Perspectivas económicas argentinas: el exitismo cosmético del Gobierno no logra tapar un esquema que se cae a pedazos

En las últimas semanas, el gobierno aliancista -con la voz cantante de Machinea y el mismísimo De la Rúa- "decretó" que la economía del país mejora.
Con un tranquilizador tono menemista, el Presidente de la República nos cuenta que "vamos bien", y que "…pronto vamos a superar el sentimiento de malhumor y de justificada ansiedad e impaciencia de los argentinos".
Los números que apuntalarían este sentimental diagnóstico - pronóstico remiten a los "progresos" en la superación del déficit fiscal. Efectivamente, la mayor presión tributaria -esencialmente ingresos extras por deudores que se acogieron a la moratoria y por el adelanto al impuesto a las ganancias- lograron un mayor superávit en las cuentas públicas en el último mes de junio (comparado con el del año anterior), que le permite al Gobierno presentarse con los deberes bien hechos ante la mirada exigente del capital financiero internacional.
Al mismo tiempo, se produjo un nuevo incremento favorable en la balanza comercial, no sólo por un crecimiento de las exportaciones, sino especialmente por una disminución sensible en las importaciones.
El Ministro de Economía dibuja, a partir de estas cifras aisladas de contexto, un futuro promisorio de la mano de prometidas inversiones extranjeras, las que reactivarían el mercado confiadas en que hubo un saneamiento de las finanzas públicas.
En el mismo sentido, la flexibilidad laboral, las rebajas salariales (tanto a nivel público como privado) pretenden completar el cuadro de seducción que el Gobierno pinta para el Gran Capital.
Desde luego, lo que es atractivo para los capitalistas se presenta como única salida para los trabajadores, con el canto de sirena que la reactivación económica superará el flagelo de la desocupación.
Mientras tanto, el índice de desempleo creció (15,6%), llegando en las grandes urbes a trepar más arriba del 20%.
El cuadro recesivo general se profundiza, incrementando las tendencias a la depresión económica, y generalizando el estado de quiebra de buena parte de la pequeña y mediana burguesía.
Este hecho redundará, inevitablemente, en la imposibilidad del Estado para sostener el éxito recaudatorio de Junio, ya que la estructura impositiva regresiva (que grava a las masas que consumen, como el IVA) no permite avizorar una perspectiva optimista.
El recurso de todos es el endeudamiento, o peor aún, financiar el endeudamiento ya contraído.
El propio Estado (en los distintos niveles, nacional, provincial o municipal) ha salido a la plaza financiera a tomar créditos, aumentando la demanda de dinero fresco, elevando así la tasa de interés.
Mientras tanto, el mantenimiento de la paridad cambiaria, que sigue siendo un corset al desarrollo exportador (el éxito relativo de los últimos meses tiene un carácter estacional y sectorial, debiéndose también a que con tanta depresión del mercado interno hay una tendencia exportadora "a cualquier precio"), se mantiene artificialmente porque una devaluación del peso supondría un incremento fenomenal (en dólares) de las deudas contraídas, lo que llevaría a la incobrabilidad de los pasivos, produciendo un crack financiero.
Es por todo esto que la esencia del pacto de gobernabilidad entre la nación y las provincias; entre la Alianza y el PJ; entre las distintas fracciones de la burguesía y la burocracia sindical, requiere de un pacto social, bendecido, por supuesto, por la Iglesia Católica.
De lo que se trata es de presentar la crisis capitalista como una suerte de fenómeno meteorológico, que tenemos que "solucionar entre todos".
Pero el pacto social es para negociar las condiciones de aplicación de un nuevo ajuste, de un nuevo operativo de transferencia de ingresos de los asalariados y la pequeñoburguesía, al Gran capital nacional y extranjero, incluida la quiebra de sectores de la clase patronal.
"Siempre que llovió, paró", decía el célebre humorista rosarino Alberto Olmedo. Algunos economistas, luego de presentar con cierta lucidez el cuadro de situación, apelan también a este dicho, expresión del pensamiento mágico, para augurar una salida del sol. Esos mismos economistas burgueses transmiten, al mismo tiempo, que peor no podemos ya estar, que ya hemos tocado el "fondo" en términos recesivos.
En verdad, la frase de Olmedo tiene de científico que todo fenómeno es real en tanto se lo conciba en movimiento, y esto vale para la economía capitalista. Efectivamente, la crisis recesiva, incluso si llega a una gran depresión, será seguida de una reactivación de la economía. Pero el mecanismo necesario que el capitalismo requiere para recomenzar su ciclo, para reactivarse, es el que se está produciendo: una destrucción masiva de fuerzas productivas, y en este sentido, es completamente falso en la Argentina ya se haya tocado el fondo.
Es imposible saber de antemano cual es ese fondo, porque tal cosa está determinada por una compleja trama de lucha de contrarios en la arena de la lucha de clases a escala mundial.
Pero lo que sí podemos afirmar es que, bajo el capitalismo, SÓLO los que sobrevivan, los que "se salven" podrán "gozar" de la futura, incierta e indeterminada reactivación.
La clase obrera, liderando a las masas trabajadoras de la ciudad y el campo, es la única que puede cortar de raíz esa destrucción de fuerzas productivas, saliendo a la lucha, imponiendo sus reclamos, atacando el parasitismo capitalista, expropiando la riqueza, planificando la economía. La lucha por las reivindicaciones más elementales (salario, trabajo, salud, educación, vivienda) debe estar ligada indisolublemente por la lucha anticapitalista, contra los cantos de sirena que nos invitan a "humanizar el capital para que no sea tan salvaje".

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