[m a l a c a n d r a]

DOSSIER LOVECRAFT

Las fuentes fabulosas de Lovecraft

Eduardo Pablo Giordanino <egiorda@hotmail.com>


Supuesta portada de la traducción inglesa del Necronomicon muy difundida en Internet

Y vi a un ángel que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?
Apocalipsis V 2

El tema de los libros que contienen un saber prohibido y oculto es un tópico recurrente en la literatura, pero aún más frecuente en la literatura de terror. Sin duda el estadounidense Howard Phillips Lovecraft (1890-1937) es quien le da un toque clásico a este recurso, cuando enmarca al ya famoso Necronomicon en la tradición hermética de Occidente.


Los libros y Lovecraft

En este breve comentario sobre Lovecraft y sus apócrifos, debemos recordar que Estados Unidos es un país de rica tradición bibliotecológica. Ya Franklin, en la época colonial -que Lovecraft amaba-, funda las primeras bibliotecas de suscripción donde los socios podían obtener libros en préstamo por medio de una cuota mensual. Luego se desarrollan las bibliotecas populares, que pueden ser definidas como la aplicación de la democracia a las bibliotecas, permitiendo la difusión masiva de textos (es la idea que trajo Sarmiento luego de su visita a Estados Unidos). Esto es importante porque nos muestra el paso de la antigua biblioteca reservada para unos pocos, los gobernantes o estudiosos, a las bibliotecas para el pueblo. También son muy importantes sus bibliotecas universitarias y las fundadas a partir de las donaciones de millonarios bibliófilos, como Carnegie, Morgan, etc. Hecho rescatado por Lovecraft para dar verosimilitud a sus historias, cuando menciona que una copia del Necronomicon existe en una colección privada de un multimillonario.

Lovecraft estuvo inmerso en esta tradición bibliotecaria, comenzando por la de su propio abuelo, donde leyó desde muy pequeño sobre mitología, astronomía, literatura, Las mil y una noches, etc. y luego frecuentando la biblioteca de la Universidad Brown de Providence, según lo relata su biográfo Sprague de Camp.


Libros sagrados y libros raros

Para quienes leen con pasión es emocionante pensar en algunos libros que contengan la fórmula del conocimiento, o que nos permitan acceder a saberes secretos sobre la estructura del universo. Surge así en las narraciones literarias el recurso técnico de atribuir conocimientos ocultos y definiciones escabrosas a autores supuestos y libros inventados, es decir, apócrifos. Es un recurso antiguo utilizado por varios autores, entre ellos Edgar Allan Poe, Arthur Machen, Montague Rhode James, Robert W. Chambers, Jorge Luis Borges, etc.

Los libros sagrados correspondientes a una religión determinada tienen también sus apócrifos, aquellos textos que están fuera del canon (en el caso de la Biblia tenemos los evangelios apócrifos, algunos de origen esenio, apartados del canon por ofrecer versiones non sanctas de la vida de Jesús). Siempre son libros, y sagrados. En alguna época fueron rollos de papiro, después pergamino, hoy son libros de papel, pero también de plástico como los CD-ROM, diskettes o videocasetes. Esta es una época de transición en lo que hace al formato, para muchos de nosotros es díficil o incómodo imaginarse leyendo un texto en el monitor de una computadora (más díficil debe ser imaginarse a un religioso teniendo un extásis místico frente a la pantalla de una PC leyendo la Biblia). La nueva religión de las computadoras y su lado oscuro tienen su hierofante en William Gibson y su biblia en Neuromante. Pero todavía existe el mito del libro sagrado como acercamiento a la fe. Borges dijo una vez que "he oído hablar de libros sagrados, pero nunca de radios sagradas o televisores sagrados."

De la importancia de estos libros en la vida cotidiana de las personas se deriva su apropiación para la literatura en tanto que es un efecto de ambientación y referencia a otros libros. Este procedimiento es tradicional en Occidente, por lo menos desde que San Juan relata que un ángel le da un libro para que se lo trague (Apocalipsis X 9-10). Un último paseo por una inmensa colección de libros raros es efectuado por Casaubon, el protagonista de El péndulo de Foucault (1988) de Umberto Eco, novela con numerosas referencias y citas de libros extraños y prohibidos, donde encontramos libros raros en bibliotecas aún más extrañas.


