Claves para definir una política internacionalista proletaria ante la cuestión palestina

1- La creación del Estado de Israel (resolución de la ONU, 1947) es el producto de un operativo del Imperialismo -el inglés, en retirada, el yankee, en ascenso) con el objetivo de construir un enclave militar, cabalgando sobre la reaccionaria tesis sionista del territorio propio como respuesta a la cuestión judía.

2- Las riquezas petroleras en toda la región, pero también el punto estratégico desde el punto de vista geo-político, ameritaban tal operativo. Estos factores siguen estando presentes más que nunca, atento a la crisis petrolera que recorre el mundo.

3- Si bien la resolución de la ONU citada contemplaba también la creación de un Estado Palestino, tal posibilidad se convirtió en una ficción, desde el momento en que el sionismo (armado y financiado por el Imperialismo), lo impidió a sangre y fuego.

4- En 1993 se celebran los acuerdos de paz de Oslo, que supuestamente, garantizarían la prometida patria palestina. El proceso emergente de estos acuerdos implicó el montaje de una ilusión a las masas: Israel desocuparía las zonas ocupadas en la guerra de 1967 (franja de Gaza y Cisjordania), y la propia autoridad nacional palestina (bajo la dirección de la OLP), aseguraría un nuevo Estado nacional.

5- El hecho contundente que Israel no cumpliera con estos requisitos mínimos, pero más aún, que desarrollara una verdadera campaña de provocaciones (el genocida Ariel Sharon -el que comandara la masacre de Sabra y Chatila-  visitó los templos sagrados de Jerusalén con mil efectivos), disparó lo que se ha dado en llamar la “nueva intifada”.

6- Es que al quebrarse la ilusión palestina en la posibilidad de la coexistencia pacífica de dos Estado antagónicos en la región, queda palmariamente demostrado que la autodeterminación nacional de los palestinos sólo es compatible con la destrucción del Estado sionista de Israel. Así lo registra el “Jerusalén Post” el 5-10-00: “Los palestinos no se dedican más a la creación de un Estado independiente que conviviría en paz con un Israel judío. Quieren la aniquilación de esa realización sionista”.

7- Es por eso que se potencian los fundamentalismos en ambos campos de la pugna: la derecha religiosa y militarista sionista -liderada por Sharon-, y las fracciones radicalizadas como Hamas, Jihad y Hezbollah. Las masas palestinas (pero también las judías, que sufren las consecuencias de un Estado gendarme, títere de los intereses del Imperialismo), carecen en su intervención de un proyecto políticamente independiente de la burguesía.

8- Esto marca una contradicción entre las tendencias objetivas a la lucha y a la acción directa de las masas palestinas -la “nueva Intifada”- y la política de sus conducciones nacionalistas burguesas. Es que más allá del descrédito de Arafat (ante el fracaso de los acuerdos de paz, que fueron expedientes de guerra de exterminio por parte del sionismo), tampoco las demás fracciones “fundamentalistas” expresan un programa superador. Por el contrario, actúan como agentes -directos o indirectos- de la poderosa burguesía árabe con fuertes intereses petroleros, tenga ésta sede en Irak, Irán o Libia, o bien esté entralazada con fracciones del Imperialismo europeo.

9- La perspectiva de destruir el enclave sionista de Israel, y sobre sus escombros, construir una Palestina laica, soviética y socialista, donde se superen por la unidad de clase las diferencias raciales y religiosas, hoy tiene su posibilidad de progreso en el avance de la acción de masas, representada por la Intifada, que no se limitó a las zonas en conflicto, sino que se extendió en multitudinarias manifestaciones a Siria, Irak, Irán, Egipto, Jordania, Marruecos, Líbano y Yemen. Con esta acción de masas también choca por el vértice el terrorismo individual practicado por los grupos fundamentalistas, ya que boycotea en los hechos toda posibilidad de multiplicar las simpatías internacionalistas de los explotados del mundo por la causa palestina. Los espectaculares atentados con bombas son, pues, un recurso de presión sobre el sionismo para sentarse a negociar con él en mejores condiciones, al margen de la acción de las masas y de su Intifada.

10- Es en élla también que está planteada la posibilidad de una derrota militar del sionismo-imperialismo, atento a las miserables conductas de los gobiernos nacionalistas burgueses árabes.

11- Nuestra política de defensa incondicional de la lucha palestina no se limita a la solidaridad. Se trata de comprender que la crisis de los acuerdos de paz potencia la polarización entre las clases a nivel mundial, profundizando el abismo entre los intereses imperialistas y las masas del mundo entero. Así, una victoriad aún parcial de la Intifada, debilita al enemigo común, y facilita el combate contra la explotación. Por el contrario, un aplastamiento de la resistencia palestina agregaría una nueva derrota, que agravaría la correlación de fuerzas ya desfavorable para el proletariado, en su lucha internacional contra la burguesía.

12- Nuestro Partido interviene activamente en toda manifestación a favor de la victoria palestina en la guerra, al tiempo que lucha en el seno de este campo de la pugna por la independencia política de la clase obrera, y la construcción del partido revolucionario en la región como sección de la IV Internacional. Este es el sentido de la táctica del Frente Unico Antimperialista: se trata de una forma organizativa de transición que agrupe, por ejemplo, a las múltiples e inorgánicas fracciones que tienden a romper con la política de Arafat y el nacionalismo burgués árabe, bajo la consigna común de:

¡Abajo los acuerdos de Paz!
¡Destrucción del Estado Sionista de Israel!
¡Por la victoria de la Intifada hacia una Palestina soviética!

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