Editorial

La vieja cuestión de "la forma y el contenido"

El Dr. Fernando De la Rúa aterrizó en Davos (Suiza) en un avión de linea. Su limitada comitiva contrastó con el sequitó que acompañaba a Carlos Menem en sus viajes. No sólo eso: al regresar a la Argentina, declaró en la Aduana sus "excesos" en sus regalitos para sus nietos, y pago sus impuestos como cualquier ciudadano.

Una vez más, contrastante actitud con la impunidad instalada otrora por el Menemato. Los medios de prensa desarrollaron un vasto operativo destacando estas actitudes "éticas y morales". Los escribas y parlantes a sueldo del Gran Capital expresan con bastante claridad la necesidad política de clase de que su flamante gobierno adopte una forma que logre encubrir la esencia de su contenido. Porque en verdad, estimado lector, De la Rúa fue a Davos a profundizar los mismos planes, las mismas medidas, que venía aplicando su antecesor.

La vida misma demuestra en general que todo contenido esencial (artístico, amoroso, psicológico, y desde luego, político), debe encontrar necesariamente su forma más adecuado para poder expresarse. En este sentido, el gobierno a ojos vista corrupto de Menem parecía expresar mejor que nadie la descomposición del capitalismo semicolonial argentino.

Sin embargo, justamente por eso, los politicólogos y politicastros burgueses diseñaron la forma que debía asumir el nuevo gobierno. La historia selecciona así a los hombres con el perfil adecuado para el interés de clase de quien la escribe. La burguesía más concentrada y más poderosa (en verdad sometida al imperialismo), selecciona así el perfil del nuevo presidente, a la medida para instrumentar los mecanismos de engaño que hagan creeer a las masas que la austeridad, la seriedad y el decoro, son propiedades incompatibles con la explotación cotidiana.

Porque en verdad, de esto último se trata: en su corto periódo de mandato De la Rúa arremetió contra el movimiento obrero (no sólo con la cuestión de los fondos para las obras sociales, sino esencialemnte con la ley esclavista de flexibilización laboral corregida y aumentada); arremetió contra las capas medias, reforzando la presión impositiva regresiva; arremetió contra todo vestigio de federalismo, interviniendo a sangre y fuego Corrientes, como buen anticipo de lo que significa el ajuste en las provincias.

Para enfrentar estos planes en marcha (que significan el continuismo del menemismo), los trabajadores y demás capas explotadas de la ciudad y el campo debemos, ante todo, sacarnos la arena de los ojos ante la falsa alusión que pretenden inculcarnos acerca de que este nuevo gobierno trae, justamente, "algo nuevo", "algún cambio".

La construcción de un vasto plan de organización independiente de las masas requiere de este componente político e ideológico, al tiempo que debemos construir una verdadera barricada para defender, al menos, las conquistas adquiridas que no tuvo tiempo de arrebatarnos Menem, y que ahora pretende hacerlo De la Rúa.

La burocracia sindical de todo pelaje, que ladra pero no muerde, no parte de esta delimitación política para su acción. Al contrario, el dirigente "estrella" Moyano ha reiterado su amenaza electoralista: "como ya le pasó a Menem, si el gobierno sigue así lo va a pagar en las urnas!".

!Se ve que Moyano puede esperar hasta el 2003! O será que está preparando su candidatura como propuso algún trasnochado dirigente del pseudotrotskysmo?

!Nada se puede lograr con el método de presión o con exigencias a esta burocracia podrida! El proceso de puesta en pie de un plan de acción de los explotados debe partir del concepto de AUTOCONVOCATORIA, como enseña la experiencia de Corrientes, así como otras manifestaciones menores a lo largo y ancho del país.

En este trabajo preparatorio no hay tiempo para perder. Más temprano que tarde las masas agotarán sus precarias ilusiones en el nuevo gobierno, y lo grave sería que al hacerlo, no encuentre un canal organizado para su lucha.


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