Ecuador: Una situación revolucionaria con perspectiva aún incierta

Por Gustavo Gamboa


Cuando la OEA, el departamento de Estado norteamericano, todos los gobiernos burgueses de América Latina y el Gran Capital financiero del propio Ecuador se pronunciaron al unísono repudiando el "golpe de estado" del 21 de enero, tenemos la inconfundible prueba que se trata de otra cosa.

Y esto no sólo porque quienes hoy se llenan la boca de la "defensa del orden constitucional" tienen una larga trayectoria golpista y genocida, sino porque notablemente, se trataría de un golpe de estado en el que a los militares, en lugar de reprimir a las masas campesinas insurrectas, se los puede ver plegados a las manifestaciones, abriendo paso para la toma de las sedes del poder.

El primer deber de los revolucionarios ante un acontecimiento de esta magnitud, es ponderar todos los elementos que lo componen, para lograr una correcta caracterización, piedra de toque para una intervención política acertada.

El valor que tiene este objetivo que intentaremos en este artículo excede la realidad ecuatoriana: como demostraremos a lo largo de este trabajo, Ecuador expresa, de un modo anticipado y extremo, tendencias en desarrollo en toda América Latina.

Una Situación Revolucionaria

Lenin explicaba que este tipo de situaciones podían producirse con relativa independencia de la maduración de la conciencia política de los explotados, con relativa independencia de la existencia o desarrollo del Partido Revolucionario.

Las situaciones revolucionarias requieren para su existencia de un agravamiento extremo de la situación económica, que hace insoportable la existencia de la gran mayoría nacional. Pero no sólo esto: requieren también que los explotados desarrollen una movilización generalizada e independiente de las instituciones del sistema, lo que provoca, por su magnitud, una fisura en el régimen de dominación de los explotadores, colocando la cuestión del poder al centro de las disputas. "Los de arriba no pueden seguir gobernando como lo venían haciendo".

La historia enseña que no necesariamente una situación revolucionaria deviene en revolución triunfante. En tanto expresión relativamente objetiva del choque irreconciliable entre las fuerzas productivas que piden abrirse paso, y la vieja sociedad que las enchaleca, el desenlace es alternativo entre la revolución o la contrarrevolución. La historia también enseña que para que triunfe la primera es indispensable el rol de dirección de las masas por un partido revolucionario, que exprese concientemente en programa, en acción y en organización las tendencias instintivas de los explotados insurrectos.

La situación económica ecuatoriana en la base de la crisis

Con una inflación del 60,7% en 1999, combinada con una brutal recesión (el Producto Bruto Interno cayó el 7,5% en el mismo año respecto al año anterior), las masas sufren un 17% de desocupación y el 62,5% de la población vive en condiciones de pobreza.

La moneda cayó un 67% en el último año, lo que provocó una desesperada medida del Gobierno del derrocado Presidente Mahuad de dolarizar toda la economía. (9-1-2000).

Anteriormente, entre los meses de setiembre y octubre de 1999, el hoy derrocado Gobierno toma una serie de medidas impuestas por su incapacidad de pago: moratoria de la totalidad de los bonos Brady, que se extiende a los eurobonos y a la deuda pública externa, por un total de 13.000 millones de dólares.

En marzo de 1999, Mahuad ya había congelado los depósitos bancarios, con la promesa de permitir los retiros de fondos de las cuentas al año (marzo del 2000). Todo indica que el grado de quiebra del Estado y el vaciamiento especulativo del capital financiero hacen imposible cumplir con tal promesa.

Dejemos hablar a un elocuente columnista del inconfundiblemente conservador diario "El Comercio" de Quito:

"Es que la gran mayoría de ecuatorianos sufren hambre, subsiste de milagro. La canasta básica de una pequeña familia cuesta hoy tres millones y medio de sucres que sólo ahora tiene una pequeña minoría y sin embargo el Gobierno ha destinado más de doscientos mil millones de dólares para salvar a sus amigos y servidores bancarios y lo sigue protegiendo al permitir la inconstitucional congelación de los ahorros y depósitos de millones de ecuatorianos continúe luego de que se cumpla en marzo su vigencia. Eso en buen romance es un robo a mansalva y a mano armada, perpetrado por el presidente Mahuad, su equipo de gobierno de entonces con la Srta. Armijos contra inermes ecuatorianos que, cándidamente, confiaron en la seriedad del Estado y del sistema bancario nacional y ahora tiene el cinismo de reprogramar a 7 y 10 años los ahorros de esa pobre gente que en su desesperación lloran y claman públicamente justicia a la Providencia ya que no la han conseguido en este país injusto y corrompido" (Humbero Vacas Gómez, en la columna de "Opiniones" del diario citado en su edición del 22 de enero).

