RESOLUCIÓN SOBRE SITUACIÓN POLÍTICA NACIONAL APROBADO POR EL

IX CONGRESO DEL PARTIDO OBRERO REVOLUCIONARIO (ARGENTINA)

I- El Gobierno de Coalición y la crisis capitalista en la Argentina semicolonial sometida al Imperialismo

Como si se tratara de la frágil estructura de un barco sometido a las inclemencias de un mar embravecido, la economía argentina sufre los efectos devastadores de la crisis económica emergente del sistema capitalista mundial.

Estas crisis son una expresión directa de la crisis de sobreproducción capitalista, y que ya han hecho mella en México, Rusia, sudeste asiático y Brasil, por nombrar los más importantes.

Estas grandes olas se avaten sobre la débil economía nacional agudizando los múltiples factores de crisis económica consecuentes al carácter semicolonial y atrasado del país.

La recesión económica creciente (con todas sus consecuencias colaterales); el endeudamiento del Estado y de todo el aparato productivo (rehén del capital financiero); la imposibilidad en un salto significativo en las exportaciones (bloqueadas por la situación del mercado mundial y también por la paridad cambiaria); la imposibilidad de una reactivación sostenida del mercado interno (como una consecuencia de los determinantes anteriores), son los factores decisivos que imposibilitan un desarrollo capitalista del país.

Es este cuadro estructural y objetivo de la situación el que determina la debilidad congénita del Gobierno que acaba de asumir el 10 de diciembre.

En condiciones de gran deterioro económico de las masas en general, en condiciones de quiebra de sectores enteros de la burguesía, debe sostener y profundizar medidas que agudizan los factores de crisis antedichos.

Es justamente esta debilidad intrínseca del Gobierno de la Alianza, la que obligó a la burguesía a instrumentar un complejo mecanismo de ingeniería política, montando un Gobierno de Coalición.

Basta pasar revista al flamante gabinete para apreciar cómo los sectores más concentrados del capital y del Imperialismo han colocado sus figuras claves y confiables. El papel de Cavallo como una suerte de "embajador itinerante no confeso" de De la Rúa (es un secreto a voces del activo papel del ex Ministro de Menem en la conformación del Gabinete y en el diálogo con la Embajada norteamericana y los organismos financieros), es un signo evidente que la figura de la Coalición está al servicio de garantizar los objetivos globales del gran capital y del Imperialismo.

El peronismo también "ayudó" a este montaje de Gobierno de Coalición (actitud de los principales gobernadores -Santa Fe, Buenos Aires, Córdoba- en la cuestión del presupuesto), bien que, como desarrollaremos más adelante, con las convenientes tomas de distancias que preserven su rol "opositor".

II- El régimen actual es resultado del proceso de reacción democratizante iniciado en 1982-83

De un modo general, es obvio para nosotros que el actual régimen democratizante guarda con la dictadura genocida una continuidad de clase.

Nos hemos cansado de repetir que en el altar de la democracia se sacrificaron las reivindicaciones más sentidas de las masas que lucharon contra la dictadura, incluídas las democráticas.

También hemos reiterado que, sin una derrota como la sufrida por los explotados argentinos como la del 76-82, no hubiera sido posible el proceso posterior de reacción democrática.

Pero, nos importa destacar en este capítulo la función pro-imperialista del régimen democratizante instalado en el 82-83, producto del pacto entre la multipartidaria y la dictadura genocida.

En este sentido, cuando De la Rúa trata de "zafar" de la responsabilidad ante la crisis actual, atribuyendo la misma al menemismo (del mismo modo que Charlie le cargaba la romana al alfonsinismo), todos están confesando la responsabilidad que les cabe.

Este aspecto, que no es difícil demostrar ante cualquier trabajador,debe puesto de relieve por nosotros en términos marxistas, demostrando que más allá de las personas y las particularidades de los gobiernos, estos guardan una identidad común, no sólo de clase, sino de modo de dominación sobre los explotados: la formalidad de la democracia burguesa.

Es por esto que los politicastros del régimen se ufanan tanto con los acontecimientos de la entrega del mandato a "un nuevo Presidente constitucional". Es como si lograran llegar a una nueva estación en el camino de garantizarle a la burguesía un régimen confiable.

