La crisis de Wall Street es una muestra más del agotamiento del capitalismo


La espectacular caída de la bolsa de Wall Street ocurrida en la segunda semana de abril ha sido el resultado de decadas de especulación frenética. Las pérdidas, que llegaron a los dos trillones de dólares, son tan grandes que no podrán ser reparadas por medio de maniobras técnicas. Las consecuencias de la misma todavía no están del todo claras, pero seguramente habrá un cambio en el clima económico. Probablemente, con esta crisis comience el fin del boom del consumo EEUU, quien seguramente tratará de amortiguar los efectos sobre su economía exportándolos hacia los países periféricos.

La crisis que sufre Wall Street no es de extrañar ya que todas las acciones estaban sobrevaluadas. Lo que esto significa es que durante un periodo prolongado la creación de valor estuvo divorciada de la acumulación de riquezas. Las grandes fortunas que se hicieron en los últimos años por medio de la especulación financiera no representaban un aumento de la riqueza de la sociedad en su conjunto sino una apropiación por parte de la burguesía imperialista de una mayor parte de las riquezas producidas por los trabajadores. En otras palabras, el aumento incesante de capital especulativo estuvo directamente relacionado con un aumento de la tasa de plusvalia que la burguesía imperialista extrae a la clase obrera y con un mayor saqueo de los países periféricos. De hecho, el aumento del capital ficticio en EEUU significó que en las últimas dos décadas el 20 % de la población se haya apropiado del 97% del aumento del producto bruto interno. Sin embargo, una colosal acumulación de capital ficticio no se puede mantener indefinidamente. Necesariamente una liquidación como la ocurrida en Wall Street tarde o temprano tiene que ocurrir. En este caso el detonante de la misma parece ser la profundización de la guerra económica entre las burguesías yankee y europea, la cual ha quedado de manifiesto con el diferendo que mantienen en cuanto a la elección del nuevo presidente del FMI. Durante los últimos cinco años el deficit del intercambio comercial de EEUU con Europa fue compensado con la inversiones europeas que fluían hacia Wall Street. Ahora, la profundización del enfrentamiento entre las burguesías hizo que este flujo de divisas se corte, lo cual se reflejó en la crisis de Wall Street y seguramente tendrá efectos recesivos en la economía de los EEUU. En definitiva, por más que hablen los analistas económicos todo esto no es otra cosa que un reflejo de la crisis del sistema capitalista de producción.

Al margen de lo que crean algunos teóricos de izquierda, como Astarita, esta más que claro que las fuerzas productivas no se pueden desarrollar más dentro del actual sistema. Por más que aumente el capital especulativo por medio de la profundización del saqueo de los explotados la burguesía es incapaz de romper el estancamiento en que se encuentra la producción de riquezas. Como consecuencia de ello, sólo podrá seguir sobreviviendo como clase por medio de la destrucción de fuerzas productivas, por medio de guerras, y sumiendo a partes cada vez mayores de la población en la miseria. Es por eso, que hoy más que nunca está a la orden del día la necesidad de construir un partido obrero revolucionario, sección de la Cuarta Internacional reconstruida. La clase obrera es la única capaz de romper con el actual estancamiento de la humanidad por medio de la construcción del socialismo. Las condiciones objetivas para ello están más que maduras, pero no podrá hacerlo sino construye la dirección política que la conduzca en su lucha hacia la toma del poder. Mientras no exista está dirección revolucionaria el destino de la humanidad será la barbarie. Es por eso que te invitamos te sumes a nosotros en la lucha diaria contra los ataques del capital y en nuestro trabajo por construir un partido obrero revolucionario. No tenemos tiempo que perder.

Daniel Bengoechea

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