
al mercado el primer “compacto”: el Rambler. Y
su éxito fue tal que las grandes compañías
comenzaron a estudiar este nuevo mercado. Pero sólo
a estudiarlo, ya que se consideró que el país
aún no estaba listo para los autos pequeños.
Pero la creciente penetración de autos europeos —a
partir de mediados de la década— claramente indicó
que la situación, al menos en algunos sectores, había
cambiado y, en 1960, finalmente, cada uno de los “Tres
Grandes” presentó sus respectivos modelos compactos:
la Chrysler el Valiant, la Ford el Falcon y la General Motors
el Corvair.
Pero la General Motors probablemente había exagerado
su interpretación del “gusto europeo” de
los americanos y el Corvair, con su inusual motor trasero,
fue tan controvertido que obligó a GM a revisar lo
que había hecho. Mientras tanto, las ventas de sus
competidores se dispararon, mientras que las del Corvair comenzaban
a caer. Así que la División Chevrolet tuvo que
comenzar de cero, a pesar de lo cual al cabo de poco más
de un año había puesto en la calle un nuevo
compacto, mucho más convencional: el Chevy II.
El Chevy II original —cuyo proyecto se inició
en diciembre de 1959 con el nombre código H-35—
fue el primer Chevrolet construido con la nueva estructura
autoportante conocida como “X”-body, caracterizada
por carecer de chasis y tener el frente desmontable, para
facilitar reparaciones de la chapa. Inicialmente se construyó
en la planta de Willow Run, compartiendo la línea de
montaje con el coche al que estaba destinado a reemplazar,
el Corvair, y luego utilizó también las instalaciones
de Norwood, Ohio, Oakland, California y Framingham, Massachusetts.
El auto estuvo originalmente disponible con dos motores: 4
y 6 cilindros en línea, el último de los cuales
era la tercera generación de motores de seis cilindros
de la Chevrolet, un motor que, además, revolucionó
el campo por contar con 7 apoyos de cigüeñal.
Inicialmente, el Chevy II no contó con un modelo equipado
con motor V-8, pero hacia mediados de la temporada se anunció
la posibilidad de adquirirlo con el V-8 de “bloque pequeño”,
incluyendo la inyección de combustible. Esto no era,
en realidad un opcional, sino una alternativa fuera de catálogo,
pero convirtió al modesto Chevy en un auto muy poderoso,
y una de las opciones preferidas de los aficionados a las
competencias del cuarto de milla. Inicialmente, el Chevy II
se produjo en tres niveles —por calidad y componentes:
el Chevy II 100, el Chevy II 300 y el Chevy II Nova 400. Las
opciones de carrocería eran dos modelos sedán,
de 2 y 4 puertas, convertible de dos puertas y station wagon,
con dos y tres filas de asientos.
En 1963, finalmente, se lanzó la versión “poderosa”
de serie, el Chevy II Nova Super Sport, aunque tampoco éste
contaba con el V-8 de norma, sino un seis cilindros potenciado,
aunque muchos compradores prefirieron hacer uso de la opción
de adquirirlo con el motor V-8. En cuanto a novedades de diseño,
debutó la versión de dos puertas hardtop, pero
fue el último año de las versiones convertible
y station wagon de tres filas de asientos, y de la Serie 300,
cuando la baja de las ventas obligó a achicar costos
disminuyendo el número de versiones, ahora reducidas
al 100, 400 y SS. 1963 fue, por otra parte, el único
año en que se fabricó un Nova SS convertible,
ya que el modelo fue discontinuado antes de entrar en producción
los de 1964.
En 1964, por decisión ejecutiva de la División,
se decidió discontinuar el modelo SS, con el fin de
evitar la competencia interna al nuevo producto de la marca,
el Chevelle SS, coche ubicado en un nivel superior pero no
muy alejado. Sin embargo, un fuerte reclamo por parte del
público obligó a la compañía a
revisar la decisión hacia mediados de año, tras
lo cual el Chevy II SS retornó a los concesionarios.
Por otra parte, dos nuevos motores estuvieron disponibles
para los eventuales clientes. Uno de 6 cilindros y 230 pulgadas
cúbicas, y, finalmente, el primer V-8 de norma, de
283 pulgadas cúbicas.
En 1965, el último de la primera generación
del Chevy II (que corresponde a nuestro Chevrolet 400 y sucesores),
se introdujeron sólo cambios menores, sobre todo en
el frente, donde las luces de giro pasaron de la parrilla
al paragolpes, y en la cola, que estrenó también
nuevas luces. Sin embargo, en un intento por revitalizar las
ventas, el auto fue puesto a la venta con la opción
de equiparlo con dos motores V-8, capaces de producir 250
y 300 HP. Además, se adicionó una nueva caja
de cuatro velocidades Powerglide con una relación final
de 3,36, lo cual dio forma a un auto verdaderamente sorprendente.
Otros agregados fueron un cuentavueltas y una radio con FM,
además de butacas individuales y palanca al piso en
la versión SS. La producción total de esta 1º
generación del Chevy II (1962-1965) fue de 1.032.897
unidades.
LA HISTORIA DEL CHEVROLET 400
Los
primero Chevrolet llegaron a la Argentina en 1918, apenas
cinco años después que los primeros coches construidos
por Louis Chevrolet comenzaran a circular por las calles de
los Estados Unidos. La iniciativa correspondió a “Mestre
y Blatge”, con oficinas en Av. Santa Fe 1072 de Buenos
Aires, y fueron presentados en el Salón del Automóvil
de ese año. En 1920 se formaliza su importación
a través de “Hampton, Watson y Cía.”,
de Rosario, que también era la representante de Oldsmobile
y Marmon. Su frase promocional era: «El Ideal para transporte
económico». En 1922, la empresa decidió
trasladarse a Buenos Aires y fijó oficinas en Cerrito
702. Al mismo tiempo, la compañía consiguió
un contrato para ensamblar los coches en el país, para
lo cual alquilaron un galpón de un cuarto de manzana
en Garay y Huergo, del barrio porteño de Barracas.
Sin embargo, en 1923, General Motors decidió hacerse
cargo de la operación y fundó la empresa “G.M.
Export y Co.”. “Hampton y Watson” les cedieron
el galpón alquilado y quedaron como distribuidores.
El primer Chevrolet montado en la Argentina salió de
la planta en abril de 1924. Las ventas crecieron y, en 1925,
salió de la línea de montaje un doble faetón
que la empresa bautizó como «El Chevrolet Especial
Argentino». Este auto partió de Buenos Aires
para recorrer todas las provincias en viaje promocional. Dos
semanas después de su lanzamiento, el «Especial»
había recibido más de 2.000 órdenes de
pedido. La «GM Export» continuó ampliando
la gama de modelos y creciendo en la aceptación del
público. En 1930 se producían 100 unidades al
día, con picos de 160, y Chevrolet acaparaba el 40
por ciento del mercado. Luego sobrevino la crisis económica
mundial. Recién hacia 1934 la planta de armado volvió
a estabilizar su producción con 120 vehículos
diarios, al tiempo que se había ampliado el uso de
componentes nacionales.
En 1939, la GM instruyó a su filial argentina para
que adquiriera un terreno para la construcción de una
gran planta. El lugar elegido fue un predio que quedaba en
las cercanías de la Av. San Martín y la traza
de la Av. Gral. Paz, que estaba en construcción (con
dirección Rodríguez Peña 254, de San
Martín). Al año siguiente se inauguraron tanto
la planta como la avenida. Sin embargo, de la primera sólo
salieron inicialmente heladeras Frigidaire y elásticos
y baterías para autos y camiones de todas las marcas,
pensándose en comenzar la producción de automóviles
cuando los nuevos modelos hubieran ya salido en los Estados
Unidos, alrededor de 1942. Desgraciadamente, el ingreso de
los Estados unidos en la Segunda Guerra Mundial obligó
a detener la producción de la planta de Barracas, el
27 de agosto de 1942. Los nuevos productos de la marca recién
volvieron a recorrer las calles argentinas en 1947, más
o menos con los parámetros de la preguerra. Esto es,
con el armado de vehículos.
