Primeras Jornadas Internacionales de Debate
por la Reconstrucción de la Cuarta Internacional

Documento de base presentado por el Partido Obrero Revolucionario (Argentina)

  1. La situación mundial, la correlación de fuerzas entre las clases y el plan de trabajo general de los revolucionarios

  2. La restauración capitalista en el primer Estado Obrero del planeta (y los procesos en el mismo sentido en otros países, con mayor o menor grado de consumación), marca un indicador de derrota del proletariado como clase mundial, en su relación de fuerzas con la burguesía.

    Los límites de esa derrota han estado y están determinados por la magnitud y la calidad de las luchas defensivas que los explotados libran contra la ofensiva de la burguesía imperialista.

    El proceso de profundización del sometimiento semi-colonial al Imperialismo de las naciones oprimidas, así como el retroceso en las condiciones de vida de las masas en los propios países capitalistas desarrollados, son un complemento inseparable de la restauración capitalista en los ex estados obreros degenerados o deformados.

    Los mencionados límites a la ofensiva imperialista se han dado de una manera desigual, pero con un común denominador: el obstáculo fundamental para que las innumerables luchas defensivas de los explotados no devengan en ofensivas, en lucha por el poder, es el resultado de la falta de independencia política de la clase obrera, expresión a su vez de la crisis de dirección revolucionaria del proletariado.

    Como componente del movimiento dialéctico en la formación de la vanguardia, el atraso de ésta es una expresión común en todas las latitudes del planeta. La quiebra del stalinismo y del nacionalismo burgués y pequeñoburgués no produjeron, mecánicamente, un salto cualitativo en la conciencia colectiva de las masas (y como consecuencia, de la vanguardia).

    Sólo muy molecularmente se produjo ese fenómeno, fortaleciendo al trotskysmo (como continuidad histórica del marx-leninismo), en tanto perspectiva histórica.

    Un papel fundamental le cupo como responsabilidad en este proceso a los troncos fundamentales del revisionismo del autoproclamado cuartainternacionalismo. Su papel fue de cobertura por izquierda (bajo la lógica del centrismo), de la crisis del stalinismo.

    No entendemos lo que estamos diciendo como una cuestión puntual, referente a tal o cual posición del revisionismo ante tal o cual acontecimiento de la lucha de clases. No. Nos referimos a todo un proceso, que marca una ruptura ideológica y moral con la causa del comunismo.

    Que las derrotas no hayan alcanzado una entidad histórica, que no se haya abierto una etapa contrarrevolucionaria, ha dependido de los límites impuestos por las luchas defensivas, pero también, ha sido consecuencia de la propia crisis económica del sistema capitalista, que lejos de haber estabilizado y acrecentado su capacidad para extraer plusvalía y acumular capital sobre la base de la explotación del trabajo vivo (esencia del sistema), ha incrementado su inestabilidad y su inseguridad, no logrando revertir la tendencia decreciente en la tasa de ganancia.

    Los mecanismos de reversión de esta tendencia que el capitalismo en su fase imperialista pone en juego profundizan las tendencias descriptas por Lenin a las guerras y revoluciones.

    Domina en el planeta una tendencia, por lo tanto, a la agudización de la lucha de clases, y no a un equilibrio que permita la colaboración entre burguesía y proletariado.

    Domina en el planeta la agudización del contraste entre las potencialidades humanas al desarrollo de las fuerzas productivas, y la destrucción masiva y bárbara que provoca el capitalismo de las mismas.

    Definimos, pues, a este período como pre-revolucionario. No en el sentido de una inminencia insurreccional, sino en el riesgo permanente de ruptura del equilibrio sumamente inestable del edificio capitalista, producido por la tendencia a la agudización de la lucha de clases mencionada más arriba.

    Pero nos parece fundamental agregar como calificativo de la etapa la palabra preparatoria, dirigida fundamentalmente a marcar como tarea-eje de los revolucionarios la construcción de su estado mayor, habida cuenta del abismo que existe entre las importantes y radicalizadas luchas defensivas, y el grado de conciencia de clase "para sí" que ha madurado en las mismas.

    El trabajo prioritario debe ser construido, pues, en función de planes de mediano y largo plazo, en los que la intervención concreta e inmediata no espera sus frutos a corto plazo, en cuanto a que los trotskystas podamos ser dirección física de los explotados. Nuestro objetivo es fortalecer nuestro posicionamiento ideológico, político y organizativo en el seno de la vanguardia, en íntima relación con el proceso vivo que protagonizan las masas. Nuestros militantes pueden ser llevados no pocas veces a la cresta de la ola en un movimiento radicalizado de lucha, y jamás deben esquivar el bulto a esa responsabilidad, pero bajo la plena conciencia que su papel es utilizar incluso ese privilegio circunstancial para construir partido, para elevar politicamente a la vanguardia.

    Quizás uno de los elementos que más claro tenemos en nuestra ruptura con el altamirismo y el lorismo (así como también en nuestras delimitaciones en el seno del Comité Paritario con el PTS), es la importancia de esta caracterización de conjunto para definir las tareas fundamentales, dimensionando los planes (e incluso los aciertos y errores en nuestro trabajo), en función de esa definición más general de trabajo preparatorio.

