El "Programa de Transición" y la "concepción leninista de partido":

más que vigentes, imprescindibles para el trabajo marxista revolucionario

I- Introducción

Hace ya casi una docena de años, se produjo un traumático proceso de expulsiones en el Partido Obrero de la Argentina.

Las víctimas de esa verdadera purga stalinista -quienes luego conformáramos el POR- no comprendíamos por entonces la médula ideológica del fenómeno. Apenas lográbamos balbucear acerca de algunos síntomas harto evidentes, e incluso llegamos a avanzar en una interpretación del origen de clase de la conducta de la camarilla burocrática liderada por Jorge Altamira.

Esos mojones teórico-políticos (compendiados en un folleto de Fernando Armas entitulado "Partido Obrero:¿partido de qué clase o qué clase de partido?"), que permitieron una primera delimitación respecto a nuestro tronco de origen, son apreciadas hoy por nosotros con la sensación que se tiene ante lo prehistórico, o ante aquel cuento o poema que escribimos cuando niños.

Y la comparación sirve porque, aún en nuestra inmadurez e ingenuidad, pudimos con aquellos mojones definir los titulares que serían la constante en discusiones posteriores, tanto en el plano del debate al interior de nuestra organización, como en las polémicas con otros grupos que provienen de otros orígenes y recorridos.

Sin embargo, lo peor que podríamos haber hecho es justamente abordar viejas discusiones con anquilosados argumentos, estancados en verdades absolutas que, las más de las veces, operan como taparrabos para la propia desnudez ideológica.

En nuestra ruptura ideológica con el lorismo (1), en nuestras polémicas con las diversas variantes del morenismo (en especial con el compañero Rolando Astarita (2), con el PTS (3) y con el MAS (4), así como en los múltiples contactos que mantuvimos con los más diversas expresiones de la autoproclamada izquierda revolucionaria, pretendimos empeñarnos en estudiar sinceramene los argumentos volcados, no para elaborar una respuesta de ocasión para fortalecer una postura prestablecida a partir del prejuicio, sino para avanzar en una síntesis.

En una contribución para la Revista Estrategia Internacional (luego reproducido en diversos medios de la izquierda), escribí un artículo en el que se plantea una hipótesis acerca del proceso de reagrupamiento de la vanguardia en general, y del cuartainternacionalismo en particular. Hablé de una inevitable proceso exploratorio, en el que el bagaje ideológico y la trayectoria de cada grupo debía ser cotejado con su posicionamiento concreto ante los acontecimientos de la lucha de clases. Para que las diversas astillas pudieran conformar un nuevo tronco sólidamente plantado ante la vanguardia obrera internacional es inevitable (escribía) un proceso integral y simultáneo, de discusión y de acción política.

Pero ese proceso no puede partir de la nada, ni siquiera de la prehistoria. Debe partir (pensamos) de conquistas ideológicas comprobadas, como las que, creemos, dan título a este trabajo.

Y no casualmente, se ha abierto un anchísimo arco político en el campo del autoproclamado trotskysmo que ataca y violenta todos los días esas conquistas: una parte importante de ese arco lo hace abiertamente: el extremo es Rolando Astarita, que elaboró un extenso y pormenorizado trabajo contra el Programa de Transición. Pero hay otra franja cuyo ataque cotidiano es en nombre de dichos mojones programáticos. Así, realizan la peor defensa de los mismos, no solamente porque su práctica los viola, sino porque en su argumentación contra los Astarita demuestran tanta debilidad en la polémica, sus argumentos son tan sectarios, infantiles y autoproclamatorios, que tienden a fortalecer la posición liquidacionista declarada.

El objetivo de este trabajo es presentar una nueva síntesis de polémicas que, en algunos casos, el lector conoce parcialmente. El sentido es exponer nuestra concepción de una manera viva, que permita a quien nos conoce por este material hacerse una buena composición de lugar de nuestro pensamiento, y a la vez, que también nos permita un abordaje desde nuevos ángulos a polémicas pasadas (con el altamirismo, con el lorismo, con el morenismo, etc.).