Todo cambió en 1959 cuando, acogiéndose a la
política desarrollista del presidente Frondizi, GM
decidió ampliar la planta de San Martín para
iniciar la producción integral de automóviles,
pick-ups y camiones. En octubre de 1961 el gobierno aprobó
el plan de la fábrica, que incluía una planta
de estampado completa y una inversión de 45 millones
de dólares. Poco después, algunas unidades importadas
fueron expuestas en el Golf Club de Palermo y en el Automóvil
Club Argentino, para presentar lo que se iba a fabricar localmente.
Finalmente, el 21 de marzo de 1962, salió al mercado
el primer Chevrolet producido íntegramente en el país.
El auto fue aquí bautizado «Chevrolet 400»,
y no era otra cosa que el Chevy II que había debutado
meses antes en los Estados Unidos (el modelo-año 1962,
dentro del cual la versión tope era el Chevy II "400",
de donde viene el nombre dado en la Argentina al auto), en
versión sedán de cuatro puertas y con un motor
de seis cilindros, 3.179 centímetros cúbicos
(190 pulgadas cúbicas) y 105 caballos de fuerza.
A partir de ese momento, el Chevrolet 400 inició una
carrera que lo convertiría en uno de los coches más
prestigiosos de los aquí llamados “grandes”.
En 1963 apareció el Chevrolet 400 «Súper»,
que, con un motor de 3.769 centímetros cúbicos
(230 pulgadas cúbicas) elevaba la potencia a 125 HP
a 4.000 rev/min. De todas maneras, la primera versión,
denominada ahora «Special», se mantuvo en producción
con un ligero aumento de la cilindrada, hasta los 3.185 centímetros
cúbicos. Este modelo fue muy apreciado, sobre todo,
por los taxistas, por su sencillo mantenimiento y resistencia.
Tanto el «Special» como el «Súper»
se mantuvieron en producción durante los dos años
siguientes —1964 y 1965—, aunque con ligeros retoques:
en el «Súper» se modificaron la alzada
de válvulas y la distribución.
El Chevrolet 400, en sus distintas variantes, dejó
de fabricarse en 1974 —diez años después
de que desapareciera en los Estados Unidos—, con una
producción total de unas 93.000 unidades.
AQUÍ ESTÁ EL CHEVROLET 400
©PARABRISAS,
Marzo 1962
Después
de incursionar por el camino de lo técnicamente heterodoxo
con el Corvair —motor trasero de aluminio, refrigeración
por turbina, todos detalles que se ven en la tecnología
estadounidense casi con la misma frecuencia que quioscos de
bebidas en el desierto de Gobi— la Chevrolet ha vuelto
a lo convencional con el Chevy II, que en la Serie 400 (en
los Estados unidos existen también las series 100 y
200) comienza a producirse en nuestro país por General
Motors Argentina. Recorriendo este prolijo coche, sólo
observamos un de talle más o menos fuera de lo común,
y se refiere al sistemas de elásticos traseros de una
sola hoja, que tantos comentarios ha suscitado en todo el
mundo. Por otra parte, el motor de seis cilindros que se ofrece
en nuestro país (en Estados Unidos se dispone también
de un cuatro cilindros) es descendiente del famosísimo
“235” que actualmente equipa a las pick-up, y
que hace más de treinta años ha sido una confiable
característica de los productos de la marca más
vendida en el mundo.
El motor tiene un diámetro de cilindro de 3,5625 pulgadas
(90,5 mm) por 3,25 pulgadas (82,55 mm) de recorrido de pistón,
arrojando cubicajes unitarios de 32,333 in³ (530 cm³)
y total de 194 in³ ( 3.179 cm³). El detalle notable
del block de cilindros es que tiene siete apoyos de bancada,
vale decir, que hay un cojinete de bancada entre cada par
de cilindros adyacentes, detalle que hasta ahora estaba prácticamente
reservado a motores de carrera. Esto augura larga vida y la
posibilidad de incrementar notablemente la potencia, sin que
sufra desfallecimientos el motor. Sobre estos siete cojinetes
de metal babbitt con casquillos, rota el cigüeñal,
de acero forjado (o sea que no sigue la tendencia actual de
construcción fundida), adecuadamente taladrado para
lubricación forzada. El orden de encendido es 1-5-3-6-2-4;
tal como las bancadas, los cojinetes de biela son de babbitt
con casquillos de acero.
La culata de cilindros es de hierro al cromo y se han empleado
modernas técnicas de fundición para lograr un
conjunto homogéneo y de paredes paralelas y constantes;
se han estudiado muy cuidadosamente los espacios para el agua
de refrigeración, habiéndose previsto especialmente
una cámara que rodea el culote de bujía, eliminando
así una posible fuente de preignición y detonancia.
Las válvulas se hallan dispuestas en línea,
y sus vástagos se encuentran levemente inclinados,
para “optimizar” la forma de la cámara
de combustión. El árbol de levas es de fundición
y actúa las válvulas mediante botadores hidráulicos
y varilla huecas, con balancines estampados; los pistones,
de aleación, tienen la falda con rebaje y los pernos
son de acero al cromo, siendo colocados en los ojos de biela
mediante enfriamiento y posterior retorno a temperatura natural.
Ambos múltiples se sitúan a la izquierda del
block; el múltiple de escape tiene una providencia
para precalentamiento de combustible pulverizado que entra
en los cilindros. Los múltiples han sido diseñados
para la mejor distribución y repartición de
la carga de gases. Un termostato en espiral va graduando el
calentamiento escape/admisión en función de
la temperatura operativa del motor; cuando éste llegue
a una temperatura adecuada de marcha, una válvula manda
los gases de escape directamente a salida por el caño
respectivo.
El carburador es el Rochester BC de un solo vaso, y tiene
un filtro de aire que emplea poliuretano (una nueva sustancia
sintética) bañada en aceite. El cebador es automático.
La bomba de nafta es mecánica a diafragma, accionada
por el árbol de levas. La lubricación es también
perfectamente convencional; el eje del distribuidor acciona
una bomba a engranajes que envía aceite a presión
con un filtro total tipo full-flow de cartucho descartable;
el cárter contiene 4 litros. El sistema de refrigeración
es a bomba de agua, con radiador normal, capacidad del sistema
11,3 litros. El radiador tiene tapa a presión, que
trabaja hasta un máximo de 13 lb/in² (aproximadamente
0,9 atmósferas). El sistema eléctrico es de
12 voltios, con batería de 42 amperes/hora y un generador
de 30 amperes. El distribuidor tiene platinos únicos
con avance combinado al vacío y centrífugo.
La transmisión es convencional de tres velocidades,
con la segunda y tercera sincronizadas. En los estados unidos
hay tres relaciones de mando final: 3,08, 3,36 y 3,55 a 1.
Por el momento no se sabe cuál equipara al 400 argentino.
El embrague es monodisco seco, con diámetro de 23 centímetros.
El cubrevolante es de aluminio, siendo por lo tanto bastante
más liviano que uno convencional de chapa. El eje cardánico
tiene crucetas atrás y adelante. El eje es tubular,
cuidadosamente equilibrado, para reducir vibraciones. El diferencial
es hipoidal.
La suspensión delantera emplea el principio de trapezoide
deformable. El elemento superior consiste en un triángulo
estampado, sobre cuya cara superior se asienta el elástico
helicoidal. A su vez, el elástico helicoidal va encastrado
en su correspondiente “ampolla”, llevando en su
interior el amortiguador telescópico hidráulico.
Vendría ser una adaptación del sistema McPherson
usado en algunos coches europeos y, más recientemente,
americanos. El elemento inferior de la suspensión delantera
es un brazo único estampado de sección “sombrero
de copa”. Como un brazo único no puede tener,
evidentemente, resistencia lateral, su acción se ve
complementada por un tensor, tomado al extremo exterior del
brazo y a un punto sobre el subchasis, formando con el brazo
único un ángulo de 45º aproximadamente.