    El catastrofismo objetivista de Altamira (que simula ver en cada baja de la bolsa o en cada lucha obrera la revolución inminente); el subjetivismo "masista" del PTS, que llama "contraofensiva de masas" a cualquier lucha defensiva, al margen del contenido político de clase del movimiento; o rayando en la caricatura, la situación revolucionaria con tendencia hacia la insurrección en Bolivia, que Guillermo Lora nos miente desde 1990, son algo más que delirios: son recursos demagógicos infladores de aparatos, que no sólo son nocivos porque mantienen precaria y artificialmente la moral revolucionaria, sino porque, con ese recurso urgentista, reniegan del paciente trabajo de lucha ideológica y política contra la burguesía y sus tributarios en el movimiento obrero y de masas.

    No pocos valiosos compañeros y grupos han desarrollado una posición reactiva al urgentismo exitista, dimensionando en términos erróneos las derrotas de las últimas décadas. Caracterizan que la situación mundial es contrarrevolucionaria, condenando por anticipado a nuevas derrotas a toda lucha defensiva de las masas, con un determinismo pesimista totalmente ajeno al marxismo. Sus planes de trabajo se diseñan a la medida de sus sentimientos y humores, y no de la intervención vital en la lucha de clases. Parecieran pretender no ser molestados por huelgas, movilizaciones ni conflictos, para que puedan arreglar cuentas con su pasado político, mientras adaptan sus vidas personales a su errónea caracterización de "etapa contrarrevolucionaria".

    Lo que debe entenderse es que el trabajo preparatorio, la selección de la vanguardia, futura dirección de las masas revolucionarias, no se improvisa, y no se recluta en los laboratorios de marxismo, sino en la lucha de clases viva, que aún después de las derrotas, nos regala con Indonesia, Francia del 95, Ecuador y Bolivia, etc.

    Estas manifestaciones recién mencionadas de mayor radicalización se presentan en menor grado, como TENDENCIA DE LA LUCHA DE CLASES, en todos y cada uno de los rincones del planeta. Se trata de bucear en la profundidad, se trata de detectar con anticipación, se trata de intervenir con una política obrera.

    En la planificación celular, regional y nacional de esa intervención a largo plazo, preparatoria, la Cuarta Internacional debe dirigirse fundamentalmente al sujeto social de la revolución: el proletariado industrial. Sin embargo, especialmente cuando se trata de un pequeño grupo, es totalmente legítimo y hasta necesario, que el puñado de revolucionarios aproveche al máximo su inserción natural (en general, producto de un origen social pequeñoburgués), para fortalecer el núcleo militante, y poder dirigirse a la clase obrera con más fuerzas y recursos.

    Esta evaluación también es parte de la caracterización, de la medición de relación de fuerzas, no sólo en su aspecto cuantitativo sino también cualitativo.
     

  3. Defensismo Revolucionario

  4. Lo dicho en el capítulo anterior nos introduce en una regla general de la lucha revolucionaria: el avance en todo proceso de transformación requiere saber reconocer y apoyarse en las conquistas adquiridas.

    Esta regla general exige reconocer la cualidad de esa conquista, su naturaleza de clase. Del mismo modo, obliga a identificar la esencia de un proceso de transformación: si este es regresivo, si es contrarrevolucionario, o si aún con limitaciones, es un paso progresivo en la dinámica histórica.

    Nuestra organización fue una de las pocas del autoproclamado trotskysmo que definió como contrarrevolucionaria la perestroika. Nosotros reivindicamos la influencia rectora de Guillermo Lora en este aspecto. Sin embargo, tanto en su obra al respecto como en nuestros materiales posteriores, no tuvimos una posición clara ante la dinámica de los acontecimientos. Con el expediente del carácter "contradictorio" del proceso (entre las tendencias a la "revolución política" y las tendencias a la restauración capitalista), tapamos lo esencial: la dirección general contrarrevolucionaria, que barría con las conquistas que aún quedaban de la revolución de octubre.

    Mucho después, ante la consumación del proceso restauracionista, damos un paso en nuestra superación del centrismo en este punto, definiendo claramente a Rusia como Estado burgués (folleto de Tomás Murúa). Es notable que el CERCI que compartíamos con Lora (a pesar de la conquista que fue caracterizar como contrarrevolucionaria a la perestroika), seguía sosteniendo la categoría de Estado Obrero degenerado para Rusia, aún en 1996.

    Creemos que esta defección se debía, fundamentalmene, al desprecio que existía en el CERCI sobre la política internacional, lo que llevaba a reemplazar un verdadero análisis de la situación mundial con la repetición de algunas verdades obvias. La teoría de la "excepcionalidad boliviana" operaba así como bloqueo al avance nuestros como cuartainternacionalistas.

    Vacilamos y tardamos en tener, pues, una clara posición defensista revolucionaria, lo cual suponía enfrentar la restauración capitalista, defender con uñas y dientes la economía colectivizada, y ocupar incluso la trinchera común con alguna fracción de la burocracia stalinista (si la hubiere) que, como diría Trotsky, se hubiera visto obligada a defender con sus propios métodos al Estado Obrero.

    Nosotros no vimos ni vemos la existencia de tal sector. No nos parece que, ni por su programa, ni por su actitud política, el Comité de Salvación formado en Rusia ante el ascenso de Yeltsin reúna tales características, al punto de establecer un frente único con ese sector de la burocracia stalinista. Creemos que es un error táctico de la LBI la posición que retrospectivamente tomaron ante los acontecimientos del golpe-contragolpe del 91, bien que en el marco de una posición de principios correcta (defensismo revolucionario) que nos ha ayudado a nosotros a avanzar en nuestra autocrítica.

