[m a l a c a n d r a]

Dos estilos

Fabián S. González utymab@hotmail.com

Uno de los primeros obstáculos que se presentan en la lectura de géneros marginales como el horror, es un prejuicio muy profundo en el público serio e incluso en muchos de sus escritores. Es entonces cuando se pone en tela de juicio la frontera entre la literatura y los relatos populares; el elemento estético que hace de un escrito una obra artística. La batalla entre la comercialización y la calidad encara dos perspectivas. Por un lado, lo estereotipado y pueril es aceptado por un público masivo. Los réditos obtenibles de una novela con portada de calaveras y cuchillos son mayores que la reedición de escritos de Machen o de Blackwood. Sin embargo, la mayor parte de estos «profesionales de la escritura», son rechazados o ignorados por la crítica especializada y dada la escasa calidad de sus millones de ejemplares caen rápidamente en el olvido. Pero, es en este proceso de filtración -aparentemente tan oportuno- que una pequeña porción de escritores son obviados o marginados una y otra vez casi tozudamente.

Stephen King, nacido en 1947 en Maine, Estados Unidos, es fácilmente el escritor de terror más vendido de todos los tiempos. Su obra abarca desde elementos góticos hasta futuros siniestros, que emulan la ansiedad interna de los personajes de Bradbury en Farenheit 451. Desde sus inicios, su obra fue golpeada cada vez más por la crítica, a la vez que su cuenta bancaria iniciaba un ascenso hasta las nubes. Al analizar los frutos de su trabajo, se pueden encontrar resultados excelentes hasta producciones lamentables llenas de temáticas recurrentes y tratamientos superficiales. Cuando se habla de este escritor se puede localizar puntos de fricción con otros autores clásicos del género; y algo así como una batalla de estilos y visiones que se libera especialmente con Howard Phillips Lovecraft.

Lovecraft que en sus tiempos fue un escritor de Pulp Magazines es considerado hoy en día uno de los maestros de la literatura fantástica. Su visión cosmogónica hace un detalle nimio el fuerte adjetivismo; e incluso el estilo patético imitado de Poe del que habla Borges en su Introducción a la literatura norteamericana [NE: v. Lovecraft según Borges]. El elemento que hace más marcado el enfrentamiento entre estos dos autores es algo tan simple como el campo de batalla: la Nueva Inglaterra mágica, que al confrontar a King con Lovecraft se bifurca para dar lugar a dos universos completamente distintos. Hay que aclarar que lo que hace la diferencia tan marcada en el escenario se puede resumir en un punto.

La Nueva Inglaterra de Lovecraft está llena de paisajes, acontecimientos y vacía de individuos. La estética de sus relatos radica en el acto sobrenatural en sí, la ruptura de la axiomática de la vida cotidiana y su significado oculto y continuo. «Los héroes lógicos son los fenómenos y no las personas», como afirma el mismo autor. Los personajes carecen de importancia; el mismo protagonista solo es útil para describir los terribles horrores de su panteón de dioses sacrílegos.

En contraposición, la obra de King está llena de personas y vacía de lugares y acontecimientos. El fenómeno es único, muchas veces hasta ridículo (un auto asesino, un payaso en las alcantarillas, el seudónimo de un autor que cobra vida). Pero el encanto de las obras de este autor es el efecto que tiene sobre los personajes. Los monólogos interiores, la forma de narrar simple y clara es envidiable; aunque muchas veces caiga en el afán de extender sus novelas más allá de los límites.

Por supuesto, la obra del Lovecraft tiene un contenido más profundo. Se le podría adjudicar a la pobreza esta riqueza literaria (Montaigne dijo: «Escribir no lleva a la miseria; nace de la miseria»). Pero la obra de King debe ser analizada con todos los méritos que merece su éxito comercial extraordinario; haciendo caso omiso de novelas artificiales destinadas a un público que desea nada más un pequeño escalofrío que literatura o a amas de casa devoradoras de best-sellers.

Estos dos mundos que a grandes rasgos representan el terror clásico o «literario» y el terror masivo encaran las fuentes de interpretación del horror que marca sutilmente Lovecraft en El horror sobrenatural en la literatura: el acto o el efecto.


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27/1/1999
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