La suspensión trasera es el detalle verdaderamente
interesante de este coche. En síntesis, lo que ha hecho
la Chevrolet es sustituir las hojas múltiples de un
paquete elástico convencional, por una barra flexible
única, de cuidadoso y complicado diseño, y de
formato curvo, con características aproximadas a las
de un paquete de elásticos laminares; los sistemas
de sujeción (pivote fijo adelante, gemelo atrás)
son similares y también es similar al empleo del “Hotchkiss-drive”
o sistema en el cual el eje trasero rígido va abrochado
al elástico, el que a la vez de medios suspensor, actúa
de ubicación transversal, longitudinal y radial de
las reacciones de tracción, desigualdades del camino,
etc. La Chevrolet había abandonado prácticamente
el Hotchkiss-drive en los coches “grandes”, pero
ha retornado ahora a ese sistema para el Chevy II.
Será necesario comprobar el funcionamiento, después
de algunos años, de esta lámina única.
La fábrica cita muchas ventajas para él, incluso
la de vida más alargada debido a que no existen desigualdades
en la aceptación de carga, que se originan en un elástico
multilaminar debido a que en cada hoja se producen concentraciones
de esfuerzos en los puntos en que termina la hoja de más
abajo. La laminación de estos elásticos es sumamente
complicada; visto de perfil, el elástico es más
ancho en el medio y se afina hacia las puntas; vista de planta,
tiene forma de doble espátula. Antes de montar las
hojas, son sometidas a endurecimiento por bombardeo de municiones
(shot-peening), procedimiento que en algunos casos también
se emplea para endurecimiento de bielas, brazos de suspensión,
etc. Los amortiguadores telescópicos traseros se encuentran
inclinados hacia adentro, a los efectos de resistir el rolido.
La fábrica hace, sobre los elásticos de hoja
única, interesantes y extensas consideraciones, que
no reproducimos por su largo y porque tienen un interés
limitado a técnicos más o menos avezados en
materia de suspensiones. Digamos solamente que el elástico
está montado sobre bujes de goma (en el pivot fijo
delantero y el gemelo) y que el eje también descansa
sobre una planchuela de goma.
La dirección es a bolilla recirculante y corre por
detrás del eje ideal de las ruedas delanteras. El volante
gira 4,5 veces de tope a tope y la relación de dirección
es 20 a 1. Tiene ruedas con rodado 640 x 13 del nuevo tipo
“dos telas”, creado en los Estados Unidos precisamente
para automóviles compactos. Se dice que son más
flexibles, más livianas y generan menos calor durante
la marcha, para resistencia igual que una cubierta de cuatro
telas. Debemos señalar muy especialmente que las especificaciones
que damos con las correspondientes al automóvil tal
como se ofrece en los Estados Unidos. Aunque evidentemente
el “Chevrolet argentino” será prácticamente
idéntico, es previsible que se introduzcan pequeñas
modificaciones en sus especificaciones.
Aunque últimamente el término “compacto”
ha sido zarandeado y vapuleado hasta quedar prácticamente
irreconocible, encontramos en el Chevy II algunos resabios
de la tesitura original que dio vida al auto compacto en sus
dimensiones, que son las siguientes:
| Largo máximo |
4.650
mm |
| Ancho máximo |
1.750
mm |
| Alto máximo |
1.400
mm |
| Distancia entre
ejes |
2.790
mm |
| Trocha delantera |
1.440
mm |
| Trocha trasera |
1.430
mm |
| Despeje del
suelo |
150
mm |
| Peso vacío |
1.201
kg |
| Neumáticos |
8,40
x 13" |
La carrocería es una rígida estructura autoportante
basada en un torpedo de dos mamparas formando una sección
acajonada, y en robustos parantes de puertas. El capó,
motor y tren delantero van montados en un subchasis abulonado
a la célula principal, sobre cuatro puntos bien repartidos.
Este subchasis puede removerse íntegramente para el
caso de reparar averías; en su parte anterior encontramos
una mampara que a la vez que hace de refuerzo, sirve de soporte
para el radiador. También hallamos sendas “ampollas”,
valga el término, cuya función es la de alojar
y encuadrar los elásticos helicoidales de la suspensión
delantera. Largueros y travesaños acajonados, juntamente
con taparruedas y demás secciones cuadradas y rectangulares,
completan el cuadro, conformando un conjunto de gran rigidez
y liviandad. Todo este conjunto recibe diversos tipos de protección
anticorrosiva, adecuada en cada caso a la severidad de las
eventuales solicitaciones; las zonas que se verán expuestas
a la permanencia de agua son tratadas con un compuesto antioxidante
con partículas de aluminio que se aplica en caliente,
cuando el vehículo acaba de salir de los hornos de
pintura. Las puertas y la tapa del baúl son de doble
pared y también colaboran con la rigidez.
ROAD TEST DEL CHEVROLET 400
©PARABRISAS,
Agosto 1963

Con
el modelo 400 de la Chevrolet, probamos el coche de más
precio de lista en el actual cuadro de la producción
argentina, aunque la fábrica señala, con acierto,
que ese precio de lista asegura el coche totalmente equipado,
con traba de dirección, radio, calefacción,
señales de viraje, y hasta un detalle inusitado, pero
muy interesante: un inflador del tipo de pedal, de cómodo
accionamiento. Cuando se computa el costo de los accesorios
opcionales, el precio resulta algo menos elevado, aunque,
por supuesto, no es un auto barato. La impresión externa
del 400 es excelente. Nuestro equipo coincidió en que
la línea era la más elegante de los actuales
compactos en venta, aunque esta apreciación es personal
y no todos estarán de acuerdo. Nosotros encontramos
que la línea era sencilla, armoniosa y sobria, sin
grandes despliegues de cromados ni una relampagueante constelación
de luces de viraje y freno. Los faros delanteros son dos solamente,
detalle que, a nuestro juicio, contribuye a acrecentar la
elegancia de la trompa (y los faros son, por otra parte, óptimos
en carretera y en ciudad, gracias a su enfoque asimétrico).
El tablero es típicamente norteamericano, siéndolo
también la posición de manejo, cómoda
en general. Volante amplio con semiaro de bocina, velocímetro
circular con clara lectura, pero general deficiencia de instrumentos
de aguja, salvo el indicador de nafta; presión de aceite,
carga del generador y hasta temperatura del motor, son indicados
por luces de idiota. Sistemáticamente manifestamos
nuestra oposición, aunque cada vez es más una
vocecita que se pierde en el desierto. El cebador es automático;
funcionó bien mientras nosotros tuvimos el coche. El
arranque se da con la llave. Ésta tiene cuatro posiciones,
o sea, las tres clásicas de OFF, IGN y START, más
otra denominada LOCK. En las primeras tres posiciones, puede
sacarse la llave sin afectar el funcionamiento (o no) del
motor; y aún sin la llave, puede dársele arranque
al motor girando el encastre de la llave. Pero si se gira
a la posición LOCK, el encastre se traba y es necesario
volver a insertar la llave para pasar a cualquier otra posición.
La explicación es que se hace para poder abrir el baúl
con el motor en marcha. En cambio, observamos un detalle también
raro: al no tener una posición ACC (accesorios), y
al estar la radio conectada a través del circuito de
encendido del motor, encontramos que no se puede escuchar
la radio si el motor no está en marcha (puede hacerse
estando el motor en contacto, pero no es recomendable dejarlo
así, porque, como se sabe, esta práctica puede
dañar la bobina).
Hay tres ceniceros y un encendedor, algo lerdo en entrar en
acción. Los limpiaparabrisas son eléctricos,
de una sola velocidad (este detalle tal vez se modifique próximamente).
El lavaparabrisas es accionado por pedal. La radio es excelente,
potente y clara, con un agradable tono de emisión.
El coche no tiene guiñada, siguiendo la tendencia norteamericana.