Libros ilustres a modo de antecedente

Lovecraft, que de historia sabía bastante, decidió enmarcar sus principales relatos en esta tradición de saberes ocultos (y no tanto). Estos saberes ocultos son enmarcados en el movimiento denominado ocultismo, que abreva en libros ocultos (pero si el conocimiento está oculto, cómo lo encontramos? ¿Jugando a la escondida?). La paradoja está en que los libros son publicados, es decir puestos a conocimiento público. Pero aún así son libros muy peculiares, escritos en jerga y díficiles de encontrar y de leer. Para adentrarnos en esta corriente nos permitimos citar algunos de estos libros reales, casi inhallables para el lector curioso.

Todo aquel que lee un poco de historia de la ciencia o esoterismo se encuentra, cada tanto, con menciones de los autores y libros siguientes:

  • Sepher Yetsira (Libro de la creación), atribuído a Abraham, año -2000.
  • Séfer há-Zohar, (Libro del esplendor), Moisés de León, español del siglo XII.
  • Physica et mystica. Bolos de Mende, año -200, egipcio helenizado, en el delta del Nilo. Texto base de la alquimia que contenía recetas para convertir metales en oro y plata, que transcribe las ideas platónicas sobre la composición de la materia. Forma parte de una recopilación de textos del siglo VIII.
  • Tabula Smaradigma y Libro del Zodiaco. Atribuídos a Hermes Trismegisto. La Tabla de esmeralda contiene preceptos alquímicos y herméticos de la corriente gnóstica (siglo XII).
  • Turba philosophorum (La turba de los filósofos). En el siglo XII es traducida del árabe al latín esta obra caótica que supone un concilio de filósofos reunidos para fijar los conceptos del vocabulario hermético, entre los que estaban Anaxímenes, Socrátes, Jenófanes, Empédocles, etc.
  • San Alberto Magno, 1193-1280, filósofo y teólogo alemán que destacó por su recopilación del saber de su época, en especial lo relativo a las ciencias naturales. Fue canonizado en 1931. Gran parte de su obra está dedicada a la alquimia. Santo Tomás de Aquino (1226-1274), díscipulo suyo, aceptaba la alquimia mientras no se mezclara con la magia.
  • Malleus Malleficarum (Martillo de las brujas), 1486. Escrito por los dominicos alemanes Heinrich Kraemer y Johann Sprenger. Era un manual contra la brujería auspiciado por la bula del papa Inocencio VIII (1484), con métodos para reconocerlas y eliminarlas.
  • Liber de nymphis, sylphis... et ceteris spiritibus, Paramirum, etc., de Paracelso, 1493-1541, médico y químico suizo que teorizó sobre el microcosmos y el macrocosmos.
  • De Occulta Philosophia, 1533, de Cornelius Agrippa. Es un libro clásico sobre magia. Hay una traducción española publicada por la editorial Kier.
  • Gerolamo Cardano, 1501-1576, fue un gran matemático italiano que para vivir, como otros de su época, se las rebuscaba con la astrología, pero se le ocurrió publicar la carta natal de Jesucristo, por lo cual fue acusado de hereje y encarcelado. En su obra In Cl. Ptolemaei Peluensis III de Astrorum Iudiciis, aut, ut vulgo vocant, Quadripartitae Constructionis [...y sigue!], publicada en 1554 y dedicada a comentarios sobre Ptolomeo, incluye los horóscopos de Enrique VIII, Erasmo, Jesucristo y el suyo propio.
  • De praestigiis Daemonum, 1563, de Johan Weyer (o Wier), 1515-1588. Opinaba que las brujas eran enfermos pasibles de atención médica, tratando de atenuar las tendencias represoras del Malleus.
  • John Dee, 1527-1608. Mago de la corte de la reina de Inglaterra. Escribió la Monas Hieroglyphica (Mónada Jeroglífica), publicada en 1564.
  • Demonolatreia, 1595, del inquisidor Nicolás de Remy o Remigius, libro donde transmite sus experiencias en los juicios de 900 brujas ejecutadas por hechicería. Su punto de vista es similar al del Malleus.
  • Mysterium Cosmographicum, 1596, de Johannes Kepler, astrónomo y astrólogo.
  • Utriusque Cosmi Historia, 1617, del inglés Robert Fludd, gran especialista en títulos rimbombantes. Fue el sistematizador de la masonería y los rosacruces. Esta obra es una verdadera enciclopedia de símbolos y un tratado de las armonías de los elementos.
  • Mundus Subterraneus, y Oedipus Aegyptiacus, de 1652, son obras de Athanasius Kircher, 1602-1680, jesuita alemán. Entre otras curiosidades, fue pionero del cine y las diapositivas.
  • Sadducismus Triumphatus (La incredulidad conquistada), 1681, de Joseph Glanville. Para redactarlo contó con el asesoramiento del químico y fisiólogo Robert Boyle (los dos eran de la Royal Society). Glanville pregonaba una unión de la brujería con el espíritu racional de la ciencia en ciernes, convirtiéndose así en un precursor teórico de la New Age.
  • Libro de Dzyan (1888), incluído en la Doctrina secreta, de Helena P. Blavatsky, inventado con retazos de varios textos religiosos orientales, sobre todo el Rig Veda, contiene las bases teóricas de la teosofía. En este sentido es una precursora de Lovecraft, quien además cita dicho libro.
  • Margaret Murray, 1813-1913. Arqueóloga inglesa especialista en brujería y etnología, escribió varias obras sobre el tema y el artículo de Brujería para la famosa undécima edición de la Encyclopaedia Britannica. Su obra The Witch Cult in Western Europe (El culto de la brujería en Europa Occidental) de 1921, es usada y citada en los mitos de Cthulhu. En ella afirma que el predominio de la brujería (y ciertos ritos similares) provendrían de civilizaciones arcaicas europeas, en especial de la celta. Esta religión pagana fue reemplazada por el cristianismo, aunque sus cenizas resucitaron con el esoterismo prerrenacentista. Pero, según H.R. Trevor Roper, la que sistematizó y codificó la brujería, creando un corpus de demonología, fue la iglesia medieval. El libro de Murray es citado y da verosimilitud a los restantes.

