[m a l a c a n d r a]

"Larvas" y otros terrores del mundo astral

Óscar Mariscal o.mariscal@ibermatica.com


Rastreando el origen común de las creencias populares en vampiros y otros "revenants" espectrales, topamos con la figura clásica de las "Larvas" ó Larvae, mencionadas en el Satiricón de Petronio, y protagonistas en la antigua Roma de farsas populares y otras celebraciones públicas - como "Atelanas" y "Lemurias"-; la tradición Judeo - Cristiana potencia su cariz más siniestro, y posteriormente, algunos ocultistas clásicos como Paracelso ó Eliphas Levi , se empeñan en desentrañar el origen oculto de estas sombras inquietantes. Por último, el cineasta Tobe Hooper las convoca desde el vacío, para protagonizar una cinta célebre: Poltergeist (1982).

En el Libro del Zohar y en el de Las Revoluciones de las Almas, estos espíritus perversos y rencorosos son denominados "Cortezas" (Cortices) o "Máscaras"; la teoría ocultista, en la línea de la creencia en una "supervivencia espectral" tras una muerte inesperada o violenta, las describe como "cadáveres astrales", ésto es, la envoltura de la que deberá zafarse el alma para seguir evolucionando en el "mundo de los espíritus"; tarea imposible para quien le fue arrebatada la vida de forma criminal, o para quien consagró ésta a pasiones desatinadas y perversas. Esta máscara invisible que aprisiona el alma, ronda tras la muerte los lugares que frecuentó el finado en vida, vela por sus tesoros, y acecha desde el abismo a sus antiguos enemigos.

La "no vida" de estos cadáveres aéreos discurre atormentada por el deseo no satisfecho de reanudar sus antiguas actividades, por ello, luchan por construirse órganos vitales que les permitan prolongar su simulacro de existencia entre los vivos, y así, frecuentan lugares donde el derramamiento de sangre es frecuente y de cuyo vaho se alimentan; acosan a personas débiles o inclinadas al mal, de cuyo calor vital liban hasta agotarlas, o anidan en sus cuerpos, en un estado que los cabalistas denominan "embrionario". La presencia amenazadora de estas envolturas síquicas, se acusa por un brusco enfriamiento de la temperatura, y una opresiva sensación de desesperanza.

El aspecto de estas "Larvas" según la tradición latina, es el de un espectro mustio y arrugado, o el de un esqueleto mondo y articulado semejante a un títere. Para los gnósticos y cabalistas su presencia asemejaría una nube de vapor coloreado de vaga apariencia antropomorfa, que sólo puede ser percibida en un estado de "lucidez sonambúlica". No siendo su "cuerpo" más que un vaho horrible y deleznable, huyen de los espacios abiertos y las corrientes de aire, prefiriendo ambientes húmedos y viciados, tal que las criptas de los monasterios abandonados y otras bóvedas espeluznantes. Carecen de inteligencia y son incapaces de razonar, pero conservan intacta la memoria, por lo que recrean mecánicamente todos sus recuerdos y vivencias; asimismo, pueden proyectar en los sueños o pensamientos de los vivos, sus obsesiones y terrores de ultratumba.

Otro fenómeno de análoga naturaleza vampírica, es el provocado por una muerte "incompleta" - una muerte "no física" -, producida por una incurable locura o por un daño insoportable para el alma humana; entonces, es la envoltura astral de la que hemos hablado, la que se encarga de animar al cuerpo físico - de forma instintiva y pasional -, y de conducirlo como un auténtico cadáver ambulante; no son malos ni buenos, pero están muertos y absorben de otros la energía vital que necesitan. El célebre "esotericista" Eliphas Levi, dijo de estos seres alucinantes: "íSon muertos, que nosotros tomamos por vivos; son vampiros, que nosotros tomamos por amigos!".


malacandra, Número 9, octubre 2001

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17/10/2001
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