    Pensamos que, por el contrario, los acontecimientos posteriores y actuales (China, Corea y la misma Cuba), indican una línea general restauracionista de toda la burocracia, al menos en sus estratos dirigentes, lo que plantea que el defensismo revolucionario, como eje general de Frente Unico contra la restauración capitalista, pasa por una política de escindir a los cuadros medios y de base de los partidos comunistas (nos referimos, por ejemplo al cubano), al tiempo que se desenvuelven las consignas y el programa de la revolución política.

    Es muy importante el defensismo, porque el ángulo central con el que se debe atacar a la burocracia, buscando justamente la escisión de sus bases y cuadros medios, es su línea pro restauracionista del capitalismo, su ambición de transformarse en nuevos burgueses.

    La posición del COFI, que caracteriza que lo que pasó en los 80-90 fue tan sólo un cambio político dentro del capitalismo, avanzando las privatizaciones sobre el "capitalismo de estado", desarma políticamente para enfrentar a la burocracia stalinista, ya que no combate su forma política de ejercer el poder, ni tampoco, la mecánica que busca para preservarlo: convertirse en una nueva clase social burguesa, a partir de sus privilegios de casta.

    Es verdad que el COFI se ubica en la "defensa de las conquistas", pero tal posición vale también para la defensa de un empresa pública en Argentina como en Cuba ante la ofensiva privatista, dado que en ambos casos, son variantes de capitalismo de estado. Al confundir la naturaleza de clase de una empresa y la otra es necesariamente incorrecta la línea política que se desprende, por la sencilla razón que son producto de un proceso histórico totalmente diferente.

    En ambos casos nuestra defensa de las conquistas adquiridas es incondicional (en el sentido que para defenderlas no colocamos como condición quien dirija el proceso), pero es cualitativamente diferente defender a Cuba que defender a Irak ante la agresión imperialista (ambas sufren el bloqueo): en el primer caso, defendemos el resultado de la expropiación de la burguesía; en el segundo, defendemos un grado limitado de desarrollo del capitalismo nacional ante la agresión imperialista (conflicto entre nación opresora y nación oprimida). Y en ambos casos defendemos la conquistas adquiridas por el movimiento obrero y por los explotados en general.

    En el primer caso, ligamos dicha defensa a la revolución política, para que las masas superen a la burocracia stalino-castrista y desarrollen la dictadura del proletariado.

    En el segundo caso, ligamos dicha defensa al combate contra el nacionalismo burgués, para lograr la independencia política de la clase obrera, y luchar por la expropiación de toda la burguesía (revolución social).

    El código de relación política con las masas es cualitativamente diferente, el programa de acción es diferente, la implicancia para la relación de fuerzas entre las clases a escala mundial, es diferente.

    La integración de ambas revoluciones (política y social, y dentro de esta última, en los países avanzados y en los países semicoloniales), en un único proceso que llamamos revolución socialista internacional, no disminuye la importancia de precisar el carácter particular y concreto que adquiere en cada región y país.

    Esencialmente, porque se trata de potenciar el programa de la Cuarta aplastando a sus enemigos. Y para esto, no es menor diagnosticar cual es el código de relación entre esos enemigos y las masas que dirigen.

    Código de relación que no es consecuencia de otra cosa que del proceso histórico que generó a esos enemigos conformándolos como dirección de las masas.
     

  5. Cuestión Nacional

  6. Lo dicho en el capítulo anterior nos facilita la exposición de nuestro punto de vista sobre un tema que compartimos en líneas generales todos los convocantes a las Jornadas: el acuerdo con Lenin respecto al Imperialismo, y por lo tanto, la definición de la existencia de naciones opresoras y naciones oprimidas.

    Esta realidad, que tiende a profundizar aún más el abismo entre ambos tipos de naciones, potencia a los ojos de las masas la necesidad de la lucha antimperialista.

    La lucha contra la opresión nacional (la que en muchos lugares del planeta asume la forma de la autodeterminación nacional), tiene como base la rebelión de las fuerzas productivas de las semi-colonias, estranguladas por el yugo imperialista. Es sobre esta rebelión (expresada en la formulación transicional de las tareas democrático-burguesas incumplidas), que cabalga la mecánica de la revolución.

    En tanto es el capital concentrado y monopólico en el plano económico, y el Imperialismo como categoría política, diplómática y militar quien ejerce el liderazgo de la burguesía como clase en el conjunto del planeta, todo paso que se logre en su debilitamiento es un avance en la perspectiva revolucionaria, aún cuando pueda capitalizar precariamente esa victoria el nacionalismo de contenido burgués.

    La lucha antimperialista, sin embargo, sólo puede triunfar bajo la dirección proletaria. Pero para esto, para que la clase obrera pueda erigirse como caudillo de la nación oprimida, la Cuarta Internacional debe ocupar esa trinchera, disputando la dirección al nacionalismo burgués capitulador.

    Nuestro partido reivindica esta posición como una conquista, que cuando integrábamos Política Obrera tuvo su prueba de fuego en la Guerra de las Malvinas, y que luego tuvo su continuidad (a grandes rasgos), en Irak, Medio Oriente y Yugoslavia.

    El valor de esta posición no es sólo en tiempos de guerra. El ocupar "la tinchera de la nación oprimida" no configura una acción circunstancial bajo las bombas. Es una posición permanente, porque permanente es la agresión imperialista.

    Supone la penetración del programa obrero internacionalista y socialista, a partir de la realidad concreta de opresión nacional. Lejos de encubrir a la burguesía nacional, la desenmascara, mostrando su entreguismo cipayo. Lejos de conciliar con ella, lucha por destruir su autoridad sobre las masas.

