El hombre ante las catástrofes naturales ¿Fatalismo inevitable o fenómenos previsibles?

Los últimos acontecimientos catastróficos han colocado, una vez más, ante la cruda realidad que la civilización humana sólo puede progresar en su camino de dominar y poner a su servicio a la naturaleza, guardando el máximo respeto por ella.

El terremoto en Centroamérica (con epicentro en El Salvador), aparece como el extremo dramático, pero en nuestra propia región las últimas tormentas pusieron de relieve el mismo problema. En el Gran Buenos Aires y en Rufino; en Cañada de Gómez y en Tucumán, las "inclemencias del tiempo" fueron la respuesta inevitable a las "inclemencias del hombre" para con la naturaleza.

En efecto, está ampliamente demostrado científicamente que los cambios climáticos operados en las últimas décadas son el resultado de la destrucción del equilibrio ecológico provocada por el hombre. Tan sólo en el Amazonas, la tala indiscriminada de árboles abarca una superficie equivalente a la de Francia. Esto ha cambiado el régimen de lluvias, y, junto al efecto invernadero -también provocado por el industrioso "homo sapiens"- ha determinado la tropicalización del clima en el extremo sur del continente americano.

En su obra clásica "Dialéctica de la Naturaleza", Federico Engels advierte sobre los peligros del avance de la civilización humana sobre las condiciones naturales. Al hacerlo, de ningún modo se ubica en una posición "naturalista ecologista", en el sentido de negar la perspectiva histórica del género humano. Por el contrario, el marxismo apoya y se apoya en las conquistas emergentes de la aplicación del trabajo humano a la naturaleza, base del progreso y de la civilización misma.

Pero en tanto materialista dialéctico, nuestro abordaje del problema es integral, siendo fundamental pues la relación de clase, el régimen social, bajo el cual se produce esa relación entre trabajo y condiciones naturales.

Bajo el capitalismo en su fase terminal, el Imperialismo, la concentración del capital, la búsqueda urgente de la máxima ganancia, determina una lucha feroz por el mercado, que impide a la burguesía prever, no sólo en el largo plazo, sino inclusive en el corto y mediano.

En la medida que la guerra económica mundial se agudiza, es menor el tiempo que se le exige al retorno de la ganancia sobre el capital invertido, y esto determna que, para la burguesía, es ociosa toda inversión en medidas que atemperen la destrucción del planeta.

La paradoja estriba en que el propio desarrollo de la ciencia y la técnica permite estudios ya realizados de lo que debiera hacerse para prever fenómenos naturales e impedir o atemperar su manifestación y sus consecuencias. Pero la propiedad privada capitalista de esos mismos avances crea un freno mulero a toda posibilidad de aplicación concreta en el campo de la prevención ecológica.

La lucha por el socialismo, por la revolución mundial que expropie a la burguesía y ponga en manos del conjunto de la humanidad la conquista de siglos de trabajo manual e intelectural, no es sólo la mejor salida: es la única a la barbarie capitalista.

Inundaciones en el sur santafesino: de relieve, una cuestión de clase

Luego del terrible cataclismo en en Cañada de Gómez, llovieron los gestos de solidaridad con la población. Tanto el gobierno nacional como provincial hicieron "rostro" volcando ayuda financiera.

Sin embargo, días atrás cientos de pobladores cortaron la ruta 9 reclamando un reparto equitativo de la ayuda. Denunciaban un uso discriminatorio de la misma, con arreglo a una diferente evaluación de los daños sufridos.

Así, la pequeñoburguesía y la burguesía gozaba de mayores subsidios que el obrero o el desocupado que perdió sólo cuatro chapas.

Este concepto de clase, de privilegios burgueses a la hora de reconstruir una ciudad luego de una catástrofe, también se denunció en el Gran Buenos Aires, donde además hubo discriminación racial, marginando a los damnificados paraguayos o bolivianos.

Mientras tanto, el Gobierno de la Provincia de Santa Fe acaba de firmar una ampliación del contrato con Aguas Provinciales (empresa privada), que modifica las pautas contractuales de la privatización producida años atrás.

En defensa de la tasa de ganancia del grupo capitalista (que es tomada como el parámetro fundamental de la relación contractual) se disminuye la exigencia de inversiones en obras en varios cientos de millones de pesos para el próximo lustro.

Por ejemplo, según el contrato original de la privatización, el compromiso era invertir 80 millones en el 2001. La modificación reduce la cifra a 20 millones.

Mientras tanto, siguen pendientes obras infraestructurales básicas, sin las cuales grandes ciudades como Rosario o Santa Fe, se seguirán inundando.

Conclusión: en ambos casos, tanto en la prevención mediante obras, como en la reconstrucción luego de una catástrofe natural, queda puesto de relieve el carácter clasista del Estado, agente fiel y directo de los patrones.

La organización de los vecinos por nuestros más elementales derechos, y la lucha por ellos, debe ser el punto de partida de un camino a recorrer, que debe culminar en el cambio revolucionario del carácter de clase del Estado.

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