La situación económica norteamericana y su reflejo en la situación política internacional

Luego del boom de los años 90, la economía norteamericana ha iniciado un ciclo de desaceleración, con tendencia a la recesión.

Los últimos indicadores así lo demuestran: de un crecimiento del 7,3% del PBI en el último trimestre de 1999, cayó a un 2,2% en el tercer trimestre del 2000, pasando por el 5.6% del PBI en el segundo trimestre de ese mismo año.

Este fenómeno responde a la lógica del capitalismo, que no puede sostener la tasa de ganancia y la acumulación de capital con un crecimiento incesante, sin caer en una crisis de sobreproducción. Es por esto que los economistas de todo el mundo alertaban acerca del recalentamiento de la economía norteamericana.

Las consecuencias inmediatas de esta desaceleración han sido la decisión de la Reserva Federal de bajar la tasa de interés, y la caída del dólar en su paridad con el euro.

Es incierto el futuro al mediano y largo plazo, pero sí se puede afirmar con certeza que se producirá una retracción del mercado norteamericano, fortaleciendo tendencias proteccionistas, y perjudicando cualquier posibilidad de colocación de exportaciones provenientes de Argentina (y en general, de América Latina) en Estados Unidos.

Es este contexto económico de la principal potencia mundial (en el marco de una feroz lucha de los diversos bloques económicos por el mercado), lo que debilita aún más al flamante gobierno asumido el 20 de enero pasado. La agencia de inteligencia Stratfor sentencia: "El Presidente Bush asumirá con un gobierno paralizado en lo interno por cuestiones sobre la legitimidad de su elección, con un congreso dividido y una desacelaración de la economía. Estas dificultades para el poder dominante mundial acelerarán un realineamiento global y pueden ser la chispa que encienda tensiones crecientes y el potencial de futuros conflictos". (30-12-00).

Este debilitamiento relativo del Imperialismo yankee (y por ende, de su papel de gendarme en el planeta), potenciará la pugna interbloques (Europa, Japón), abriendo fisuras en el enemigo de clase.

La posibilidad de que las luchas defensivas que las masas vienen librando en todo el planeta se vuelvan ofensivas, cuestionando el poder político de la burguesía, dependen esencialmente de la independencia política del proletariado, de su capacidad para erguirse como caudillo del Frente Unico, tanto del proletario en los propios países imperialistas, como del antimperialista en los semicoloniales.

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