    Justamente para esto, y para combatir el peligro de quedar a remolque de la burguesía nacional, la Cuarta Internacional fija un posicionamiento de total independencia del Partido respecto al nacionalismo burgués y sus tributarios. "golpear juntos, marchar separados".
     

  7. Estrategia Revolucionaria

  8. Creemos que es un acuerdo fundamental entre todos los participantes de las Jornadas la reivindicación explícita de la estrategia revolucionaria, condensada en documentos clásicos (Manifiesto Comunista, cuatro primeros congresos de la III Internacional, Programa de Transición, Tesis de la Revolución Permanente).

    Coherentemente con lo anterior, constatamos una posición principista acerca de la necesidad de destruir el Estado Burgués en todas sus instituciones, concibiendo al mismo tiempo que la revolución socialista (expropiación de la burguesía y colectivización de los medios de producción), es inconcebible sin la puesta en pie de organismos de poder de la clase obrera (soviets, concejos obreros, o como se llamen).

    Asímismo, apreciamos también el acuerdo que tal proceso se da en la lucha de clases, en el terreno de la acción directa (incluída la violencia revolucionaria) de las masas, y no en los vericuetos parlamentarios o judiciales.

    Este es un acuerdo muy importante, que nos delimita de todas las variantes del reformismo (Frente Popular), y que ha sido el motor fundamental en la persistencia que hemos tenido (tanto la LBI como el POR) para defender nuestra relación y acercamiento. Esto porque se trata de dos corrientes que, aún siendo pequeñas, intervienen activamene en la lucha de clases con esta estrategia. Es decir, no es una posición declamativa, sino comprometida en la práctica. No conocemos tanto las posiciones de la LRP-COFI (más por nuestras propias limitaciones de lectura de materiales en otra lengua que por otra cosa), pero apreciamos, a "grosso-modo", que se orientan a intervenir en la lucha de clases bajo la estrategia revolucionaria.

    Este común denominador que nos impulsa hacia delante, está sometido permanentemente a las presiones de la burguesía, bajo diferentes modalidades: frente popular, nacionalismo burgués, opinión pública de la clase media de las metrópolis, etc.

    El centrismo, como fenómeno, tiene su raíz en la inconsistencia para responder a estas presiones.

    Lo que nosotros consideramos una gruesa capitulación de la Fracción Trotskysta al Frente Popular (en el ya conocido episodio de las elecciones universitarias de la Universidad de Maranhao), es un ejemplo de este peligro permanente para todos nosotros.

    No abundaremos en este documento en detalles ya expuestos por nosotros al respecto.

    Pero sí queremos reivindicar nuestra posición de dar lugar al pequeño grupo que edita Vanguardia Proletaria en las Jornadas, no por demagogia democratista, sino por la más profunda convicción de que el combate contra el Frente Popular requiere de lucha política e ideológica muy amplia contra el centrismo, buscando las raíces particulares de su génesis.

    No se trata sólo de "convencer" a Vanguardia Proletaria (o de que ellos nos convenzan a nosotros). Se trata de tomar por las astas el toro, y valernos de la discusión más concreta que se ha producido en todo el proceso de gestación de las Jornadas de Debate.

    Excluir a la Fracción Trotskysta es, en buena medida, excluir el debate, nada menos que sobre un punto crucial que opera como talón de Aquiles para la posibilidad del surgimiento de una nueva Tendencia Cuarta Interancionalista.

    La LBI, que hasta ahora sostiene la posición de autoexcluirse de las Jornadas si participa Vanguardia Proletaria (aún no se ha manifestado en modo alguno desde que el 6 de agosto el Comité Central del POR rectificó por unanimidad el Acta de San Pablo), demostraría un altísimo grado de miopía política, cuyo origen quisiéramos estudiar para comprender.

    Aquel que sostenga que la defensa de la estrategia revolucionaria da inmunidad contra vacilaciones y errores, está desarmado para combatirlos, en primer lugar, en sus propias filas. El centrismo no viene al trotskysmo "desde afuera". Es el resultado de un proceso intrínseco, íntimo, por las presiones externas.

    La estrategia revolucionaria no es un dogma contenido en los documentos reivindicados más arriba. Es una guía para la acción, lo que supone también jerarquizar el lugar de la TÁCTICA .
     

  9. Necesidad de la táctica para que triunfe la estrategia: frente único, política de masas, trabajo subversivo al interior de las instituciones de la burguesía

  10. El deber elemental de un núcleo revolucionario es preservar la estrategia, los principios. Esto es lo que lo hace duro, inquebrantable, piedra de toque para un agrupamiento más vasto en un momento de alza de masas.

    Pero...hasta el más duro se quiebra cuando pasa largos años aislado de las masas. Léase bien: aislado de las masas, independientemente si éstas están en ascenso o en reflujo. Buscar el camino de las masas, tender puentes hacia ellas, pugnar por ocupar un papel dirigente en todas las fases de sus luchas (aún en las más díficiles), configura una tarea fundamental para la Cuarta Internacional, cualquiera fuera el grado de desarrollo de sus secciones.

    Esta tarea es fundamental para poder ejercer el rol de dirección ("la crisis de la humanidad se reduce a la crisis de dirección revolucionaria"), pero además, para alimentar al propio núcleo revolucionario, forjar aúténticamente a sus cuadros, preservarlos del mayor peligro que corre en una etapa de ofensiva imperialista: estar condenado a ser una SECTA.