III- Fisuras en el edificio burgués. La cuestión del federalismo

La apertura indiscriminada de la economía nacional operada por la burguesía argentina en este período, ha profundizado las contradicciones entre los Estados Provinciales y el llamado ¨centro¨ - B.Aires, S.Fe, Córdoba- del país, poniendo claramente en evidencia la absoluta formalidad del supuesto carácter ¨federal¨ de la Nación. Decretada la apertura económica, las escasas industrias provinciales que, privadas del reaseguro de un mercado interno "cerrado" donde poder volcar su producción se vieron incapacitadas, por sus elevados costos de producción, para competir frente a los niveles de los precios vigentes a escala mundial. Este proceso derivó en la quiebra masiva de dichas industrias y en la consecuente expulsión de la mano de obra dependiente de éstas. La crisis que este proceso conllevó, pudo ser en parte contenida por la burguesía durante los primeros y "benignos" años del Plan de Estabilidad, mediante la inevitable intervención de los Estados provinciales. Ya sea a través de los llamados ¨Planes Trabajar¨, o mediante el subsidio directo en la forma de bolsas con alimentos, que los gobiernos nacional y provinciales lograron contener temporariamente, las consecuencias de la quiebra de las economías provinciales.

Sin embargo y ante el agravamiento operado por la crisis económica con posterioridad a la cesación de pagos en Rusia, el gobierno Menemista se vio obligado, siguiendo las directivas del FMI, a tener que avanzar en el ajuste a las provincias, con el objetivo de lograr reducir el creciente déficit presupuestario. Así, las provincias se han visto crecientemente "abandonadas" por el Estado central, el que a tono con los organismos financieros internacionales y como moneda de cambio para su intervención, les exige a los Estados provinciales que primero lleven a cabo el respectivo ajuste de sus cuentas: reducción y flexibilización laboral, achicamiento de los presupuestos destinados a la salud y a la educación públicas, y por último, el traspaso a manos privadas de las principales empresas que aun se hallan en manos de las provincias: energía, aguas, transporte, etc., al igual que de los bancos y las cajas de previsión social.

Las consecuencias de este ataque descomunal lanzado contra las provincias, uno de los principales objetivos a profundizar por el actual gobierno, ya se han comenzado a hacer sentir: al momento de realizarse este IX congreso del POR, todo un arco de provincias se hallan al borde de un verdadero estallido social, como consecuencia los meses de atrasos salariales que sufren los trabajadores de las mismas -¡Corrientes!-.

Obvio es que toda posibilidad de defensa de la educación y salud públicas (principales variables de ajuste a la hora del presupuesto), deben tener como eje derrotar el plan implementado por la Alianza, que consiste en este punto en provincializar y hasta municipalizar dichos servicios esenciales como forma de privatizarlos o liquidarlos.

Si esta explosiva situación aún no se ha traducido en estallidos abiertos, ha sido en gran medida, debido al papel que juegan las ilusiones en el flamante gobierno de la Alianza, y en los mecanismos montados por la coalición en su conjunto para contener. (Ruckauff, Reutemann y De la Sota están presionando sobre los gobernadores peronistas de las provincias más débiles para que colaboren con el inevitable ajuste del gobierno central).

La situación de las provincias jugará un papel de primer orden, pues será en ellas donde las necesidades de profundizar el ajuste obligado, chocarán de manera más cruda con las necesidades y las expectativas de las masas. Este enfrentamiento inevitable, y sobre el cual el partido revolucionario debe intervenir decididamente para elevarlo y extenderlo, será uno de los principales factores de desestabilización del nuevo Gobierno de la Coalición.

En este sentido, no podemos descartar la posibilidad que surjan en las provincias planteamientos burgueses federalistas, intentando presentar una "unidad provincial" contra las presiones del gobierno central.

Tener en cuenta esta posibilidad es muy importante a la hora de luchar por la independencia política de los explotados en estos procesos de lucha provinciales.

IV- El peronismo en la "oposición".¿Ha muerto el nacionalismo burgués?

La profundización de la opresión imperialista, agudizando la contradicción entre nación opresora y nación oprimida, plantea más que nunca la vigencia de la lucha antimperialista.

