Visitante Número:
Superprotección, Aptitud y Libertad.
|
Testimonios: Lista Dosvox-l.
Estoy haciendo disponible en esta página textos y partes de textos de una
discusión al respecto de la superprotección que se realizó en la lista Dosvox-l,
una lista de personas ciegas de todo Brasil, con cerca de 200 suscritos.
Esta página es bastante grande, pero vital para el conocimiento de las
cuestiones básicas de las dificultades que nosotros, los ciegos, pasamos
cuando se crean relaciones de dependencia familiar. La discusión fue
propuesta por mí a partir del testimonio de mi amiga Elis Regina, que
tiene parálisis cerebral.
Aquí están los textos para nuestra reflexión:
Queridos amigos:
Me gustaría hablar con vosotros sobre la familia, sobre la superprotección
(exagerada). Quiero hablar aquí como hija y con experiencia propia. Llego a
los 33 años pensando en las consecuencias de la superprotección en los
hijos. Amo mucho a mis padres y agradezco mucho a Dios lo que ellos han
ello por mí. Pero ellos acabaron quitándome toda mi libertad, todo mi libre
arbitrio.
Hablar de mi madre es realmente muy difícil. Ella es la persona que más amo
en este mundo, pero que acaba, muchas veces, sofocándome. Es muy
sistemática, cree que si salgo para algún sitio sola puedo caerme por mi falta
de equilibrio, que puedo morir, puedo ser asaltada y que alguien puede
llevarme. Conocer a personas sola, cree que es peligroso, sin hablar que
siempre me ha prohibido tomar un autobús, taxi, etc. . .
Cuando hablo con ella sobre este tema, queridos amigos, siempre acabamos
en discusión. Últimamente ella dice mucho: “entonces vete sola, vete, haz lo
que tú quieras”. ¡Pero vosotros sabéis exactamente lo que me está diciendo!
Os digo una cosa: la superprotección acarrea un gran miedo que hoy siento
para enfrentar al mundo, de salir por ahí y ir atrás de mis objetivos, de mi
autoaceptación ante la sociedad y de mi autoconfianza. . . ¿qué es lo que
vosotros, amigos, pensáis sobre esto?
Un beso grande,
Obs: para los que no me conocen, soy portadora de parálisis cerebral.
Hola mi amigo MAQ.
Muy importantes los testimonios presentados aquí. Me recuerdo con
añoranza de la persona que me incentivó a dar los primeros pasos
en la calle. Fue el amigo Luis Carlos Borges dos Santos, que
después de algún tiempo se cambió a Rio de Janeiro. Me parecía
muy raro tener que usar bastón, ya que tenía visión anormal. Sin
embargo, después me fui acostumbrando, y el bastón pasó a ser
para mí un artículo de primera necesidad. A partir del momento en
que aprendí algunas nociones de locomoción, creo que empecé a
caminar hacia la vida.
Como mi familia vivía lejos y para decir la verdad, nadie me
incentivaba a nada, pues yo era considerado un peso muerto, todo lo
que aprendí tuvo que ser solo. Por eso yo sabía, como estoy seguro
hasta hoy, que todo lo que yo quisiera dependería única y
exclusivamente de mí.
Donde vivía mi madre con mis hermanos el
desincentivo era total. Mi padrastro diciendo que yo era un inválido y
que jamás podría asumir alguna responsabilidad solo. La pregunta
frecuente era cómo podría cruzar una calle, viajar solo, etc. Hoy,
después de haber viajado por el mundo, mi madre orgullosa
comenta: “¡este hijo mío aquí ya ha viajado hasta para los Estados
Unidos y él es ciego!
” Queda aquí el incentivo para aquellos que todavía teman en
acomodarse para que hagan algo, pues la familia no durará para
siempre. Ellos nos superprotegen pero como no existirán
eternamente, podrán dejarnos mal y principalmente
con nuestra propia aceptación.
J. Salvador.
¡Bien, Salvador, muy bien! Cuando somos desafiados podemos
flaquear por no sentirnos capaces, como también luchar para vencer
los obstáculos. Tuve grandes amigos e incentivadores ciegos, a
través de los cuales me sentí en la obligación de saber más,
reaccionar a mis acomodaciones.
Conocí también a personas muy paradas. La primera ciega que
conocí vivía en el Leblon (Rio de Janeiro) y la encontré en la radio
aficionada. Me quedé encantado: ¡“Madre mía, existe otro ciego en
Rio de Janeiro, vive en el Leblon y no es un mendigo! Fui a su casa
para saber cómo era esa cosa de ser ciego. Llegando allí
conversamos y percibí que ella no hacía nada, su madre le ponía el
agua antes de ella y, si no la pusiera, se quedaba con sed mismo.