En toda la tradición occidental del "saber oculto" se encuentran una serie de textos que recuperan para los contemporáneos todos estos conocimientos "mantenidos en secreto" para los no iniciados. Algunos de estos libros son mencionados en los relatos del ciclo Cthulhu junto al inefable Necronomicon. Otros en cambio servían como inspiración y referente, como Murray. Lovecraft, que manifestaba ser un "racionalista científico", en realidad comulgaba con muchos de estos textos pseudocientíficos y ocultistas que le prodigaban enorme cantidad de material donde insertar su mitología. Un ejemplo son los trabajos de Scott-Eliott y otros von danikens del siglo XIX sobre Lemuria, Atlántida y el continente perdido de Mu: se trata de trabajos pseudocientíficos (porque afirman sin pruebas) que contribuyen, finalmente, a las mejores paranoias del espiritismo o la New Age. Ahora bien, si no es lícito opinar sin fundamentar para los pseudocientíficos, sí lo es para los autores de lo fantástico, que no necesitan pruebas sino todo lo contrario: este material ubicado en las fronteras de la ciencia se transforma en un filón a explotar donde todos los relatos se engarzan como en un collar, donde la falta de pruebas colabora a la verosimilitud. Muchos cuentos de Borges son bordados alrededor de estos agujeros negros de nuestro mundo.