En este sentido, el hecho que los partidos tradicionales de la burguesía nacional (radicalismo, peronismo) hayan devenido en tan abiertamente pro-imperialistas, deja un espacio abierto a ocupar para el surgimiento de variantes de diverso tipo.

Es el ejemplo de Venezuela, en donde sería inconcebible el chavismo, sin el proceso previo de superentrega al imperialismo dirigido por los partidos tradicionales de aquel país. En la Argentina, está por verse como se ubica el peronismo (oposición que controla el Senado y las principales provincias), ante el proceso antedicho.

Porque si bien de hecho forma parte del Gobierno de la coalición, la agudización previsible de las contrdicciones del régimen, plantean la posibilidad de un cambio de frente de sectores de la burguesía nacional, sea en bloque, o como fracciones de los partidos tradicionales.

Como señaláramos en el capítulo anterior, tener en cuenta esto es fundamental para arrancar las masas de la tutela del nacionalismo burgués, luchando por su independencia de clase. He aquí la importancia de la táctica del Frente Unico en general, y del Frente Único Antimperialista en particular, ante el crecimiento de la opresión nacional.

V- Las masas y su relación con el régimen político y el Gobierno de la coalición. ¿Se han reavivado las ilusiones democráticas?

Nuestra organización ha venido analizando detalladamente la cuestión de las ilusiones democráticas de las masas en el actual régimen político. Lo hemos hecho abordando el problema en su carácter dinámico, combatiendo todo planteo estático al respecto. ("no existen más ilusiones democráticas" o por el contrario, "hay un crecimiento imparable de dichas ilusiones").

En este sentido, corresponde decir que, en el marco de un decrecimiento general de las ilusiones de las masas en las instituciones burguesas en general, el cambio de gobierno abre un periodo transitorio (cuya magnitud en el tiempo es imposible precisar) de reanimamiento de las mencionadas ilusiones democráticas.

Lejos de haber dado un cheque en blanco al Gobierno de De la Rúa, las masas están expectantes (por ahora en general pasivamente), de los movimiento inmediatos del equipo gubernamental.

Atento a la línea general de gobierno analizada en los capítulos anteriores, es legítimo pronosticar un quiebre de esa precaria ilusión, como consecuencia del agravamiento de los ataques, no sólo a la clase obrera, sino a las capas medias de la ciudad y el campo.

Las reformas impositivas proyectadas por José Luis Machinea y el mantenimiento de Silvani al frente de la DGI (se persiste en un régimen impositivo que pretende recaudar de los que menos tienen, manteniendo la evasión de los grandes capitalistas), son una muestra cabal de lo que decimos.

También este conflicto se aprecia en la disputa por la coparticipación federal: el gobierno nacional (como agente directo del FMI) pretende modificar las proporciones de la participación de las provincias, imponiendo una cifra fija, hecho que es por ahora rechazado por algunos gobernadores.

VI- Las luchas de los explotados: balance del último período y perspectivas

Los combates librados por las masas en el último período pusieron de manifiesto la ausencia de una dirección a la altura de las circunstancias.

El empirismo y el espontaneísmo fueron la matriz con que los explotados salieron a pelear contra el ajuste.

Por esto, debemos constatar que por lo general el resultado parcial de esas peleas fue la derrota, o "empates".

En cambio, en los contados casos donde hubo (aún embrionaria y deformadamente) un trabajo previo de organización y de gestación de una nueva dirección, las cosas no le fueron tan simples al Gobierno, las patronales y la burocracia.

Pero en todos los casos, el problema fundamental que sufieron los explotados al salir a luchar, fue el aislamiento, a pesar de sufrir un plan generalizado de ataques.

Para superar este aislamiento, era y es necesario combatir dos grandes obstáculos:

La tendencia a la huelga general debe ser entendida y explicada por nosotros en su acepción más amplia: se parte de la necesidad objetiva de todo movimiento de lucha que emerge como resultado, insistimos, de un plan de ajuste que es generalizado, y que sólo se puede enfrentar con posibilidades de victoria, con un plan de lucha de conjunto.

Desde el punto de vista de su expresión concreta y subjetiva, dicha tendencia se manifestó embrionariamente en varias ocasiones en el último período, pero quedó bloqueada rápidamente por todos los factores más arriba expuestos, especialmente por el papel de las expectativas en un futuro cambio de Gobierno.