    Al ir hacia las masas, el núcleo comunista encuentra a éstas atrapadas en sus direcciones políticas tradicionales. Estas ejercen su poder en el seno de los sindicatos, centros estudiantiles, vecinales, etc., no sólo burocráticamente, sino armados en que sus programas reformistas, de colaboración de clases, anidan en la conciencia burguesa de la clases obrera y demás capas explotadas de la ciudad y el campo.

    Es fundamental, pues, para conquistar a las masas, entablar una lucha política permanente con sus direcciones.

    Esto obliga a echar mano de múltiples recursos tácticos, que coloquen a esas direcciones de cara a las necesidades expresadas en un programa de acción.

    La viga maestra de todos estos recursos es la táctica de FRENTE ÚNICO: El sentido de la misma no es capitular al enemigo de clase, a las direcciones tradicionales de los explotados (eso es el frente popular) sino bien por el contrario, colocarlas "fuera de juego" al desenvolver la unidad de acción por los reclamos inmediatos de los explotados.

    Las no comprendidas (por la LBI) Tesis de Oriente de la Internacional Comunista son extremadamente claras en la función que asignan a la táctica del Frente Unico:

    "Así como la consigna del frente proletario único ha contribuído y contribuye todavía en Occidente a desenmascarar la traición cometida por los socialdemócratas contra los intereses del proletariado, así también la consigna del frente antimperialista único contribuirá a desenmascarar las vacilaciones e incertidumbres de los diversos grupos del nacionalismo burgués."

    Al mismo tiempo, justamente porque la función de la táctica es arrancar a las masas (y a los mejores elementos de su vanguardia), de sus direcciones tradicionales, para construir el partido revolucionario, las Tesis ya citadas agregan:

    "El movimiento obrero de los países coloniales y semicoloniales debe, ante todo, conquistar una posición de factor revolucionario autónomo en el frente anitmperialista común."

    Hemos estudiado todo el material a nuestro alcance sobre este tema, colocado como "área de debate" para las Jornadas. En especial, nos hemos detenido en un documento crítico a las Tesis de Oriente, que pretende contraponer el mismo con las Tesis de la Revolución Permanente de León Trotsky. Se trata de un texto de principios de los 90, del Partido Bolchevique Cuartainternacionalista (PBCI), de Argentina, grupo profundamente sectario, que conformara con la LBI brasileña una misma tendencia internacional. Lo notable de todo el texto, es que no tiene en cuenta (hasta para polemizar con algo de honestidad intelectual), el eje del mismo, condensado en los breves párrafos citados.

    Contraponerlo con las Tesis de la Revolución Permanente es un abuso, ya que las "Tesis de Oriente" definen esencialmente un recurso táctico (equivalente al frente único proletario en los países capitalistas avanzados), mientras que la célebre obra de Trotsky explica la mecánica de la revolución contemporánea, su unidad mundial (en términos dialécticos), reconociendo las características regionales y nacionales emergentes del desarrollo desigual y combinado. Las tesis de la revolución permanente tienen por eje la estrategia. Las tesis de oriente la táctica.

    Por eso, a pesar que las primeras son posteriores a las segundas (al menos en cuanto a su sistematización, ya que los ejes de las mismas ya aparecen dibujados en su célebre obra "Resultados y Perspectivas de la revolución de 1905"), Trotsky no las contrapuso a las Tesis de Oriente. Más aún: el congreso de la Internacional Comunista que las aprueba se realizó en vida y con la activa participación de Lenin y Trotsky.

    Es verdad que, concentradas en la necesidad de la táctica para construir los partidos comunistas en las colonias y semicolonias, hay párrafos que nosotros, como hipotéticos delegados a ese Congreso, no hubiéramos aprobado. Por ejemplo: "También es indispensable forzar a los partidos burgueses nacionalistas a adoptar la mayor parte posible de ese programa revolucionario" (se refiere al programa agrario). Esta intencionalidad, presentada como un recurso táctico, es incorrecta, porque alimenta una ilusión en el nacionalismo de contenido burgués, negando parcialmente la estrategia general, que es la independencia política de la clase obrera y de su partido en el frente antimperialista único.

    Pero...el criterio elemental para juzgar un documento no es sus parcialidades incorrectas, sino su eje general, que es centralmente correcto.

    Podríamos concluir que, lejos de ser contradictorias con las Tesis de la Revolución Permanente, las Tesis de Oriente la complementan en tanto programa de recursos tácticos para los países coloniales y semicoloniales, en donde la tarea de la Cuarta Internacional es arrancar las masas de la tutela del nacionalismo burgués y pequeñoburgués.

    Lo que los críticos de las Tesis de Oriente deben contestar es por qué no objetan con los mismos argumentos la táctica del Frente Unico Proletario. ¿O acaso no está planteado también el peligro de capitularle a las direcciones socialdemócratas y stalinistas? ¿O acaso no está planteado también el Frente Popular?

    Con la Internacional Comunista de los cuatro primeros congresos y el Programa de Transición, defendemos el concepto general que la táctica del Frente Unico debe tener como escenario la lucha, la acción directa de masas, debiendo el Partido revolucionario conservar toda su independencia política, y especialmente, toda su capacidad de propaganda revolucionaria. Por eso también, Trotsky recomienda en Alemania, al tiempo que el Frente Unico contra el fascismo, la más plena independencia de los comunistas en las elecciones burguesas.