Erudición y hermetismo en la tradición occidental

En este recorrido de títulos raros de libros que lo son aún más, nos encontramos con la euforia del Renacimiento, cuando el hombre, además de descubrirse a sí mismo, aprende también que no es el centro del universo. Estos conocimientos se expanden gracias a la renovación de las técnicas de impresión producidas por Gutenberg, y a la recuperación de innumerables textos griegos traducidos por los árabes (recordemos la famosa escuela de traductores de Toledo), y retraducidos del árabe al latín. También se recrea el neoplatonismo con personajes como Pico della Mirandola y Marsilio Ficino, que rescatan la tradición hermética e introducen la cábala.

Aparecen entonces las teorías del macrocosmos y el microcosmos, el hombre que contiene al mundo, más la armonía y correspondencia existente entre ambos. Casi todos los títulos más significativos de la época reflejan algo así como "el misterio del mundo." Los conceptos relacionados con las correspondencias son significativos porque responden a la premisa "Como es arriba es abajo" derivada de Hermes Trismegisto. Conceptos que pertenecen al pensamiento mágico, y en este sentido nos importa su transmisión por medio de libros, sobre todo aquellos que tratan de lo sobrenatural; es decir, la idea de que determinado ritual con ciertos procedimientos terrenos y meramente humanos desencadene las fuerzas naturales y cósmicas.


Los apócrifos de Lovecraft y su séquito

Como esas magistrales tejedoras que arreglan una alfombra o un pulóver "sin que se note", usando lana del mismo color y el mismo punto de tejido, Lovecraft logra maravillosamente este efecto de "dar puntada sin hilo", articulando su mitología en las bases mismas del esoterismo occidental y transformando al Necronomicon como texto supremo de los conocimientos secretos.

Con este procedimiento se desarrollará una bibliografía terrible que será intercalada como base teórica y práctica de los Mitos de Cthulhu. Decimos base teórica porque estos libros, existentes o no, contienen los conocimientos del cómo y por qué de Cthulhu: su origen, historia y advenimiento entre nosotros. No lo conoceremos si no leemos los libros. Dichos textos canónicos de los Antiguos aparecen citados con profusión y descriptos con lujo de detalles en las obras de Lovecraft del ciclo Cthulhu y también en las de los escritores pertencientes a su círculo, como Robert Bloch, August Derleth, Robert E. Howard, etc., llegando en algunos casos a ser el eje principal del relato.

Algunos de los apócrifos lovecraftianos son:

  • Unnaussprechlichen Kulten (Cultos sin nombre), Von Junzt
  • De Vermiis Mysteris (Misterios del gusano), Ludwig Prinn
  • Cultes des Goules (Cultos de los Goules), Conde D'Erlette
  • Fragmentos Pnakóticos
  • Los siete libros crípticos de Hsan

...y siguen los títulos, cada uno con su historia y significado en los Mitos de Cthulhu. Pero como no tenemos espacio para ellos nos dedicaremos a la evolución del Necronomicon.


Al Azif

Llegamos así a la aparición del libro maldito llamado Necronomicon, escrito por un árabe loco en Damasco (ciudad muy famosa para nosotros) hacia el año 730, con el título original árabe de Al-Azif.

Un detalle significativo es que Lovecraft entronca esta obra en el saber oriental, como corresponde a todo libro sagrado que se precie: recordemos el Mahabharata, su capítulo Bhagavad Gita, el Corán, la Torá, la Biblia, etc.

Luego tenemos una biografía bastante tétrica -noblesse oblige, en todo buen relato de horror- de su creador, el poeta Abdul Alhazred. Se creía que no profesaba la fe musulmana, y que había enloquecido luego de visitar ciertas regiones del desierto, donde visitó unas raras ruinas subterráneas.

"Al-Azif" son unos términos árabes que se refieren al ulular de ciertos insectos o demonios. Lovecraft dijo que los extrajo de una nota al pie del Vathek de William Bedford. Este término está muy bien elegido, y otra fuente probable es Richard Francis Burton. Leyendo uno de sus apéndices en las Supplemental Nights (1887) que forman parte de su traducción de las Mil y una noches, encontré una referencia a ciertos textos árabes de carácter esotérico y legendario cuyo autor es... 'Ali'Aziz, efendi de Creta (!).


