Europa: Es necesario oponer la construccion de Partidos Obreros Revolucionarios al resurgimiento del fastama de la ultraderecha

Recientemente el Partido de la Libertad (Freiheitliche Partei - FPÖ) dirigido por Jörg Haider se incorporó al gobierno austríaco. Esta es la segunda oportunidad en seis años en que un partido de ultraderecha integra un gobierno de un país miembro de la Unión Europea (UE).

En 1994, ante la incorporación de la Alianza Nacional al gobierno de Silvio Berlusconi en Italia, el resto de los estados miembros de la UE se mantuvo en silencio. Sin embargo, ahora, tras el desbarranque electoral de la socialdemocracia austríaca (SPÖ), la formación de un gobierno de coalición entre el FPÖ y el Partido Popular Austríaco (ÖVP) provocó airadas protestas dentro de la UE.

Aparentemente, la propia burguesía europea rechaza la posibilidad de que un partido que sostiene una ideologia xenófoba y discriminatoria pueda formar parte del gobierno de un estado miembro de la UE. A pesar de ello, al margen de la amenaza de congelamiento de las relaciones bilaterales con Austria, este supuesto boycot no afecta la participación de Austria en las comisiones de la UE (verdadero gobierno en las sombras) a través de las cuales, se manejan todos sus asuntos importantes; con lo cual, de hecho, la burguesía europea da su apoyo de facto al nuevo gobierno austríaco.

Esto último no es un hecho sorprendente. Mirando en profundidad la realidad europea no es difícil darse cuenta que todas las condenas contra las proclamas anti inmigrantes de Haider no son para nada serias. De hecho, gran parte del programa político del FPÖ se práctica en Europa desde hace bastante tiempo. Los refugiados, asilados políticos y la gran mayoría de los extranjeros son sistematicamente rechazados de este continente. Además, los que consiguen ingresar están desprovistos de cualquier derecho político. Por otro lado, el FPÖ austríaco no es el único partido que desarrolla campañas xenófobas. La Democracia Cristiana Alemana (CDU), que estuvo 16 años en el gobierno con Helmut Kohl, realizó el año pasado una campaña publicitaria, muy similar a las de Haider, en contra del derecho a la doble nacionalidad para un sector de los extranjeros residentes en Alemania con el objeto de frenar la "extranjerización" del país. En Francia, tenemos al Movimiento Republicano Nacional y al ultra reaccionario Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen y en Dinamarca al Partido Popular Danés que propone expulsar del país a toda la familia de aquel inmigrante que sea condenado por cometer algún delito. A esta lista, también habría que agregar a los secesionistas de la Liga del Norte de Italia y del Bloque Balón de Bélgica entre otros.

Populismo de extrema derecha para proteger el sistema capitalista

Todos los partidos de ultraderecha europeos coinciden en su profunda antipatía por la creciente variedad étnica de Europa (por ejemplo en ciertas regiones de Alemania los inmigrantes son el 25% de la población). Por otro lado, a pesar de que en sus orígenes la base social de estos partidos estaba compuesta por la clase media y la pequeña burguesía, en la actualidad han ganado cierto predicamento dentro de la clase obrera, en particular en la llamada aristocracia obrera. En cuanto a lo económico, todos defienden la concepción liberal del capitalismo de mercado y buscan limitar el rol del estado a su papel fundamental de fuerza cohercitiva que se encarga de mantener el orden establecido. Basicamente su programa político consiste en oponerse a los políticos tradicionales, tanto socialdemócratas como conservadores, quienes a los ojos de las masas aparecen como los responsables de sus problemas. De esta forma, mediante una simple combinación, la extrema derecha europea ofrece a las masas una solución sencilla, pero erronea, para sus penurias. Esta consiste en que los trabajadores inmigrantes son los responsables del desempleo y que los políticos que imponen altos impuestos a los trabajadores y desgravan a los empresarios (en ciertos países como Austria las grandes empresas pagan menos del 10% de sus beneficios como impuestos, mientras que un trabajador paga más del 33% de su salario) son los únicos responsables del recorte de sus beneficios sociales. De esta forma, el sistema capitalista de producción y la burguesía, quien por todos los medios intenta aumentar la explotación de los trabajadores para aumentar la tasa de plusvalía, aparecen como completamente ajenos a todas las penurías que sufren las masas explotadas.

