EDITORIAL

La situación emergente del masivo paro de 36 horas de noviembre del año pasado planteó objetivamente su continuidad en un plan de lucha.

A pesar de la crisis de dirección que atraviesa al movimiento obrero, en su seno estuvo planteada la discusión acerca de una pregunta elemental¿cómo seguir la pelea por nuestra reivindicaciones?

Nuestro partido dio respuesta a este interrogante, colocando en primer plano la consigna de ASAMBLEAS DE BASE como piedra de toque para abordar la situación concreta, avanzar en la organización de los trabajadores, y forjar al calor de la democracia directa de los explotados una nueva dirección.

Tal línea de acción partía de la caracterización que la burocracia sindical de todo pelaje iba a dividirse el trabajo para desarticular el incipiente ascenso de las luchas.

Por eso, lejos de buscar cual era el sector ""más potable" de la dirigencia, se trataba y se trata de construir el FRENTE UNICO para fortalecer una política de independencia de clase.

Efectivamente, tanto la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) como ambas CGTs, fracturaron cualquier posibilidad de continuidad del paro de 36 horas.

Las amenazas de paro de Dáer, la navidad de Moyano, y la dilación hasta el 24 de marzo del 2001 de Víctor De Genaro, expresan con claridad la falta de voluntad política para colocar en primer plano la necesaria unidad para la lucha. En cambio,cada uno hace su juego, negociando con el Gobierno y las patronales sus respectivas cuotas de poder.

Esta tregua unilateral decretada porla burocracia de todo pelaje (a contramano de las tendencias objetivas a la movilización y a la acción directa, que se mantienen desigualmente a lo largo y ancho del país), brindó una cuota de oxígeno al Gobierno, mientras éste obtenía el famoso "blindaje" del FMI y el gran capital financiero internacional.

El blindaje está siendo usado por De la Rúa y compañía como un golpe de efecto, como un pase mágico e ilusorio, a fin de recrear las expectativas populares en una posible reactivación de la economía.

En verdad, se trata de una financiación de la propia deuda, como lo admiten entre líneas los propios economistas burgueses.

Bien por el contrario, los parámetros económicos distan de indicar la posibilidad de una reactivación económica:

*La depresión del mercado interno se profundiza, atento al congelamiento y (en algunos sectores) al retroceso salarial, y a la creciente desocupación.

*Los pequeños progresos exportadores son harto insuficientes para compensar lo anterior, ya que se produjeron sólo en algunos nichos de la economía, y no adquieren un carácter sostenido en el tiempo. Bien por el contrario, las posibilidades inmediatas no parecen indicar una mejora en la balanza comercial. El peso atado al dólar opera como un contrapeso difícil de compensar, especialmente con un socio principal en el MERCOSUR (Brasil) cuya moneda vale la mitad. Por otra parte, las tendencias proteccionistas en el mercado mundial, y la sobreproducción mundial de mercancías, refuerza el cierre de mercados para la producción nacional. Los cantos de sirena de algunos sectores de romper de hecho el MERCOSUR, ingresando al NAFTA (a la chilena), no mejoran necesariamente las perspectivas reactivadoras.

Aunque no aparece en el horizonte cercano, no podemos descartar que un retroceso aún mayor en las condiciones de vida de las masas (haciendo caer aún más el salario, e imponiendo una mayor productividad a la clase obrera) posibilite salir de la recesión actual, al menos en algunos sectores. Pero es una utopía pensar que tal posibilidad se acompañe de una mejora para los trabajadores. Bien por el contrario, como queda dicho, será en todo caso una consecuencia de un empeoramiento aún mayor que el actual, que "mejore la competitividad" de la burguesía nacional.

Como señalamos en diferentes notas de esta edición, la condición para que se retome el camino de lucha nacional que marcara el paro de 36 horas es un proceso de maduración y estructuración de la vanguardia.

Incluso para que la burocracia sindical (cualquiera de sus sectores) se vea obligada a alguna iniciativa de conjunto, es necesario hacer sentir no sólo la voluntad de pelear, sino la decisión de avanzar en la coordinación nacional de las luchas en términos independientes.

Toda instancia que apunte a poner en pie Coodinadoras, plenarios regional, Congresos de Bases, debe ser apoyada, despojándonos de toda forma de sectarismo.

El FRENTE ÚNICO cobra entonces una importancia fundamental, no sólo en el agrupamiento elemental del activismo, sino en la intervención política de los luchadores de cara a los grandes acontecimientos nacionales (¡24 de Marzo!).

Nuestra organización, que lucha por poner en pie un PARTIDO OBRERO REVOLUCIONARIO, como sección argentina de la Cuarta Internacional que hay que reconstruir, coloca en primer plano la discusión del PROGRAMA que los explotados debemos levantar para dar una salida propia a la crisis.

Índice

Página Principal

Hosting by WebRing.