Elecciones en la ciudad de Buenos Aires, no marearse con la borrachera de la izquierda reformista

 

En el marco de un masivo voto a los candidatos del modelo (que se llevaron más del 90% de los sufragios), uno de los datos salientes de las recientes elecciones en la ciudad de Buenos Aires es que la izquierda ha obtenido algunos escaños en la Legislatura porteña, después de muchos años de lo que la burguesía llama “marginalidad política”.

Las bancas obtenidas por la Izquierda Unida, el Partido Obrero y el Partido Humanista no configuran un progreso sustancial en cantidad de votos, sino que son consecuencia de haberse implementado, por primera vez desde 1983, una forma de escrutinio y de distribución de cargos que no exige un piso para entrar en el reparto (hasta esta elección era del 3% de los votos válidos).

No obstante, sólo un sectario incorregible podría no distinguir entre el voto de los ciudadanos que eligieron colocar a Altamira, Lía Méndez o Echegaray en la Legislatura, y la política concreta de estos dirigentes y de sus partidos.

El primer aspecto es claramente progresivo, y demuestra una vez más la importancia de que los revolucionarios presentemos batalla en todos los campos, y especialmente en el democrático burgués en tanto se mantienen ilusiones democráticas.

En cuanto a lo segundo, corresponde decir que el exitismo electoralista de los flamantes legisladores electos condice con el programa y la práctica reformista de sus partidos y alianzas: muy lejos del principio leninista de utilizar las elecciones y la tribuna parlamentaria para potenciar la acción directa y revolucionaria de las masas, ratifican su política democratizante, apresurándose a actuar como vulgares fabricantes de leyes y ordenanzas, fortaleciendo así a las instituciones de la clase dominante.

No casualmente, en uno de los programas previos a las elecciones porteñas, el mismísimo Mariano Grondona pregonaba por la necesidad de una izquierda, fuerte, seria, consolidada.

El stalinismo mal arrepentido, el revisionismo del trotskysmo y el humanismo pacifista parecen avanzar hacia ocupar ese lugar.

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