Todo esto nos muestra por qué la burguesía y sus partidos políticos, sean estos conservadores o socialdemócratas, sólo se limitan a realizar críticas hipócritas al nuevo gobierno austríaco y al resto de los partidos de ultraderecha. Estos les son doblemente funcionales. En estos momentos, tanto dividiendo a la clase obrera entre nacionales y extranjeros como orientando a los trabajadores nacionales hacia objetivos equivocados. En el futuro, en caso de una profundización de la actual crisis capitalista que devenga en una nueva alza de luchas obreras que esté acompañada por un avance en la organización independiente de la clase obrera, jugando posiblemente el rol histórico del fascismo encargándose de aplastar por la fuerza a esta.

La división de la clase obrera es el servicio más importante que la ultraderecha hace a la burguesía en estos momentos. Un porcentaje muy grande de la clase obrera europea está compuesta por trabajadores inmigrantes. En su gran mayoría estos no tienen ninguna clase de derechos políticos. Sin embargo, su participación a nivel sindical y dentro de las organizaciones de izquierda es porcentualmente mayor que la de los trabajadores nativos. Además este hecho se hace notar cada vez más. Los últimos censos de población indican que la población europea nativa está decreciendo ya que su tasa de natalidad es negativa. En el futuro de acuerdo con estudios sociológicos se necesitará al menos diez millones más de inmigrantes para satifascer las necesidades del sistema productivo europeo. Ante este hecho, no hay nada mejor para la burguesía que mantener dividida a la clase obrera para aprovechándose de esto, rebajar sus salarios y eliminar sus conquistas históricas mientras superexplota a una mano de obra "extranjera" sin derechos politicos.

La socialdemocracia y la izquierda reformista favorecen el crecimiento de la ultraderecha.

Tras varias décadas de alternancia de gobiernos socialdemócratas y conservadores que terminaron llevando adelante privatizaciones, recortes en el gasto social y ataques a la clase obrera, el descontento social ha crecido. Ante el vacío político dejado por los partidos tradicionales y la no existencia de una alternartiva clara de izquierda, la ultraderecha ha crecido en Europa.

Al igual que en las décadas del 20 y 30, la socialdemocracia y el stalinismo han preparado el camino para el ascenso de la ultraderecha. Durante las últimas décadas estas dos fuerzas políticas han hecho todo lo que sea necesario para ganarse el favor de la burguesía con el objeto de negociar en mejores condiciones con ella y se han preocupado exclusivamente por el juego parlamentario abandonando a la clase obrera a su propia suerte. En los sindicatos se han preocupado exclusivamente por defender los intereses de la aristocracia obrera. En muchos casos, incluso no aceptan dentro de los sindicatos a los trabajadores eventuales. Y cuando estallaron grandes huelgas por fuera de su control, por ejemplo las huelgas del 95 en Francia, siempre han tratado de aplacar los ánimos y desviar las luchas hacia la mesa de negociaciones, donde ellos se sienten fuertes, boycoteando todo tipo de auto organización y de medidas de acción directa. En muchos casos, como en Francia donde el PCF forma parte del gobierno socialista o en España con la actual formación de un pseudobloque electoral entre IU y el PSOE, ni siquiera existen diferencias cosméticas entre el stalinismo y la socialdemocracia. El principal denominador común de estas dos fuerzas contrarrevolucionarias es su conciencia derrotista que les hace creer que la burguesía es invencible. León Trotsky decía de esta clase de socialistas ante la derrota de la revolución austríaca del 34: "Sólo un liderazgo que reconoce anticipadamente que la revolución es imposible, que utiliza esto para conducir todas sus acciones y obtener sus conclusiones políticas puede sobrestimar las fuerzas del enemigo en la hora crítica de la revolución y llevar a esta a la derrota". Justamente por esto, la clase obrera europea ha dejado de creer momentaneamente en las ideas socialistas y el sector más atrasado de ella apoya electoralmente a la ultraderecha.

El trotskysmo centrista es un freno para el desarrollo de la vanguardia obrera.

Tras la caída de los ex-estados obreros deformados (o degenerados según corresponda) y el giro a la derecha de los restos del stalinismo, el trotskysmo centrista era el principal candidato a ocupar el vacio dejado por las direcciones contrarrevolucionarias stalinistas y socialdemócratas. Sin embargo casi todas estas corrientes, desde el Secretariado Unificado (SU) a la Liga Internacional de Trabajadores (LIT) entraron en crisis ante esta posibilidad. La exigencia de la lucha de clases puso en evidencia sus profundas contradicciones programáticas y su centrismo.