Se trata, pues, de una versión "corregida y aumentada" de documentos ya publicados. (5)

II-La importancia de la caracterización política en la correlación de fuerzas entre las clases

Desde un punto de vista histórico, atravesamos una etapa pre-revolucionaria. Esta definición da cuenta simplemente que las relaciones de producción capitalistas no sólo que bloquean el desarrollo de las fuerzas productivas, sino que tienden a crear mecanismos destructivos de las mismas. La revolución socialista es, pues, la única respuesta progresiva que puede liberar esas fuerzas productivas, que puede terminar con las fronteras con que las diversas burguesías pusieron límites a su desarrollo, como clase ligada a una nación-estado. El retraso de nuestra victoria (la victoria del socialismo, del comunismo), explica la descomposición de la sociedad, la barbarie. Esta definición general, objetiva, prescinde relativamente de la correlación de fuerzas entre las clases. Es decir: aún en las peores condiciones de opresión y de hegemonía de la burguesía, el ser revolucionario debe construir partido para luchar por la perspectiva comunista. La definición de militante revolucionario no debe ser un subproducto del exitismo o el derrotismo, sino de una comprensión ideológica del período histórico en el que actuamos (de "guerras y revoluciones, según Lenin).

Pero hecha esta salvedad, es fundamental encuadrar luego la militancia en el período, y aún más precisamente, en la situación concreta. El militante revolucionario, aún el más probado, es también un producto de un tiempo histórico, y esto obliga a una evaluación científica de la correlación de fuerzas entre las clases polares de la sociedad –burguesía y proletariado- así como a auscultar el posicionamiento dinámico de los estratos intermedios, de la pequeñoburguesía.

Los marxistas que pudieron vivir y dirigir revoluciones (Lenin y Trotsky, fundamentalmente), nos aportaron una distinción fundamental entre lo objetivo y lo subjetivo. Nos ayudaron a distinguir entre lo que definimos como "etapa revolucionaria" (según lo expuesto más arriba), y, por ejemplo, "situación revolucionaria". Para esta última prestaban extrema atención al llamado factor subjetivo, porque además del "agravamiento extraordinario de la situación económica que hace insoportable las condiciones de existencia", además de la "crisis de los de arriba que no pueden seguir gobernando como lo venían haciendo", además de una "radicalización de las capas medias", jerarquizaban la existencia de un "movimiento generalizado e independiente de los de abajo". Y esto último es impensable sin un cierto grado de diferenciación política en términos revolucionarios, aún cuando la misma no se haya organizado todavía en partido marx-leninista-trotskysta.

Uno de los problemas centrales que explica muchas de las desviaciones de los autoproclamados trotskystas es la extrema liviandad y superficialidad a la hora de evaluar dicha correlación de fuerzas.

Más aún: la historia de nuestras escisiones es la historia de polémicas concretas sobre las posibilidades de la situación, sobre el pronóstico de la misma, y del desarrollo del partido revolucionario.

El arco exitista de estas corrientes superficiales merece una exposición sintética pero contundente:

*Altamira llegó a afirmar en 1986 que las ilusiones en la democracia burguesa de las masas eran un factor progresivo, sobre el cual debía diseñarse la construcción de un partido obrero de masas. En forma similar, con mayor crudeza, Nahuel Moreno elaboró en 1982 una tesis de que en la Argentina comenzaba la revolución...democrática, y que a su medida, había que construir una gran "movimiento hacia el socialismo".

*Empalagados con su propia exitismo, ambas corrientes creyeron ver en la caída del muro de Berlín y en el ascenso de Yeltsin una "revolución política", prescindiendo del contenido de clase del fenémeno.

*Guillermo Lora caracteriza desde 1988 que hay en Bolivia una "situación revolucionaria con tendencia a la insurrección", prescindiendo, dada su estrechez nacionalista, de toda relación entre tal fenómeno extraordinario (más de 12 años de una situación excepcional sin desenalce), que al decir de Lenin sólo puede durar semanas, o a lo sumo algunos meses) , y el cuadro general de la situación mundial.

*El MAS caracterizó que en la Argentina del 89 había una "revolución en marcha, que ya había tenido su "febrero" en los pucherazos rosarinos del mes de mayo de ese año"(6).