Y en la misma sección del mismo diario, Raul Vallejo nos cuenta: "En marzo de 1999, el Gobierno decreto un inexplicado feriado bancario y el consiguiente congelamiento de depósitos. Quien entonces tenía 100 millones de sucres, era dueño de aproximadamente, diez mil dólares y, seguramente, creyó de buena fe que como aseguró Mahuad, en marzo del 2000, el dinero sería descongelado. Pero Mahuad mintió: no habrá descongelamiento en marzo del 2000, y la reprogramación es un doble robo porque los sucres congelados han sido dolarizado a veinticinco mil; esto es que quien tenía diez mil dólares en marzo de 1999, ahora sólo tiene cuatro."

Resta agregar que un factor externo, de la economía mundial, afectó decisivamente la situación ecuatoriana (de un modo similar a Venezuela): la caída del precio internacional del barril de petróleo puso al desnudo la relación de sometimiento semicolonial del país con el Imperialismo, cayendo el principal recurso impositivo del Estado.

Este agravamiento fenomenal de la economía (que como se ve por estos testimonios, también afecta a la pequeña y mediana burguesía), es el motor fundamental de la situación política. La propia crisis capitalista fisura las instituciones de la burguesía. Sin embargo, tales fisuras no hubieran madurado tan rápidamente a un derrumbe del régimen si no se hubiera producido una movilización imponenete de las masas.

Una movilización generalizada e independiente de los explotados

El Gobierno de Mahuad, asumido el 10 de agosto de 1998, nace como un gobierno débil, no sólo por la fenomenal crisis económica, sino por el creciente descreimiento del pueblo en general en las instituciones. Esta debilidad ya se expresó en los resulados electorales en el que el hoy derrocado Presidente ganó en segunda vuelta con un escaso caudal de votos y con un altísimo índice de abstención.

A menos de un año de asumir, sufre una derrota decisiva, dando marcha atrás en sus intentos de aumentar los combustibles, ante una imponente huelga general con cortes de caminos y rutas que por dos semanas paraliza al país. Los taxistas en las ciudades y las comunidades campesinas-indígenas en las zonas rurales fueron la vanguardia de aquella lucha. (julio de 1999).

Ante el creciente ascenso de masas, sectores de la burocracia sindical en un bloque con fracciones del empresariado nacional y de la oposición política burguesa comienzan a agitar la necesidad de la renuncia de Mahuad, como paso preventivo de descompresión social. (diciembre de 1999).

Pero el movimiento de masas (especialmente las comunidades campesinas, pero también sectores fabriles y el movimiento estudiantil en las ciudades principales) sigue adelante, porque hay una incapacidad del régimen para operar un recambio en orden, a la medida de su propia impotencia para conceder algunas reivindicaciones que permitan descomprimir.

A lo que nos llega de información, pareciera que el movimiento de masas es independiente por sus métodos, por su altísimo grado de combatividad, por su ruptura con sus ilusiones pasadas en las instituciones, pero no pareciera haber definido un PROGRAMA ALTERNATIVO DE GOBIERNO.

Pareciera que lo que orienta a las masas que ocuparon Quito y Guayaquil es un NO ROTUNDO DE REPUDIO al régimen que encarna la insoportable situación económica y social. Esta limitación del movimiento en cuanto a su falta de independencia política programática la entendemos fundamental a la hora de entender los acontecimientos del 21 y 22 de enero.

Una sucesión de gobiernos provisionales con un futuro incierto

La asunción de Gustavo Noboa como Presidente (era el Vice de Mahuad, que se dio a sí mismo por derrocado, alentando a apoyar a su sucesor), es el resultado de un febril operativo del Imperialismo norteamericano y del establishment de toda la burguesía latinoamericana (incluída la ecuatoriana) para superar en términos constitucionales una situación insostenible.

Es que, independientemente de la capitulación de sus integrantes, tanto el Triunvirato como la Junta de Salvación Nacional fueron el resultado de las masas en las calles, y se corría el peligro (de perdurar en el tiempo la permanencia de estos gobiernos provisionales), de que se constituyeran en rehenes del pueblo movilizado.

La "Junta de Salvación Nacional" emergió directamente de las masas en lucha que tomaron las sedes gubernamentales. Así relata el hecho "El Comercio" de Quito del 22 de enero: "La bandera de Ecuador dejó de flamear en la azotea del Palacio Legislativo a las 9.50. A esa hora, un grupo de campesinos colocó en su lugar una huipala y un estandarte shamánico (una bandera blanca con un espiral multicolor en el centro) para simbolizar la toma que acababan de lograr."

La composición de la Junta expresaba la característica del movimiento que lo engendró: el Coronel Lucio Gutiérrez, encarnando la ruptura de la cadena de mando con Mahuad, y expresando al mismo tiempo un choque de contrarios al interior de las Fuerzas Armadas: por un lado, su base popular y campesina, y por otro su función de clase, como expresión de la burguesía nacional.

El máximo dirigente campesino Antonio Vargas, expresión directa de las comunidades indígenas movilizadas.