A la izquierda del tablero, una llave de doble acción
puede tirarse hacia afuera, con dos posiciones: posición
y principales, con cambio de luz con un pedalín. Girando
esta misma llave se varía la intensidad de la excelente
iluminación del tablero, y en el tope de su giro, la
misma llave enciende la luz de cabina (que por otra parte,
se prende también al abrir cualquiera de las puertas
de adelante). La guantera es amplia; tiene llave (la misma
del motor) pero no tiene luz. Otra llave del manojo abre la
tapa del tanque de nafta (equipo de norma, como lo es la traba
interior del capó) y la tercera llave destraba la antena,
que normalmente se rebate y se traba para evitar su destrucción
por parte de resentidos sociales. El baúl y las puertas
son abiertas por al misma llave de arranque; la tapa del baúl
está contrapesada, pero no tiene resorte, lo que para
nosotros es una ventaja, porque evita sorpresivos uppereuts
al abrir. La rueda de auxilio está colocada de forma
de que no sea necesario sacar el equipaje en caso de tener
que cambiar una rueda. Algunos concesionarios hace un zócalo
para alojar la rueda, lógicamente con un recargo de
costo (la modificación es extraoficial). El tapizado
es bueno, de agradable tonalidad. Nuestro coche era blanco,
con tapizado verde; elegante y vistoso a la vez.
Evidentemente, el Chevrolet 400 es un coche que encuentra
su mejor andar en determinado tipo de condición. Para
andar en ruta incansablemente a 120-130, es extraordinario.
Para andar a ritmo normal en ciudad, es también excelente,
debido a lo muelle de su suspensión. Pero este mismo
recorrido amplio y blando actúa en contra de su estabilidad
en curvas, si estas se encaran muy fuertemente. Además,
la suspensión “toca” a menudo en caminos
de tierra o aún en adoquinado malo tomado a mucha velocidad.
Por otra parte, la dirección es muy desmultiplicada;
por lo tanto, resulta de fácil estacionamiento (ayudado
por un reducido círculo de viraje), pero no predispone
al rápido andar urbano, porque hay que trabajar demasiado
girando el volante.
Se quita la traba de la dirección, que consiste en
una barra cromada con una cerradura en su extremo libre; esta
barra se extrae pasando entonces a través del volante.
Con una llave destraba y se rebate. No es muy elegante, pero
es efectiva, y además tiene la ventaja de que se ve
perfectamente desde afuera del auto, significando entonces
un obstáculo psicológico al ladrón. Ponemos
en marcha el motor y éste hecha a andar en forma instantánea.
Desembragamos, pasamos la palanca de cambios a 1º (accionamiento
livianísimo) y aceleramos. El pique del Chevrolet es
impresionante; si se lo pica a fondo con nafta común,
puede observarse alguna detonación (llamada comúnmente
pistoneo), pero para la marcha normal no es necesaria la nafta
especial.
Aunque el motor no es excepcionalmente elástico, considerando
su potencia (velocidad mínima en directa, alrededor
de 35 km/h), el uso de segunda y tercera asegura una performance
excepcional; por otra parte, nosotros obtuvimos una velocidad
máxima de 150 y fracción con nuestro coche,
que había sido un “demostrador” y había
completado una extensa y ardua gira por la provincia de Buenos
Aires, durante la cual el coche había sido manejado
por más de cien personas, la mayoría de las
cuales no se caracterizaron por su suavidad. La gente de GM
dice que idealmente el coche debiera tener algún kilómetro
más de máxima. Los frenos son buenos, aunque
creemos que conviene hacerlos regular en forma periódica;
el uso duro tiende a sacarlos de regulación, pero el
“service” puede hacerse en minutos.
Para analizar a ritmo normal, el Chevrolet es excelente. La
suspensión es blanda, lo que se necesita para las infernales
calles de Buenos Aires (y de la mayoría de las ciudades
argentinas). El manejo es, en estas condiciones, descansado,
con liviana dirección y frenos, pique impresionante
para cuando se necesite, y facilidad de insertar el coche
en huecos más o menos pequeños, debido a los
flancos rectos que hacen viable el cálculo rápido
y preciso. Conduciendo a altas velocidades, se nota la desmultiplicación
de la dirección y su sentir algo muerto en posición
“derecho para adelante”; por pique no se quejará
el dueño, pero tendrá que trabajar mucho con
el volante y además, una curva rápida producirá
un rolido de proporciones casi náuticas, acompañado
de un sinfónico coro a cargo de las cubiertas. Claro,
el auto no está hecho para eso.
Pocos vehículos pueden ser tan cómodos y descansados
para andar en ruta, como ya hemos dicho; a 120 el motor apenas
se oye. Se puede andar más despacio, especialmente
si los reglamentos así lo exigen, pero nosotros pensamos
que andar a menos de 100 es una lástima con tanto auto.
Si se toman cunetas o baches, la suspensión tiende
a fondear. Las ruedas traseras están suspendidas por
un elástico de una sola hoja; algunos concesionarios
endurecen la suspensión. Esta modificación también
es extraoficial. En andar muy quebrado es necesario reducir
la velocidad. La dirección no admite rápidas
correcciones, la suspensión fondea. Nuevamente podemos
señalar que el coche no está hecho para eso.
Además, en nuestro coche los amortiguadores estaban
bastante vencidos. En montaña se observan las prevenciones
sobre dirección, cárter y suspensión,
pero el auto es muy andable gracias a la excelente segunda
velocidad; larga y a la vez potente, alcanza (en el llano,
por supuesto) ±110 y acelera el coche fuertemente,
sirviendo también de eficaz freno para las bajadas.
No es un auto pequeño, pero el ya comentado hecho de
los flancos rectos facilita la maniobra precisa y exacta en
las curvas cerradas.
La visibilidad es buena; debido a que el auto es un paralepípedo
casi perfecto, no resulta difícil estacionarlo a pesar
de su largo. Luces, muy buenas; algunos propietarios querrán
llevar el coche a un electricista para que mediante una llave
de dos posiciones le haga trabajar la guiñada con el
aro de la bocina ( a pesar de que GM desaprueba esta práctica.
Otra fábrica norteamericana radicada en nuestro país
sostiene que la “guiñada” acorta la vida
de las unidades selladas). El baúl tiene dimensiones
típicamente norteamericanas. El capó tiene traba
interior (equipo de norma) y la accesibilidad del motor y
sus accesorios es óptima, ya que el cofre del motor
resulta amplísimo, porque su motor es en línea.
Si se respetan ciertas condiciones impuestas por el diseño,
el 400 resulta ser un excelente automóvil, dócil,
de fuerte pique y de seguro funcionamiento, es de amplia capacidad
interna y tiene la garantía de la marca de coches que
más se vende en todo el mundo. Y cuando usted compra
un 400, no tiene que agregarle nada para salir a la calle...
DATOS
TÉCNICOS |
Este
test fue realizado por el personal técnico de
la revista Parabrisas, señores Ronald Hansen,
Guillermo Mártire y Emilio R. del Valle (n.).
Como es norma, en las pruebas de aceleración,
frenado, Tapley, etc., efectuadas en el Autódromo
Municipal de la Ciudad de Buenos Aires, condujeron el
auto los Sres. Joaquín Giannuzzi y Antonio Castro,
de General Motors Argentina. |
-
ESPECIFICACIONES
BÁSICAS - Motor de 6 cilindros en línea,
válvulas a la cabeza, 90,5 x 82,55 mm, 3.179
cm3, 105 HP a 4.400 rev/min, compresión de
7,5 a 1. Un sólo carburador. Relaciones de
caja: 1º 2,94; 2º 1,68; 3º 1 a 1.