*El PTS, que valerosamente ha autocriticado muchos aspectos de su origen morenista, conserva como la marca en el orillo este discurso exitista, hablándonos que existe a partir de 1995 una "contraofensiva de masas a escala mundial" (a pesar de Irak, a pesar de la masacre de la OTAN sobre los Balcanes, a pesar de la imposición de los planes del Imperialismo sobre la lucha defensiva de los explotados).

Este exitismo (en algunos casos, francamente delirante), es un mecanismo artificial de reclutamiento de voluntades, a fin de engordar tiendas partidarias, en las que molesta todo militante reflexivo que cuestione, siquiera, que la revolución está a la vuelta de la esquina. Pero además, reniega de todo trabajo preparatorio y de educación política de los cuadros y de las propias masas, porque la proximidad del desenlace revolucionario no deja tiempo para la planificación del trabajo a mediano y largo alcance. El resultado lamentable y ya conocido a esta altura, es que esas organizaciones modelan autómatas impotentes para criticar, hasta por el miedo sordo a poner en tela de juicio pronósticos con los que armaron hasta sus propias vidas. Se convierten así estos grupos en verdaderas sectas trituradoras de militantes, que provocan, como un resultado inevitable, un fenómeno reactivo en sentido contrario.

Surgen así los Astarita, los "MAS de la nueva época", que no pueden ponderar todos los elementos de su propio balance histórico, y lo ven "todo negro". Algunos teorizan, y elaboran doctrinas que incluso cuestionan hasta el carácter revolucionario general de la etapa.

Para nosotros, que nos forjamos (no sin confusión, contradicciones y vacilaciones), combatiendo ambas caras de la misma moneda, debemos partir de los grandes acontecimientos mundiales que definen un nuevo período histórico: así, la restauración capitalista en la ex URSS y en Europa del Este (así como el avance de un proceso similar en Cuba, Vietnam, China y Corea), represanta una derrota del movimiento obrero mundial, que modifica la correlación de fuerzas a favor del Imperialismo, que es quien tiene la iniciativa, colocando al proletariado a la defensiva.

Sin embargo, por la propia crisis capitalista, y porque la derrota no ha adquirido el carácter histórico que paraliza toda posibilidad de luchas, existe la tendencia al estallido de situaciones revolucionarias, cuyo desenlace está en directa relación con el grado de intervención políticamente independiente de los explotados. La capacidad que ha tenido el Imperialismo y las burguesías nacionales para maniobrar en estas graves situaciones de crisis (Ecuador, Indonesia, etc.), es producto de una relación dialéctica entre la crisis de dirección del movimiento obrero mundial y el propio atraso de las masas que luchan, atraso emergente a su vez de las derrotas anteriores.

El carácter preparatorio del trabajo, la construcción del partido, la penetración del programa, son todos presupuestos que deben ser enmarcados en una caracterización correcta de la situación en su conjunto.

III- La escisión del programa en "mínimo" y "máximo" conduce al reformismo o al sectarismo ultraizquierdista

Como una consecuencia inevitable de la liviandad en la caracterización de la situación política (correlación de fuerzas entre las clases), ambas fracciones polares del autoproclamado trotskysmo combaten el concepto básico del Programa de Transición (7):

"La tarea estratégica del próximo período –período prerrevolucionario, agitación, propaganda y organización- consiste en superar la contradicción entre la madurez de las condiciones objetivas de la revolución y la falta de madurez del proletariado y de su vanguardia (confusión y descorazonamiento de la vieja dirección, falta de experiencia de la joven). Es preciso ayudar a la masa, en el proceso de la lucha cotidiana, a encontrar el puente entre sus reivindicaciones actuales y el programa de la revolución socialista".

Los derrotistas y escépticos combaten esa necesidad de PUENTES: "Nos proponemos demostrar la necesidad de volver a la división entre el programa máximo y el mínimo" (folleto al respecto de Rolando Astarita, página 33). La forma que adoptan es disociar la lucha por las reivindicaciones mínimas de la lucha por el socialismo. La primera, merecería para ellos una concepción reformista, buscando su satisfacción sin cuestionar el estado burgués y el sistema capitalista; la segunda, tendría un carácter meramente propagandístico: el socialismo sería para...las calendas griegas.

