Editorial

Cuando días atrás fracasó el intento del Gobierno de dar tratamiento a un nuevo paquete de medidas económicas (diputados del PJ y del cavallismo impidieron el quórum), muchos se preguntaron si estamos ante una primera quiebra de lo que dimos en llamar "Gobierno de coalición".

Es que hasta ese episodio, los Menem, Ruckauff y Cavallo se desvivían en demostrar su vocación al servicio de la gobernabilidad. Así, apoyaron activamente la Ley de flexibilidad laboral, instruyendo a los burócratas sindicales más obsecuentes (Daer, Cavallieri y Compañía), a firmar dicho paquete antiobrero.

Sin embargo, no debe interpretarse la maniobra antedicha (postegar el tratamiento del paquete económico), como una fractura de la partidocracia patronal. En verdad, lo que sucede es que, todos sólidamente unidos contra los trabajadores y el pueblo, se permiten una cuota de disputa por espacios de poder, tanto en el plano político como económico. Las próximas elecciones de la Capital Federal y el hecho que los explotados no estruturamos una respuesta unitaria de lucha ante los ataques, les sugiere y les permite a los pseudo-opositores cierto margen para las maniobras.

Esto quedó muy claro cuando, en el Congreso cegetista de los "combatibios" realizado en Ferro Carril Oeste, el diputado Ubaldini comunicó alborozado la noticia antedicha de la falta de quórum, usándola para que el movimiento obrero marcara el paso al compás de los diputados, y no de sus necesidades de organización y lucha.

Esto es tan evidente, que el famoso Congreso que consagrara a Hugo Moyano Secretario General de la CGT no resolvió medida alguna de movilización y de lucha, y ni hablar –claro- de un paro nacional.

Por su parte, la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) encabezada por Víctor De Genaro, así como la Federació Universitaria Argentina (FUA, ver nota aparte), se debaten en la paradoja de haber reclutado adeptos contra el menemismo, y hoy ser las centrales oficialistas de un Gobierno que, en su contenido esencial, es un versión corregida y aumentada del menemato.

Este divisionismo burocrático juega un papel muy importante a la hora de organizar la lucha, ya que con sus diversos matices, opera como correa de transmisión de distintas versiones de la política burguesa al interior del movimiento obrero y del resto de los explotados de la ciudad y el campo, sumiendo a las organizaciones de base a la confusión, a la impotencia y a la parálisis.

Las diversas luchas sectoriales y regionales en curso no han podido superar el aislamiento, y han demostrado que aún con enorme heroísmo y tenacidad (¡Corrientes!) no se puede quebrar el plan de este régimen totalmente sometido al gran capital y al Imperialismo.

La reversión de esta situación desfavorable para los oprimidos exige la recomposición de nuestras filas desde la base, desde la construcción de la herramienta fundamental que es la ASAMBLEA, que unifique el pliego de reivindicaciones y discuta y resuelva el plan de acción más adecuado para imponerlo.

Este trabajo de topo, de hormiga, debe entroncarse con el agrupamiento en el terreno del FRENTE ÚNICO DE LUCHA que prepare las condiciones para que la necesaria UNIDAD que necesitamos para pelear sea genuina, tan genuina como la nueva dirección, clasista y revolucionaria, que hay que forjar al calor de todo este proceso.


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