|
| ERROR
DEL VELOCÍMETRO |
| Velocidad
real (km/h) |
20 |
40 |
60 |
80 |
100 |
120 |
110 |
| Velocidad
auto (km/h) |
18 |
50 |
70 |
90 |
105 |
112,4 |
120 |
|
VELOCIDAD
MÁXIMA EN CADA MARCHA |
| En 1ra |
66
km/h |
| En 2da |
110
km/h |
| Velocidad
máxima |
150,4
km/h |
|
PRUEBAS
DE ACELERACIÓN
Con el mismo velocímetro anterior, se controla
el tiempo que el automóvil emplea en alcanzar
velocidades crecientes de 20 en 20 kilómetros
por hora. Se obtiene de este modo una idea exacta de
la mejor aceleración del automóvil. |
| 0 a 20
km/h |
1
s 3/5 |
| 0 a 40
km/h |
4
s 2/5 |
| 0 a 60
km/h |
8
s |
| 0 a 80
km/h |
12
s 1/5 |
| 0 a 100
km/h |
18
s 3/5 |
| 0 a 110
km/h |
23
s |
| 0 a 500
m |
21
s 3/5 a 117 km/h |
|
PRUEBA
DE EMPUJE
Se comprueba aquí el empuje máximo que
recibe el automóvil en cada marcha, por medio
de un instrumento de precisión llamado Performance
Meter marca Tapley, tipo R. Las mediciones resultan
en kilogramos de empuje por tonelada de automóvil. |
| En 2da |
160
kg/ton a 63 km/h |
| En 3ra |
75
kg/ton a 80 km/h |
|
PRUEBA
DE ARRASTRE
Esta es la más interesante de las pruebas realizadas
con el Tapley, dado que con ella se obtiene una clara
idea del arrastre o frenaje que efectúan sobre
el automóvil sus rodamientos, engranajes y condiciones
aerodinámicas. Se realiza con el aparato en posición,
llevando el automóvil hasta una velocidad de
100 km/h, y apretando el pedal de embrague, para desconectar
el motor de las ruedas motrices, pero dejando que éstas
sufran el frenado producido por el arrastre de los engranajes
de la caja de velocidades. Cuanto menor sea el arrastre,
mayor es la cantidad de HP del motor que llegan a las
ruedas motrices. Esta medición es independiente
del peso del auto.
En el caso del Chevrolet 400, el arrastre total a 100
kilómetros por hora fue de 92 kilogramos por
tonelada. |
PRUEBAS
DE FRENADO
La prueba se refiere al aguante y la capacidad de recuperación
de los elementos frenantes, y se realiza deteniendo
el automóvil a 0 desde los 80 km/h, diez veces
consecutivas sin dejar que las campanas y demás
elementos se enfríen y recuperen su eficacia
original. De este modo, se obtienen diez mediciones
de distancia de frenado, que irán creciendo a
medida que aumente el número de mediciones. |
| 20 a 0
km/h |
1,40
m |
| 40 a 0
km/h |
8,80
m |
| 60 a 0
km/h |
15,80
m |
| 80 a 0
km/h |
34,40
m |
| 100 a
0 km/h |
44,00
m |
| 110 a
0 km/h |
64,80
m |
|
PRUEBA
DE IMPERMEABILIDAD
El Chevrolet 400 se vio sometido a fuertes lluvias sin
que se verificaran filtraciones en absoluto, ni en la
cabina ni en el baúl. Tampoco hubo filtraciones
de tierra. |
PRUEBAS
DE CONSUMO
Realizadas sobre ruta y ciudad, estableciendo consumos
a distintas velocidades. |
| En ciudad |
6,4
km/l |
| En ruta
a 80 km/h |
8,3
km/l |
| En ruta
a alta velocidad |
6,8
km/l |
|
DIÁMETRO
DE VIRAJE
Hacia la izquierda, 8,80 metros; a la derecha, 8,35
metros. |
HOY PROBAMOS EL CHEVROLET SUPER
©PARABRISAS,
Julio 1964

“Ciento
veinticinco caballos” dice la propaganda, por lo que
podría suponerse que el nuevo Chevrolet, conocido ahora
como “Súper”, tiene una performance muy
interesante. Es un vehículo de manejo muy cómodo,
a pesar de las muchas vueltas que deben imprimirse al volante
de dirección para hacer maniobras en espacios reducidos.
Existe una tendencia norteamericana de acercar el volante
al pecho del conductor; felizmente, los proyectistas de GM
no han caído en ese error al trazar la planta del Súper.
Puede ser manejado sin llevar los brazos como un mamboretá.
No hallamos una identidad de criterio en cuanto a la estilización
del tablero. Para algunos era sobrio y no desprovisto de elegancia;
para otros, demasiado espartano. Hay tres elementos circulares:
uno contienen velocímetro (de fácil lectura
y, además, notable precisión), otro el medidor
de nafta y tres “luces de idiota” (dínamo,
presión de aceite y temperatura), y el tercero, central
y de menor diámetro que los otros dos, es simplemente
un adorno. Por lo tanto, no cumple ninguna función
y a nadie le gustó. No pudimos estar de acuerdo con
la falta de medidor de temperatura; no tememos mayormente
que el motor se pase de caliente, salvo que no sea correcto
el nivel de agua del radiador, sino que para las puestas en
marcha en frío es útil, al menos psicológicamente,
saber en qué momento puede dejar de andarse despacio
y empezar a conducir con un ritmo más cerca de lo normal.
El 400 que testeamos el año pasado tenía cebador
automático; el Súper lo tiene manual. Somos,
por naturaleza, desconfiados y preferimos el manual, aunque
probablemente el automático sea mejor para coches que
van a parar a manos de usuarios no muy informados.
El capó se abre desde el interior; es una gran ventaja.
Tuvimos en nuestro coche un desajuste del cable Bowden del
tirete, que en determinado momento impidió que pudiéramos
abrir el capó. El inconveniente fue rápidamente
solucionado por el “service” de la fábrica.
Acotemos que el Súper que nosotros recibimos era una
unidad 0 km, y que entonces era de suponer que tuviera alguna
maña de coche nuevo. No tuvimos oportunidad de probar
el sistema de calefacción mas que fugazmente, en una
fría noche de la provincia de Buenos Aires. Lo usamos
poco pero creemos que funciona muy bien. Hay encendedor y
varios ceniceros dispuestos estratégicamente en el
interior del vehículo. Los limpiaparabrisas son eléctricos
y barren un área de vidrio adecuada. Hay lavaparabrisas
accionado a pedalín de goma, que a más de 90
km/h deja de mojar el parabrisas por el efecto aerodinámico.
El parabrisas no es excesivamente envolvente y está
libre de distorsiones molestas.
La traba de volante es la habitual en los Chevrolet más
recientes. Vale decir, que se emplea un tubo de acero cromado,
paralelo a la columna de dirección. Normalmente, se
halla rebatida en un alojamiento o vaina; destrabando su cerradura
con una llave, puede ser extendida hasta una posición
en la cual interfiere el giro del volante, más allá
de unos pocos grados en cada sentido. El tubo-traba tiene
la costumbre de salirse completamente si no se tiene cuidado
al trabarlo. En esas condiciones, puede usarse como una útil
y práctica cachiporra. El comando de la bocina es un
segmento de aro de aproximadamente 120 grados. Pero es difícil
ubicarlo si se están haciendo maniobras normales con
la dirección. En concordancia con la habitual, pero
incómoda, tesitura norteamericana, no hay comando de
“guiñada”. Que digan lo que digan, nosotros
seguimos pensando que la guiñada es una gran comodidad.
Las luces de viraje responden a una perilla montada sobre
la columna de dirección, con retorno automático.
Dos aspectos de la sistematización interior son netamente
individuales de general Motors: la insólita forma de
trabajar de la llave de contacto y el hecho de que la radio
no pueda escucharse salvo que el motor esté funcionando.
La llave de contacto propiamente dicha, puede retirarse sin
que se detenga el motor; más aún, puede dársele
contacto y arranque, girando la cazoleta de la cerradura aunque
la llave no se encuentre puesta. Una “tercera posición”,
a la izquierda, traba la cazoleta al ser retirada la llave,
impidiendo el uso no autorizado del coche. Es una sistematización
clásica de los Chevrolet de los últimos años.
no tuvimos opiniones muy fuertes ni a favor ni en contra.
En cambio, todos objetaron el hecho de que la radio no pudiera
escucharse sin estar el contacto prendido. Habitualmente,
los coches norteamericanos tienen una posición “ACC”
(accesorios) de la llave de encendido que permite usar la
radio, encendedor, etc., sin cerrar el circuito de ignición;
otros solucionan el problema con un circuito independiente
para la radio, de modo que pueda escucharse en cualquier momento.
En el caso del Chevrolet, no se ha adoptado ni un sistema
ni el otro, vale decir, que prácticamente no puede
escucharse la radio salvo que esté andando el motor.
Por supuesto funciona si se pone en contacto el motor, pero
todos saben que, si no se pone en marcha el motor, no es conveniente
dejar el encendido conectado. Además de un consumo
de corriente (muy reducido), se corre peligro de que se recaliente
la bobina. El tapizado mereció diversas apreciaciones,
desde “muy elegante” hasta “el capitoné
no es elegante y además es pasado de moda”. Juzgue
usted, amigo.