Los exitistas de un optimismo revolucionario infantil, aunque no combaten explícitamente el Programa de Transición (al contrario, lo reivindican), actúan en la práctica despreciando la lucha por esa reivindicaciones mínimas, no metiéndose en la problemática concreta que las genera, en nombre de la lucha revolucionaria directa por el socialismo, que por supuesto, estaría a la orden del día.

Si los Astarita y los "MAS de la nueva época" le capitulan al reformismo por acción, los PTS, PO, POR boliviano, le capitulan por omisión, al despreciar el trabajo preparatorio y la pelea en el seno de las organizaciones de las masas, que obviamente parte de la lucha reivindicativa.

Reivindicando el método del Programa de Transición, de lo que se trata es buscar y encontrar los puentes entre programa mínimo y programa máximo, para construir al calor de esa lucha el doble poder (8), y avanzar así en la independencia política de la clase obrera.

IV - El "frente único" es un recurso indispensable para agrupar a la vanguardia

Una de las consecuencias más notables de este renunciamiento a la concepción del Programa de Fundación de la Cuarta Internacional es el rechazo a la táctica del Frente Único.

En tanto programa transicional, todo avance es impensable sin un desarrollo desigual y combinado en la politización de la vanguardia. Ésta, que es producto de un proceso complejo de diferenciación política, no se encuentra con el partido revolucionario en estado "puro" (como veremos luego, tampoco el partido revolucionario es un fenómeno puro). Bien por el contrario, la vanguardia se va construyendo a partir de su propia experiencia, en la cual la intervención marx-leninista trotskysta debe combinar su papel de organizador y orientador político, con la función educadora, formadora en el plano ideológico.

La táctica del frente único es un recurso indispensable, no solamente para potenciar la lucha (cualquiera fuera el nivel de la misma), sino para crear el escenario adecuado para la conquista de la autoridad del partido, para abonar el terreno para la penetración ideológica.

Una vez más, los renegados del Programa de Transición abjuran del frente único: algunos, declaradamente alertan contra los peligros de contaminación con la política burguesa y pequeñoburguesa (con la que viene fecundada la masa, como parte inevitable de un fenómeno histórico). Otros (por ejemplo el POR de Bolivia), declaman acerca del "Frente Único Antimeperialista" del mismo modo que lo hacen sobre la "dictadura del proletariado" o el "Gobierno Obrero y Campesino", tansformando a una TÁCTICA en algo ESTRATÉGICO Y ABSTRACTO, esterilizando así su verdadera función, cual es el de un recurso transicional, de puente, destinado al agrupamiento de la vanguardia.

V- Quienes rechazan el Programa de Transición rechazan también la concepción leninista de partido

Lenin entendía al militante (y al partido revolucionario, por ende), como un producto histórico, y no como como un ideal perfecto.

Su abordaje materialista histórico (dialéctico) de la cuestión, es ampliamente abordado en varios textos clásicos (9), en los cuales, siguiendo a Jorge Plejanov (10), establecía la relación dialéctica en el papel del individuo (y del partido) en la historia.

Los críticos del Programa de Transición (insistimos, con extremo en Astarita), no pueden sino atacar también la concepción leninista de partido, del militante profesional, de la organización de revolucionarios entregados a una causa. Son "objetivistas", es decir, interpretan que la debilidad del agrupamiento revolucionario no depende en nada de la propia voluntad política de quienes se proclaman revolucionarios, sino de un determinismo de leyes que, hagan lo que hagan, son más fuertes que su quehacer subversivo.

En un aparente polo opuesto, claramente "subjetivista", los que violentan en la práctica la concepción leninista de partido y el Programa de Transición en su propio nombre, hacen una abstracción voluntarista y vacía de la voluntad revolucionaria, decontextualizada del proceso histórico concreto.