    Es por esto también que el Frente Popular (que tiene como escenario fundamental de construcción el parlamentarismo burgués), no se limita a él, sino que penetra todas y cada una de las organizaciones de las masas, justamente para enchalecarlas en su política de defensa del orden bugués. Por eso es un esquema incorrecto de la Fracción Trotskysta limitar el accionar del Frente Popular a las elecciones buguesas o al ejercicio del poder a través de las instituciones del Estado Patronal. Hasta para poder seguir haciéndolo el Frente Popular debe controlar la CUT, los centros de estudiantes, los movimientos campesinos, etc.

    Finalmente, nos parece fundamental completar este capítulo profundizando la discusión respecto a la importancia del trabajo permanente y sistemático de los revolucionarios en el seno de las organizaciones de masas (sindicatos, centros de estudiantes, asociaciones profesionales, vecinales, ligas agrarias y campesinas, etc.), y también, meternos más a fondo en la importancia del trabajo subversivo en el seno de las Instituciones de la clase dominante (sean éstas parte constitutiva de la dictadura de clase del la Burguesía (fuerzas armadas, Justicia, Parlamento), sean resabios asimilados al Estado, como la Iglesia.

    Reivindicando las posiciones clásicas de los marxistas, en especial el trabajo de Lenin sobre el izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo, constatamos que hasta donde conococemos, todos los grupos que participan de las Jornadas llevamos a la práctica los principios leninistas referidos a los sindicatos. Especialmente tiene importancia para la LBI, que compartió una tendencia internacional con un grupo (el PBCI argentino), que reniega en la práctica de toda lucha política al interior de las organizaciones de masas existentes.

    Pero en el segundo capítulo, creemos que hay posiciones izquierdistas. No sólo en el conocido debate sobre las fuerzas armadas y de seguridad. También respecto a la cuestión de las elecciones burguesas.

    En el primer caso, la LBI supedita la posibilidad de conquistar para la causa revolucionaria a una fracción de los uniformados a dos cuestiones: 1-la posición política de dicha fracción. 2-que sus integrantes no incluyan oficiales.

    Ambas premisas, aunque deseables, son falsas, porque en ambas, una vez más, la LBI coloca el carro delante de los bueyes.

    Las fuerzas armadas deben ser destruídas como institución. Esto es inconcebible sin subvertirlas. Y esto no se puede improvisar el día de la insurrección, o en el breve plazo de una situación revolucionaria. Requiere de un trabajo preparatorio. Ese trabajo debe estar concentrado obviamente en la tropa y la suboficialidad, y sería imposible sin sostener un pliego de reivindicaciones. Más aún: ante los motines y huelgas policiales o de otras fuerzas que se producen con mayor frecuencia cada vez (en especial en América Latina, por la quiebra financiera del Estado), los revolucionarios debemos intervenir en su seno, a favor de la insubordinación como movimiento vivo, levantando un programa que eleve la politización. Justamente para combatir el programa nacionalista burgués, y a veces, hasta fascitizoide, que tienen estos movimientos de uniformados, hay que intervenir en su seno, con un programa de acción que los una al movimiento obrero y campesino, que excluya toda represión al pueblo, y que profundice la insubordinación.

    Dependerá del desarrollo del grupo de revolucionarios, de la magnitud de los movimientos, y de las prioridades, qué lugar ocupa en el trabajo práctico, pero en cualquier caso, es fundamental la posición política, porque ésta ayuda a mostrar el camino correcto, no sólo para conquistar a un sector de las fuerzas armadas y de seguridad, sino también para politizar en términos estratégicos a los estudiantes, a los obreros, a los campesinos.

    El segundo argumento de la LBI, que excluye a los oficiales de la posibilidad de ser ganados a una política revolucionaria, es una evidencia más de miopía politica. Escindir sociológicamente a las fuerzas armadas ecuatorianas en crisis, aceptando la posibilidad de conquistar a un cabo o aun sargento, pero no a un coronel, es un absurdo, que se da de bruces con las mejores tradiciones del marxismo-leninismo-trotskysmo, y con la historia viva y concreta de los acontecimientos, ya que desconoce la realidad, según la cual, en algunos países, como Bolivia o Ecuador, las fuerzas armadas no se han configurado como ejército de casta, y la oficialidad no se ha soldado con el alto mando, como por ejemplo, parece más evidente en Brasil y Argentina. Pero aún en este último país, ante situaciones particulares como fuera la guerra de las Malvinas, la oficialidad puede quebrar lanzas con el alto mando. (el clásico ejemplo de los heroicos pilotos de la Fuerza Aérea argentina que rompían con las órdenes del alto mando de la dictadura atacando a la flota imperialista).

    La LBI dirá que tanto los coroneles ecuatorianos como los pilotos argentinos "son nacionalistas burgueses" ¡chocolate por la noticia!. Tan nacionalistas burgueses como el lider campesino ecuatoriano Vargas. Lo que hay que responder es si, justamente para combatir al nacionalismo burgués hay que desarrollar un trabajo subversivo en las fuerzas armadas, como admiten que hay que desarrollarlo en la Federación Campesina.

    Por supuesto, la particularidad de ese trabajo es tema en discusión "más finito". Pero no nos cabe duda que debe partir de las condiciones de existencia de los explotados de las fuerzas armadas y de seguridad, que viven y forman parte del pueblo hambreado por los gobiernos proimperialistas.