Finalmente, Carlos Solórzano, ex Presidente de la Corte Suprema, encarnando supuestamente la lucha contra la corrupción, uno de los ejes del movimiento.

Entre la noche del 21 y la madrugada del 22 se produce una desesperada maniobra, por la cual se reemplaza a la Junta de Salvación por un Triunvirato, que luego entregaría el poder al Vicepresidente Noboa: se desplaza al Coronel Gutiérrez por el General Mendoza, de modo de bloquear cualquier posibilidad de fractura en las fuerzas armadas.

Así sintetiza el operativo la tapa del Diario El Comercio de Quito del 22 de enero: "A las 02:50 este Diario supo que el general Carlos Mendoza se retiró del triunvirato que se había presentdo al país tres horas antes. El general explicó su participación junto a Carlos Solórzano y Antonio Vargas por dos razones: quiso evitar la fractura de las Fuerzas Armadas y un derramamiento de sangre en la Plaza de la Independencia. Según el general, él entendió que, frente al levantamiento armado de los coroneles, se requería que una persona se sacrificara. El, como Jefe del Comando Conjunto, asumió esta tarea. Por ello, una vez que que se desactivaron las manifestaciones en las afueras del Carondelet, se reunió el Alto Mando y le comunicó su decisión de abandonar el triunvirato y de pedir su disponibilidad. Carlos Mendoza les comunicó, por otro lado, que era partidario de la sucesión presidencial y de que jamás había dudado de que la línea que debían asumir las Fuerzas Armadas era el respeto a la constitucionalidad".

Se produce así, una paradoja: las masas voltean al Gobierno odiado, pero el precario régimen provisional surgido de la acción directa entrega el poder, en los hechos, al mismo gobierno derrocado, bajo la pantalla del desplazamiento de Mahuad.

En verdad, esta maniobra de desactivación y descompresión hubiera sido imposible si los líderes de la Junta de Salvación no hubieran prestado su complicidad: basta ver sus discursos ante las masas cuando asumieron el poder por algunas horas:

El coronel Gutiérrez hizo "…un llamado a la Iglesia, a los medios de comunicación, a los empresarios y banqueros, a los líderes de opinión, a los trabajadores, mujeres y hombres que aman entrañablemente a este noble país para que nos unamos y lo saquemos adelante"

Por su parte, el líder campesino-indígena Antonio Vargas habló en un tono triunfalista, a fin de descomprimir y lograr que las masas volvieran a casa: "se ha hecho una revolución sin sangre".

Al terminar su discurso, Vargas dijo en nombre del flamante gobierno: "Vamos a trabajar con la ética que nosotros decimos amaquilla, amashua, amallulla, esa va a ser la consigna de aquí en adelante en todas las instancias del Estado ecuatoriano. Es decir, no mentir, no robar y no ser ocioso".

Le duró poco: unas horas después entregaba el poder al hombre digitado por la embajada norteamericana, Gustavo Noboa. Se quedó ocioso, mintió, y le robó la victoria a sus campesinos.

Perspectivas, doble poder y crisis de dirección revolucionaria

Al terminar esta nota, es incierto el futuro inmediato de Ecuador. Noboa, como fiel lacayo del Imperialismo, tiene que aplicar sus planes, es decir, hacer lo mismo que intentó Mahuad. Las masas no han sufrido derrota alguna. En todo caso, estamos en presencia de una victoria usurpada. La pregunta es por cuanto tiempo, atento a que no parece tener mucho margen de maniobra el flamante gobierno, dado el corcet que le impone la situación económico-social.

Del lado de las masas, toda la tarea es forjar el Frente Unico con el objetivo de construir organismos de poder obrero y campesino, donde se capte también a las capas medias y emprobrecidas de las ciudades, y a las fracciones plebeyas de las fuerzas armadas que, influídas por la presión popular, no sólo se negaron a reprimir, sino que abrieron paso y se sumaron a la movilización.

La construcción de este Frente Único, de esta unidad de acción, es antimperialista, porque más que nunca está claro que es el sometimiento semicolonial de Ecuador al Imperialismo lo que determina el hambre y la miseria. Esta concepción de Frente Unico es la manera de arrancar a las masas de toda ilusión en el nacionalismo de contenido burgués, que como Chávez en Venezuela, pueden encarnar los Mendoza o los Gutiérrez en el Ecuador.

Por todo esto es inconcebible el desarrollo del poder obrero y campesino sin la elaboración de un claro programa antimperialista, que coloque en primer plano un pliego de reivindicaciones apuntando a la confiscación de la gran propiedad burguesa, tanto nacional como extranjera.

Ignoramos la intervención de grupos o partidos que se reclamen de la revolución proletaria en Ecuador, pero sí es evidente por los propios hechos su debilidad. En cualquier caso, son las situaciones revolucionarias las mejores escuelas par forjar los partidos de tal cuño, aún desde sus primeros cuadros. Ellos seguramente existan y hacia ellos nos dirigimos para forjar juntos la Cuarta Internacional.

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