Jorge Altamira y Guillermo Lora, por ejemplo (se nos cuenta que lo aprendieron del dirigente francés Pierre Lambert), hicieron un verdadero culto al "mea culpa" de los militantes ("imbéciles, impotentes, etc."), que no estaban a la altura de la situación revolucionaria. Lora llegó a la definición guevarista (antimarxista) del "HOMBRE NUEVO" , como posibilidad a alcanzar bajo la sociedad capitalista, desdiciendo (sin declararlo) al mismísimo León Trotsky, que nos explica por qué tal cosa no es posible, porque aún el "HOMBRE REVOLUCIONARIO" (que es como podemos y debemos construirnos), es un producto histórico de la sociedad capitalista, con todas sus taras y contradicciones.

En verdad, ambas concepciones vuelven a configurarse como dos caras de la misma moneda, ya que tanto en su acción declarada contraria a la concepción leninista de partido, de militantes profesionales, como a la que en su nombre, condena a la impotencia para lograr el ideal perfecto, se reniega del trabajo posible y necesario, de la lucha política concreta por la formación de los cuadros: la primer variante por disolución de toda concepción partidista en un movimientismo sin fronteras; la segunda variante por enquistamiento sectario, autoproclamatorio y mesiánico.

VI- Conclusión

Pretendimos establecer una conexión entre distintas categorías políticas que, las más de las veces, son presentadas en las polémicas como compartimientos estancos. Es posible que, en nuestro esfuerzo por integrar dichas categorías a un debate de conjunto, hayamos perdido profundidad en algunos tópicos. En cualquier caso, la función de este artículo es justamente presentar una postura integral, porque creemos que es lo fundamental, tanto a la hora de un balance de décadas de militancia revolucionaria, como de la tarea futura, destinada a reconstruir la Cuarta Internacional y sus secciones.

Si el lector (especialmente si es un militante, individual o integrado a un grupo político), comprende esta necesidad, y avanzamos en la delimitación con este método, avanzaremos con mayor solidez y profundidad en la tarea que nos ocupa.

Gustavo Gamboa

NOTAS

(1) Lorismo: Es conocida con este nombre la corriente con eje en el Partido Obrero Revolucionario de Bolivia, del cual su máximo dirigente es Guillermo Lora. Fundado en la década del 30, adquirió una relevancia significativa en Bolivia, y a partir de ello, configura una referencia inevitable en la discusión cuartainternacionalista. Las "Tesis de Pulacayo", la formación del Bloque Minero Parlamentario, la intervención en la revolución de 1952 y en la Asamblea Popular Boliviana de 1971, son hitos ineludibles en un balance histórico, no sólo del proletariado boliviano, sino de la clase obrera mundial y su relación con el trotskysmo. El lorismo siempre fue muy débil (y hasta despreciativo) en cuanto al trabajo cuartainternacionalista, esgrimiendo la especie de un "trotskysmo boliviano", y de una "excepcionalidad altiplánica". Nuestra organización fundó con el lorismo el Comité de Enlace por la Reconstrucción de la IV Internacional (CERCI) en 1988, organismo disuelto por una decisión burocrática de G.Lora y Atilio De
Castro (T.POR brasileño), en febrero de 1998, ante las divergencias presentadas por la mayoría de la sección argentina. El VII Congreso del POR argentino sistematizó su delimitación política, ideológica y organizativa, en una serie de documentos aprobados, que pueden ser solicitados por el lector, tanto en su edición castellana como en portugués. Nos consideramos aún en deuda en cuanto a profundizar un balance histórico de esta corriente, que forma parte de nuestra matriz.

(2) Rolando Astarita: Dirigente argentino, que integrara la fracción del MAS que luego fundara el PTS. Al corto tiempo, conformó su propio grupo. Hoy ha sistematizado su pensamiento político en un extenso folleto entitulado "Crítica del Programa de Transición". Está a disposición del lector nuestra respuesta, en un trabajo cuyo título es: "En defensa del trotskysmo, continuidad histórica del marxismo leninismo".

