Procedente de tierras sorianas, entra Mio Cid en la provincia de Guadalajara, por los escarpados desfiladeros de la Sierra de Miedes. Desde Miedes, las mesnadas se dirigieron hacia Atienza, pasando las recoletas aldeas serranas de Bañuelos, Romanillos, Casillas y Bochones. Ante lo impresionante de la fortaleza atencina, los castellanos deciden continuar el viaje tras bordearla.

Prosigue el Camino por villas y aldeas de la llamada "Arquitectura negra", tales como Naharros, Robledo de Corpes (población en la que se localiza la afrenta de Corpes, descrita en la segunda parte del cantar), Hiendelaencina y otras de transición hacia la Alcarria septentrional.

Se llega así hasta Castejón, población que conquistan tras una celada. Instalado en Castejón, el Cid manda en algarda a Alvar Fáñez de Minaya, pasando por Hita y llegando a Guadalajara. Vueltas las mesnadas a Castejón, parten Henares arriba, camino de Mandayona y Sigüenza, hasta llegar a las famosas cuevas de Anguita del cantar. Tras de si han dejado las alcarrias atravesando poblaciones de Sierra Ministra como Barbatona, Alcolea del Pinar o Aguilar de Anguita.

Concluye esta primera incursión del Cid por la provincia de Guadalajara en la villa de Maranchón, desde donde se dirige a tierras de Soria y Zaragoza.

Por aquí es donde aparece Anguita. Las Cuevas de las que habla el cantar se encuentran en la hoz, sobre la ladera del Tajuña, frente a la Iglesia de abajo y bajo la Torre de la cigüeña. Se han conocido siempre por el nombre de "Cuevas del Cid" y la verdad es que ahora están un poco descuidadas. Se comunican entre si, y se puede pasar de una a otra, pero es un pasadizo muy estrecho: hay que arrastrase: Hace mucho tiempo que no paso, no se como estará, pero la ultima vez que fui, me costó pasar...

 A continuación, reproduzco parte de las paginas de la diputación, pues apenas he encontrado más información.

De cuantos mitos literarios aportó España a la cultura universal, ninguno es tan trascendente como el que constituye la figura del Cid. Lo mismo que Roldán para Francia, Sigfrido para Alemania, Aquiles para Grecia o Eneas para Roma, el Cid es para el mundo del espíritu, poético -gracias al Cantar de Mío Cid-, el héroe, el protagonista, que constituye el prototipo del ideal caballeresco.

Y es más trascendente, por cuanto no se fundamenta sobre un ente de ficción, sino de un ser real, histórico y humano en el cual se produce la sublimación de nuestra propia realidad histórica, de la que asciende el protagonista para convertirse en la figura paradigmática de todo un pueblo.

El entorno vital en el que se mueve el Cid desde su destierro de Burgos hasta la conquista de Valencia, según los relatos del Cantar, engloba tierras de hoy cuatro Comunidades Autónomas: Castilla y León, Castilla -La Mancha, Aragón y Valencia. Y ocho provincias. Son tierras, en gran parte, que antaño -en la época del Cid-, se conocieron como de la Extremadura castellana, tierras al sur del Duero, frontera entonces de los reinos cristianos y musulmanes de España.

Tierras cantadas por los juglares de la Edad Media, junto a las hazañas del Cid, en un esfuerzo colectivo por ir ganando terreno para el reino cristiano, y que los oyentes escuchan con agrado, dejando vagar su imaginación por lugares desconocidos que dan aliento a su esperanza.

En este espíritu que animó hace tantos años al anónimo juglar autor del Cantar de Mío Cid, a atravesar media Península, las Diputaciones Provinciales de Burgos, Soria, Guadalajara, Zaragoza, Teruel, Castellón, Valencia y Alicante, invitan hoy, al conmemorar este año 1999, el 900 aniversario de la muerte del Cid, a recorrer aquellos lugares, en los que el paso del tiempo no ha borrado el recuerdo del héroe castellano y cuya presencia se mantiene aún viva en los numerosos lugares por los que el Cid, "el que en buena hora nació", pasó con sus mesnadas, en aquel ir y devenir de sus interminables correrías.

Numerosos son los testimonios de la presencia de Rodrigo Díaz de Vivar en las Provincias por donde pasó, en las que el Cantar sitúa lugares evocadores, ciudades, villas, pueblos y hermosos paisajes en los que lo épico se funde con un rico patrimonio histórico, artístico y natural, casi por descubrir. Lugares que esconden todavía hoy el misterio de otros tiempos y otros paisajes.

Rodrigo Díaz, el Cid nació hacia el año 1043 en Vivar, en la casa solariega de su padre Diego Laínez, infanzón castellano descendiente de Laín Calvo.

En 1508 pasa a educarse a Palacio con los hijos del rey Fernando I, a cuya muerte se produce la partición de sus reinos, entrando Rodrigo al servicio de Sancho, quien le nombre Alférez. Vencedor en Pazuengos obtiene Rodrigo el título de Campeador y en lucha con el moro Hariz, el de Cid o "mi Señor".

 

Tras no pocos avatares históricos, es muerto a traición en Zamora, Sancho II en 1072, exigiendo el Cid al nuevo Rey -Alfonso VI- juramento en Santa Gadea de Burgos de que no había tomado parte en la muerte de su hermano.

En 1074 contrae matrimonio con Jimena, hija del Conde de Asturias, Diego Rodríguez y de Cristina, nieta que era de Alfonso V de León

Apartado de la corte y enemistado con los nobles que habían apoyado a Alfonso, en 1081 es desterrado el Cid por el monarca, dejando a su esposa e hijos en el Monasterio de San Pedro de Cardeña.

A partir de entonces participa el Cid en muchas batallas al servicio del moro de Zaragoza, consiguiendo numerosas victorias contra cristianos y moros, aragoneses y catalanes. El peligro de la invasión almorávide hizo que el Rey le perdonara y una vez vuelto a Castilla le restituyó sus posesiones.

Más, de nuevo en 1089, y a causa de la batalla de Aledo, en Murcia, Rodrigo conoce un segundo y definitivo destierro que le acerca a Levante. El 15 de junio de 1094 entra en Valencia donde gobierna durante cinco años. Muere en esta ciudad en Pascua de Pentecostés, el 10 de junio de 1099.

Sus hijas contrajeron matrimonio con familias reales, Cristina fue desposada por Ramiro de Navarra y María por Ramón Berenguer III de Barcelona. Su único hijo varón, Diego, murió muy joven, en la batalla de Consuegra.

Enterrado El Cid en San Pedro de Cardeña, sus restos sufrieron numerosos traslados hasta encontrar reposo definitivo con los de su esposa Jimena en la Catedral de Burgos en 1921.

Aqui hay algunas de las fotos que he tomado... Pincha sobre ellas para verlas a mayor tamaño.


ã Página realizada y mantenida por José Angel Ruiz Gómez.

ã 1998 / 2003

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