Masas 130 - 26/9/98

No olvidamos. No perdonamos. No nos reconciliamos.
Nulidad de las leyes de Punto Final, Obediencia Debida y de los indultos.
Cárcel a los militares asesinos y a sus cómplices.
Restitución de los hijos apropiados de los desaparecidos.
Desmantelamiento del aparato represivo.


La Justicia y el Congreso de la bueguesía prótegen a las bestias asesinas, les garantizan su libertad, al mismo tiempo que se reprime a los que luchan, a los que se rebelan contra la miseria, la desocupación y la entrega.
El aparato represivo perfeccionado durante la dictadura sigue en píe, en las instituciones oficiales y en las "privadas" para poder garantizar los intereses de los capitalistas más poderosos.
Esto constata que la democracia es la fachada para ocultar la dictadura del capital. Jamás lograremos justicia en las instituciones de la burguesía.
La lucha por el castigo a los asesinos es parte inseparable de la lucha por conquistar el pleno empleo, salarios que alcancen como mínimo a cubrir la canasta familiar, para impedir la aplicación de la flexibilización laboral, en defensa de la escuela pública, contra la ley de educación, contra este régimen social.
Aunque sabemos que el castigo final lo lograremos haciendo la revolución social, destruyendo toda la maquinaria de la dictadura del capital, expropiando a los grandes capitalistas que son quienes detentan verdaderamente el poder, (porque son ellos los que ordenaron el genocidio, son ellos los que mandan a reprimir todos los días a los trabajadores y a la juventud), estas movilizaciones reclamando la cárcel ya a los genocidas tienen la enorme importancia de mostrar la impunidad reinante, la complicida de la democracia con la dictadura.
Y si logramos que algún represor vuelva a la carcel o la restitución de más hijos será por la importancia de nuestra movilización, no por la eficiencia o dignidad de algún juez.
Es imprescindible exigir la presencia en esta lucha de las organizaciones sindicales de los trabajadores - los principales afectados ayer y hoy por la repesión - , y desnudar el papel cómplice que tantos dirigentes tuvieron con la dictadura y tienen con esta democracia.
No hay posibilidad de reformar al régimen. Las elecciones cumplen la función de querer hacernos creer la ficción de que hay participación y soberanía popular. Nada hay que esperar hasta el 99. La Alianza se ha confesado como la continuadora de la actual política.
La crisis capitalista internacional que se agrava ya tiene consecuencias más que nefastas sobre los trabajadores, sobre cuyas espaldas se vuelven a descargar los nuevos ajustes.
No hay otro camino que la unidad de los trabajadores, la juventud, los explotados de la ciudad y el campo alrededor de sus reivindicaciones, luchando por terminar con este régimen, en un auténtico frente antiimperialista bajo la dirección política de la clase obrera.


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