Después de muchas charlas yo ya estaba saliendo con Sonia hacía
una o dos semanas, decidimos ir a un bar a comer una pizza y beber
algo.
En el momento de salir de la casa de la chica, sin querer, Sonia
acabó llevando a la chica y yo fui guiado por su madre hasta el taxi
que íbamos a tomar. El coche paró y Sonia y la chica entraron
detrás, mientras que yo puse la mano en la puerta del coche e iba a
empezar a entrar cuando.... ¡pluf, ya estaba sentado en el coche!
Paré para pensar: “¿Cómo estoy sentado si no hice nada para eso?
No entendí cómo ocurrió, pero me quedé tan atormentado de cómo
yo me había sentado sin sentarme que, en un instante, puse mi
memoria para funcionar y pude percibir lo que había ocurrido:
cuando puse mi mano en la puerta del coche, la madre de la chica
me dio un golpe de karate por detrás de las rodillas y ellas se
doblaron. Ella inmediatamente me cogió en los brazos y, en un
empujón, me puso dentro del coche. Entré y me senté sin saber
cómo: ¡qué técnica tenía la mujer! Bueno, pensé, no voy a ser como
esa ciega, ¡mi madre no me aguantaría! (risas). Estoy riendo ahora,
pero me quedé deprimido en el momento.
Después percibí que la chica ciega no tenía por hábito andar mucho
y no sabía cómo hacerlo muy bien: daba pasitos tan cortos con
miedo de golpearse en algo que, en verdad, andaba saltando, pues
no íbamos a la velocidad de ella, a pesar de que estuvieramos yendo
lentos. Su paso era de hormiguita, tenía que dar unos 3 ó 4 mientras
dábamos uno. Yo pregunté por qué ella estaba saltando y fue Sonia
quien contestó que el paso de ella tenía la longitud de un pie. Hablé
con ella: “¡alarga este paso para un paso normal! Pero lo normal de
ella era aquél, tuvimos que enseñarla a andar. Y, ¡sorpresa! Su
madre apareció por detrás y dijo: no hagáis eso, ella puede hacerse
daño. Estábamos a 2 barrios después y su madre nos siguió. Bueno,
una más en la colección, se quedó para que yo no me olvidara.
Sin embargo, conocí después ciegos como Maurício Zeni, Marcos
Kinski, Lêda Spelta, Xico Gonzalves, este último ya viviendo solo...
¡ahí hice la fiesta! ¡Aprendí hasta lo que no debía! (risas)
Abrazos Salvador, y que bueno que te liberastes un poco de la
dependencia, ya que todos nosotros la tenemos, ¡mismo cuando
vemos!
MAQ.
Hola MAQ:
Me quedo muy feliz en oír/saber de todo esto. Siempre supe que
cuando tenemos fuerza de voluntad logramos, sino todo, casi todo lo
que nos está permitido. El problema es que en la práctica todo es
más complicado
En Rio de Janeiro, absolutamente nadie me conocía personalmente, hecho que
me dejó bastante a gusto para andar, moverme, etc. No sé porqué,
pero me percibí cómo otra persona allí. Me sentí mejor, más
independiente, ya que puedo cuidar de mi mismo, ¿comprendes?
Aquí, en el pueblo, yo no siento este tipo de cosa, por lo menos no
con relación a la movilidad.
Tal vez por ya haber nacido y haber sido criado con toda la
convicción de que nunca podría cuidarme solo, adquirí un gran
complejo de inferioridad. Pero, gracias al encuentro de Rio y a los
varios amigos que tengo, he podido percibir que estaba totalmente
equivocado.
Lo que me faltaba ahora era el valor para enfrentar toda esta
diferencia, ¡la cabeza de las personas de aquí! Para que tengas una
idea, MAQ, el año antepasado hice un curso de telefonista en
Jacarezinho, una ciudad vecina. Como la locomoción era muy fácil
yo hacía el curso y viajaba solo. Mis padres irían a llevarme y a
recogerme a la estación de autobuses, obviamente. Bueno, pues al
día siguiente prácticamente toda la ciudad ya estaba sabiendo y
comentando. Algunas personas, inclusive, pensaban que mis padres
es que no tenían condiciones para acompañarme, lo que era
totalmente falso. Ellos, en verdad, se quedaron muy contrariados
cuando decidí hacer estos viajes solo.