En la actualidad la mayoría de las corrientes autodenominadas trotskystas se encuentran entrampadas en la necesidad de luchar contra la derecha. Con ese objetivo, por ejemplo en España, el POR(E), socio político del MST argentino, los restos del SU y una gran parte del resto de los pseudotrotskystas forman parte de IU y llegan a apoyar criticamente la posible formación de un gobierno de coalición PSOE-IU. En Alemania ocurre algo similar. El Grupo ArbeiterMacht (sección local de la LRCI Workers Power) apoyó criticamente a la socialdemocracia hasta que esta llegó al gobierno. Ahora ante el claro papel anti obrero desarrollado por esta y su decidido apoyo a los bombardeos de la OTAN sobre Yugoslavia, sus esperanzas se orientan a los ex-stalinistas del PDS. Por su parte, el grupo Linksruck (ligado a la International Socialist Tendency fundada por Tonny Cliff) todavía apoya criticamente a la socialdemocracia justificándose con el hecho de que los obreros siguen siendo socialdemócratas. Por otro lado, en Gran Bretaña, con la excusa de que el laborismo es el partido de los trabajadores británicos, quienes no se habrían derechizado como su dirección, gran parte de los trotskystas todavía practican el entrismo profundo en el partido dirigido por Tony Blair. Según ellos, salirse del partido laborista implicaría perder toda influencia real sobre los trabajadores. Cabe preguntarle a ellos, donde se nota su actual influencia? Que avances consiguieron en la conciencia de la vanguardia proletaria tras largas décadas de entrismo? Claramente, no podemos esperar ninguna respuesta positiva de parte de ellos. Sin embargo, el mito del entrismo en el laborismo está tan difundido entre los trotskystas británicos, que entre sus defensores incluso podemos encontrar a los camaradas del CEMICOR (LCMRCI) con quienes el POR y la LBI han llegado a acuerdos importantes sobre los hechos más relevantes de la lucha de clases a nivel internacional durante el último año (veasen las declaraciones conjuntas sobre Yugoslavia y Colombia). Para colmo de males, los grupos más grandes, como el SWP y el Socialist Party (ex-Militant), quienes han roto hace algún tiempo con la práctica del entrismo, desarrollan una política completamente oportunista hacia las direcciones sindicales con el objetivo de crecer numericamente, lo cual hace que en los hechos sigan siendo un obstáculo para el desarrollo político de la vanguardia obrera.

En cuanto a Francia, donde Lutte Ouvrière (LO) y la LCR (sección del SU) tienen influencia de masas, llegando a obtener cinco eurodiputados en las últimas elecciones, el centrismo trotskysta sigue siendo un freno para el desarrollo de la vanguardia proletaria. Para ilustrar esto último basta con citar dos párrafos de una declaración de Arlette Laguiller, una de las máximas dirigentes de LO. Según ella: "Nuestro movimiento, Lutte Ouvrière, presenta varios cientos de candidatos propios. Pero si la izquierda (se refiere al PS y al PCF) tuviera como programa aunque sólo fuera restablecer el nivel anterior del impuesto sobre los beneficios de las empresas, suprimir inmediatemente todas las prebendas inútiles destinadas al empleo que se otorgan a la patronal, utilizar el dinero así economizado para crear directamente empleos en los hospitales, transportes en la periferia parisina y muchos otros servicios útiles para la población, si se comprometiera a hacer públicas las contabilidades de las grandes empresas y a expropriar a las empresas que hacen beneficios y se atreven a despedir, llamaríamos a votar por esta izquierda. ... Nuestra política consiste en atacar los beneficios de los capitalistas y sus bienes; en incitar a los trabajadores y a toda la población laboriosa a poner en duda el poder que los burgueses tienen sobre la economía. Consiste en imponer a los dirigentes del Estado, gracias a la fuerza colectiva de la clase obrera, medidas que no tomarían de otro modo, porque están al servicio político de la patronal." (Documentos en Castellano de LO 1997) Como puede ver el lector, ninguna mención a la necesidad de trabajar para desarrollar la conciencia de la vanguardia obrera y de organizar a esta dentro de un partido obrero revolucionario. Mucho menos algún llamado a la acción directa o alguna incitación a la clase obrera para que tome el poder e instaure la dictadura del proletariado para eliminar de una vez y para siempre la explotación del hombre por el hombre.

Al igual que los centristas latinoamericanos del MST, PO, PSTU, etc., los centristas europeos se contentan con usar a la clase obrera como elemento de presión sobre la burguesía para mejorar el sistema capitalista. Por eso no pueden ocupar el lugar dejado por el stalinismo y la socialdemocracia. Por que son más de lo mismo.