Considerando la potencia del motor, y su innegable aceleración,
creíamos que sería más elástica
la entrega de potencia del moderno 6 cilindros de 3,8 litros
y siete bancadas. En la práctica, observamos que en
el tránsito urbano la velocidad más usada es
la segunda, si bien en tercera, y a bajas velocidades, el
motor funciona suavemente y no se observan trepidaciones.
De todas maneras, a menos de 40-45 en esa marcha, el auto
no es ágil, no es voluntarioso, como lo es una vez
que supera la fácilmente alcanzable barrera de los
45 km/h. Vale decir; anda en directa a 35 sin problemas, pero
si el conductor lo exige, el motor responderá con un
poco de desgano. Nuestros testers, habituados por instinto
a llevar los motores dentro de su gama de rev/min más
provechosa, pocas veces usaban la tercera más abajo
de los 45 km/h.
Todos los controles son suaves. El embrague es algo brusco
en su acción, y hubo una queja aislada de que era duro.
La palanca de cambios es de accionar muy liviano, salvo en
el momento en que atraviesa la zona adyacente al punto muerto.
La colocación de las marchas es precisa. No es difícil
hacer el rebaje segunda / primera con doble embrague y, por
otra parte, en tránsito pesado esta operación
resulta conveniente sin llegar a ser indispensable. Es, por
otra parte, muy probable que la elasticidad del motor mejorará
sensiblemente en el caso de un coche con más kilómetros
que el nuestro. Usando la palanca de cambios con libertad,
el Súper es de manejo sumamente ágil en ciudad.
El motor responde con energía, la dirección
es agradable, y los frenos muy adecuados mientras no se los
exija en forma abusiva. Los flancos del coche son rectos,
circunstancia que hace más fácil calcular la
“filtrada”. Reputamos al Súper como un
coche bueno para andar en ciudad. Nunca tuvimos, por otra
parte, problemas de puesta en marcha. En el tiempo más
o menos de “media estación” en que lo tuvimos
nosotros, arrancó con cebador o sin él.
La suspensión ha sido reforzada con relación
al anterior modelo 400, a pedido de los usuarios. No podemos
opinar sobre duración relativa de la suspensión
del 400 contra la del Súper; aún ahora, sin
embargo, hay rolido pronunciado si el automóvil es
obligado a tomar curvas cerradas a altas velocidades. En esas
circunstancias, un chillido de goma acompañará
la maniobra de virar. Es un problema que, a no dudarlo, afectará
a muy pocos usuarios del Súper, salvo alguno que otro
iracundo que frecuente La Fusta con el auto de papi. Papi,
por su parte, no tendrá problemas, y mami tampoco.
Para las maniobras cerradas, la liviandad en el volante debe
abonarse recurriendo a repetidas vueltas antes de lograr el
giro de tope a tope. Sin embargo, el diámetro de viraje
es en sí bastante reducido, lo que hace que la maniobra
de estacionamiento no resulte difícil. Al colocar la
palanca de cambios en la posición correspondiente a
la marcha atrás, se encienden dos luces de reversa,
muy prácticas, aunque algunos pensarán que podrían
ser ventajosamente más potentes. De todos modos, una
buena luz de reversa debería formar parte del equipo
normal de todo automóvil.
La ventaja de un auto grande de satisfactoria concepción
como es el Chevrolet Súper, es que resulta cómodo
de manejar tanto en ciudad como en ruta. Tal vez, los exquisitos
aseverarán que resigna posiciones en la montaña
o en camino sinuoso a nivel. Más que nada, la dirección
muy desmultiplicada es lo que produce esta impresión,
pero bueno es recordar que el Súper se colocará
en desventaja únicamente si el conductor anda fuerte
en la montaña. La mayoría de nuestras rutas
son de llanura. En esas condiciones, el Súper es una
alfombra mágica como lo son en general los coches de
ese tipo. Ciento veinte kilómetros por hora son mantenidos
sin esfuerzo visible, y a los 80 reglamentarios parece que
el Súper no se moviera. A 120 de crucero queda aún
un sensible margen para acelerar en caso de sobrepaso de camiones
y otros automóviles. Como ya hemos dicho, los asientos
son blandos y cómodos, mientras que la mullida suspensión
hace que puedan pasar horas sin la más mínima
fatiga.
El baúl es amplio y tiene la rueda de auxilio ubicada
en posición acostada en el piso. Entre el completísimo
equipo de norma del Chevrolet, figura un inflador de pie;
no se incluye, sin embargo, medidor de presión. El
crique es del tipo de cremallera habitual en coches argentinos
de inspiración norteamericana. Debemos decir que, al
menos los ejemplares que han caído en nuestras manos,
no funcionan en forma óptima. Mientras andan bien,
resulta fácil levantar el coche; pero con frecuencia
se producen desgastes en la cremallera, con tendencia a que
patine el gancho trepador. Por otra parte, casi siempre hemos
observado inconvenientes para hacer bajar el crique una vez
terminada la operación de cambio de rueda. No creemos
que requiera mantenimiento muy frecuente; y cuando le llegue
el turno, el mecánico no tendrá que contorsionarse
ni desear haber nacido con un brazo articulado al revés.
En síntesis: grande, cómodo, suave, completo.
No es un auto de carrera, pero ¿usted necesita un auto
de carrera?

DATOS
TÉCNICOS |
Este
test fue realizado por el personal técnico de
la revista Parabrisas, señores Ronald Hansen
y Guillermo Mártire. Durante las pruebas de aceleración
y fenaje, efectuadas en el Autódromo Municipal
de la Ciudad de Buenos Aires, condujeron el auto los
testers de Parabrisas y presenció la prueba el
Sr. Augusto C. Infantino, de General Motors. |
-
ESPECIFICACIONES
BÁSICAS - Motor de seis cilindros en línea,
válvulas a la cabeza, 3.769 cc (98,43 x 82,55
mm), 125 HP (126,7 CV) SAE a 4.000 rev/min. Par
motor 27 mkg a 1.600 rev/min). Relación de
compresión 7 a 1. Caja de tres velocidades,
con 2º y 3º sincronizadas. Relaciones
1º 2,798 a 1, 2º 1,551 a 1, 3º 1
a 1, ma 3,796 a 1. Relación eje trasero 3,07
a 1.
|
| ERROR
DEL VELOCÍMETRO |
| Velocidad
auto (km/h) |
20 |
40 |
60 |
80 |
100 |
120 |
| Velocidad
real (km/h) |
19,1 |
40,4 |
60 |
81,1 |
100 |
120 |
|
VELOCIDAD
MÁXIMA EN CADA MARCHA |
| Primera |
67
km/h |
| Segunda |
118
km/h |
| Velocidad
máxima |
151,12
km/h (23,2 s) |
|
PRUEBAS
DE ACELERACIÓN
Con el mismo velocímetro anterior, se controla
el tiempo que el automóvil emplea en alcanzar
velocidades crecientes de 20 en 20 kilómetros
por hora. Se obtiene de este modo una idea exacta de
la mejor aceleración del automóvil. |
| 0 a 20
km/h |
1
s 2/5 |
| 0 a 40
km/h |
3
s 2/5 |
| 0 a 60
km/h |
5
s 3/5 |
| 0 a 80
km/h |
10
s 1/5 |
| 0 a 100
km/h |
14
s 4/5 |
| 0 a 120
km/h |
24
s 3/5 |
| 0 a 500
m |
22,9
s a 117 km/h |
| 0-100-0
km/h |
20,5
s |
|
PRUEBAS
DE EMPUJE
Se comprueba aquí el empuje máximo que
recibe el automóvil en cada marcha, por medio
de un instrumento de precisión llamado Performance
Meter marca Tapley, tipo R. Las mediciones resultan
en kilogramos de empuje por tonelada de automóvil. |
| En 2da |
155
kg/ton a 72 km/h |
| En 3ra |
85
kg/ton a 108 km/h |
|
PRUEBAS
DE ARRASTRE
Esta es la más interesante de las pruebas realizadas
con el Tapley, dado que con ella se obtiene una clara
idea del arrastre o frenaje que efectúan sobre
el automóvil sus rodamientos, engranajes y condiciones
aerodinámicas. Se realiza con el aparato en posición,
llevando el automóvil hasta una velocidad de
100 km/h, y apretando el pedal de embrague, para desconectar
el motor de las ruedas motrices, pero dejando que éstas
sufran el frenado producido por el arrastre de los engranajes
de la caja de velocidades. Cuanto menor sea el arrastre,
mayor es la cantidad de HP del motor que llegan a las
ruedas motrices. Esta medición es independiente
del peso del auto.
