Algunas reflexiones sobre el "pucherazo" rosarino

A pedido de un estudiante de Historia, que tomó este tema como monografía para su tesis, escribí estas líneas. Me parece de interés de los lectores de "MASAS", ya que buena parte de ellos ignoran aquellos acontecimientos de la lucha de clases, y especialmente, nuestra intervención militante en los mismos.

Los saqueos producidos en Rosario entre mayo y junio de 1989 configuran una acción desesperada de las masas, con un alto componente de espontaneísmo.

Fueron provocados por la hiperinflación que hacía insostenible la vida cotidiana, pero además, por la ausencia de una política de clase que debería haber canalizado esa energía y acción directa de los explotados hacia un programa político que atacara las verdaderas causas de la crisis (los grandes capitalistas, los grandes centros de producción), y no el circuito de distribución de las mercancías.

En momentos en que se produce el inicio de los saqueos, se desarrollaban varios conflictos en nuestra zona: los municipales estaban en huelga; los docentes discutían un plan de lucha; en diferentes barrios se avanzaba en la organización y politización ante la hambruna que se vivía.

Este cuadro de ascenso de masas se combinaba con una crisis del régimen, que en el marco de la galopante crisis económica, no lograba ordenar el recambio político: Menem ya había ganado las elecciones el 15 de mayo, y la fecha de entrega del poder (diciembre) se veía demasiado lejos.

El gobierno de Alfonsín ya hacía agua por los cuatro costados.

Sobre este fenómeno de masas, auténtico, con un alto grado de espontaneísmo, intervinieron diversas corrientes políticas: desde la derecha peronista y fasictizante, hasta los trotskystas.

Nuestra orientación (la del Partido Obrero Revolucionario, en donde militaba y milito actualmente), no fue apologizar los saqueos, sino cabalgar sobre la energía desplegada por las masas para impulsar la perspectiva de la huelga general con ocupación de los lugares de trabajo y estudio.

En un volante repartido el 29 de mayo de 1989 (día de mi detención), decíamos "entre el hambre del pueblo y la propiedad privada de los supermercadistas, estamos con el hambre del pueblo, pero para orientar la lucha hacia los grandes centros de producción: las fábricas, los frigoríficos, los bancos. ¡Hace falta una huelga general, un plan de lucha contra el régimen!"

Esta intervención en general correcta tuvo su éxito en cuanto a lo concreto: en la siesta del día señalado, fuimos dos compañeros a la esquina de Necochea y 27 de febrero, donde una multitud se orientaba a chocar con la Gendarmería que custodiaba uno de los principales supermercados de Rosario. Nuestras arengas consiguieron organizar a los compañeros, encabezar una movilización de unos doscientos, que intentamos orientar a que empalmara con el Plenario de Delegados de AMSAFE que se estaba reuniendo en Alem y Pasco.

En mitad de camino nos interceptó un movil policial, la movilización se dispersó, y nosotros, que estábamos a la cabeza, fuimos detenidos.

Fue un error nuestro, basado en sobreestimar la movilización, el nivel de las masas. Se trataba de un movimiento virgen, que justamente por su espontaneísmo, era de fácil desbande o incluso, presa de la acción de provocadores.

Nuestra línea general correcta fue llevada adelante por nosotros en un lugar equivocado, haciendo culto al espontaneísmo.

Este no fue un error del partido en su conjunto, sino de la acción apresurada de quienes intervinimos en el hecho.

Fue muy importante el proceso de balance y autocrítica posterior, porque nos ayudó a valorizar el papel del trabajo preparatorio, paciente, en la lucha por la dirección de las masas.

Estuvimos un mes detenidos sin causa abierta, bajo el estado de sitio. El Gobierno de Alfonsín se valió del cierto renombre de mi detención, para acusar a la ultraizquierda. Luego, cambió bruscamente, y como también había detenidos de la derecha peronista y algunos servicios, y como la campaña por nuestra libertad cobró vuelo incluso internacional, acusó a las huestes del Trucha Vanrell. (peronismo menemista de la primera hora).

La izquierda reaccionó con temor ante los acontecimientos, tratando de tomar distancias de las masas rosarinas para no comprometer su legalidad. Quizás el ejemplo más nauseabundo sea el partido obrero de Jorge Altamira, que en declaraciones de su máximo dirigente a Página 12, negó toda relación o conocimiento de mi persona detenida, no pronunciándose siquiera por mi libertad.

Yo había sido candidato a gobernador por el PO en el año 1989.

La Asociación Médica de Rosario, mi gremio natural, no sólo no hizo absolutamente nada por mi libertad, sino que apoyó el estado de sitio.

Arrancado por compañeros de base, un plenario de delegados de AMSAFE lanzó una campaña por mi libertad (yo también era afiliado a ese gremio), y los demás detenidos.

Se formó un frente único por la libertad de los presos del hambre, llamado "Coordinadora contra el Hambre y la represión", que tuvo un gran despliegue y actividad.

El acto realizado luego de nuestra liberación fue multitudinario y muy emotivo.

Yo fui elegido delegado de los detenidos, y logramos sucesivas conquistas en las condiciones de detención. Sin ser un hotel 5 estrellas, las últimas semanas íbamos imponiendo más y mejores condiciones.

Realizamos un Acto del día del padre, el 17 de junio, con cientos de compañeros desfilando por la Seccional 3ª.

En mi período de detención, comprendí la importancia de trabajar sobre los policías, influirlos políticamente, socavarles la moral, establecer lazos políticos con ellos. Tengo decenas de anécdotas y relaciones políticas creadas con uniformados de aquel período de detención.

Se trató de comparar el "hambreazo" del 89 con el cordobazo y el rosariazo del 69. Nada más alejado de la realidad. Hubo saqueos porque no hubo huelga general, y no hubo huelga general por la ausencia del proletariado como clase, como dirección política, como caudillo de los oprimidos, fenómeno que sí se produjo en el 69, más allá de las limitaciones de la dirección política de aquellas gestas.

En el 89, más que nunca la ausencia de un planteo socialista claro, dio lugar a la barbarie, incluso en la manera desesperada de luchar por el pan. Más que nunca, la crisis de la humanidad se sintetizó en la crisis de dirección política del proletariado.

Fernando Armas

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