Sé que este tipo de cosa, de la gente de la ciudad y de mis padres,
no debería intimidarme, pero el hecho de que yo todavía tuviera una
cierta inmadurez, falta de experiencia y todo lo demás, me intimida
sí. Entonces, me encuentro en un callejón sin salida. ¿Cómo
enfrentar eso, si no tengo madurez, ni experiencia? ¿Y cómo adquirir
esta experiencia, si no consigo al menos empezar? Creo que lo
principal, que es la seguridad en mí mismo, yo ya conseguí.
Está claro que antes de ir a Rio, hice varias prácticas de locomoción,
aprendí algunas técnicas... Enfin, todo o casi todo, lo yo necesitaba
aprender para andar solo.
En verdad soy una persona que no sale mucho de casa. Mi círculo de
amigos aquí es pequeño y en un pueblo como el mío no hay buenos
sitios para ir. Así mismo, está la escuela, la natación, que son sitios
que yo podría ir sin la presencia de alguien. ¡Pero en los pueblos es
muy difícil! Creo que si un día logro vivir en una gran ciudad, lo que
es uno de mis objetivos, conseguiré romper esta barrera sin
dificultad. Pero hasta entonces, si no quiero oír lamentos y personas
expresando su pena por mí, tengo que seguir obligado a no buscar
una cierta libertad.
Para ti, seguramente, fue todo mucho más difícil, pero por el hecho
de que ya tuvieras una cierta madurez cuando te quedaste ciego,
mismo siendo apenas dos años mayor que yo soy ahora, y también
por el hecho de vivir en un lugar donde la vida para el deficiente con
relación a la locomoción es más fácil, hayas conseguido romper eso
con más facilidad. Está claro que un día yo también voy a conseguir,
¡pues ganas y capacidad tengo de sobra!
Un fuerte abrazo de alguien que aprende mucho contigo,
Diniz.
Hola Diniz, ¡buenos días!
Sabes, amigo, jamás pensé que hablaríamos tanto en público y estoy
bastante feliz de que estés dándome la oportunidad de conocernos
mejor. Me gustaría decirte dos cosas con relación a esta respuesta,
rápidas y objetivas: la experiencia se adquiere con experiencia. Esto
parece obvio, lo difícil es experimentar esta verdad. No sirve de nada
decir que eres niño, inexperiente, que tienes falta de práctica. Esta
disculpa acaba de inmediato cuando llegas a la práctica, acaba por
lo menos como disculpa. Cuando has ido al curso solo, has visto
que podrías llegar ejercitando, ¿verdad?
La segunda cosa es que nosotros aquí los de la ciudad grande
escuchamos en todo momento en la calle que somos unos
pobrecitos, que sienten pena de nosotros, etc. La proporción es
igual al número de habitantes y la frecuencia con que andamos en la
calle solos o mismo acompañados. Estar acompañados no inhibe a
las personas de llegar a nuestros acompañantes y como si fuéramos
sordos, que no es ningún insulto, simplemente no somos, decir
cosas del tipo: pobrecito, ¿cómo Dios puede hacer esto con él? No
hay como escapar de esto en la calle, sea en los pueblos o en la gran
ciudad. Hay horas en que tengo la paciencia de hablar con la
persona para intentar quitarles la pena, cosa rara, pero todavía lo
hago. En la mayoría de las veces dejo pasar, sé el cuanto ya he
luchado, el cuanto soy nervioso o flaco, ella no sabe nada de mí...
me parece hasta gracioso, o sino, siento un dolor en el corazón
terrible, porque la sociedad aún no está viendo lo que somos y como
somos.
Sin embargo, existen “cieguecitos” que son tal cual la
sociedad imagina: totalmente tutelados, alienados, incapacitados,
inferiozados, animalizados. ¿Cómo no aceptar la generalización si la
mayoría de nosotros es así? Si eres una persona informada,
inteligente y todavía tienes toda esta dependencia, aún te agachas a
lo que piensan de ti, aún vives de lo que te dijeron, aún piensas en
todas las incapacidades teóricas que el mundo nos impone,
¿imaginas el chico que vive sin ordenador, guardado por siete llaves
por su familia en el pueblo o del pueblo? Yo mismo di el ejemplo, en
otro mensaje de una chica en un barrio noble de Rio de Janeiro, que
no cogía un vaso de agua dentro de casa.... Bueno, Diniz, si quieres
tener buenas relaciones contigo mismo, no te creas tan malo así
como te dijeron, tan defectuoso e incapaz, si has descubierto que
tienes posibilidad de algo más... ¡lucha, con todos tus miedos que tú
vencerás!