El rol de la clase obrera y la necesidad de construir un partido revolucionario

La totalidad de los periodistas pequeñoburgueses sostiene que la tonta y reaccionaria clase obrera apoya a la extrema derecha. Sin embargo, a pesar de ganar cierto apoyo electoral, especialemte dentro de la aristocracia obrera, la ultraderecha consiguió esto recurriendo a los prejuicios pequeñoburgueses que existen entre las capas más atrasadas de la clase obrera y no a la conciencia de clase de esta. El hecho de que las encuestas indiquen que en Austria sólo el 1% de los delegados sindicales votó por el FPÖ es una prueba feaciente de ello.

En realidad la clase obrera europea es el sector social que más se ha opuesto al crecimiento de la ultraderecha. Por ejemplo en Austria, se ha organizado un amplio movimiento de oposición a la ultraderecha. En él están involucrados sindicalistas de base, el partido stalinista, partidos trotskystas y organizaciones juveniles. Este movimiento se diferencia de los grupos antifascistas-antiracistas burgueses, que sólo se preocupan de la defensa de los derechos civiles de los inmigrantes quitándole todo contenido de clase a la lucha contra la ultraderecha, criticando también la medidas que el gobierno aplica contra la clase obrera, los inmigrantes, las mujeres y los jóvenes. También se oponen a la integración de Austria en la OTAN propuesta por Haider y al retorno de un gobierno de coalición SPÖ-ÖVP.

Esta clase de movimientos existen también en el resto de Europa. Sin embargo, estos en su totalidad no poseen un claro programa revolucionario. Incluso entre ellos las concepciones movimentistas están bastante difundidas, lo que hace que nieguen de hecho la necesidad de construir partidos leninistas de vanguardia (en Austria la RKL sección de la Corriente Leninista Internacional ILC es una de las defensoras de posturas movimentistas). Debido a estas debilidades estos movimientos son incapaces de causar incluso derrotas parciales a la burguesia y en particular a la ultraderecha. Además la mayoría de ellos se encuentra emtrampada en la falacia de luchar contra el fantasma del fascismo. En realidad, la ultraderecha europea no es nazi, más allá de las actitudes filofascistas de algunos de sus dirigentes, ya que su función no es destruir fisicamente a las organizaciones obreras independientes, que de por si no existen. Su función es la de mantener adormecida la conciencia de la clase obrera. De esta forma, la ultraderecha cumple el mismo rol que la socialdemocracia, sólo que usando otros métodos. Por ello, caer en la falsa antinomia de dividir a las fuerzas burguesas entre democráticas y fascistas sólo sirve para embellecer a las primeras.

Lamentablemente, los nucleos clasistas revolucionarios en Europa son minoritarios. En su mayoría están conformados por pequeños grupos de propaganda que no tienen ninguna vinculación orgánica entre sí y cuyo contacto con la clase obrera es escaso. La tarea del momento para estos es ponerse a trabajar dentro de la clase obrera y de los movimientos de oposición a la ultraderecha para comenzar a organizar a lo más destacado de la vanguardia que en el futuro construirá el partido revolucionario de la clase obrera. La lucha para forjar dicho partido requiere de un enfrentamiento político no sólo contra los partidos gubernamentales y contra la ultraderecha, sino también contra todos aquellos que dirigen a los obreros por el camino de la derrota. Por eso, principalmente, mientras practican tácticas de frente único con el resto de la izquierda para defender los derechos de los trabajadores, los grupos revolucionarios deben delimitarse de la socialdemocracia, el stalinismo y las diversas corrientes centristas que impiden a las masas avanzar en la lucha por la construcción de un partido revolucionario internacionalista y multinacional.

Ademas estos grupos deben intervenir en todas las luchas propagandizando que: como el sistema capitalista ha agotado hace mucho su período progresista solamente mediante su derrocamiento se pueden defender y ampliar los derechos sociales y democráticos; y que hay una sola forma para frenar los ataques sociales, vengan estos de la ultraderecha, la socialdemocracia o de donde sea, la autoorganizacion de consejos obreros que lleven adelante una huelga general de masas. Por estos medios se consiguio derrivar al gobierno de Berlusconi-Fini en Italia. Con este método la clase obrera mundial consiguió todas sus conquistas.

La conformación de una corriente internacional entre el POR (Argentina) y la LBI (Brasil) que luche consecuentemente por la reconstrucción de la Cuarta Internacional y que se plantee como alternativa al centrismo trotskysta puede ser un atractivo muy importante para muchos de los nucleos revolucionarios europeos. Por su parte, la experiencia práctica de nuestras organizaciones puede ser una ayuda muy importante para el desarrollo de organizaciones marxistas revolucionarias en Europa. Por todo esto es fundamental la realización de las Jornadas Internacionales de Debate, la publicación de una revista internacional conjunta y la difusión amplia de ambos hechos a nivel internacional.

1 de Marzo de 2000

Daniel Bengoechea

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