Editorial

La salvaje represión policial contra manifestantes nucleados en la llamada CGT disidente muestra el verdadero rostro del régimen: la madrugada del pasado miércoles 19 de abril subrayó que los acontecimientos de Corrientes (¡dos trabajadores muertos!) no fueron una "excepción puntual" regional, sino un anticipo de las tendencias más profundas que anidan en el Gobierno de la Alianza.

Como diría Cavallo, la "fidelidad a ciertos principios ideológicos" (se refiere al voto en contra de Cuba de la cancillería), aflora toda vez que es necesario, a pesar de las consiguientes fisuras internas (ver nota).

Es que, como venimos desarrollando desde estas páginas, las tendencias objetivas disparadas por la crisis económica determinan el decurso de la conducta política, y llevan, necesariamente, a que el Gobierno choque con las propias masas que lo votaron.

Sin embargo, como se pretende desde el poder conservar la cuota necesaria de iniciativa política, cada acto debe atravesar el vía crucis de las disputas internas de la Alianza, de las negociaciones con la "oposición" (PJ, Cavallo, etc.) y de los necesarios operativos de prensa para potabilizar un nuevo golpe contra los explotados.

La Ley de flexibilización laboral esclavista es toda una muestra de este mecanismo: la victoria parcial obtenida en Diputados, parió una Ley que, si bien es aceptada parcialmente por la CGT de Daer, no satisface plenamente al gran capital y al Imperialismo. La hibridez del proyecto ha dado viento a la CGT "disidente" de Hugo Moyano, quien ha estructurado toda su política en función del lobby parlamentario, sobre la Cámara de Senadores.

Lo cierto es que el esclavismo ya funciona en todas las fábricas, oficinas, sanatorios y empresas, de la mano de la desocupación fenomenal, que presiona sobre los ocupados para que éstos acepten las peores condiciones laborales.

Es esta situación de hecho la que no atacan los combatibios de Ubaldini, Miguel, Palacios y Moyano, como tampoco lo hacen los dirigentes de la Central de Trabajadores argentinos (CTA).

Bien por el contrario, toda su política se orienta a la presión sobre el Parlamento, que ya ha demostrado ser un verdadera tumba para todos los reclamos.

Ante un nuevo 1º de Mayo, el deber elemental de los revolucionarios es concentrar todos los esfuerzos en forjar la UNIDAD de todas las expresiones políticas y gremiales que se ubiquen en el terreno de la lucha, en el plano de la acción directa de masas.

Las tendencias a la autoconvocatoria desde las bases para tomar en nuestras manos los reclamos deben ser desenvueltas, y el 1º de Mayo debe ser colocado al servicio de este objetivo. Todos los planteos divisionistas, en especial aquellos de la izquierda reformista que toma a la histórica fecha como ocasión de cierre de sus respectivas campañas electorales, deben ser rechazados, en beneficio de levantar la bandera de una jornada unitaria de lucha.

Este es el escenario, este es el terreno, para profundizar la discusión ideológica y política. El capitalismo en descomposición sólo puede ofrecer más miseria, hambre y desocupación, y la construcción del partido revolucionario de la clase obrera debe forjarse proyectando la pelea por las reivindicaciones parciales a la disputa por el poder, por la revolución proletaria, por el Socialismo.

Página principal

Índice

Hosting by WebRing.