Nuestro amigo Zé Carlos, de la lista dvdelphi, era de pueblo y
analfabeto hasta los 18 años. Vino para Rio, entró en una institución,
estudió, se casó, hizo prácticas en el Serpro como programador, fue
free lancer en el Proderj ganando como profesional liberal y ahora,
con sus 31 años, ingresó en la universidad y aprobó unas
oposiciones para el municipio de Rio. ¿Sabes cuántas veces él tuvo
que escuchar “pobrecito" de personas que ni rascarse sabían?
¿Sabes cuántas veces le han dicho “ciego no puede?” Un hombre
con un valor de estos, digno de nuestra mayor admiración, amigo
que da gusto hablar no sólo por lo que ha hecho de su vida, pero
sobre todo por lo que es. Tenemos otro amigo de esta lista que era
del interior de Bahia y volvió para allá. Es administrador, tiene hijos y
está casado en una pequeña ciudad.
Bueno, Diniz, si has creído que yo sería objetivo y rápido, ¡te
fastidiaste! No tengo la experiencia de vivir en un pueblo, a no ser
como turista. Así mismo, un turista siempre acompañado de amigos.
Pero, a pesar de las experiencias relatadas por amigos ciegos que
viven en pueblos diciendo que es más difícil ser ciego en un pueblo
que en una ciudad grande, su libertad de locomoción no puede
depender de la cabeza de las personas que te miran. Aquí en Rio tú
estás lejos de las personas que ven, tus conocidas. Todo queda más
tranquilo. Movilizarse es relativamente fácil, difícil es “enfrentar” a
los que nos están viendo, sintiendo pena o admirándose. Estos
forman parte de otro tipo de amarras, presiones, que nos reprimen a
punto de que no salgamos para no enfrentarlas.
Cuando me quedé ciego, empecé a aprender a andar solo en mi manzana.
Todos me conocían, pues meses antes, pocos 2 ó 3, yo pasaba allí viendo
normalmente, tenía mi coche que yo mismo aparcaba en la acera
molestando la vida de los peatones y de muchos ciegos, ¡claro! Era
un chico de la zona sur de Rio, del Leblon, barrio noble y vivía cerca
de la playa.
Diniz, me quedé ciego en el sábado de carnaval de 1978, después de
haber aparcado mi coche en el garaje y haber ido a acostarme. Me
desperté ciego, o casi totalmente ciego. Todo estaba rojo sangre y
los pocos vultos que yo todavía veía eran del negro al rosa,
dependiendo de la luminosidad. Mi libro cuenta toda esta história.
Me traté en España, ciudad de Barcelona, clínica de Barraquer.
Recuperé el 90% de la visión y, después de mandar al amigo que me
acompañaba de vuelta, pues estaba pagando la estancia de él, perdí
la visión solo en Barcelona, ahora definitivamente.
Volví y... dos meses después estaba entrenando andar por las calles
cerca de mi edificio, con todos mirándome como si fuera un héroe o
una víctima del destino. Cuanta pena, cuantos lloraban en mi
hombro, empezando por mi madre y amigos. Los de la calle lloraban
por mi padre: “¡Si Bira (apodo de mi padre) estuviera vivo, moriría
sólo de ver!” Yo tenía miedo de caer, chocarme en un poste, no
saber usar el bastón, pero las “penas” de los demás, los lamentos, el
sufrimiento y dolor que yo causaba era la gran amarra que me
incentivaba a quedarme en casa parado, pero no me quedé. Pedí
transferencia de mi facultad, la Federal de Rio, para la PUC-Rio y
empecé, 3 meses después de ciego, a ir solo a la facultad. La Federal
quedaba en el final del mundo que, conduciendo mi coche, estaba
muy cerca. Recomecé la vida, con miedos y verguenzas, pues el
sentimiento más común en un nuevo ciego es la vergüenza de ser ciego.
Cuando empecé a andar en autobús solo, moría de vergüenza
de tropezar, de equivocarme, hasta que un día pensé con la ayuda de
un amigo ciego con el cual me desahogué: hombre, tropecé en el
autobús. Pero cuando tropezaba y veía no había problemas, ¡ahora
hay! Tropecé porque soy ciego, no encontré el asiento vacío porque
soy ciego. Pero, claro, si soy ciego tengo derecho de tropezar más
que quien ve...¡derecho adquirido! Mi problema no era el de
equivocarme, era el “pobrecito” que me hacía sertir vergüenza de me
haber equivocado.