Los revolucionarios intervenimos y debemos intervenir ante cada lucha aislada buscando el camino hacia su coordinación y generalización con otras peleas o con otros sectores pasibles de salir al combate.

Con este objetivo, debemos levantar cuidadosamente un sistema de consingas transicionales que permitan avanzar concretamente en dicho camino, evitando el consignismo abstracto, que tiene el defecto de esterilizar y "quemar" planteamientos fundamentales de nuestro arsenal político (huelga general, huelga general política, Congreso de Bases, etc.).

Justamente, el peronismo en su conjunto, incluído aquél que participa más activamente de los objetivos de la gobernabilidad, ha tomado distancias de las reformas impositivas propuestas, siendo éste un nuevo frente de tormenta para el Gobierno.

Emergiendo de un acto eleccionario donde primó una derechización general del electorado (el 95% de los votos válidos fueron a opciones que proclamaban su fidelidad a la "estabilidad" parida por Cavallo), pero en el marco de una falta de entusiasmo en el voto, las masas deberán recorrer un camino de choque con esas precarias ilusiones para poder plantearse una lucha seria por sus reclamos.

VII- El papel de las direcciones como auxiliar imprescindible del gobierno de turno: Realineamientos en la burocracia sindical

Como auxiliar del menemismo, la burocracia se dividió el trabajo: la CGT (aún con sus fisuras internas), formando parte integrante del gobierno. La CTA, MTA y las direcciones de los movimientos estudiantil y agrario, piloteando las luchas de las masas. Ya ha sido señalado el papel bloqueador de estas direcciones respecto a toda tendencia al generalización de las luchas.

Pero además, durante un largo período la CTA (como tributario de la Alianza) y el MTA (como ladero del duhaldismo), alimentaron las ilusiones en las instituciones, desactivando toda manifestación de acción directa.

Una de las consecuencias de este papel nefasto de las burocracias de todo pelaje ha sido el vaciamiento de la actividad más elemental de los sindicatos y organizaciones de masas, potenciando las tendencias hacia la desafiliación, y privando así a los explotados de sus herramientas fundamentales para luchar.

Actualmente, el cambio de Gobierno, planteo un realineamiento de las distintas alas de la burocracia sindical.

Obvio es que la CTA va a comenzar a jugar un papel de central sindical oficialista, bien que, la propia naturaleza del gobierno de coalición, va a obligar a su conducción a cuestionamientos puntuales. Un ejemplo de esto fue el nombramiento de Juan Llach como ministro de educación, desairando a la conducción de la CTERA, uno de los brazos fundamentales de la CTA.

No podemos descartar que, colocada ahora en un papel opositor, la CGT (o fracciones de ella), y especialmente, el MTA, puedan aparecer convocando a algún tipo de acciones contra algunas medidas puntuales del Plan de Ajuste. Resulta altamente improbable, sin embargo, que la CGT encabece un actitud de paros generales como en los tiempos del ubaldinismo. Las condiciones generales de la situación económica y política, y la necesidad de la gobernabilidad bloquen por el momento esa posibilidad.

Sólo ante una movimiento de masas ya desarrollado (¡Corrientes!), la burocracia se verá obligada a colocarse como "piloto de tormenta", para descomprimir y desactivar toda tendencia a la huelga general. (Ejemplo: Paro general convocado luego del cuatralcazo por la CGT, MTA, y CTA).

VIII- Se abre una nueva posibilidad de reagrupamiento de la vanguardia: Las condiciones objetivas y el factor subjetivo en esta tarea. La táctica del frente único como herramienta de construcción

Los realineamientos antedichos, en condiciones de un agravamiento en las condiciones de vida de las masas, plantean un nuevo escenario político:

Por un lado, nuevas luchas defensivas de resistencia ante los ataques del flamante gobierno.

Por otro lado, dificultad para que esas peleas se estructuren en un plan de conjunto en lo inmediato.

Finalmente, el papel de la burocracia denunciado en el capítulo anterior.

Todo esto plantea que el nuevo activismo que necesariamente surgirá necesite agruparse como alternativa ante la falta de respuesta de las direcciones sindicales burocráticas.