Las ediciones del Necronomicon

Más tarde, en el 950, aparece la versión griega de Theodorus Philetas. Cien años después el libro es condenado por el patriarca Miguel. El texto árabe se pierde, pero finalmente el texto del Necronomicon llega a nosotros por medio de la traducción latina de Olaus Wormius realizada en 1228, como muchos otros libros orientales que fueron conocidos gracias a los traductores europeos. En este sentido el texto sigue un destino similar a muchas obras de la época, en especial textos sobre matemáticas, física, química y alquimia, que fueron incorporados por la cultura árabe luego de conquistar Alejandría en el 642. De esta asimilación arábiga del conocimiento griego y egipcio se pasó a la incorporación europea de estos saberes orientales, tanto científicos como religiosos, a través de la influencia árabe en la península ibérica.

Para el título de la versión latina seguramente Lovecraft se inspiró en el Astronomicon de Marcus Manilius, tratado astrológico escrito entre los años 6 y 14, que solía citar en sus trabajos de juventud sobre astronomía.

Obviamente la traducción en latín del Necronomicon es excomulgada: el papa Gregorio IX la prohíbe en 1232... y un año después funda la Inquisición con la bula Inquisitio hereticae pravitatis (es decir, "Investigación de la depravación herética"). John Dee traduce el Necronomicon al inglés, pero se desconoce el paradero del manuscrito.

Se editó finalmente en Toledo en 1647, siendo su subtítulo "El libro de los árabes." Nótese que para esta época Toledo era el centro del saber mágico (a la magia se la llamaba "ciencia toledana"). El aspecto físico del libro tiene también un toque macabro, ya que se habla de varios ejemplares encuadernados en piel humana. Estos detalles escabrosos contribuyen a la verosimilitud.

Llegamos a lo más escabroso, que es el contenido del texto en sí, del que se nos advierte que su lectura completa puede producir la locura. Casi todos los protagonistas de los relatos (e.g. La llamada de Cthulhu) relatan sus sufrimientos al momento de leer el libro, las horribles pesadillas y visiones que provoca. Luego de estos "abominables y deleznables" efectos nos transcriben un párrafo, para que lo comprobemos en carne propia.

En Arkham, localidad de Nueva Inglaterra creada por Lovecraft, se encuentra la Universidad de Miskatonic, cuya Biblioteca atesora un ejemplar del libro maldito. Este libro es consultado por el protagonista de El que acecha en el umbral gracias a un permiso especial del bibliotecario, el Dr. Harmitage, un experto en el tema. "Se sabe" que también existen copias en bibliotecas "de verdad", como el British Museum, otra en los sotános del Vaticano, en la Universidad de Lima, y hasta hay una en la Biblioteca de la Universidad de Buenos Aires. Lovecraft colocaba estos lugares por su exotismo.

Sin embargo comenzó la peregrinación: Ricardo Gosseyn, en el prólogo a una antología de Lovecraft publicada en Buenos Aires en 1957, comenta que "aún hoy, de cuando en cuando, el Museo Británico recibe alguna carta en la que se le solicita permiso para leer el libro." Por otro lado, A. van Hageland, un antólogo belga especializado en literatura fantástica, recibió en 1973 "una carta escrita en italiano donde el corresponsal le pedía, entre otras obras, el 'Necronomicon di Abdul Alazred', a ser posible ilustrado..." (!).

Muchos lectores siguieron buscando El Libro, o encargaron su compra a famosos libreros anticuarios. Derleth cita el caso de una ficha colocada en el catálogo de la biblioteca de la Universidad de California, que está reproducida en el prólogo de Llopis de los Mitos de Cthulhu. Por supuesto esa ficha está elaborada con las normas correspondientes y con lujo de detalles, hasta con la ironía de ubicar el libro, según su clasificación, en el sector de libros reservados sobre religiones. En 1983 encontré una ficha igual en la Biblioteca Nacional, cuando todavía estaba en la calle México 564 y su catálogo era un anacrónico muestrario de estilos de escritura y fichas: desde manuscritas hasta tipeadas con máquina de escribir o mimeografiadas. Por supuesto pedí el libro y me entregaron la boleta de pedido con una lacónica nota manuscrita que decía "falta" (ni era otro libro ni tampoco estaba el que era; es la serpiente que se muerde la cola).