Esas “situaciones dolorosas" son las que hacen que muchos ciegos
se queden encogidos con sus familias, las que hacen de muchos
ciegos personas oprimidas o rabiosas. Eso no va a pasar tan
temprano, ¡pero nuestra vida va! Enfrentar las vergüenzas hasta que
ellas pasen es la solución. Hoy no siento nada más de eso, me
parece hasta gracioso. Yo todavía con poca experiencia de ceguera,
cambié la servilleta de papel por la cuenta del restaurante, ¿puede?
(risas). Me equivoqué, pero me divertí mucho. Dicen que el camarero
tuvo que alejar, gentilmente un grano de judía del valor total de la
nota. ( más risas ).
Cambia tu manera de pensar Diniz, no dejes que la vergüenza, la
rabia, la autopiedad, estos sentimientos inhibidores de nuestras
actitudes, te dejen dependientes de tu madre. Dale un tiempo a ella,
demuestra lo que eres capaz de hacer, madura, siéntete vitorioso,
¡es maravilloso!
Hoy día tengo un trabajo, estoy casado, soy padre y lo conquisté por
causa de esa lucha anterior para quitar estas “amarras de
superprotección”. Mi padre ya ha fallecido, mi madre está con el
"mal de Aunsraimer", tengo una hermana con la cual no me llevo
bien, tenemos muchos roces y jamás me fiaría de ella para ver mis
inyecciones diarias de insulina, que yo mismo me aplico, pero
necesito alguien que vea “cuando me estoy aplicando”. O sea, mi
vida es bastante limitada a causa de mi salud, pero ¿cuánto más
sería si yo no saliera solo, si no fuera a trabajar, a divertirme? Quiero
decir que sólo he ganado con mi esfuerzo de no depender de “mi
santa madre”.
Abrazos. MAQ.
Diniz, yo sé muy bien que es eso de superprotección.
Hace poco tiempo, yo no andaba solo también. Todas las veces que
hablaba con mi madre sobre eso, ella también cambiaba de asunto y
todo casi siempre llegaba, así como a Elis, a una discusión, lo que
una cierta vez acabó ocurriendo. Así, sentí que mi situación
solamente podría solucionarse si al revés de hablar, yo empezase a
actuar. Pero, ¿actuar cómo? ¿Buscar ayuda de quien?
Fue cuando un amigo que también no andaba, empezó a andar solo.
Yo le llamaba, pedía algunos consejos, no sólo con él pero también
con otros ciegos que también se trasladaban, escuchaba las
explicaciones e intentaba hacer en la práctica.
Mi familia por parte de mi padre me apoyaba en este sentido. Un tío
salió conmigo una vez para comprar un bastón. Al final, por estar
cerca de mi cumpleaños, me la regaló.
Era lo que me faltaba para empezar. . .
Comencé, entonces, a poner en
práctica todos los trucos que me daban. Algunas veces tuve que
esperar a que mi madre saliera de casa, para que yo pudiera salir y
hacer lo que debería. De ahí en adelante fui adquiriendo más
habilidad, mismo sin el conocimiento total de ella. Sólo contaba las
cosas después que las hacía.
Mi ciclo de amistades fue aumentando, las oportunidades de poner
en práctica lo que estaba aprendiendo también. Empecé a escuchar
más sobre nuestros problemas y aceptación.
Fue cuando un día, al conectarme a Internet, encontré a MAQ, que
me avisó de vacantes abiertas para prácticas en el SERPRO, donde
él trabajaba. ¡Era lo que me faltaba! Aprobé el test y entré para hacer
las prácticas.
Tuve contacto con otros ciegos, he podido aprender más cosas
sobre la locomoción y además, tanto en el chat como después de las
prácticas, encontré personas ciegas que vivían cerca de mi barrio y
yo ni conocía. Eso fue un punto más a mi favor.
Cuando empecé las prácticas, no había como mi madre
acompañarme, pues como ella también trabajaba, vio que no había
otra alternativa a no ser aceptar los acontecimientos. Hoy me muevo
para cualquier sitio, sin problemas y también hago cosas que antes
no hacía debido a la superprotección de mi madre.
Abrazos. André.
Hola, buenas noches.
Me gustaría participar del asunto “superprotección”, algo muy
delicado que involucra muchos aspectos emocionales.
