El caso Elian González demuestra por qué carriles transita la restauración capitalista en Cuba

Janet Reno, procuradora general de Estados Unidos, contó con el aval explícito del Presidente Clinton.

El rescate por la fuerza del niño Elian González de los brazos de sus parientes políticos (gusanos de Miami), y la entrega a su padre, Juan Miguel González (horas después, en Washington) fue el resultado de un curioso acuerdo del régimen de Castro con el Departamento de Estado yanquee.

Como se sabe, el niño balsero fue tomado por la población cubano-estadounidense como un caso emblemático. Su fuga de Cuba en brazos de su madre (quien murió en el naufragio), constituyó una formidable herramienta de propaganda de los gusanos.

Estos se apropiaron del niño, y se inició así una feroz guerra por el botín.

Desde luego, nuestra defensa incondicional de las conquistas revolucionarias en Cuba supone saber ocupar correctamente el campo de la pugna, aún en este conflicto. En este sentido, la consigna "devuelvan a Elian" que agitaban las masas cubanas bajo la dirección de Fidel Castro no tiene sólo una connotación afectiva o sentimental, sino profundamente política: impedir que los contrarrevolucionarios gusanos de Miami utilicen a Elian como bandera para avanzar en sus objetivos de restauración capitalista.

Sin embargo, lo notable de la situación, es que el mismísimo gobierno del Imperialismo norteamericano, el mismo que persiste con el bloqueo económico a la Isla de la revolución del 59, fue el ejecutor de aquella consigna.

Esto no es el resultado de una fidelidad a las leyes, o a los derechos humanos. Tampoco al sentido común. El Gobierno de Clinton ha demostrado acabadamente ser campeón en pisotear leyes y derechos humanos (¡Irak, Yugoslavia!).

En verdad, en la decisión política de Clinton hay un trasfondo político: el proceso de restauración capitalista que ya se ha iniciado en Cuba (bajo el control burocrático de Castro), sólo puede ser estimulado y acelerado (a entender de una fracción dominante del Imperialismo), dentro del régimen, y no abiertamente contra él.

Esto hace que los gusanos de Miami, que configuran una poderosa mafia de capitalistas, sean hoy un obstáculo para tales fines.

Los peones proimperialistas de ayer, hoy deben ser sacrificados.

Está por verse aún el ritmo de este proceso, así como también la resistencia de este poderoso sector de la burguesía cubana, entrelazado con otras fracciones del Imperialismo norteamericano.

Nuestra defensa indondicional de la revolución cubana no supone, una vez más, un apoyo irrestricto al régimen de Castro, justamente porque es de su mano y bajo su control que se avanza en la restauración capitalista, mientras se mantiene una política internacional de colaboración de clases y de apaciguamiento del Imperialismo.

Las fracciones revolucionarias del PC cubano deben orientarse a superar la matriz teórica stalinista del "socialismo en un solo país", y volver a las fuentes del internacionalismo proletario.

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