    Las condiciones de clandestinidad del trabajo, la relación entre lo sindical y lo político, entre otras cuestiones, son aspectos que nos hablan de la complejidad de la tarea. El POR considera fundamental encararla seria y valientemente. Nuestros polemistas, parecieran preferir eludirla. Por esa vía, le capitulan al nacionalismo burgués, dejando el campo orégano nada menos que en la institución fundamental del Estado: las fuerzas armadas y de seguridad. Como diría Lenin, se convierten en vulgares pacifistas, ya que no dan respuesta a la cuestión militar, a la relación entre los justos planteamientos de autodefensa y de milicias y la fractura de las fuerzas armadas.

    No ha sido muy discutido el tema electoral entre quienes convocamos a las Jornadas. Nuestro partido inició en Rosario los trámites para su legalización, pero realizando una "maniobra principista": presentamos una declaración de principios y carta orgánica revolucionarias, lo que nos valió la proscripción. Ésta, a su vez, nos permitió una campaña importante de denuncia de la falsa democracia burguesa, limitada por el propio desarrollo (cuantitativo y cualitativo), de nuestro grupo. Actualmente, estamos autorizados por nuestro IX Congreso a realizar las maniobras jurídicas y políticas para poder presentar candidatos en las elecciones, ajustando las decisiones a un plan de trabajo de conjunto. ¿Qué opinan la LBI, la LRP y la FT de estos pasos? ¿Qué política de intervención en las elecciones burguesas se están dando? ¿Aprecian los peligros de caer en una posición ultraizquierdista, dejando el espacio electoral de izquierda al reformismo y al centrismo?

    Esta apreciación es importante, porque también están planteadas intervenciones en instituciones que no son directamente sindicales o mutuales. Nos referimos a las de autoridades universitarias, a las de Colegios profesionales, etc. ¿Qué opinión tienen los camaradas? Nosotros nos inclinamos a intervenir como se interviene en una institución burguesa, para usarlas como plataforma de lanzamiento y de propaganda revolucionarias.

    Sinceramente, camaradas, creemos que el capítulo que estamos terminando es el fundamental del debate. Porque es el que más directamente relaciona la teoría con la práctica. La propia crisis de las jornadas, ante la capitulación de Vanguardia Proletaria al frente popular, no casualmente se origina en una intervención práctica de cara a las masas. Por eso es...¡CRIMINOSO! (criminal), excluir a la Fracción Trotskysta de las jornadas de debate. Es la expresión de un profundo espíritu de secta, que al excluir al protagonista, excluye la posibilidad de ganar en calidad en el debate.
     

  11. Concepción de partido y de reconstrucción de la IV Internacional

  12. Habiendo sido uno de los puntos de mayor acuerdo en los textos (incluso con la LRP, según los materiales que hemos podido leer, y la información que nos brindó el camarada que más estuvo en contacto con este grupo), nos interesa ir al hueso, a la médula de la discusión, de entrada.

    Es decir: no vamos a repetir acá nuestras respectivas fidelidades al leninismo: vamos a ir a la polémica balanceando la actividad práctica, los contrastes en el compromiso militante, la relación entre vida personal y vida política, el profesionalismo revolucionario, la relación de todo esto con la lucha de clases, etc.

    En primer lugar, nuestro proceso autocrítico en relación a este punto. Correctamente combatimos allá por los 89-90 la concepción de "partido de masas" (partido de afiliados), del PO de Jorge Altamira. Como parte de nuestro combate contra el cretinismo parlamentario, y merced a una beneficiosa influencia del POR boliviano, retomamos la concepción de partido de cuadros, que habíamos abandonado con la disolución de Política Obrera en el Partido Obrero.

Sin embargo, esa influencia lorista tuvo su precio, en el sentido de ser penetrados por una concepción idealista de partido. En documentos polémicos al respecto (que han sido aprobados por nuestro VIII Congreso), combatimos la idea del "hombre nuevo", del "militante vaciado en el programa", definiciones mesiánicas, sectarias e idealistas de Lora.

Tan idealistas, que al punto que se pregonaba la máxima entrega militante a la causa, postergando hasta las cuestiones humanas más elementales (la paternidad y la maternidad, el disfrute de la vida, el militante que sólo se detiene a comer algo y descansar un pequeño tiempo para seguir militando), se rechazaba en términos principistas la renta, con lo cual la idea del militante profesional era impracticable, sólo asimilable a un monje asceta totalmente disociado de los problemas cotidianos de la clase cuya conciencia se pretende transformar.