Obviamente, toda esta serie de mitificaciones alrededor de un texto, como toda prohibición, alienta y despierta más curiosidad. Es justamente por toda esta riqueza de detalles y por su correcto delineamiento histórico que logra este efecto preciso y contundente. El Necronomicon se engarza en toda una tradición occidental de libros importantes que fueron perdidos o son inhallables, entre los que podemos citar a Sófocles y Eurípides, de quienes conocemos el 10% de sus obras, desaparecidas todas junto con la biblioteca de Alejandría. De Aristóteles no quedó ninguna copia de sus textos esotéricos (para sus alumnos) ni tampoco del segundo capítulo de la Poética, dedicado a la comedia. Es el texto que el bibliotecario ciego y loco de El nombre de la rosa se come para que nadie lo lea, truco usado por Eco. Del griego Teón faltan los capítulos dedicados a las refutaciones sofísticas de su manual de Retórica. De la Biblia, los evangelios apócrifos van aparte (incluyen el Libro de Enoch y otros textos), problema al que se suma el descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto (textos manuscritos de los esenios), que -quizá por su origen gnóstico- son debidamente custodiados por los académicos y cuya traducción será de conocimiento público, con mucha suerte, en el 2033 o en el día del Juicio Final (que seguramente predicen).


¿Existe o no?

El adagio que dice "la realidad supera a la ficción" es significativo: del ingenioso invento de Lovecraft hemos obtenido no sólo cientos de comentarios sobre el Necronomicon (incluyendo éste), sino la aparición de otros "Necronomicones" con ese nombre completo en forma de libro. La editorial EDAF de Barcelona publicó una traducción con este título dentro de su colección de libros de ocultismo, cuyos autores (ingleses) pergeñaron siguiendo la estructura de los textos clásicos sobre magia y rituales de brujería, basándose en los textos clásicos de Barrett, Cipriano, Agrippa, etc. Al final del texto se incorporan como apéndice las citas del Necronomicon que aparecen en los cuentos pertenecientes a los Mitos de Cthulhu, transformándolo en una curiosidad apreciable para los fanáticos.

El libro maldito hizo su aparición varias veces en los catálogos de libreros anticuarios, descripto con lujo de detalles y con una cotización bastante apreciable. Tampoco podía faltar una reseña en un suplemento cultural, y el del diario Clarín publicó en 1987 una reseña bibliográfica del Necronomicon (mucho antes había aparecido el ensayo de Derleth en La opinión, en 1976). ¿Qué pensarán los lectores de esos artículos?

Por su parte el artista suizo Hans Rudi Giger bautizó con ese nombre dos volúmenes que recogen gran parte de su obra plástica y están inspirados en los textos de Lovecraft, a quien admiraba. Recordemos que Giger participó en los efectos especiales de Alien, Poltergeist, y en los proyectos de Dune. Sus bocetos y pinturas para la película Alien podrían decorar perfectamente los muros de los templos dedicados a Cthulhu.

La difusión oral de los aficionados al ocultismo, que se supone está reservado sólo a los iniciados, contribuye también con sus equívocos: charlando una vez con una aficionada que había escuchado ciertas referencias a esta famosa obra, me preguntó si no sabía como podía conseguirle un ejemplar de un libro sobre brujería "llamado Necronomicón o algo así" que había usado un autor estadounidense.

Como reflexión final podemos afirmar que conviene ser precavido a la hora de inventar o convocar a los espíritus elementales (que los hay). Algo que fue inventado y existía sólo en la imaginación de unos pocos ahora posee existencia real y deambula por el mundo.

¿Llegará también Cthulhu?


¿Comentarios?

Esperamos sus comentarios, críticas, sugerencias, etc. Escríbanos.


15/11/97
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