Mucho Ruido y pocas nueces
Una reflexión sobre el batifondo en las movilizaciones

La movilización que se realizó en Rosario con motivo del paro general del 9 de junio se caracterizó por un verdadero récord en bombas de estruendo, redoblantes y sirenas.
Al mismo tiempo, fue prácticamente nula la expresión de la columnas presentes en cuanto a cánticos y consignas. Fueros infrucuosos los heroicos intentos de algunas agrupaciones de izquierda (entre las que nos encontramos), por lanzar alguna consigna que diera un contenido gremial y político a la manifestación. Ésta fue pequeña (comparada con otras anteriores), muy limitada a los cuerpos orgánicos de los sindicatos convocantes.
Tal era el batifondo, que hasta era imposible intercambiar alguna opinión aún gritando al oído del vecino.
Parecía un cortejo de sordos y mudos, donde el piqueteo de la prensa que hacíamos algunos sólo se divisaba por la imagen del periódico desplegado.
Al mismo tiempo, se notaba en la burocracia local convocante una gran debilidad para cohesionar a sus propias filas. Volantes de violento ataque a su política se repartían sin ningún problema. Pareciera que el ruido infernal era un recurso conveniente para impedir cualquier posibilidad de diálogo o reflexión, y ni hablar, que prendiera alguna consigna que reclamara plan de lucha.

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