Desastre Ecológico en Brasil: ¿accidente o un signo más de la barbarie capitalista?

"Probablemente pocos imaginaron para el año 2000 que la simple omisión de un hombre podía generar un desastre ecológico. Sin embargo, eso sucede en el sur de Brasil: hace una semana alguien olvidó abrir la válvula de un conducto, éste -con más de 25 años de antigüedad- estalló, y cuatro millones de litros de petróleo se derramaron en la tierra y en el río Iguazú. En siete días sólo pudo recogerse la mitad y la mayor parte del resto quedó contenida en una zona pantanosa. Mientras, una región entera pendía de un hilo: que no lloviera para que las defensas no se rompieran y el crudo no llegara al agua. Pero ayer llovió.
Era el peor escenario de los previstos por los ambientalistas, los habitantes y las autoridades. De los dos millones de litros de petróleo de la empresa Petrobrás que aún siguen sin recoger, hasta ayer a la tarde quinientos mil litros estaban contenidos, ya en el río Iguazú, a 700 kilómetros de la frontera con la Argentina y el Paraguay. Y el otro millón y medio estaba en una zona pantanosa, en las inmediaciones de la refinería Getulio Vargas, en la región de Araucaria, en el estado de Paraná."
Esta breve introducción de la columnista de "Clarín", Eleonora Grossman (edición del domingo 23 de julio), da cuenta en apretada síntesis del desastre y de sus consecuencias. Como denunciaran grupos ecologistas y funcionarios del medio ambiente (argentinos, paraguayos y brasileños), las pérdidas del ecosistema en esta riquísima zona en aves, pájaros y plantas, son literalmente irrecuperables. La destrucción masiva de fuerzas productivas es incalculable, de momento que es imposible recuperar lo que se construyó en siglos.
El "oro negro" puede o no llegar a la Cataratas del Iguazú (principal preocupación de los gobiernos, de cara al negocio turístico en la zona), pero tal agravante no hace falta para nombrar a las cosas por su nombre: el peor desastre ecológico en los últimos 25 años.
Pero si estas consecuencias están muy claras, y son inevitablemente admitidas por funcionarios y gobiernos (salvo los de Petrobrás, que pretenden vendernos el optimismo de que "que está todo controlado, y en pocos años se recupera todo"), lo que no está claro en el discurso oficial burgués es todo aquello que ataña a las CAUSAS del desastre.
La propia nota de la columnista de Clarín se hace eco del "accidente humano" admitiendo tan sólo la decrepitud del caño que terminó estallando.
Pero...¿cientos de miles de vidas reunidas en un ecosistema pueden depender del acierto o el error de una sola persona? ¿No es totalmente previsible técnicamente que semejante presión de millones de litros de crudo hagan estallar un caño de más de 25 años? ¿El avance científico, no ha llegado a prever estas posibilidades, para así garantizar sucesivos sistemas de controles que eviten el desastre?
Obvio es que las respuestas afirmativas a todas estas preguntas son respondidas desde un ángulo humanitario y hasta del sentido común. Pero el capitalismo como sistema y la burguesía como clase social dominante niegan con su sed ciega de ganancias el más mínimo criterio humanitario y hasta el más elemental sentido común. Hay una impotencia congénita del capitalismo para planificar con el eje en el bien común, no porque los burgueses sean "malas personas" (en general, además, lo son), sino porque su propio ser social y las leyes que determinan su conducta les impide, por ejemplo, inversiones a largo plazo que garanticen prever posibles desastres como el que nos ocupa.
Su cortoplacismo es hijo putativo de la sed insaciable de ganancias en el marco de un capitalismo en crisis, donde la lucha interburguesa por el mercado es cada vez más inmediata, más urgente, más imperativa.
Las justas denuncias diagnósticas de los grupos ecologistas carecen, en general, de un contenido de clase. Caen, pues, en los reclamos reformistas a los gobiernos de qué éstos les impongan a las empresas medidas de seguridad, ocultando así la naturaleza del Estado y de esos gobiernos, puestos prácticamente a dedo (con votos o con botas) por esas mismas empresas que, supuestamente, deberían controlar.
La defensa del planeta, del ecosistema, del género humano como parte transformadora de la naturaleza, está indisolublemente ligada a la lucha por la revolución socialista.

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