Si dependemos de la aprobación universal para hacer cualquier cosa,
simplemente no la haremos y esto es de cajón. Las personas hablan
de nosotros. Siempre hablaron y es poco probable que un día dejen
de hablar por completo, pues, todo lo que es diferente causa
extrañeza. Nos cabe a nosotros decidir si queremos o no asumir el
personaje que nos desean imponer. Nosotros elegimos si deseamos
ser el pobrecito que nos dicen en la calle, o si queremos mejorar y
superarnos.
Dificultades todos las tenemos, es lógico. Además, no apenas al
andar solos, pero también con todos los asuntos de la vida. Delante
de eso, tenemos la opción de desistir antes de intentar y la opción de
intentar sin desistir. Es importante que tengamos consciencia de
nuestras limitaciones, pero no es bueno dejar que ellas nos
dominen. Y sólo porque nosotros tenemos miedo de todo no
significa que debamos tener miedo siempre. Además, creo que
necesitamos tener valor, fe en nosotros mismos, en las personas
que nos quieren ayudar y ganas de hacer algo diferente.
Tal vez yo pudiera ser mucho mejor de lo que soy, no sólo sobre
locomoción. Sin embargo, de momento soy así. Fue lo que conseguí,
todavía no estoy lista y no he desistido de intentar.
Un beso a todos de la amiga que también está intentando,
Hola MAQ, también quiero contar lo que pienso:
Vosotros estáis de acuerdo conmigo que un padre o una madre con
una persona ciega en casa no van a sentirse bien en largar a esta
persona en la calle sin saber si realmente eso es posible, sin saber si
existen personas ciegas en la misma condición de su hijo que anden
con seguridad, sin tener buenas referencias.
Muchas veces el deficiente visual es el principal culpable por la
incomprensión de sus padres.
Mi madre también sufrió. Cada vez que yo hablaba en andar solo por
las calles de Caxias do Sul, le venían lágrimas a los ojos. Pero,
gracias a las informaciones que obtuvo, que no se trataba de
fantasías, ella fue absorviendo la idea y en un espacio corto de
tiempo, se sintió aliviada por no tener que llevarme más al colegio,
por poder dedicarse un poco más a su propia vida.
Por otra parte, existen situaciones como la de una chica de unos
veinte años, que vive quejándose de la superprotección: dice que
sus padres no la dejan salir, no le dejan en paz. Les doy toda la
razón, porque la chica no sabe andar con el bastón, no sabe escribir
en Braile, no tiene idea de cómo salir sola siendo ciega. ¿Cómo es
que una criatura de esas puede culpar a sus padres por que la
independicen? Ellos están asumiendo una posición coherente,
correcta. En el día en que ella decida buscar una institución, hacer
movilidad, escribir en Braile, demostrar a ellos que ha progresado,
estoy seguro que nadie va a ignorarla. La cuestión ahí es la
aceptación de uno mismo.
Voy a escribir una cosa que es del fondo del corazón: sufro mucho al
ver gente capaz, gente que puede contribuir mucho a la sociedad,
gente que tiene un potencial increíble, encerrada dentro de su casa,
en aquella vida ordenador/música/tv/padres.... No digo que todo eso
sea despreciable, por el contrario, pero la vida es mucho más grande
que eso.
Juliano.
Queridos, ¡mi sonrisa hoy está de este tamaño!
(sonriendooooooooooo).
Quiero dejar registrado aquí un día muy especial para mí. Parece
hasta broma, pero es verdad, que una mujer de 33 años, hoy por
primera vez, ha conquistado su libertad. ¡Qué sensación maravillosa!
He tomado un taxi y he ido a la casa de mi querida amiga Flavia
(aprovecho para agradecer a mis amigos Flavia y Eduardo por el día
muy agradable que he tenido, ¡gracias!). Poco a poco, ahora, creo
que voy consiguiendo hacer a mi madre entender que yo necesito
tener mi independencia y lo importante que esto es para mí.
Hoy me he levantado temprano y he dicho: “estoy yendo”. Antes de
ir, lógicamente, tenía que avisar a mi madre. La he llamado y le he
dicho que iba a salir. Ha habido una pequeña “discusión” pero he
podido controlar y por la primera vez he impuesto mi voluntad. ¡Fue
muy bueno! Realmente es una ardua conquista, que hace mucho
venía intentando y sólo hoy ha sido posible. Me he demostrado a mí
misma que soy capaz y con eso, seguramente, mi autoestima y mi
autoconfianza han subido un poco.
Un beso a todos.
|