Producto de las polémicas con la LBI, y de nuestro propio proceso de maduración, fuimos rompiendo con esta concepción idealista, y ya nuestro IX Congreso aprueba un criterio leninista de militante profesional, incluyendo la renta como posibilidad.
Sin embargo, persiste en nuestra organización una enorme dificultad para lograr que, al menos el equipo de dirección, organice la vida de sus cuadros con arreglo al plan militante. Persiste una gran disociación entre vida personal y vida política, lo que deviene en una falta de profesionalismo de conjunto en la organización.
Apreciamos que la LBI (a quien conocemos mucho más que al COFI, especialmente en este punto), pareciera tener muy resuelta esta contradicción entre vida personal y vida política. Sus cuadros de dirección parecen estar entregados totalmente a la causa revolucionaria, y se nos presentan como profesionales que desprecian las cosas cotidianas de la vida. Sinceramente, desconfiamos de esta "perfección" de un grupo que no ha tenido bajas ni fracciones. Esta indemnidad ante las presiones de la lucha de clases nos parece irreal.
Los cuadros revolucionarios que no viven los problemas de las masas, que están tan por encima de su cotidianeidad, corren el altísimo peligro de cristalizar como una secta de gran empuje circunstancional, pero muy difícil de sostener en el tiempo, ante las propias presiones de la situación adversa.
Queremos discutir con la LBI el balance de su actividad, especialmente en los sectores donde tiene un rol de dirección (sindicatos, centros estudiantiles, etc.), para comprender como lo ejerce: ¿qué relación hay entre la Tendencia Sindical Revolucionaria y Avanzar en Lucha con la LBI? ¿son apéndices del partido? ¿son instancias agrupacionales de frente único? Y el sindicato Municipal de Volta Redonda o el campesino de Madalena ¿cómo está estructurada la relación del partido con las masas afiliadas a los mismos?
La conformación de los cuadros del partido revolucionario (especialmente cuando éste pasa por su fase embrionaria, gestacional), debe ser más integral. Debe estar más ligada a la intervención concreta de esos cuadros como tribunos populares de las masas, y no sólo ni tanto como profesionales de partido. En todo caso, la tarea profesional del cuadro partidario es insertarse en el movimiento de masas que el plan de trabajo indicó y moverse como el pez en el agua en ese ámbito.
Nos parece que el urgentismo y el ultimatismo que sufrimos por parte de la LBI tiene que ver con una inmadurez general del grupo, que pretende presentar cada batalla de la lucha de clases en términos de guerra definitiva, perdiendo todo criterio de ponderación y de proporciones.
Y perdiendo, fundamentalmente, el sentido del tiempo, en relación a la caracterización política de la etapa en general. Los ritmos acelerados de la LBI no se corresponden con la lucha de clases, sino con una configuración vanguardista abstracta, disociada de la problemática concreta de la vanguardia y de las masas. Por ejemplo, el largo capítulo de presiones sobre nosotros para que condenemos la capitulación al Frente Popular por parte de Vanguardia Proletaria, incluída la posición de autoexcluirse de las jornadas si el mencionado grupo está presente en la sala de deliberaciones, es el corolario de un largo proceso de ultimátums al POR, primero respecto a la definición sobre la posición política (elecciones de la universidad, frente popular), y luego sobre una necesaria ruptura de relaciones. Como mínimo, la LBI debe admitir que pretendía definiciones a un ritmo que NO era el que marcaba la lucha de clases, sino su necesidad de cohesión como organización ante el espectro de la vanguardia brasileña. Sin despreciar este parámetro, no se puede unilateralizarlo al punto de liquidar las relaciones por episodios que, en relación a los acuerdos y a la perspectiva de trabajo en común, son menores.
Todas las organizaciones defendemos el concepto leninista del centralismo democrático, pero indudablemente, esta compleja ecuación no puede aplicarse de la misma forma en todo momento y en todo lugar. Debe ser el desarrollo del partido, de su vida interna, de su relación con la lucha de clases, de la propia situación politica, lo que marque el parámetro de qué pesa más: el centralismo, o la democracia, que si bien son complementarios, de cara al tiempo de acción pueden, muchas veces, ser proposiciones contradictorias.
Si bien nuestra convocatoria no tenía como finalidad ultimatista fundar una nueva Tendencia Cuarta Internacionalista, en ese camino nos dirigimos. Pero por el propio desarrollo de la discusión previa, por el propio recorrido de los grupos convocantes, por la propia situación de la vanguardia en general, y del trotskysmo en particular, debe pesar en las Jornadas mucho más el criterio democrático que el centralismo. Por eso son instancias de debate, cuya finalidad clarificadora puede o no dar lugar a una mayor aproximación política.
Nuestra postura de que participe la FT en las jornadas no tiene nada que ver con una cuestión de "chapas", como afirma la LBI, sino que va más allá de ese grupo. Una prueba más que contundente de que no rige entre nosotros y la FT ninguna "lealtad de chapa", es la propia posición (equivocada a nuestro entender), tomada por la FT ante las elecciones universitarias, a pesar de nuestra posición en contra.
Nuestra postura al formar el Comité Paritario con el PTS era de Comité de Enlace abierto, y en su momento, ambas fracciones del PTS ponían como condición para continuar la relación la exclusión de cualquier posibilidad de participación de los "stalinofílicos de la LBI". Nosotros rechazamos tal postura ultimatista y sectaria. Y lo que nos sorprende del capricho de la LBI por excluir a Vanguardia Proletaria, con quien venía encarando la campaña por las jornadas hasta las elecciones de la Universidad de Maranhao, es su criterio amplio para invitar a la Fracción del PTS (LOI), o a la misma LRP (COFI). Nosotros defendemos ese criterio amplio, de Jornadas de Debate, para todos aquellos que estuvieran interesados en esta convocatoria.
Si insistimos tanto en esta cuestión práctica sobre el carácter de las Jornadas, es porque nos permite exponer con claridad ejemplificativa nuestra concepción de reconstrucción de la Cuarta Internacional, ya expuesto en diversos documentos (en particular, el publicado en la Revista Estrategia, del PTS).
La reconstrucción de la Cuarta va a ser un trabajoso proceso de fracciones y fusiones, con múltiples discusiones cruzadas, entre grupos que, hasta ayer, no podían concebir siquiera sentarse en la misma mesa. Durante un largo período va a imponerse cierta provisoriedad en los acuerdos, en el sentido de que los mismos serán más bien la puerta de un camino a recorrer, que una ruta cerrada y ya construída.
Invitamos a todos los participantes de las primeras Jornadas de Debate Internacionales por la Reconstrucción de la Cuarta internacional a entrar por la puerta abierta, a iniciar ese camino.


Por Comité Central del Partido Obrero Revolucionario (Árgentina): Gustavo Gamboa


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