(3) PTS: Sigla que significa "Partido de Trabajadores por el Socialismo", producto de la escisión del MAS producida en 1988. Nuestra organización conformó en 1998 un Comité Paritario, organismo exploratorio de debate y acción políticas para avanzar en la reconstrucción de la Cuarta Internacional. Al poco tiempo de iniciada esta experiencia, el PTS sufre una fracción (actualmente, la Liga Obrera Internacionalista), lo que mereció una intervención de nuestro Partido en el marco del Comité Paritario. A partir de nuestras críticas a la concepción movimientista de partido (con claros rasgos oportunistas y burocráticos de ambas fracciones), la dirección del PTS resuelve "poner fin a la exploración", con la falaz argumentación de diferencias políticas ante una huelga de policías en la Provincia de Mendoza. El documento que sistematiza nuestras observaciones ante el proceso fraccional antedicho (conocido ya como "la carta escondida" ) jamás fue publicado por ninguna de las dos fracciones, rompiendo uno de los compromisos elementales del Acta de conformación del Comité Paritario. Toda la documentación de esta experiencia está a disposición del lector.

(4) MAS: Sigla que significa "Movimiento al Socialismo". Fundado en 1982, es continuación del Partido Socialista de los Trabajadores fundado por Nahuel Moreno. Ha estallado en múltiples fracciones y astillas, conservando el título oficial un núcleo de cuadros que tienen como común denominador un permanente estado deliberativo. Fue expulsado de la LIT (Liga Internacional de Trabajadores), actualmente hegemonizada por el PSTU de Brasil.

(5) Además de los que ya citamos, recomendamos los trabajos del camarada Fernando Armas sobre el morenismo, su Carta Abierta a los militantes comunistas, y el folleto "¿En qué consiste la defensa de la Revolución Cubana?". Recomendamos también los folletos del compañero Tomás Murúa sobre la Historia del Foquismo en la Argentina, y del mismo autor, la evaluación de la restauración capitalista en la ex URSS, presentado de un modo polémico con el libro del dirigente del MAS Andrés Romero, "Después del stalinismo". También están a disposición del lector las Pautas Programáticas y los estatutos de nuestro Partido.

(6) Recibió ese nombre el proceso de saqueos a los supermercados rosarinos, que provocó la declaración del Estado de sitio en la zona, entre el 29 de mayo y el 30 de junio de 1989. El pucherazo fue una acción desesperada de las masas ante la hiperinflación, cuya tendencia a la huelga general fue bloqueada por la central obrera y la política cómplice y electoralista de la izquierda reformista. Nuestro partido intervino activamente en esos acontecimientos con una política de clase, sufriendo cárcel nuestro dirigente Fernando Armas. La campaña por su libertad y la de los demás presos políticos y del hambre tuvo un alcance internacional, logrando su éxito al levantarse el estado de sitio. La mayor parte de las fuerzas políticas de izquierda y del autoproclamado trotskysmo se sumaron a esa campaña, a excepción del Partido Obrero. Su máximo dirigente Jorge Altamira declaró al matutino Página 12 que "no conocía a ese sujeto" (ante la pregunta explícita del periodista por el detenido días atrás). Fernando Armas había sido candidato a Gobernador por Santa Fe del Partido Obrero en las elecciones de 1987, había integrado el Comité Central, y contaba ya con más de 15 años de militancia.

(7) El Programa de Transición está a disposición del lector, en las tres lenguas en que está editada esta revista. Se trata del documento de fundación de la Cuarta Internacional, escrito de puño y letra de León Trotsky. Fue aprobado en París en 1938.

(8) Decimos doble poder en su acepción más amplia. Muchos reducen la cuestión del poder dual a la existencia de organismos capaces de ser los canales para la toma física del poder (consejos obreros, soviets, asambleas populares). En este caso, se trata de los embriones de la dictadura del proletariado. Entendemos que es también importante la lucha por el doble poder en las pequeñas batallas, aún cuando la finalidad sea por las reivindicaciones mínimas. En efecto, el Comité de Fábrica o de Huelga, los piquetes, la propia asamblea de base, y las múltiples formas que se dan las masas para organizarse en forma paralela ante el bloqueo de la burocracia que dirige los sindicatos, configura todo una escuela de lucha por el doble poder.

(9) Nos referimos en particular al "Qué Hacer" y al "Izquierdismo, enfermedad infantil del Comunismo".

(10) Jorge Plejanov fue el fundador del marxismo ruso, maestro de Lenin. Recomendamos la lectura de su obra "El papel del individuo en la historia". Su evolución posterior hacia el menchevismo reformista no niega su indudable aporte al bagaje ideológico y político del marxismo.

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