En el caso del Chevrolet Super fue de 55 kg/ton. |
PRUEBAS
DE FRENADO
La prueba se refiere al aguante y la capacidad de recuperación
de los elementos frenantes, y se realiza deteniendo
el automóvil a 0 desde los 80 km/h, diez veces
consecutivas sin dejar que las campanas y demás
elementos se enfríen y recuperen su eficacia
original. De este modo, se obtienen diez mediciones
de distancia de frenado, que irán creciendo a
medida que aumente el número de mediciones. Hasta
este Road Test, las frenadas se producían a partir
de determinado punto de referencia conocido de antemano
por el piloto; pero pretendiendo reflejar la más
absoluta realidad, esto es, incluir el tiempo de reacción
de quien pilotea, decidimos que el impulso motor de
señal para iniciar la frenada sea imprevisto.
Este tiempo de reacción, aceptado técnicamente
como 0,5 segundos para un hombre de reflejos normales,
determina que el vehículo que se desplaza a velocidades
uniformes recorra espacios determinados. Estos espacios
son 2,7 metros a 20 km/h, 5,5 a 40, 8 a 60, 11 a 80,
14 a 100 y 16,5 metros a 120 kilómetros por hora.
En consecuencia, la distancia total de frenado se debe
desdoblar en la distancia recorrida en el tiempo de
reacción más la distancia efectiva de
frenado. Esta última es la que realmente necesita
el vehículo para detenerse. El sistema adoptado
para los frenajes es el siguiente: el navegante, o copiloto,
dispara una pistola cargada con proyectiles de tiza
apuntando al suelo. De este modo queda indicado en el
suelo el lugar a partir del cual comenzó el proceso.
El auto se detiene, se mide y se anota. En la tabla
de abajo, la primera columa indica la distancia recorrida
en el tiempo de reacción; la segunda la distancia
efectiva de frenado, y la tercera indica la distancia
total recorrida, esto es, la suma de las dos cifras
anteriores. |
| |
Reacción |
Efectiva |
Total |
| De 20
a 0 km/h |
2,7
m |
1,20
m |
3,50
m |
| De 40
a 0 km/h |
5,5
m |
7,10
m |
12,60
m |
| De 60
a 0 km/h |
8,3
m |
15,50
m |
23,80
m |
| De 80
a 0 km/h |
11
m |
32,60
m |
43,60
m |
| De 100
a 0 km/h |
14
m |
42,50
m |
56,50
m |
| De 110
a 0 km/h |
16,5
m |
64,20
m |
80,70
m |
|
PRUEBAS
DE CONSUMO
Realizadas sobre ruta y ciudad, estableciendo consumos
a distintas velocidades (con nafta común exclusivamente). |
| En ciudad |
6,2
km/l |
| En ruta
a 80 km/h |
8,3
km/l |
| En ruta
a alta velocidad (120) |
5,5
km/l |
|
PRUEBAS
DE IMPERMEABILIDAD
Agua: Ligeras filtraciones en el ventilete delantero
izquierdo y por debajo de la puerta trasera derecha.
Tierra: Filtraciones leves en el baúl. |
CADENCIA
LIMPIAPARABRISAS
El limpiaparabrisas es eléctrico con dos velocidades.
Éstas tienen cadencias de 40 y 64 barridas por
minuto, respectivamente. |
DIÁMETRO
DE VIRAJE
Hacia la izquierda, 12,40 metros; a la derecha, 11,40
metros. |

CUADRO CLÍNICO DEL CHEVROLET
©PARABRISAS,
Septiembre 1966
El
año 1962 fue el año de aparición del
Chevrolet argentino, que se llamó, como todos saben,
Chevrolet 400. Desde el ’62 hasta la fecha, los cambios
sufridos por los modelos que salieron de fábrica sólo
fueron importantes en el interior del coche. Exteriormente,
el cambio ha sido mínimo. De hecho, la carrocería
en sí no ha sufrido modificaciones. Éstas se
concretan en lo que se llama “trim” —vaguetas,
tapicería, pequeños detalles de confort, etc.—,
pero el lineamiento interior es tal cual el modelo de origen.
El Chevrolet es un automóvil que mantiene su identidad
en el país, ya que los cambios fundamentales son mínimos.
En cuestión de cambios, el más importante es
el paso del motor “chico” de 3.185 cm³ (194
in³) al “grande” de 3.769 cm³ (230 in³).
Todos los demás cambios —eje trasero Chevrolet
a eje trasero nacional, por ejemplo— son producto de
la cuota a cumplir según el plan de integración
de la industria automovilística para esta marca.
Cuando apareció en 1962, el Chevrolet 400 tenía
las siguientes especificaciones: Ruedas en medida 4,50 J x
13 y neumáticos 6,40 x 13, Diámetro de pistón
de amortiguadores de 25 mm (1 in), Frenos Chevrolet Delco
Moraine de 228,8 mm (8 1/8 in), Caja de velocidades Chevrolet,
Eje trasero Chevrolet con relación de 3,08 a 1, Cigüeñal
forjado, Carburador Rochester con cebador automático,
Motor de 3.185 cm³ (194 in³), Relación de
compresión de 7,5 a 1 y Filtro de aire poliuretano.
En 1963 el Chevrolet 400 apareció con los siguientes
cambios: Ruedas en medida 5 J x 14 y neumáticos de
6,50 x 14, Suspensión delantera y trasera reforzada,
Diámetro de pistón de amortiguadores de 35 mm,
Embrague nacional de 235 mm (9 ¼ in), Frenos de ajuste
automático con diámetro de campana de 228,6
mm (9 in), Cebador manual, Filtro de aire de papel, Filtro
de nafta de papel.
Para 1964, General Motors Argentina presentó dos modelos,
el llamado Super y el Special (discontinuando la denominación
“400”). El primero tenía el motor “grande”
y era el modelo de lujo. El Special salió con el motor
“chico” y con menos detalles de terminación.
Este modelo fue diseñado pensando en las flotas de
taxímetros y, lógicamente, su precio era menor.
Las especificaciones principales del modelo Special son las
siguientes: Ruedas en medida 4,50 J x 13 (las mismas del Chevrolet
400 de 1962) y neumáticos 6,40 x 13, Diámetro
de pistón de amortiguadores de 35 mm, Frenos Bendix
nacionales con campanas de 254 mm (10 in), Caja de velocidades
nacional Borg-Warner T-86N, Embrague nacional de 235 mm de
diámetro (9 ¼ in), Eje trasero nacional Dana
con relación de 3,07 a 1, Cigüeñal forjado,
Carburador Holley 1908 con cebador manual, Motor de 3.185
cm³ (194 in³), Relación de compresión
de 7 a 1.
Por su parte, el modelo Super debutaba en 1964 con las siguientes
características: Motor de 3.769 cm³ (230 in³),
Relación de compresión de 7,5 a 1, Bomba de
combustible nacional marca Carcion.
En 1965, reaparecieron los modelos Special y Super. El Special
debuto con las siguientes modificaciones: Paragolpes delanteros
con faros reglamentarios, Eje trasero nacional Chevrolet y
Cigüeñal fundido. Por su parte, el modelo Super
exhibía las siguientes modificaciones: Luces de retroceso
independientes, paragolpes delantero con faros reglamentarios,
Panel de instrumentos tapizado, Neumáticos en medida
7,35 x 14 (hombro redondeado), Eje trasero nacional Chevrolet
y Cigüeñal fundido.
