REFLEXIONES

La historia

Si preguntáramos a cada una de las personas que hemos decidido en algún momento interesarnos por conocer algo más sobre nuestros antepasados las razones que hemos tenido para ello, obtendríamos infinidad de respuestas diferentes, pero seguramente las sensaciones y conclusiones a las que llegamos tras esta investigación son prácticamente las mismas para todos nosotros.

En mi caso, durante los muchos meses de investigación he aprendido mucho, y no me refiero a las técnicas de búsqueda en si, sino a lo que representamos cada uno de nosotros en la historia. No somos más que una pequeñísima parte de lo que representa el gran árbol genealógico al que todos pertenecemos, y vivimos durante un periodo cortísimo de tiempo con relación a la historia de la humanidad.

El conocimiento de nuestra propia historia también nos sirve para recordarnos que todos somos inmigrantes de una u otra forma, y que somos personas, por encima de todo y sin importar donde hayamos nacido, nosotros o nuestros ancestros. Con ello también ampliamos nuestra manera de ver el mundo y a las personas.

La familia

Nacemos, crecemos, nos unimos, tenemos hijos, y vuelve a empezar el ciclo de la vida. Es muy simple, pero esa persona que es nuestra pareja y los hijos que nacerán de esa unión, van a significar la parte más importante en el ámbito emocional en nuestras vidas.

Por nuestra familia somos capaces de hacer sacrificios que no haríamos por ninguna otra persona, por su bienestar presente y futuro tomamos decisiones en todos los ámbitos, y ellos a su vez están a nuestro lado para apoyarnos y ayudarnos a que también se cumplan nuestras aspiraciones a nivel personal, aunque a veces vemos, como por culpa de uno de los miembros de una pareja, los sueños del otro se desvanecen. Sin quererlo, muchas veces al amparo de una falsa seguridad, una persona convierte a su pareja en alguien vulgar, amargado e infeliz, que podria haber conseguido importantes logros en su vida con un mínimo de apoyo emocional.

El trabajo

Una de las curiosidades que tiene cualquier investigación genealógica es el descubrimiento de las ocupaciones que desarrollaron nuestros antepasados. Seguramente encontraremos trabajos de todo tipo, de diferente prestigio social, e incluso algunos que han desaparecido.
Particularmente siento cierto desánimo al pensar en la dura vida que muchos de mis de ellos vivieron.
Eran otros tiempos, podríamos pensar, si no fuera porque en la actualidad muchas personas viven una realidad parecida. Por supuesto que las condiciones laborales han mejorado muchísimo, pero demasiadas veces la gente trabaja jornadas larguísimas durante toda su vida laboral, y lo que es peor, sin más ilusión que esperar a final de mes para cobrar su nómina.
Cuantos antepasados nuestros, la mayoría de ellos con una pobre educación y sin recursos, hubieran deseado una oportunidad como las que hoy en día podemos encontrar en nuestra propia ciudad.
Posiblemente no tuvieron esa oportunidad, y por eso estuvieron trabajando duro durante toda su vida simplemente para subsistir.

He visto como esa historia se repite en muchas ramas de mi árbol genealógico, generación tras generación. Imagino que muy pocas de esas personas vieron sus sueños hacerse realidad, posiblemente, en cambio, hicieron realidad los sueños de sus superiores.

¿Por qué ninguno de ellos hizo fortuna con su trabajo?¿Acaso no trabajaron lo suficientemente duro? Yo estoy seguro que no fue esa la razón

El trabajo debe ofrecernos la posibilidad de crecer espiritual, personal y económicamente. Si no es así, estamos desperdiciando nuestra vida, y hasta que alguien nos demuestre lo contrario, SOLO TENEMOS UNA.


El dinero

Nos guste o no, vivimos en una sociedad capitalista, con un nivel de consumismo que para nada hubieran imaginado nuestros antepasados, pero en el fondo, el dinero se rige por las mismas leyes desde hace siglos.
Estas leyes eran desconocidas por aquellos antepasados nuestros que a pesar de tener aspiraciones, de ser trabajadores y de tener una espíritu emprendedor no consiguieron más que tener un sueldo con el que poder sobrevivir.

Si nos paramos a pensar, ésta es la situación de millones de personas en nuestro país hoy en día. La diferencia está en que hoy disponemos de sistemas de comunicación y de formación que no existían en otras épocas, y hoy sí podemos saber cuales son esas leyes.
Particularmente yo doy gracias por haber tenido esa oportunidad de la que hablaba, que me permite estar construyendo para mi familia algo importante. También doy gracias por tener la posibilidad de hacer lo que más me gusta,: enseñar a otras personas, y animarlas a volver a soñar de nuevo, aunque parece que todo esté montado para apagar esos sueños.

La pregunta es: ¿estaremos dispuestos a creer en nosotros mismos, a soñar, digan lo que digan los demás, y vivir la vida que realmente queremos vivir, o nos conformaremos con vivir una vida rutinaria, sin pensar en más aspiraciones, porque "es lo que hay"?

Pienso que la vida es para vivirla, y no para verla pasar.

Muchas gracias por leer estas reflexiones. Me encantará comentarlas con quien quiera escribirme.

Ricard Arroyo

rac00008@terra.es