Ante esta realidad objetiva el deber de los revolucionarios es dar expresión conciente de todo este proceso a ese activismo, a fin de que se transforme en vanguardia.

Sólo un sectario y ultimatista incorregible puede considerar que dicha tarea se concentre en un llamamiento a integrarse a tal o cual grupo político, incluído el POR.

La propia construcción del Partido Obrero Revolucionario está supeditada a la calidad y capacidad para agrupar a esa vanguardia a partir de la necesidad de las masas de una nueva dirección clasista y revolucionaria.

Este es el valor de la táctica del Frente Unico en cuanto a la puesta en pie de agrupaciones del más diverso tipo que expresen las tendencias a la independencia de clase del activismo.

En esto (y en el trabajo de propaganda, agitación y organización partidarias), consiste nuestra tarea en cuanto a la resolución del llamado factor subjetivo.

IX- El papel de la izquierda reformista y del centrismo como obstáculo para la construcción del Partido Obrero Revolucionario

No es objetivo de este documento general de situación política hacer un análisis pormenorizado de la política y del papel de todas y cada una de las fuerzas de la izquierda.

Sí nos interesa en particular señalar que nuestra propia existencia como grupo empeñado en la tarea de poner en pie un Partido Obrero Revolucionario está fundamentada en nuestra delimitación con dicha izquierda.

Como se aprecia, nos interesa dar lucha política contra desviaciones concretas, y no fundamentalmente contra siglas, nombres o caudillos.

Esto porque, así como la burocracia de todo pelaje es auxiliar de la burguesía, la izquierda reformista y centrista opera (por acción u omisión), como auxiliar de dicha burocracia.

Lejos de pensar que el problema de la izquierda es su división y su carácter minoritario, creemos que esta realidad es producto de un proceso que exige un riguroso balance histórico de cara a las tareas actuales.

Por eso para nosotros, (con conocimiento de la historia y con una clara actitud de delimitación política, pero despojados de prejuicios), los grupos o individuos que se definen de izquierda (y especialmente, aquellos que se autoproclaman trotskystas), siguen mereciendo de nuestra parte una política de aproximación y de búsqueda de acuerdos, de cara a las masas, bajo la táctica general de Frente Único.

X- La situación sigue siendo pre-revolucionaria: Significado de esta definición y pronóstico general de la situación

La importancia de una caracterización y de un pronóstico estriba en la base que da a quien lo hace para implementar su acción política, su plan de trabajo, sus tareas.

En este sentido, debemos interpretar el carácter pre-revolucionario de la situación política actual en un sentido dinámico, que permite una retrovisión y un pronóstico de largo aliento.

Así, situación pre-revolucionaria no significa que "se viene la revolución", sino que se mantiene una lucha de contrarios en su seno, que plantea un pronóstico alternativo: o la imposición de los planes en curso, derrotando de una manera decisiva a las masas que luchan -e imponiendo así una situación contrarrevolucionaria-, o bien, a lo que apostamos activamente, un salto en las luchas defensivas, la apertura de una contraofensiva de masas, que plantee la instalación de una situación revolucionaria.

¿Y cuales son, pues, esos factores que luchan internamente en una situación pre-revolucionaria?

Estos elementos no son compartimientos estancos, sino que están en una relación dialéctica entre sí.

La justa apreciación de la relación de estos elementos, permite precisar a los revolucionarios en qué fase de la situación prerrevolucionaria nos encontramos.

Creemos que a lo largo de todo este documento hemos aportado suficientes elementos para esta precisión, pero a manera de síntesis y de remate de nuestra caracterización podemos decir:

La situación prerrevolucionaria se encuentra en una fase en que el agravamiento de las condiciones de vida de las masas es el principal factor revulsivo, que promueve luchas defensivas y aisladas contra el ajuste, pero con la posibilidad aún conservada por parte del régimen de su iniciativa política y de su control de la situación.

El camino hacia la apertura de una situación revolucionaria requiere la existencia de un movimiento ofensivo, generalizado e independiente de las masas, lo cual provocará (de producirse) una crisis en el régimen de dominación, y planteará la cuestión del poder para el conjunto de las clases.

El trabajo militante de los revolucionarios se concentra en la PREPARACIÓN de esta perspectiva.

13-12-99

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