Siguiendo nuestra costumbre en estos casos, para hacer un
diagnóstico de fallas más o menos completo hemos
recurrido al auxilio y la experiencia de viejos usuarios de
la marca, de talleres especializados, de grandes y pequeños
talleres de mecánica general, y de concesionarios GM.
Con los datos así requeridos hemos formado una lista
de causas por las que más a menudo entra el automóvil
al taller. Según talleristas particulares, la causa
de la mayoría de las reparaciones en cuestión
Chevrolet es, en la parte mecánica, el desgaste prematuro
de comando del balancín de embrague, en la parte que
va al embrague, más precisamente la pieza a la que
va sujeto el movimiento o articulación giratoria que
guía la última varilla de empuje, la que va
a la horquilla del embrague. Los ámbitos no oficiales
atribuyen esta rotura a la debilidad de la soldadura entre
ambas piezas. Siguiendo en lo que podríamos llamar
mecánica pesada, el segundo lugar por entradas al taller
le corresponde a los rulemanes de extremo de cañonera,
que centralizan el palier, indistintamente para ambos lados.
Del lado derecho, abajo, en el extremo delantero del block,
existe una carcaza roscada que envuelve el filtro de aceite,
del tipo Full-Flow, que filtra todo el caudal enviado por
la bomba de aceite. Según versiones, este elemento
“se pincha”. Esto se debe a que, si no se cambia
el elemento filtrante según los periodos especificados
por la fábrica, la suciedad acumulada hace que aumente
la presión contra la carcaza, y comienzan las filtraciones.
Este no es un defecto del auto, sino de quien lo conduce o
lo cuida. Todo se soluciona siguiendo las indicaciones del
GM al respecto. Cada 25.000 kilómetros, más
o menos, es necesario hacer un ajuste del varillaje del cambio
de marchas, que se sale de regulación, desde la salida
de las palanca de cambio de marchas hasta la entrada a la
caja de velocidades. Aunque esta reparación se sucede
con regularidad, de acuerdo con los periodos de kilometraje
nombrados, puede tomarse como normal en un sistema de varillas
de ese tipo. Muchas cosas suceden porque el automóvil
está mal manejado. Una de ellas, típica, es
el desgaste prematuro de los forros de embrague. Todo proviene
de esa mala costumbre de hacerlo patinar en exceso, para obtener
partidas demasiado suaves o para ahorrarse un cambio de marchas
hacia una inferior.
Algunas reparaciones, lo suficientemente numerosas como para
mencionarlas aquí, pero no tanto como para constituir
un defecto notable del automóvil, han sido hechas sobre
el radiador de calefacción. Éste se pica en
su borde inferior y pierde agua a gotas, que caen en el interior
del vehículo. Y hablando de radiadores, la primera
serie de Chevrolet y las subsiguientes hasta el año
1966, tenían el radiador diseñado para otro
tipo de clima y de manejo. En el ’66 se decidió
el cambio del radiador de enfriamiento por otro más
grande, con tres filas de tubos verticales en vez de dos que
llevaban anteriormente. Este radiador, llamado “tropical”,
puede ir en reemplazo del anterior sin ninguna modificación
al sistema de sujeción ni al de mangueras.
El motor queda tapado, como es lógico, por el capó.
Este capó queda trabado desde adentro del coche, lo
que teóricamente hace imposible abrir el capó
sin entrar primero al auto. Muy buen sistema de seguridad,
que tienen muchos autos europeos y muy pocos americanos. En
el Chevrolet, el sistema tiene como remate un pasador de la
traba del capó, en la parte de adelante que se desgasta
con facilidad, haciendo muy complicada la operación
de apertura del mismo.
En cuestión de dirección, suspensión,
tanto delantera como trasera, y amortiguación, no hemos
podido comprobar una estadística más o menos
verídica de fallas. Para los talleres, en este sentido,
el Chevrolet es un mal negocio, porque no se rompe. Se puede
objetar, como se ha hecho, el tipo de suspensión en
cuanto a su dureza, lo mismo en lo que concierne a la amortiguación.
Es tal vez, para los caminos y calles nuestras, blanda, pero
esto no se traduce en roturas ni en gastos extra para el usuario.
En cuestiones de freno, no hablamos aquí de dimensiones
o sistemas, la entrada al taller más numerosa es causada
por un pequeño perno que a la vez de anclar el cilindro
de rueda, tiene una prolongación que resulta el punto
de sujeción de los resortes superiores de centrado
de los patines de freno. Se han dado caso de rotura de este
perno, llamado “pasador de anclaje”. Fuera de
ello, los demás sistemas del circuito de frenos no
presentan vicios particulares sino los propios del sistema.
La parte eléctrica del Chevrolet registra en su contra
un punto importante. Rotura de carcaza del motor de arranque.
Todo consiste, en una partida de coronas en las cuales no
engranaban correctamente los dientes del piñón
de arranque, haciendo que todo el conjunto móvil trabajara
cruzado, cosa que luego de cierto tiempo causaba la rotura
de la carcaza, que es a la vez sujeción y sostén
del conjunto. Esto sucedió en una pequeña serie
salida entre fines de 1965 y principios de 1966. La resistencia
del amperímetro, ubicada en el retorno del regulador
de voltaje, se quema con frecuencia, según talleristas
particulares que trabajan con la marca. El reemplazo es sencillo
y barato pero no por ello deja de ser incómodo. La
falla se traduce en el amperímetro, que deja de funcionar.
La llave de luces cuenta con dos entradas; luces altas y bajas,
y luces reglamentarias de posición. En el momento del
pasaje de una a otra, se recalientan los contactos de la luz
reglamentaria, cosa que al cabo de cierto tiempo resulta en
la luz baja quemada. Remedio: cambiar la perilla o renovar
el sistema de perilla.
Si el auto llega a los cuarenta o cincuenta mil kilómetros
en buen estado general, se debe en gran parte a los cuidados
recibidos durante el primer periodo. Es conveniente entonces
seguir con esa buena política. Para un comprador de
un auto de cuarenta o cincuenta mil kilómetros, que
haya tenido buena suerte en su compra, hemos elaborado un
plan de mantenimiento que sin ser estricto como el que recomienda
la fábrica alcanza a cubrir las necesidades del vehículo.
De todas maneras, a nadie se le escapa que es más conveniente
para el auto, aunque más trabajo para el dueño,
seguir los dictados de la fábrica.
Trabajos
a efectuar cada 3.000 kilómetros |
1.
Revisar lubricante del eje trasero |
2.
Revisar lubricante de la caja de velocidades |
3.
Revisar nivel del líquido de frenos |
4.
Lubricar barras y extremos de dirección |
5.
Lubricar juntas universales |
6.
Cambiar aceite del cárter |
Trabajos
a efectuar cada 6.000 kilómetros |
1.
Cambiar el elemento del filtro de aire |
2.
Limpiar el elemento del filtro de aire |
Trabajos
a efectuar cada 9.000 kilómetros |
1.
Cambiar el elemento del filtro de aceite |
2.
Revisar y completar el lubricante de la caja de dirección |

CONSULTAS DE LOS PROPIETARIOS
Al
arrancar en frío, con cebador manual, en mi Chevrolet
Super ’66, se produce el “atascamiento cerrado”
de la mariposa del carburador Holley, lo que obliga a sacar
el filtro de aire de su sitio y a golpear la mariposa como
única forma de subsanar el inconveniente. El defecto
parece ser conocido, pues se dan instrucciones para corregirlo
en la página 42 de la Guía del Dueño.
Una de las formas de que no pase es prescindir del cebador
y utilizar el pedal del acelerador de bomba inyectora, pero
pienso que esta no debe ser la solución ideal... (Propietario
de Capital Federal)
Respuesta de Parabrisas (1966): La solución ideal es,
evidentemente, que funcione correctamente el retorno del cebador
Holley. Creemos que un prolijo examen de su carburador revelará
el motivo del atascamiento de la mariposa del cebador. La
otra forma de arrancar es perfectamente factible en coche
equipados con bomba de pique, como el Chevrolet. No creemos
que su empleo sea perjudicial, lógicamente suponiendo
que no se efectuaran aceleradas excesivas bruscas.
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